La revolución pingüina: del malhumor a la protesta

Como reconoce el Banco Mundial: «En América Latina, el único país que recupera una importante parte de los costos de enseñanza mediante cargos a los alumnos es Chile. En 1981, el gobierno chileno emprendió una serie de amplias reformas estructurales y financieras. Las instituciones públicas y gran número de universidades privadas impusieron el pago de derechos de matrícula; no obstante, en el resto del continente, todavía no existe, prácticamente, el cobro de matrícula en el sistema público de enseñanza superior. Según la Ley de Educación Superior de la Argentina de 1995, la decisión sobre cobrar o no cobrar derechos se deja a la discreción de las universidades. Una gran mayoría de los alumnos matriculados no paga derechos, pero algunas universidades los cobran para los estudios de postgrado».

De acuerdo con esta misma fuente, antes de las reformas de 1981, Chile contaba con menos de diez instituciones públicas para atender la demanda de enseñanza superior. En 1981 el gobierno emprendió una serie de amplias reformas estructurales y financieras. La enseñanza superior se estratificó en universidades, institutos profesionales y centros de capacitación. No sólo aumentó el número de universidades privadas pagas, sino que varias instituciones públicas también empezaron a cobrar matrícula. En 1990, el 52,4 de los alumnos matriculados se concentraba en instituciones privadas que no recibían fondos públicos; en ese mismo año, el Estado financiaba el 27 por ciento de los costos, frente al 100 por ciento durante el período anterior a las reformas de 1980.

Mientras que la Unesco recomienda que el presupuesto de educación debe corresponder a un 7% del PIB, el Estado chileno sólo destina el 4.5, con el agravante que en los últimos 20 años la mayor parte del presupuesto se ha destinado al sector privado subvencionado. Este tipo de subvención privilegiada debe reorientarse para beneficiar en primer lugar a la educación pública.

En demanda de una profunda reforma a la educación, los estudiantes secundarios se organizaron y salieron a las calles. Se autodenominan «pingüinos» por su uniforme, de color azul y camisas blancas

Los estudiantes han hecho reventar la crisis del sistema educacional, un sistema obsoleto, incapaz de cumplir con los requerimientos académicos de la mayoría, profundamente injusto, reproductor de la desigualdad social desde la niñez. Un sistema educacional mercantil, que relega a la educación pública a la formación de chilenos de segunda clase. Entran en crisis la LOCE, la Jornada Escolar Completa, la municipalización de la educación y el sistema particular subvencionado

Esta situación de crisis, que puso de cabeza a las autoridades de gobierno tiene su origen en la falta de democracia, de participación y en el rígido esquema continuista de las políticas económicas de la dictadura que ha sostenido hasta hoy la concertación. Por 17 años se ha hecho oídos sordos a problemas que aquejan a gran parte de los chilenos. La gran movilización histórica de los estudiantes logró zafarse de esta concepción retrógrada que constriñe la conciencia y los estómagos de los excluidos.

Hoy, a pesar de que se han generado instancias de diálogo, el acuerdo aún no llega. Los estudiantes enfatizaron que el trasfondo de la discusión no es un tema de asignación de recursos y anunciaron nuevas movilizaciones para este año.

«Los jóvenes hoy en día nos sentimos vulnerados, discriminados, desplazados por una sociedad que discrimina mucho el estrato socioeconómico que uno tiene. La asamblea pide una reivindicación social a través de la educación», señaló María Huerta, representante de la Asamblea Nacional de Estudiantes Secundarios

La llamada «revolución pingüina» remeció al país y se convirtió en una de las principales dificultades que enfrentó Bachelet durante su primer año de gobierno.

En Junio del 2006 había más de 600 mil estudiantes en paro, si añadimos a los padres y apoderados, a los profesores y a sus familiares, implicó a millones de personas que, en todo Chile, estaban expectantes y simpatizaron con la lucha de los estudiantes. Los había de todos los colores políticos o independientes, de distintas clases y capas sociales. Eso significó la gran concordancia político social para cumplir un determinado objetivo.

Hoy están nuevamente en la lucha. La mayoría de los detenidos y heridos de la protesta del 29 de marzo, “Día del joven combatiente” es menor de 16 años.

Parece ser que a la Concertación de Partidos por la Democracia gobernante en el país se muto fortalecido el virus del Síndrome de Insolidaridad Dócilmente Asumida –SIDA– de la dictadura pinochetista.

¿Hacen falta los niños para un nuevo amanecer en Chile?

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