La mirada del poder: ¿estrábica o astigmática?

No creo que mi columna de la semana pasada, Para el enemigo todo, para los amigos ni justicia haya sido de las mejores que escribí. Pero recibí por ella muchos más comentarios que los habituales. Y eso ocurrió, me parece, porque puse el dedo en una llaga: el ninguneo que se irradia desde el poder hacia los afectos, a la vez que el dinero público fluye ostensiblemente hacia los desafectos, hacia unos chantajistas dispuestos a callar –o a atemperar y aguar su vitriolo– a cambio de su inclusión en circuitos que trascienden la nómina de quienes reciben el flujo de la publicidad oficial sin cortapisas. Esos mismos Mr. Burns que constituyen una muy previsible quinta columna. Los mismos que les dedican a los K torvas sonrisas y se la mandan a guardar por detrás, organizando infinitas cadenas de rumores que no sólo deslegitiman sino que devastan y le pasan la garlopa a la credibilidad de las autoridades ante sus representados más humildes, esos que a la hora de los bifes son su principal sostén.

Un fenómeno corrosivo y deletéreo que lima y esmerila la fe y la confianza de quienes se sienten identificados con el Gobierno sin que medien transacciones económicas espurias. Es descorazonador descubrir que muchos altos funcionarios prefieren tratar con mercenarios que con amateurs: amantes de la causa de la emancipación de los pueblos, causa que no supeditan a prebendas.

Abundan los cínicos que se encogen de hombros y dicen “es lo que hay” sin advertir que si el cinismo ha sido la impronta de la época neoliberal, esa época ya acabó, está enterrada y con una losa encima. Murió en diciembre de 2001, y su muerte acaba de ser ratificada al desatarse la mayor crisis capitalista de la historia, que le ha puesto encima una losa imposible de levantar. El capitalismo mismo ha implosionado del mismo modo que no hace dos décadas capotó el “socialismo real” de la Unión Soviética y sus aliados. Ante la falta de una organización internacional que lo entierre, seguramente ha de resucitar metamorfoseado en quien sabe qué. Del mismo modo que Rusia está resurgiendo de entre las cenizas de la URSS tras la experiencia “menemista” de Yeltsin.

Ha terminado una época y comenzado otra, muy peliaguda, dónde es imprescindible tanto mantener la inventiva como abrevar en nuestras mejores fuentes, y ojalá sea cierto lo que han echado a rodar algunos enemigos del Gobierno: que los K analizan nacionalizar el comercio exterior. Al fin y al cabo, ha sido W., no los K, quien en gran medida ha nacionalizado la banca, consigna que hace 30 años le hubiera costado la vida a cualquiera que la enarbolara en Argentina.

Sólo el Gobierno puede organizar la batalla y defender a la Argentina de la exportación de su crisis que ya está intentado el imperialismo. La lucha inevitable contra quienes, en medio de la mayor crisis capitalista de la historia, fingen demencia, se hacen los desentendidos y procuran retrotraer el país al infierno del neoliberalismo que nos precipitó en la crisis de fines del 2001, cuando estuvimos a punto de comernos los unos a los otros. Sólo el Gobierno puede organizarla, pero el Gobierno solo no puede darla.

Para muestra basta la actual ralentización –¿o congelamiento?– de la lucha por una nueva Ley de Radiodifusión que sustituya a la de la dictadura… lucha que hay que dar sin que se escapen tiros por la culata, esto es, sin consolidar el poder de los Multimedios y sabotear involuntariamente la imprescindible democratización de los medios audiovisuales.

El parate tiene directamente que ver en que, para llevarla a buen puerto, qué duda cabe, hay que establecer alianzas, sumar fuerzas, organizar frentes. Para lo que es imprescindible proceder al más amplio debate. Lo ideal sería someter la nueva ley a una consulta popular, una herramienta que los K no han usado, pero que sí utilizan con frecuencia tanto Chávez como Evo Morales, cuya victoria sobre los racistas de la medialuna oriental de Bolivia permite alentar la esperanza que la Unasur se convierta en una realidad tangible en unos pocos años.

Claro que la utilización de esta herramienta imprescindible que implica avanzar desde la democracia representativa a formas de democracia directa es contradictoria con las tendencias predominantes en la manera en como los K establecen quiénes son amigos y quiénes no, que en muchos casos tanto amigos como enemigos coincidimos en sospechar tan maniqueas como arbitrarias.

Como saben todos los que han sido capaces de amar de verdad, la indiferencia es más dolorosa y destructiva que el odio.

Comparaciones odiosas

Hecha la catarsis, me interesa destacar las tristes peripecias de un compañero de lealtad archiprobada, Gabriel Fernández, un artículo de un adversario del Gobierno, el sociólogo Manuel Mora y Araujo, y el e-mail que me mandó Inés, una amiga de la infancia, hija de intelectuales, que de niña era una especie de Mafalda, que ha sabido sacar a flote a su familia siendo la cabeza de su hogar y que tengo para mí que es una arquetipo de la clase media porteña, con casi todas sus virtudes y algunos pocos de sus defectos.

Un querido colega, Gabriel Fernández me envió copia de la carta que le mandó pidiéndole trabajo a un importante funcionario gubernamental vinculado a los medios. Gabriel me autorizó a difundir sus principales párrafos. Dice así:

Querido compañero:

Te escribo esta vez, simplemente, para pedirte trabajo. Ando necesitando laburo de modo urgente. Si es en función periodística, mejor; y si no, en el área que sea.

Después de un año hemos resignado las gestiones destinadas a lograr publicidad del Estado en cualquier emprendimiento. Hemos cerrado la revista Question Latinoamerica pese a haberla llevado adelante durante cuatro años con éxito en la difusión del análisis geopolítico internacional.

A partir del año venidero levantaré el programa La Señal de Radio Gráfica debido a la falta de pautas publicitarias, pese al desarrollo obtenido durante tres años y a la creciente audiencia por aire y por internet. Sigo este mes de noviembre y luego acotaré mi participación en esa empresa recuperada.

Y también, tras este mes, tendré que dejar de salir al aire por televisión en Cablevisión y Multicanal, pese a haber logrado insertar para gran cantidad de público, un mensaje disonante en la pantalla del Grupo Clarín. Nuestro programa Frente a Frente sale los viernes a las 7,30 hs, horario central de la mañana. Media hora antes, a las 7 hs., sale el periodista Jorge Pizarro. Con menos rating, Pizarro tiene cinco avisos del Estado y nosotros ninguno.

Yo sé perfectamente que todo esto no es tu responsabilidad (…) Por eso, esto no es una recriminación ni mucho menos. Es, apenas, un pedido de laburo. En el Estado, en la Universidad, en alguna empresa amiga, donde sea.

Por primera vez en los últimos cinco años mi familia tiene dificultades para hacer frente a los gastos básicos. De ninguna manera pienso que nuestra situación sea peor que la de miles de argentinos. Que mi mujer tenga un trabajo estable ayuda enormemente a que la situación no sea desastrosa.

Te comento que no tiene sentido para nosotros seguir hablando con funcionarios con los cuales hay que «seguir hablando». Estamos sobre fines de octubre y las decisiones político económicas están tomadas. Con un aviso común, pagado en término, en cada emprendimiento, saldríamos adelante sin problemas porque hemos administrado exitosamente esmirriados recursos todo este tiempo. Pero no podemos trabajar a pérdida.

Todos los medios «destituyentes» que puedo hojear, escuchar o mirar, tienen avisos del Estado. Nosotros no. La política en ese sentido es clara, transparente y no es responsabilidad de los mejores compañeros que este gobierno ha convocado. Y aunque condenar la gestión de Cristina parece ser el camino para obtener publicidad, he resuelto no hacerlo por convicción. De hecho, estoy feliz por la nacionalización de las jubilaciones, un nuevo paso soberano del gobierno nacional.

Así que lo único que te pido, si es posible en un tramo no lejano de tiempo, es un empleo, de cualquier tipo y nivel salarial, pues estoy seguro a esta altura de poder realizarlo sin dificultades y de concretar un buen aporte en cualquier espacio que se me ofrezca. Sin más, te mando un gran abrazo y disculpas por la preocupación.

Imagínense ustedes en una radio, defendiendo denodadamente al Gobierno desde los micrófonos contra sus enemigos más aviesos. Imagínense, por ejemplo, que son Gerardo Yomal y Hugo Presman haciendo El Tren en una radio que no fuera Radio Cooperativa y en la que inmediatamente antes estuviera, por ejemplo, Baby Echecopar, y que Echecopar tuviera abundante publicidad gubernamental y usted minga. Y no es mucho imaginar: ante una consulta que le hice sobre la posible reedición de un libro, mi agente literario me dijo con desparpajo “Modernizate un poco. ¿Tenés algo contra los K.? Porque las editoriales grandes lo único que quieren son libros contra los K”.

La fe, ¿virtud o defecto?

Es interesante analizar la nota de opinión que un adversario del Gobierno, el sociólogo Manuel Mora y Araujo, publicó en El Cronista Comercial (diario que pertenece a Francisco De Narváez, y del que él es miembro del consejo editor) el martes 28. La tituló Una máquina de destruir confianza, que es como dice ve al Gobierno. Claro que Mora y Araujo está más preocupado por cómo ven al gobierno los poderosos del extranjero que los autóctonos de a pie, y se cuida de no abrir juicio sobre la sustancia de una medida a nuestro modo de ver tan digna de encomio, apoyo y aliento como el fin del inicuo sistema de las AFJP. No es zonzo, y no se pronuncia sobre el efecto que tendrá en las clases populares, enfatizando en cambio que “la erosión de los restos de confianza de los que el Gobierno disponía en medios empresarios y entre actores externos es enorme”.

“Más allá de la sustancia de las decisiones –agrega con la prudencia del que sabe que las AFJP son indefendibles–, asombra la capacidad del gobierno argentino de destruir confianza casi como si fuera una máquina diseñada con ese propósito”. El sociólogo y encuestador concluye poco después que se trata de “un efecto no deseado, que ocurre o por imprevisión o por improvisación”.

Decidido a no admitir la posibilidad de que las mayorías populares estén apoyando el fin de las AFJP, Mora y Araujo sólo admite que el impacto de la medida “sobre la opinión pública argentina no sea dramático”, pero plañe por un “clima de conflicto permanente” por el que responsabiliza exclusivamente al Gobierno (como si los escandalizados vaticinios sobre un eventual futuro robo de los aportes por parte de quienes jamás alzaron la voz para denunciar el multimillonario desfalco que se consumó durante todos estos años fuera un aporte a estabilidad institucional) lo que no es de extrañar habida cuenta de sus estrechos lazos con la insurgencia ruralista sitiadora e insolidaria: Mora preside la consultora Investigación y Consultoría Agropecuaria SA (Icasa).

Pero lo que duele es que diga que la pérdida de confianza no sólo se registra en la proteica y muy manipulable “opinión pública” y en “los medios empresarios, financieros y en los gobiernos del mundo”, sino también entre “quienes se sienten más amigos” del Gobierno.

Al respecto señala que si el Gobierno estuviera dispuesto a ser etiquetado de la misma manera que el socialista Hugo Chávez “no hubiera dado, en los últimos meses, pasos como el de levantar por iniciativa propia la deuda con el Club de París y el tema de los holdouts”, ni se prestaría a responsabilizar a Irán por el atentado a la AMIA (a pesar de que no hay la menor prueba de que Irán haya tenido algo que ver). Y agrega que, muy sorprendentemente, el Gobierno no parece preocupado “por consolidar consensos sólidos alrededor de sus decisiones”, sino que “espera, de su propia tropa y de sus aliados, acatamiento, no consenso; disciplina, no convicción. Ni siquiera parece molestarle demasiado que quienes van a dar su consentimiento, por acatamiento o disciplina, lo hagan refunfuñando a menudo en voz alta”.

¿No es, acaso, lo que Gabriel y otros muchos estamos haciendo?

Para Mora y Araujo “el Gobierno da pasos sin preguntarse demasiado por los efectos, directos o laterales, que produce” pues se tiene mucha fe en que “todo lo puede manejar y resolver”, que “los mercados responderán, tarde o temprano, a incentivos reales”, que “los capitales vendrán porque comprenderán que les conviene hacerlo”y que –préstese atención- la mayoría de los políticos locales “aprobarán y apoyarán lo que el Gobierno les plantee (…) porque en eso encontrarán, finalmente, su propia conveniencia”, por lo que “el Gobierno acabará conformando listas de candidatos suficientemente sólidas para enfrentar el desafío de octubre del 2009” y “todo volverá a su sitio correcto.

Mora y Araujo considera que esta es una visión profundamente equivocada y diagnostica que “algo está fallando en la visión estratégica del Gobierno”.

Ojalá se equivoque, y la autoconfianza de los Kirchner se revele, como ya sucedió otras veces, mucho más una virtud que un defecto. Porque si bien es cierto que no se puede hacer todo en base a la fe, también lo es que la fe, además de mover montañas, le permitió a Jesús caminar sobre las aguas. Pero, ojito, también le permite a Jorge Lanata hollar las tablas del Maipo

Ojalá, repito, Mora y Araujo se equivoque. Pero aun si se equivoca al considerar a los Kirchner estrábicos y estratégicamente equivocados, aún si por el contrario su visión estratégica es correcta, es posible que la presbicia desarrollada durante los cinco años que llevan al timón, les dificulte a los K ver con nitidez lo que tienen cerca, debajo de sus narices, y que le pifien en la instrumentación táctica y comunicacional de sus medidas, confundiendo amigos con enemigos.

Porque, por más fe que se tengan, no está de más recordar que fue Néstor Kirchner quien dilapidó gran parte de los laureles que obtuvo en Mar del Plata al mandar el ALCA a una vía muerta y pararle la chata a W. abrazándose horas después con Borocotó… que es algo así como ganar una carrera de F-1 y desbarrancarse luego al ir a casa en bicicleta. ¿Y quién, sino los K eligieron a una réplica berreta de De la Rúa como compañero de fórmula? Son apenas unos ejemplos para que, sin perder la fe, los K puedan darse una ducha de humildad.

Mirarse el ombligo

Inés leyó la nota de Mora y Araujo y me escribió: “Yo soy una de las que perdió absolutamente la confianza en el gobierno (y la tuve, te puedo asegurar). Ya no le creo nada (subraya nada). No puedo creer la falta de visión de sus errores, su arrogancia, su falta de percepción, su incapacidad para ver, observar, medir, palpar, sentir lo que pasa más allá de sus centímetros de espacio. Lo veo cada vez más solo (finalmente, la mesa chica ya no son ni cuatro, ni tres, ni dos, es uno solo) Lo penoso es que detrás de su dificultad para ver estamos todos nosotros, como país”.

Lo que me resulta penoso es que sea Inés, como tantas otras mujeres cultas, quien ponga en tela de juicio la autoridad presidencial. Lo que me parece una herida absurda es que sean sobre todo las mujeres de su clase las que le nieguen a Cristina el pan y la sal, la ninguneen de tal modo. Cómo le creen a pie juntillas a majaderos voceros de los intereses imperiales la pavada de que Cristina se limita a ejecutar lo que su marido le ordena, como si alguna vez ella hubiera sido una mujer sumisa y el “sí” se le cayera de la boca. ¿En qué quedamos? ¿No era que lo que no podían tolerar de ella era su soberbia?

Lo que me resulta descorazonador es tanto gataflorismo. Esa mayoría de porteños que votó a Menem y sus cómplices en 1995 y a Macri el año pasado y que no se hace cargo ni ahí de su importante contribución a la barbarie neoliberal.

Lo que me mata es que tanta gente no pueda dejar de mirarse el ombligo. Pero eso no puede ocultar la inquietud de que tantos percibimos, o tememos, que desde el poder no logren verse algunas realidades sencillas tal cual son.

No hace falta ser un lince, por ejemplo, para ver que si Pizarro vive holgadamente gracias al Gobierno y a su lado alguien inclaudicable como Gabriel Fernández corre la coneja mientras sólo recibe indiferencia de quienes defiende a capa y espada, es imposible que las cosas estén marchando bien.

El que avisa no es traidor.

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