La revolución productiva o la isla del tesoro

De la Redacción de ZOOM. El rumbo tomado por la Argentina para capear el temporal del capitalismo mundial se limita a tratar de mejorar la oferta, entre moratorias y blanqueo de capitales, pero no toca el IVA ni grava las ganancias bursátiles. Diferencias entre el keynesianismo y las avivadas. La necesidad de priorizar el mercado interno y América Latina.

En el marco de los anuncios del Plan Sheraton, el rumbo tomado por la Argentina para capear el temporal del capitalismo mundial y alcanzar la Isla del Tesoro es un misterio por ahora develado a medias, y cuyas coordenadas solo parecen ser conocidas por el capitán de La Hispaniola.

Los malos (Silver, Pew e Israel Hands) entretanto, pugnan por apropiarse del mapa que lleva a los doblones de Flint, malo entre los malos.

En esta lucha cuerpo a cuerpo, la UIA reclama por un dólar competitivo y la CGT retruca exigiendo doble o triple indemnización.

Como si anunciara la vigencia obligatoria del amor libre en un sínodo de obispos, la Presidenta comunica a los industriales que el Estado lavará, a cambio de un impuesto modesto, todo el dinero “informal” que retorne al país. En la mente de los que diseñaron el blanqueo, los evasores, que mantienen un mínimo de 140 mil millones de dólares en el exterior, tienen miedo por el futuro de Estados Unidos y aquí encontrarán el fin de sus incertidumbres.

Si no se perfeccionan los controles del Banco Central o se acelera la modernización del burocrático Banco Nación, muchas de las buenas intenciones serán aprovechadas por los de siempre. La entidad que dirige Marcó del Pont dispone de 40 mil millones en condiciones de volcarse al consumo y la inversión, pero sólo pensar en un crédito que podría tardar años en concederse por la lentitud del trámite, puede desanimar a cualquier innovador.

Como lo aclaró Massa, los bancos privados primero, y el BCRA después, controlarán que los capitales blanqueados no provengan del narconegocio.

Si el Citigroup fue resucitado con 25 mil millones de dólares a pesar de las sospechas de la FDA respecto de su relación con el lavado de dinero, se tiene un panorama más claro sobre el efectivo control que se ejercerá sobre estas maniobras. Este gobierno ha hecho poco y nada para cualificar los controles estatales, y no solo por la vigencia de normas propias de la revolución conservadora sino por la falta de cuadros de conducción estatal convencidos.

Los que se deben estar pegando la cabeza contra la pared son quienes cumplieron con la ley y declararon los capitales: de haber evadido, habrían ganado el 34%.

Entretanto, nadie toca el IVA ni grava las ganancias bursátiles.

Lo que sigue es un subsidio a las tasas bancarias. Si parte del círculo virtuoso consistió en sentarse sobre las reservas, ¿no habrá llegado el momento de usar parte de ellas en inversión? Quizás se está perdiendo una oportunidad histórica, cuando los países dominantes están exclusivamente preocupados en sus propios problemas.

Por ahora, un paquetito

En todos los pasillos oficiales se insiste que viene más, que esto es solo el principio, pero la creación de un ministerio de la Producción apuntado al comercio exterior, sumado a las exhortaciones de la Presidenta para convertir las embajadas argentinas en promotoras comerciales de la producción argentina, parece más un chupetín que una medida apuntada hacia lo fundamental, y nuevamente lo fundamental: el mercado interno.

Las MOI (Manufacturas de Origen Industrial) ascendieron en 2007 a 17,3 mil millones de dólares (contra 19,2 de las MOA, Manufacturas de Origen Agropecuario), y los empresarios no parecen tener voluntad de dirigir una parte de ellas hacia sus obreros, contrariando uno de los mandamientos básicos de Henry Ford, el industrial emprendedor ejemplar, que fabricaba autos en primer lugar para sus propios trabajadores y luego para los norteamericanos en general, sabiendo que su riqueza se agrandaba con el alto nivel salarial de los compradores de los Ford, sus obreros.

Es que también el keynesianismo ha caído en la generalizada trivialización de la existencia. En efecto, uno toma un sistema financiero quebrado, luego anuncia que el Estado debe tener un papel más activo (menciona el New Deal, a Krugman, a Stiglitz y sin duda al miembro del exclusivo grupo de Bloomsbury) y a continuación financia con dinero público a los bancos en crack. Fin de la película.

Como la emisión monetaria (que allá es virtud y acá un pecado mortal) utilizada para salvar a los banqueros se paga entre todos, eso no es keynesianismo sino una avivada.

Para entender lo que sucede, hay que escuchar atentamente a los especialistas pero viendo cómo se confrontan las opiniones con las realidades efectivas. El ancho mundo de los economistas, desde los progresistas a los neoliberales con sus múltiples estaciones intermedias, coincide en un diagnóstico sagaz: nadie sabe cómo sigue la película, por lo que el gobierno no monopoliza ese desconcierto. Además, Argentina es un país con muchos traductores y pocos creadores.

Pero todo (comenzando por los anuncios de Obama) está indicando que los países, incluyendo a los del Magreb que visitó la Presidenta, intentarán proteger el mercado y la producción internas. Por lo tanto, y para ser coherentes con el razonable escenario económico que defendió este gobierno contra viento y marea desde 2003, una industria nacional sin reconversión hacia el mercado interno (más América Latina) sólo puede ser viable a costa del ingreso porque solo se puede romper ese proteccionismo generalizado con una baja pronunciada del costo interno.

Por ahora, lo que se conoce se limita a tratar de mejorar la oferta.

El gobierno podría tomar algunas medidas tendientes a considerar a América Latina como mercado estratégico a ganar. Por destino, las exportaciones argentinas se discriminan así (en millones de U$S): 7.165 al Mercosur, 3.010 a EEUU y NAFTA, 6.560 a la UE y 11.203 a Asia. Y también deberá frenar las importaciones crecientes. Pero hay un nudo con el Mercosur, alguna vez creado para satisfacer la deslocalización automotriz. En la actualidad, los autos extra-Mercosur pagan un 30% de arancel; los producidos aquí tienen un bajo arancel que no llega al 5% pero el 70% de sus componentes es importado.

Dicen que se creará un fondo crediticio para comprar automóviles, pero lo que se requiere con real urgencia es un subsidio a los alimentos, que constituyen el grueso del gasto del salario. El auto es un bien de consumo de los sectores medios, y el derrame o goteo no crea trabajo efectivo.

De dónde venimos

Antes que la crisis financiera se abatiera sobre el mundo, los subsidios estatales habían subido mas allá de lo prudente y el gobierno estaba desarmando esa maquinaria mediante algunas alzas tarifarias, es decir, transfiriendo costos hacia los usuarios. La inflación se aceleraba a pesar de las cifras del Indec, y los precios recién comenzaron a apaciguarse cuando comenzó a influir el aspecto psicológico del ciclo económico.

En medio del regateo mediático entre la CGT y la UIA, el nuevo escenario posible es un Estado subsidiando a la industria con un dólar diferencial para las exportaciones o mediante incentivos indirectos, y esa sería la función principal del ministerio de la Producción a cargo de Deborah Georgi.

Junto con Enrique Martínez, titular del INTI, la actual funcionaria, (egresada de la UCA) es el miembro más notorio de la denostada Alianza por el lado del Frepaso. Fue designada por Machinea, trabajó para Cavallo, Felipe Solá y luego para Scioli, y está muy cerca de Javier González Fraga, que hasta ahora era muy crítico de la política económica.

A través de De Mendiguren, Duhalde hizo saber que apoya esa creación, algo que Domingo Cavallo preanunció la semana pasada ante las cámaras del canal C5N. Para no quedar fuera de cámaras, Biolcati se apuró a exigir un ministerio de Agricultura.

Parecidos y diferencias

En La Hispaniola no parece haber mucha confianza en el poder del mercado interno para afrontar la crisis. La inflación argentina estaba basada en una rigidez de la oferta combinada con expansión de la demanda, para lo que los economistas liberales proponían el suicidio: contraer la cantidad de dinero en mano de los particulares. Pero el gobierno no alteró esa realidad, limitándose a administrar los flujos sin cambiar el carácter de la oferta.

Desde 2007 se fue amesetando la creación de nuevo empleo. Según el SEL, “la pobreza, que había disminuido a 26,9% en el segundo semestre de 2006, revirtió la tendencia, creciendo hasta 32,3% en el primer semestre de este año. Por otra parte, la creación de empleo, que sustentó la baja de la pobreza hasta 2006, se desaceleró desde 5,6% en el segundo trimestre del año pasado, a sólo 1% en el segundo del actual; ésta es una caída de más de 80% en la capacidad de generación de empleos”.

En esa caída había incidido fuertemente la construcción, que en septiembre pasado era 5% menor al mismo mes de 2007. Es decir, la demanda interna vía salario estaba mostrando signos de agotamiento.

Los anuncios de invertir 71 mil millones de pesos en obra pública (no se aclara en cuanto tiempo, y el presupuesto de 2009 ya prevé 32 mil para ese fin) llevarán, anunció la Presidenta, a la creación de 370 mil nuevos puestos de trabajo, y se sabe que la construcción es un gran multiplicador de actividad industrial.

Si esa obra pública no se combina con un sistema obligatorio de Compre Nacional, puede suceder que la mayor parte de los fondos se diluya en la introducción de bienes de capital importado.

Otra de las medidas anunciadas es una moratoria general de deudas impositivas y previsionales de las empresas, que tendrán 10 años en 120 cuotas para pagarlas, con el objeto de promover la creación de empleo. Quizás el empresariado argentino cambió su mentalidad, pero esas facilidades jamás sirvieron para los fines que ahora se proponen.

Excepto la creación del ministerio, el resto de las medidas irán al Congreso. Y lo que suceda allí es un misterio cuya llave está en poder del capitán que conduce su bergantín a la Isla del Tesoro. Diputados y senadores tendrán con qué entretenerse. Todo indica que habrá una maratón de discursos de aquí al 14 de diciembre. Como dicen Los Piojos: “Yo le pido a San Jauretche que vuelva la buena leche.”

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