Las miserias del etanol y el precio de la tortilla mexicana

En una carta abierta difundida por el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil, aseguran que el modelo de producción de bioenergía «está sustentado en los mismos principios que causaron la opresión de nuestros pueblos: apropiación de tierras, de bienes naturales, de fuerza de trabajo».

Para Via Campesina, la industria de la caña de azúcar, que sustenta la producción de etanol (alcohol combustible) en Brasil, «sirvió (…) para mantener el colonialismo en nuestros países», porque «se estructuró en el monocultivo intensivo y extensivo, provocando concentración de tierra, de renta, y de ganancias».

Recordó que Washington propone «una sociedad con Brasil para producir biocombustibles» y aseguró que eso es parte de la estrategia de Estados Unidos «para debilitar la influencia de países como Venezuela y Bolivia (productores de petróleo y gas natural) en la región».

«La biomasa es presentada falsamente como una nueva matriz energética, cuyo principio es la energía renovable. Sabemos que la biomasa no podrá sustituir a los combustibles fósiles y que tampoco es renovable», añadió el documento.

En consecuencia, Via Campesina comprometió a «denunciar y combatir el modelo agrícola basado en el monocultivo, en la concentración de la tierra y la renta, destructor del medio ambiente, responsable por el trabajo esclavo y la súper explotación de la mano de obra».

«Nuestro principal objetivo es garantizar la soberanía alimentaria, pues la expansión de la producción de biocombustibles agrava la situación de hambre en el mundo. No podemos mantener los tanques llenos y las barrigas vacía», culminó.

Brasil y Estados Unidos aseguran un 70% de la demanda mundial de etanol, con una producción anual de cerca de 17.000 millones de litros cada uno, en tanto que la región en su conjunto tendría un potencial de producción de 200.000 millones de litros.

Brasil produce etanol derivado de la caña de azúcar y Estados Unidos del maíz. En Brasil, el etanol se mezcla en una proporción de 20% a 25% en la gasolina; más del 80% de los coches que se venden en el país están equipados además con motores flex-fuel, que aceptan indistintamente etanol o gasolina.

El precio de la tortilla y el hambre del pueblo

El incremento al precio de la tortilla de maíz en México plantea la primera crisis al gobierno de Felipe Calderón. El precio internacional del maíz amarillo se ha incrementado 103 dólares a 151 dólares la tonelada en la Bolsa de Chicago, solo entre septiembre de 2006 a enero de 2007. Uno de los principales factores del aumento de precio es porque ha crecido enormemente la demanda del grano por parte de los Estados Unidos, que esta dedicando un porcentaje creciente de la gramínea a la producción de etanol, combustible alternativo para los automóviles

De diciembre del año pasado a las primeras semanas de enero, este alimento básico escaló su precio de seis pesos hasta diez pesos kilo. Al final, el costo se “estabiliza” a ocho pesos cincuenta centavos el kilo: un incremento de 41.6% con relación al precio de diciembre: diez veces más que el aumento a los salarios mínimos, que no llegó al cuatro por ciento.

Duro golpe para las clases populares mexicanas. Más duro todavía para quienes han tenido que hacer de la tortilla de maíz su alimento principal. Para los 18 millones de mexicanos en desnutrición severa y los 12 millones en desnutrición moderada. Ellos tienen ahora que racionar la tortilla, de donde obtienen más de la mitad de la energía, es decir de los hidratos de carbono, la mayor parte de la proteína, de la fibra y del calcio que su organismo les requiere.

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