Las elecciones de medio mandato tienen ese no sé qué…

El autor lleva el blog Pre-textos. Notas sobre política argentina contemporánea.

Todos dicen que falta mucho, pero ninguno se queda con las fichas en la mano. Toda una revelación del significado que han adquirido las elecciones de medio mandato desde 1997 a la fecha.

Cobos lanza un documento convocando a un nuevo GAN, Macri se reserva la posibilidad de recurrir al peronismo disidente —que a su vez advierte claramente su intención de jugar con sus propios candidatos—, y Kirchner queda posicionado como el inevitable candidato del espacio que él mismo conduce. La Coalición Cívica se desgaja, delegando en el radicalismo y en el socialismo la conducción de una oposición sin perfil propio. El peronismo —los peronismos, para ser más precisos— juega en todas las canchas: desde el bloque del Conurbano, que apuesta a la continuidad del proyecto que lo sustenta, hasta el Eje Rosario – Córdoba, que busca, vanamente, un candidato presentable y representativo de los nuevos equilibrios regionales.

Veamos más de cerca.

PRO y el peronómetro

Mauricio Macri blanqueó un secreto a voces: PRO, esta vez, ha de tener su propio candidato. Más aún: es difícil creer que no será el propio Jefe de Gobierno quien tome la posta, cuando su principal candidata en junio, Gabriela Michetti, lo haya “vocacionado” (sic) para la tarea.

El único inconveniente de PRO sigue siendo su rezago vecinalista. En rigor, el armado de Macri es todo menos nacional. Por eso, el macrismo apela a una reedición ampliada de la alianza bonaerense de junio. Del otro lado, sin embargo, le aplicaron el peronómetro. Primero fue Duhalde, luego su mujer, la senadora Hilda González —curiosamente, ahí nadie habla de doble comando—. “Chiche” dice siempre más o menos lo que El Negro piensa, y esta vez no tuvo pudor en señalar, taxativamente: El 28 de junio hicimos una herramienta electoral para vencer al kirchnerismo, pero Macri no es peronista y el candidato que surja de la reconstrucción del peronismo, debe ser auténticamente peronista.”

Las palabras de la senadora, pronunciadas en el acto – lanzamiento del duhaldismo como corriente nacional, fueron escuchadas por personajes del tenor de Gerónimo Venegas (UATRE), Claudia Rucci, Jorge Sarghini y Jorge Telerman, entre otros.

Una Alianza que se parece cada vez más al radicalismo

En consonancia con el intento de recuperar el control del peronismo por parte de los sectores disidentes, en el marco del ACyS cada vez queda más claro que las candidaturas han de dirimirse en el seno del centenario partido. Cobos, que actúa mejor como vicepresidente que como presidente en ejercicio, aparece como el mejor posicionado para la tarea, pero todavía necesita encolumnar a las fuerzas abroqueladas en torno a su figura, tarea que no promete ser nada fácil.

El mendocino, es cierto, muestra en su opacidad todas las virtudes de un buen gerente, ideal para los términos de la anhelada normalización conservadora. Su mayor virtud es esa torpeza que tanto nos molesta, ese escaso roce que prefigura una presidencia colegiada con los sectores económicos. Pero sólo con buena imagen no se ganan elecciones, y se fue a marzo en armado político. Su rol, por cierto, genera cada vez más críticas de una sociedad política menos paciente, que comienza a identificarlo como el adversario a vencer. Primero Macri descarta converger con él —mal lo haría, si lo que busca es un vice—, y luego Chiche lo manda a callar. En este contexto, su “gran consenso nacional” quedará como poco menos que un eslogan afortunado.

Kirchner, el Bloque y la necesidad de dar pelea

La cronometrada reaparición de Néstor Kirchner en Lanús coincidió con la definición de Scioli, acotando las expectativas por su proyección presidencial. Orden, antes que nada: el motonauta irá por la reelección —desdoblando elecciones provinciales, dicen las malas lenguas—, mientras que el Pingüino buscará la continuidad, en un panorama poco alentador, preservando otros candidatos para porvenires menos inciertos.

La estratégica decisión de Scioli fue bien recibida por los intendentes, que temían, con razón, perder tiempo y esfuerzo en un inútil intercambio entre Olivos y La Plata. Este esquema, con apuestas fuertes en Nación y Provincia, es, con razón, el que mejor le cierra al PJ versión K. Darío Díaz Pérez, por caso, afirmó el nuevo credo de la inesperada unidad: Todos los intendentes peronistas del conurbano creemos que Kirchner es nuestro mejor candidato a presidente para el 2011.

Puede que la frase resulte demasiado definitiva, pero lo cierto es que los disidentes no han logrado que un sólo jefe comunal pase a sus filas, pese al traspié de junio. Antes bien, al contrario: algunos son más kirchneristas que antes. Mientras tanto, los movimientos sociales encabezan el “operativo clamor” por la candidatura de Kirchner.

Así están las cosas, cuando faltan dos años para las presidenciales. Mamita…

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