La retirada israelí de Gaza y Cisjordania: “No se puede aplaudir con una mano”

Por Amos Oz*, gentileza Semanario Brecha, especial para Causa Popular (**).- Los colonos judíos de Gaza y Cisjordania tienen un sueño para el futuro de Israel. Yo también tengo un sueño para el futuro de Israel. Pero su dulce sueño es mi pesadilla, mientras que a ellos mis sueños les parecen veneno.

Los colonos sueñan con crear un “Gran Israel” con asentamientos judíos de muro a muro. En estos asentamientos sólo pueden residir judíos, mientras que los palestinos sólo pueden entrar a trabajar, desempeñando trabajos sencillos y mal pagados. En dicho Estado, la democracia tendrá que inclinarse ante los rabinos.

Al Kneset (parlamento israelí), al gobierno y al Tribunal Supremo se les permitirá seguir existiendo siempre que los rabinos aprueben sus decisiones. Los colonos creen que en cuanto el Gran Israel se convierta en una entidad religiosa y en una “nación sagrada”, llegará el Mesías y se materializará la redención completa del pueblo judío.

En esta fantasía de los colonos, los palestinos sólo tienen cabida como siervos humildes y obreros agradecidos. Además, en la fantasía de los colonos yo no tengo cabida, no hay lugar para un Israel laico y moderno. Mis amigos y yo estamos “fuera” a no ser que nos arrepintamos.

Al menos se supone que no debemos interponernos en la construcción de más asentamientos y la ampliación de los existentes. Si nosotros, los israelíes laicos, borramos nuestra propia existencia, los colonos nos rociarán con amor fraterno. Pero si insistimos en que tenemos una visión diferente de Israel, inmediatamente nos convertimos en traidores, amigos de los árabes o incluso nazis.

Pero también nosotros tenemos un sueño para Israel, totalmente distinto de la fantasía religiosa de los colonos. Queremos vivir en paz y libertad, no bajo el dominio de los rabinos, ni siquiera bajo el dominio del Mesías, sino bajo nuestro propio gobierno elegido.

Soñamos con liberarnos de la larga ocupación de los territorios palestinos.

Israel y Palestina son, desde hace casi 40 años, como un carcelero y un preso, esposados el uno al otro. Después de tantos años casi no hay diferencia: el carcelero no es libre y el preso tampoco.

Israel no será una nación libre hasta que se ponga fin a la ocupación y a los asentamientos y Palestina se convierta en un país vecino independiente.

Durante 30 años, los colonos han controlado Israel a través de los diversos gobiernos. Han impuesto su visión y pisoteado nuestros sueños. Han sido los dueños del país.
Ahora, el primer ministro Ariel Sharon intenta lanzar una especie de “golpe” contra el gobierno de los colonos.

Se trata de un intento de restablecer la autoridad del gobierno elegido. Si funciona tal vez el sueño de los colonos quede bloqueado y la visión de los israelíes laicos reviva.

La de Gaza no es esencialmente una lucha entre el ejército y los colonos, ni siquiera entre halcones y palomas.

No. Es una lucha entre Iglesia y Estado (para ser más precisos, entre Sinagoga y Estado).

Se trata de algo que han experimentado muchos países: ¿cuál debería ser la posición y la influencia de la religión y de los sacerdotes en la tarea de dirigir un país?

Algunos países lo solucionaron hace siglos. Otros luchan indefinidamente con ello. El mundo musulmán, con la excepción de Turquía, ni siquiera ha empezado.

Durante estos días pasados hemos visto en Gaza lo que en retrospectiva podría ser la primera batalla sobre la Sinagoga y el Estado en Israel, el primer enfrentamiento por la naturaleza del judaísmo en el único Estado judío.

¿Somos, ante todo, una religión o una nación?

En esta primera ronda parece que el Israel laico, racional y pragmático prevalece con dificultades sobre el Israel fanático. Pero no olvidemos que no se trata más que de la primera ronda.

Tanto los colonos como el resto de los israelíes podemos enorgullecernos de que, al contrario que las sangrientas guerras entre Iglesia y Estado libradas en muchos países a lo largo de la historia, esta primera ronda de Gaza ha sido por el momento violenta pero no sangrienta. Ha habido mucho ruido y furia, pero no una masacre.

¿Será igual en las próximas rondas? ¿Ocurrirá lo mismo cuando llegue el momento de abandonar Cisjordania y Jerusalén oriental a cambio de la paz con los palestinos?

Estas cuestiones no sólo dependen de los israelíes, religiosos y laicos, halcones y palomas, de derechas o de izquierdas. Dependen en buena parte de la respuesta palestina.

¿Considerarán los palestinos todo esto como un paso audaz de los israelíes hacia un acuerdo histórico con ellos?

¿O considerarán los choques entre los propios judíos como el primer síndrome de desintegración de Israel e intentarán inflamar la situación interna israelí lanzando una nueva oleada de violencia y terrorismo palestinos?

Un viejo proverbio árabe dice que no se puede aplaudir con una mano.

Ahora mucho depende de cómo interpreten los palestinos la lucha entre los propios judíos en Gaza.

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* Amos Oz: Escritor israelí.

** La presente nota es contratapa de la edición 1025 del Semanario uruguayo Brecha, cedido gentilmente a Causa Popular para su difusión.

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