La Plata en vía muerta

La desidia en el transporte público suma su capítulo macrista: las demoras en la electrificación del Ferrocarril Roca y la reducción del servicio de micros afectan a miles de usuarios bonaerenses.

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“Cuando comenzaron las obras de electrificación del Roca y se implementó el sistema de micros, las cosas fueron más o menos fluidas, era un servicio regular. Con la llegada de Macri todo cambió. Allí comenzó nuestro calvario, ya que redujeron la frecuencia y los horarios. Hoy sale un micro cada 20 o 25 minutos y cuando se ocupan todos los asientos comienza a subir gente de manera indiscriminada. Yo salgo de Quilmes en el tren que viene de Constitución y llego a Berazategui, que es el punto de enlace con el micro que va a La Plata. Tengo una espera de una hora para poder subir y viajar como ganado”, dice el hombre a Revista Zoom con un tono que oscila entre la pena y la furia. Se llama Jesús Melián Gallego, un abogado que lleva numerosas causas en los tribunales platenses, y es uno de los miles de usuarios del Ferrocarril Roca que, desde hace más de un año, sufren las consecuencias del parate del servicio por unas obras de electrificación que parecen el cuento de nunca acabar.

 

Los trabajos de electrificación del ramal del Roca que une Plaza Constitución con La Plata, una obra largamente postergada y un reclamo casi histórico de sus más de cien mil usuarios diarios, fueron anunciadas a fines de agosto del año pasado por el entonces ministro de Transporte de la Nación, Florencio Randazzo, y se iban a realizar en su totalidad en un plazo de tres meses con una inversión de 500 millones de dólares. “Antes de fin de año la electrificación del Roca va a ser una realidad. Vamos a cumplir con la palabra empeñada y terminar esta obra que fue prometida hace más de cuarenta años y que nunca se concretó”, aseguró el funcionario en la conferencia de prensa brindada para la ocasión.

“Los usuarios quedaron al borde de la desesperación con el reciente anuncio de que el tren eléctrico no podrá llegar hasta La Plata hasta diciembre de 2017”

El último tren diésel entre Constitución y La Plata corrió la noche del 6 de septiembre. Fue el adiós de un sistema de transporte que se prestaba con 45 coches remolcados de unos 50 años de antigüedad, muchos de ellos en malas condiciones de mantenimiento. A partir de ese momento el servicio quedó suspendido por completo para realizar las obras que la empresa adjudicataria Supercemento realizaría -de acuerdo con el anuncio ministerial y el presupuesto previsto- trabajando las 24 horas del día, los siete días de la semana y sin hacerle asco a los feriados. A ese ritmo, antes del primer día de 2016, el servicio volvería a funcionar a pleno, con 100 nuevos coches eléctricos de última generación, que llegarían desde China. Mientras tanto, los trenes serían reemplazados por un servicio de colectivos, con muy alta frecuencia, que iría de estación en estación y cuyo pasaje tendría el mismo costo que el del tren.

 

De mal en peor
Foto: Télam
Foto: Télam

Todos los usuarios consultados por Revista Zoom coincidieron en que los primeros meses el servicio de micros funcionó con eficiencia y regularidad, más allá de las incomodidades lógicas del cambio de medio de transporte, fundamentalmente por la menor cantidad de asientos de los colectivos. En enero y febrero de este año el Ministerio de Transporte redujo la frecuencia de los servicios pero el impacto fue poco notorio debido a la menor cantidad de pasajeros que viajan cotidianamente durante esos meses. Pero en marzo comenzó el caos.

 

“Hasta el anuncio de la suspensión del servicio por la electrificación, cuando tenía que salir a la madrugada tomaba el tren ‘lechero’, que seguía con su antigua austeridad pero había recuperado los vidrios de las ventanillas y una buena frecuencia, de modo que era normal conseguir asiento. No recuerdo si costaba 2,50 o 4 pesos. Pero casi siempre viajaba en el magnífico primer rápido de la mañana, que costaba 16 pesos, tenía butacas cómodas con mesitas que permitían ir trabajando, desayunando o durmiendo, un baño por vagón, percheros, cortinas en las ventanillas y aire acondicionado. Y trabajadores ferroviarios que deseaban buen viaje. Y era un excelente viaje. A partir de la suspensión opté por viajar desde la terminal, pero después del primer tarifazo del transporte volví a intentar el viaje en el servicio alternativo al tren: dos largas colas a la intemperie; una para viajar sentado y otra para viajar parado en un colectivo de circulación interna que va por autopista hasta el tren, en Berazategui. Nunca pero nunca conseguí asiento ni en el colectivo ni en el tren y la frecuencia del servicio es violentamente insuficiente, así que volví a la opción del Costera, que cuesta 38,75 pesos”, dice a Revista Zoom Karen Wittenstein, una usuaria platense que trabaja de lunes a viernes en Buenos Aires.

«‘Nunca pero nunca conseguí asiento ni en el colectivo ni en el tren y la frecuencia del servicio es violentamente insuficiente’, dice una usuaria platense que trabaja de lunes a viernes en Buenos Aires»

En diciembre del año pasado, días antes de terminar su mandato, Cristina Fernández de Kirchner inauguró el primer tramo, entre Constitución y Quilmes, de la obra electrificada pero el servicio no comenzó a funcionar efectivamente hasta mediados de febrero de este año, cuando fue “reinaugurado” por el presidente Mauricio Macri. A mediados de junio, el servicio se extendió hasta la Estación Berazategui, ubicada casi en la mitad del recorrido completo entre Buenos Aires y La Plata. El gobierno de Cambiemos, a través del ministerio de Transporte a cargo de Guillermo Dietrich explicó entonces que “lo que falta para que el tren siga hasta La Plata es tensión de electricidad, ya que no se llevó a cabo la obra clave de subestación eléctrica en Quilmes, que tiene un plazo de ejecución de tres años”. Sin embargo -y contradictoriamente- la misma fuerte anunció que para diciembre de 2016 los trenes llegarían a Villa Elisa, una promesa que, con sólo ver el estado de las obras a principios de este mes está condenada a quedar incumplida. Como si esto fuera poco, los usuarios quedaron al borde de la desesperación con el reciente anuncio de que el tren eléctrico no podrá llegar hasta La Plata hasta diciembre de 2017.

 

Raúl Cáceres y Carlos Romero son dos jóvenes residentes de Villa Elisa que trabajan como peones en un corralón de Tolosa. “Vivimos en el barrio El Rincón, que queda a unas treinta cuadras de la estación. Antes veníamos en bicicleta y viajábamos en el furgón del tren, donde podíamos meter las bicis. Ahora, los días que no llueve, nos vamos en bicicleta desde nuestras casas al trabajo, que es mucha distancia pero no nos sale un peso. Pero cuando llueve, como hoy, tenemos que tomarnos un colectivo hasta acá, después este que pusieron por el tren hasta Tolosa y allá no nos queda otra que ir a pata, mojándonos. Y nos sale un montón de guita”, explica a Revista Zoom uno de ellos en la parada de la Estación, a las 6 de la mañana, mientras el otro asiente con un gesto rotundo y una mirada que busca comprensión.

 

Vecinos por la vuelta del servicio
Campaña de firmas por la vuelta del tren
Campaña de firmas por la vuelta del tren

Frente a la demora en la concreción de las obras y la falta de plazos creíbles para la vuelta del tren en el tramo que va de Berazategui a La Plata, antes de mediados de este año grupos de usuarios, asambleas y agrupaciones vecinales y algunas agrupaciones políticas iniciaron una fuerte campaña para exigir a las autoridades respuestas concretas. Redactaron un petitorio exigiendo la restitución del servicio que en poco tiempo consiguió más de cinco mil adhesiones, plasmadas en otras tantas firmas de vecinos. Para visibilizar la protesta, además, a fines de junio convocaron a una multitudinaria caravana de bicicletas, motos, camiones y autos por el Camino Parque Centenario entre las estaciones de Villa Elisa y La Plata, con paradas en todas las intermedias, con la consigna “Que vuelva el tren”.

 

“En nuestro caso nos dedicamos al ramal Constitución-La Plata pero existen también otras comisiones u organizaciones que se dedican, como amigos del Tren Provincial y los que luchan por la reinstalación del ramal Brandsen-La Plata. Es una movida fundamentalmente de vecinos organizados, pero también está el apoyo de algunas agrupaciones políticas. Después de la caravana por la vuelta del tren y la campaña de firmas, el 1° de septiembre, a casi un año de la suspensión del servicio, presentamos un pedido de informes firmado por 5126 personas al Ministerio de Transporte”, explica a Revista Zoom un representante de los vecinos.

 

Como respuesta, el Ministerio de Transporte hizo llegar a los vecinos una copia de un acta de la Unidad Ejecutora Central de las obras, donde se enumera que (proyectadas al 31 de diciembre de este año) hay siete obras con estados de ejecución que van entre el 55 y el 95%, mientras que hay tres en estado de licitación, una adjudicada y una terminada. Sin embargo, no hace ninguna estimación sobre el plazo de terminación de la totalidad de las obras ni sobre la iniciación del servicio de trenes eléctricos.

“Frente a la demora en la concreción de las obras y la falta de plazos creíbles para la vuelta del tren, grupos de usuarios, asambleas y agrupaciones vecinales y algunas agrupaciones políticas iniciaron una fuerte campaña para exigir a las autoridades respuestas concretas”

“Soy de Quilmes pero me mudé a La Plata. Durante los 4 años que cursé la carrera universitaria utilicé el tren para ir a hacer guardias todas las semanas a San Francisco Solano. Viajaba de La Plata a Quilmes y de ahí tomaba otro colectivo más. Viajaba en uno de los primeros servicios de la mañana, a eso de las cinco y media. Desde que no está el tren (y sobre todo desde que sacaron horarios del servicio de colectivos) la paso muy mal. El servicio de micros que sale desde la Plata a Berazategui tarda muchísimo. No el viaje en sí, sino por las inmensas colas que se arman, ya que deberían salir cada 15 minutos pero la realidad la frecuencia ronda los 25 minutos. Sólo entran veinte personas sentadas y luego hay una cola para ir parados. Contando las colas que tengo que hacer, tardo casi hora y 45 en llegar a Quilmes. Tuve que reemplazarlo por el Transporte Automotor La Plata, que hasta allá me cuesta 18 pesos solo de ida. Imagínese para una chica que estaba estudiando lo que significaba eso. Ahora me recibí y sigo yendo, pero estoy sufriendo la falta de laburo, y aunque sigo haciendo guardias ad honorem, es bastante doloroso para mi bolsillo pagar el viaje”, cuenta a Revista Zoom, Ailín del Valle, una flamante licenciada en Obstetricia.

 

Los testimonios recogidos para esta nota pueden multiplicarse por miles que, más allá de los matices personales, tienen una línea conductora común: las pérdidas de tiempo, los problemas económicos y la degradación de la calidad de vida que sufren los usuarios del Ferrocarril Roca desde que los dejaron sin el tren. Las incomodidades que al principio soportaron con la esperanza de contar pronto con un servicio ferroviario más rápido y mejor hoy se ha transformado en un avasallamiento diario que les provoca sentimientos de desazón y bronca.

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