La ola de Macri

El jefe de gobierno porteño apela a la juventud en sus aprestos para intentar el salto nacional. Un film alemán sobre el neofascismo presenta algunas semejanzas inquietantes.

Mauricio Macri es un personaje del marketing político. No es sólo el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. No es sólo un precandidato presidencial para el 2011. Nada de lo que transmite Macri es inocente: su vestimenta, sus gestos, los colores que usa, las palabras que menciona, todo es el resultado de un minucioso trabajo de análisis de comunicación. Detrás de esas actitudes y palabras está Jaime Durán Barba.

Todas las crónicas periodísticas indican que el consultor ecuatoriano fue el responsable de la estética mostrada por Mauricio Macri el pasado sábado en Luján. En el marco de una actividad de jóvenes del PRO, el jefe de gobierno porteño realizó un virtual lanzamiento de sus ambiciones presidenciales.

Mucho merchandising color amarillo “PRO”, rock and roll de fondo, nada de saco y corbata, este fue el marco en el que se dio el encuentro. Nada mejor que el ambiente joven del PRO para revelar las intenciones presidenciales de Mauricio. Pero lo que más sorprendió fue el discurso, no justamente por su profundidad, sino por su referencia a una metáfora que es digna de analizarse.

Dijo Macri: «Me emociona ver cómo va creciendo esta ola amarilla que se va extendiendo por todo el país. Esta ola llena de esperanza y energía renovada que a gritos pide un cambio. Sigamos haciendo crecer esta ola. Tiene que llegar a cada rincón de la argentina. Nada los va a parar, nada nos va a parar”.

Probablemente Mauricio Macri no haya visto la película “La Ola”. Quizás sus palabras del pasado sábado sean el resultado de esa mezcla de ingenuidad e ignorancia que Macri desea proyectar en sus actos. Pero el que seguro vio la película fue Durán Barba. Por eso la preocupación es doble.

La película “La Ola” se presentó en su país de origen, Alemania, en marzo de 2008. La trama reedita una experiencia pedagógica realizada sobre fines de la década del ’60 en los Estados Unidos donde un docente de nivel medio pretendió explicar el nazismo a sus alumnos a través de su ejemplificación concreta en el aula de clase. En el film, Rainer Wenger, profesor de ciencias sociales de una escuela secundaria de Alemania, pretende aleccionar sobre los riesgos de los totalitarismos interrogando a sus alumnos sobre las posibilidades fácticas que existen en la actualidad para que una experiencia fascista vuelva a cobrar vida.

Lo que en un principio es un juego termina convirtiéndose en una tragedia en apenas una semana. Las nociones de comunidad y disciplina, propias de los totalitarismos, terminan creando, a partir del ejercicio, una tribu juvenil de fuerte identidad, con típicos rasgos autoritarios. Cuando “la ola” (así es el nombre de la tribu) empieza a salirse de cauce, el profesor intenta detener el experimento, pero sus consecuencias ya son imparables.

Graciosamente, Macri recurrió a la misma metáfora el pasado sábado. Su “ola amarilla” invadió Luján convocando a miles de jóvenes, a los que invitó a trabajar activamente en la construcción de una alternativa política en la Argentina. Lejos de la racionalidad propia de los discursos de la derecha política tradicional argentina, Mauricio habló de la necesidad de renovación dirigencial porque “los de siempre ya cumplieron su ciclo, y es hora de que venga una nueva generación”. Apelando a un estilo sentimental expresó que “estamos felices, porque cuando nos juntamos sabemos que no estamos solos, que no somos pocos. Vamos a ser cientos de miles en poco tiempo. Tenemos que convocarnos, sumarnos, comunicarnos, conectarnos”.

En el PRO, las camisas blancas de la película son reemplazadas por las remeras amarillas. Pero se retoma el lema de “fuerza a través de la unidad” y la consigna «si todos trabajamos juntos, seremos más fuertes” que se observan en el film alemán. Incluso Macri les dijo a sus jóvenes: “yo les pido que escuchen sus corazones, ahí van a encontrar la verdad, salgan a conquistar corazones. Salgan a predicar con alegría, porque no nos van a parar”.

Por estos días, en el blog del PRO aparece un texto posteado el 20 de noviembre que dice: “Es el momento de generar la Ola Amarilla (…) Redoblemos el grito, elevemos el tono. Somos una sana revolución pacífica y democrática, pero que debe hacer oír su voz. Repliquemos el mensaje, vayamos a los medios, utilicemos internet, mensajes de texto, el boca a boca, la militancia y el liderazgo de cada uno para generar la Ola Amarilla”.

¿Estará Macri intentando recrear la mística comunitaria de algunas experiencias neofascistas? ¿Será la “ola amarilla” una respuesta a los extravíos de las conductas juveniles que denunciara en el mes de diciembre el ex ministro de educación porteño Abel Posse? ¿O será más bien una nueva herramienta de marketing político ideada por Durán Barba para valerse de los jóvenes PRO para aterrizar políticamente en lugares donde no tiene estructura de apoyo?

“Me comprometo con ustedes”, dijo Mauricio Macri cerca del cierre de su discurso. Esta relación de mutuo compromiso entre dirigente y dirigidos (tan propia de las experiencias autoritarias) es fuertemente explorada en el film dirigido por Dennis Gansel. Y es uno de los aspectos que directamente se vincula con la tragedia que acontece al final de la película. Lejos del cine, Mauricio Macri parece querer explorar el mismo camino.

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