La Universidad no es una isla

De la Redacción de ZOOM. En un año clave para el futuro de las universidades del país por los debates que genera la posible sanción de una nueva ley de educación superior, se celebran los 90 años de la Reforma Universitaria. Dicho proceso tuvo su epicentro en la ciudad de Córdoba en junio de 1918. En aquel momento la Federación Universitaria de Córdoba hizo público el “Manifiesto Liminar” que logró dar forma a un nuevo tipo de universidad cuyos influjos repercutieron por todo el continente y traspasaron varias generaciones.

Desde la época de la reforma universitaria hasta nuestros días la popular frase “la Universidad no es una Isla” ha sido repetida por los más variados sectores políticos dentro y fuera de la universidad y ha servido para múltiples fines. No obstante, en todos sus usos, existe un denominador común que entiende e interpreta la relación entre universidad y sociedad como un vínculo indisoluble.

Un recorrido por la historia de las universidades argentinas no puede dejar de mencionar el movimiento reformista universitario de comienzos del siglo XX y cuyo fruto más significativo fue la Reforma Universitaria de 1918 cuyas influencias repercutieron por todo el continente y traspasaron varias generaciones.

La reforma a nivel continental viene a expresar la lucha de la juventud de clase media contra el viejo orden. La reforma alcanzó distintas repercusiones en diversos países. A grandes rasgos se puede hablar de tres oleadas reformistas, una primera que se inicia con la Reforma del ’18 en Córdoba y se desarrolla durante la década del ’20 en Perú, Chile y Cuba entre otros países. Una segunda oleada que se desarrollará en la década del ’30 en países como Brasil, Paraguay y México. Su influencia llegó también al movimiento juvenil y estudiantil conocido como el “Mayo Francés” y el “Movimiento Pacifista y por la Libertad de Expresión” cuyo epicentro fue la Universidad de Berkeley hacia finales de la década de 1960.

El Reformismo Universitario

Este movimiento reformista surge al calor de un movimiento democratizador mucho más cuando las capas medias de la sociedad argentina –en constante progreso como resultado de la incorporación definitiva de la Argentina al Mercado Mundial y el inicial proceso modernizador—pugnaban por participar del sistema político hasta entonces monopolizado por las fuerzas terratenientes oligárquicas. El reformismo universitario puede interpretarse como un proceso democratizador en materia cultural.

¿Qué planteaba el movimiento reformista? En primer lugar, se oponía a las fuerzas monárquicas y clericales que dominaban la enseñanza superior y que constituían resabios del orden colonial a pesar de haber transcurrido más de un siglo desde la Independencia (1816)

Sus principales exigencias, que tomaron carácter de Ley, fueron

Autonomía universitaria: sostenía que la universidad debía ser autónoma a fin de evitar cualquier injerencia de los gobiernos de turnos (aunque la misma fue quebrantada por todos los gobiernos autoritarios) Una de las prerrogativas principales de la autonomía, que aún continúan vigentes, es la inviolabilidad de sus edificios por parte de la policía o las fuerzas del orden.

Cogobierno: alude a la idea de que el gobierno debe ser compartido por los diferentes sectores de la comunidad universitaria (profesores, estudiantes y graduados). Hasta ese momento la universidad sólo estaba gobernada por un minúsculo grupo de profesores conservadores. El reclamo fue el de un cogobierno igualitario entre docentes y estudiantes aunque simplemente se accedió a la participación estudiantil en minoría. En Argentina, a partir de 1983 se integran también los graduados y, en algunos aspectos también interviene el claustro de trabajadores no docente. Si bien el cogobierno fue un avance sin precedentes, la estructura antidemocrática aún se sostiene: por un lado, la comunidad universitaria sigue dividida en claustros (como en el medioevo) y unos pocos profesores tienen la mayoría de la representación; por otro lado, los auxiliares docentes, que cumplen tareas de enseñanza, no forman parte del claustro de profesores. Por último, los estudiantes, a pesar de ser la mayoría, tiene la menor representación. En el proceso actual (2006-2007) de reforma del Estatuto Universitario, los reclamos de democratización exigen: un claustro único docente y más representación estudiantil.

Acceso masivo y gratuito: El ingreso irrestricto ha sido una de las demandas históricas del movimiento estudiantil y una de las conquistas que, a contrapelo de las tendencias mundiales, aún continúan vigente. Los sucesivos intentos de arancelamiento, propio de las políticas neoliberales, ha encontrado un límite infranqueable por parte de la sociedad en su conjunto.

Inserción en la sociedad: la reforma universitaria planteaba la importancia de que la universidad atienda las necesidades de la sociedad en la cual está inserta. Esto ha sido interpretado de múltiples formas en diferente momentos históricos dependiendo de los proyectos políticos dominantes. Así la universidad intervino en los procesos políticos revolucionarios de los años 70 e intentó amoldarse a las necesidades del capital globalizado en los años 90.

Extensión universitaria: La idea era «extender» la presencia de la universidad en la sociedad. En muchos casos se crearon secretarías de extensión universitaria dedicadas plenamente a llevar los conocimientos universitarios a la sociedad, así como a incorporar a la sociedad a la dinámica universitaria.

Unidad obrero-estudiantil: Esta ha sido una de las consignas vigentes hasta la actualidad en el movimiento estudiantil. Se reconocían como aliados en los reclamos y movilizaciones (esto se verá en las jornadas de lucha como el “Cordobazo” en 1969 y en el Mayo Francés, un año antes). Incluso, las organizaciones del movimiento estudiantil, los Centros de Estudiantes y las Federaciones de Estudiantes, asumieron la forma de los sindicatos de trabajadores, incluso, utilizaron herramientas de lucha como la “huelga estudiantil”. Los primeros en su tipo fueron la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) en 1906 seguida por la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) en 1908.

Si bien todos estos principios fueron aplicados y aún tienen vigencia en las universidades argentinas, los mismos fueron o intentaron ser avasallados primero, por los gobiernos autoritarios (especialmente las dictaduras militares que se sucedieron desde mediado de siglo XX) pero también por los gobiernos democráticos neoliberales (especialmente en la década de los ‘90 bajo el gobierno de Menen).

A 90 años de esa gesta histórica, las razones que motivaron a los estudiantes cordobeses a pronunciarse de esa manera categórica, nuevamente están vigentes: la Universidad en nuestros países latinoamericanos y caribeños aparece al margen de los intereses nacionales y populares, descomprometida con el presente y el futuro de nuestros países y al margen de la lucha por la integración de la Patria Grande.

Tras dos décadas de feroz neoliberalismo, la educación se deterioró en todos sus niveles y la ola privatista aún sigue ocupando espacios destacados en muchos países de la región.

¿No es hora de preguntarnos qué Universidad realmente queremos y necesitamos? ¿Puede la Universidad aportar en la lucha contra los flagelos que padecen nuestras sociedades: pobreza, exclusión, falta de desarrollo, inequidad en la distribución de las riquezas, dependencia tecnológico-científica, fuga de cerebros, desindustrialización, pérdida de soberanía y de control sobre los recursos naturales?

En el arduo proceso de romper con las cadenas del neoliberalismo y de levantar proyectos nacionales, es de vital importancia contar con una Universidad que aporte, al igual que los reformistas cordobeses de 1918, a esos proyectos liberadores.

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