La marcha y el rumbo

Bajo las consignas El hambre es un crimen y Para que la crisis no la paguemos los trabajadores, la CTA potenció una imponente marcha que culminó en Plaza de Mayo. El debate por las posibles salidas políticas y electorales sigue tensando a la Central, en un contexto de alta volatilidad de los aliados críticos del Gobierno.

El pasado viernes 12 se realizó por quinto año consecutivo la marcha del Movimiento de los Chicos del Pueblo. En esta oportunidad, la movilización fue tomada de conjunto por la segunda central sindical de importancia en el país. De esta manera, cerca de 30 mil personas se manifestaron a lo largo de 6 kilómetros, marchando desde el Parque Rivadavia hasta la Plaza de Mayo en reclamo de medidas contra el hambre y la implementación de un ingreso universal por hijo. Llamativamente, los medios de comunicación masiva sólo hicieron referencia al «caos de tránsito» antes que a las imponentes columnas que atravesaron la Ciudad.

Al corazón del Ejecutivo

Esta movilización nacional surgió a partir del primer encuentro de la Constituyente Social del mes de octubre en Jujuy y se trató de la primera convocatoria realizada de forma casi exclusiva por la CTA, en poco más de 5 años, al corazón mismo del ejecutivo nacional. Las adhesiones al acto fueron creciendo en forma directamente proporcional a los pronunciamientos de condena ante un nuevo ataque al Movimientos de los Chicos del Pueblo, conducido por Alberto Morlachetti, sucedido la semana previa. Al día de hoy, se suman 9 agresiones contra los pibes, entre secuestros y golpizas.

Los oradores elegidos fueron representativos de todos los sectores de la Central y se destacó en ellos la dureza de sus discursos en momentos en los que de a poco comienza a resquebrajase la unidad monolítica de los espacios que mantuvieron el apoyo crítico, y a veces no tan crítico, al proyecto kirchnerista. Desde el palco colmado por el conjunto de la dirección de la CTA, junto a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Pablo Michelli, titular de la Asociación de Trabajadores del Estado, y Hugo Yasky, Secretario General de la CTA, señalaron la continuidad del hambre en nuestro país, a la vez que denunciaron los intentos por resolver la crisis económica actual a costa de los trabajadores. Por último, y en representación del Movimientos de los Chicos del Pueblo, Gabriela Almirón agradeció la solidaridad con su organización.

Las columnas

Para quien haya podido ver las interminables columnas que ocuparon durante horas una de las principales avenidas de la Ciudad, saltaban a la vista las semejanzas con las históricas Marchas Federales que surcaron Buenos Aires durante la etapa más dura del neoliberalismo. Así, delegaciones multitudinarias llegadas de todo el país avanzaron secundadas por las caravanas representativas de las construcciones culturales que hoy integran la Central.

Por su parte, el sector sindical aportó vastas columnas a la convocatoria, principalmente del gremio conducido por Michelli, el cual mostró su compromiso con la actividad llamando a un paro general para ese día. No tan masivo fue el aporte de los gremios docentes, sector que respalda incondicionalmente al Secretario General Yasky, en concordancia a su presencia en la Constituyente.

Entre las grandes ausencias estuvo el sector de los movimientos sociales de la CTA. Si bien el Movimiento conducido por Morlachetti participó de la movilización, no lo hizo con la fuerza con la que venía haciéndolo en otros años. Probablemente, esto haya sido el fruto de los constantes ataques contra sus jóvenes integrantes, que en esta oportunidad movilizaron adentro de un cordón de seguridad y protegidos por militantes de diferentes gremios u organizaciones que impedían el ingreso de cualquier persona a dicha columna.

Una de las ausencias más notorias fue la de la agrupación Tupac Amaru, que tuvo un fuerte protagonismo en el encuentro de Jujuy, aunque la delegación provincial fue representada masivamente por la seccional de ATE que aportó un extensa columna, encabezada por el dirigente Fernando Acosta.

La iniciativa fue reconocida también por expresiones que no forman parte de la Central, que decidieron participar con un perfil propio, que implicó un recorrido menos extenso y consignas diferenciales en consonancia con la convocante. De esta manera las organizaciones nucleadas en el espacio «Otro Camino para Superar la Crisis» señalaron explícitamente la responsabilidad del gobierno en la continuidad del hambre, a la vez que solicitaban la puesta en marcha de medidas para combatir la desnutrición, tales como la generación de mercados populares con alimentos al costo bajo gestión de las organizaciones (emprendimientos que ya se desarrollan en diferentes partes del conurbano) y la quita del IVA tanto a los alimentos como a los medicamentos. Este sector político, surgido en pleno conflicto agrario, está integrado por el Frente Popular Darío Santillán, el Frente de Organizaciones en Lucha y la Corriente estudiantil Julio Antonio Mella, entre otros.

También estuvieron el intendente de Morón, Martín Sabatella, acompañado por su espacio Encuentro por la Democracia y la Equidad; el Movimiento Libres del Sur; el Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho y la Cooperativa de Investigadores y Educadores Populares que desarrolla trabajo educativo en bachilleratos populares.

Los debates

«Que la crisis no la paguen los trabajadores» rezaba la pancarta tras la que marchaban los principales dirigentes de la CTA, toda una definición en tiempos de posiciones ambiguas por parte de los organismos encargados de representar a los trabajadores. Sin embargo, y a riesgo de resultar esquemáticos, hacia el interior de la Central conviven al menos dos visiones diferentes sobre cuáles son las formas de llevar adelante esta lucha.

Si bien la Constituyente Social, presentada hace 45 días en San Salvador de Jujuy, fue lanzada y acordada por el conjunto de la Central, no todos sus dirigentes sostienen que la CTA deba ser el lugar desde donde deben surgir las propuestas políticas que vayan a paliar la falta de alternativas de izquierda o centro izquierda que hoy azotan la política nacional. Un debate que se acrecentó en las últimas semanas a raíz del desenlace de la crisis económica internacional.

De esta manera, al interior de CTA, quienes sostienen con mayor fuerza al proyecto de la Constituyente, ven en la actual coyuntura la posibilidad de repetir la experiencia uruguaya en la que una central sindical, en aquella oportunidad la PIT-CNT, dinamizó y le imprimió carácter de clase a un espacio político amplio de centro izquierda, en aquella oportunidad el Frente Amplio. Quienes se encuentran en esta postura plantean que es un deber de la Central dar señales al resto del campo popular para desarrollar una formación política que exceda a los márgenes de la Central. Estas señales por tanto deberían ser en base a ejes más genérales, que no necesariamente reflejen los reclamos sindicales actuales, sino más bien estén centrados en reclamos sociales que aglomeren al conjunto de las organizaciones dispuestas a encausarse políticamente en una alternativa única.

En paralelo a esta posición, otra parte no minoritaria de la Central sostiene que no son los organismos gremiales quienes deben generar los espacios políticos faltantes. Esta visión plantea que la tarea central es consolidar la CTA como cuerpo sindical en función de la disputa abierta en lo relativo a la representación gremial de los trabajadores, hoy potenciada a partir del fallo de la Corte Suprema de Justicia que reconoce a los activistas gremiales a pesar de no estar enrolados en un gremio con personería. Estos criterios se agudizaron a partir de la irrupción de la crisis internacional que amenaza con pegar fuerte en el país. En este contexto, quienes adhieren a esta estrategia de construcción priorizan en la agenda de la Central las reivindicaciones sectoriales de los asalariados, dejando para otros ámbitos la discusión sobre la carencia y construcción de espacios políticos genuinos de los trabajadores.

El futuro

A siete años de diciembre del 2001, esta discusión es extensible al conjunto del campo popular en momentos en los cuales los sectores políticos y sociales de la llamada «izquierda kirchnerista» se retiran del ejecutivo nacional o profundizan sus críticas, al observar cómo continúa el cerramiento hacia el Partido Justicialista de lo que algunos creyeron era la alternativa de centro izquierda y de los sectores populares. El inminente impacto de la crisis y la falta de alternativas unificadas de la izquierda recuerdan que aún están vacantes las aspiraciones de construcción de representaciones política populares que desde hace más de un lustro se intentan articular. El desafío actual es, nuevamente, avanzar en el acercamiento de sectores que, bajo la premisa de la independencia del Estado, comiencen a discutir de qué manera se hará frente a un escenario en el cual la oposición de derecha se perfila como única opción política, marcándole agenda al gobierno en los últimos meses.

En este sentido, las fuerzas que participaron y se sumaron el viernes pasado a la convocatoria serán actores importantes, sin que esto ponga en duda el protagonismo de la CTA. Esta última tendrá el desafío de definir qué rol jugará en la etapa que se abre; deberá definir si vuelca sus principales referentes a la arena política sin más, o si, manteniendo la identidad sindical que la constituyó, asume la referencia que construyó a lo largo de sus 17 años de existencia y «sólo» se limita a colaborar con la construcción de una alternativa popular y combativa en el escenario por demás complejo que se nos presenta.

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