La Macri buena

Las luchas por las reivindicaciones de los derechos de la mujer tuvo en el país varias precursoras, pero con la irrupción de Eva Perón y la sanción en 1947, el voto femenino y la consecuente igualdad de derechos de la mujer con los del hombre se hicieron realidad.
Entrevista a Ana Macri, una de las delegadas organizadoras designadas en 1949 por Eva Perón y diputada nacional por el Partido Peronista Femenino

Para fines de la década del 40, la Argentina no era precisamente una adelantada en materia de derechos de la mujer, sino todo lo contrario.

El primer país en sancionar el voto femenino fue Nueva Zelanda en 1893, luego lo siguió Australia (1902), Finlandia (1906), Noruega (1913), Dinamarca (1915), Holanda y Unión Soviética (1917), Canadá y Luxemburgo (1918), Gran Bretaña (parcial en 1918, completo en 1928), Austria, Checoslovaquia, Alemania, Polonia, Suecia y Estados Unidos (1919, año en que nace Eva), Bélgica (1919 parcial, 1948 completo), Ecuador (1929, primer país latinoamericano), Sudáfrica (1930, parcial sólo para blancas), Brasil y Uruguay (1932), Turquía y Cuba (1934), España (1931), Francia (1944), Italia y Japón (1946), Argentina y China (1947), Corea del Sur e Israel (1948), Chile, India e Indonesia (1949), Paraguay (1961, último país de América Latina), Suiza (1971). Ya en la década del 80 las mujeres podían votar en todo el mundo a excepción de algunos pocos países musulmanes.

Aunque se había logrado el objetivo de poder votar, la visión de Eva fue más allá ya que comprendió que si la mujer no tenía una herramienta política que la respaldara, la igualdad de los derechos con el hombre sólo quedaría en el terreno de lo formal y no en el de la realidad.

Con ese objeto decide formar en 1949 el Partido Peronista Femenino, que se constituyó en una experiencia inédita y única de verdadera participación femenina sin intervención alguna del hombre, ni en su organización ni en su concepción.

Ana Macri es una testigo privilegiada de esa experiencia, ya que fue una de las delegadas que designó Eva Perón para organizar el partido en el interior del país y una de las primeras diputadas nacionales que tuvo la Argentina.

-¿Cómo surge este movimiento?

-Para Eva, el Partido Femenino era el arma política fundamental de la mujer. Entonces decide formarlo a través de un congreso con mujeres de todo el país y las convoca en el teatro Nacional Cervantes, donde se hace una asamblea general desde el 26 de julio de 1949 hasta el 31 de julio. Hay un entusiasmo bárbaro y de todas las provincias llegan muchas mujeres. Eva Perón habla de la organización que debe hacerse y se la elige como presidente del partido femenino. Se lo llama a Perón, que en ese momento estaba en el Luna Park en el congreso de los hombres, para que le hable a la concurrencia y así arrancó todo.

-¿Y cómo se lleva a cabo la organización del Partido?

-En el Congreso se forman las primeras mujeres: 23 delegas censistas, una para cada provincia. Eva dice que por tiempo y por distancia no puede hacerse cargo de toda la organización y que va a mandar a cada mujer, como delegada de ella, para que con sus instrucciones hagan las Unidades Básicas Femeninas, en donde se aliente y se tenga conocimiento de la doctrina Peronista. Y entonces ella las va eligiendo y luego todas tenemos una reunión con Perón.

-¿Cómo conoce a Eva?

-Yo estaba en la Fundación, en el Hogar de Tránsito número 2, que hoy es el museo Eva Perón. Allí me nombran en el 48 como secretaria a cargo de la dirección del Hogar. Ella viaja en el 47 a Europa y, cuando vuelve, ya se pone de lleno a trabajar en la Fundación, por lo que recorre todos los establecimientos a su cargo, que son muchísimos, y ahí es que me conoce. Ella tenía una obra tan grande, con esa columna de mujeres que atendía y con todos los establecimientos que iba formando: policlínicos, hogares escuela, hogares estudiantiles y cuatrocientas escuelas que después las trasladó a la Nación. Entonces se necesitaba tener personal y acudió a la gente cercana de Perón y justo en ese momento se había intervenido la Sociedad de Beneficencia de la Capital y se había puesto allí al doctor Armando Méndez San Martín (que después fue Ministro de Educación). A cada persona que ella conocía que tenía una función directiva le pedía ciertas condiciones: capacidad de trabajo, honestidad y dedicación

-En esa época colocar el adjetivo Femenino al Partido ya era revolucionario.

-Estaba en los programas de Perón lo de hacer el voto femenino y Eva puso en práctica lo del partido. Una de las cualidades era su persistencia, su tozudez. No había imposibles para ella. Cuando en la Asamblea dice que va a ser Presidenta pero que va a mandar delegadas a cada provincia, ahí en ese momento no nos nombra, pero nos llama y nos junta en la residencia donde nos conocemos quienes vamos a ir a cada provincia. Entonces, decide mandarme primero a Tucumán.

-¿Qué tipo de trabajo iban a hacer?

-Inicialmente íbamos nosotros y ella, que había pensado todo, nos había mandado gente anteriormente para buscar lo que sería la sede del partido. Así que nosotros llegábamos con un papel donde estaba nuestro nombramiento como delegada y censista de ella en la provincia.
En aquel momento, llegabas allí y cada cual obraba de acuerdo con su forma de ser. Yo fui al gobernador de la provincia y le pedí un medio de locomoción. Me dio un jeep y con un megáfono salí a recorrer la ciudad llamando a las mujeres para que vinieran a la sede central para afiliarse.

-¿Qué decía? ¿Se acuerda su discurso?

-En la inauguración de la sede hago una conferencia sobre la doctrina peronista y sobre la fundación que está haciendo Eva Perón. Las invito a afiliarse y así van cayendo todos los días nuevas afiliaciones, después empiezo a recorrer las distintas seccionales de la capital de Tucumán y a los tres meses de estar en Tucumán había afiliado a 5000 mujeres. Luego fui a Santa Fe donde en dos años hicimos 658 Unidades Básicas.

-Unidades básicas sólo para mujeres…

-Sí. En eso Evita era terminante: no quería saber nada con que el hombre interviniera en las unidades femeninas, en absoluto, porque decía que ellos tenían las viejas mañas de la política y que ella quería un movimiento leal, desinteresado y honesto. Yo a veces conseguía los locales municipales y otras veces las mismas mujeres entusiastas daban su comedor o la salita que tenían. Los hombres, donde funcionaba la unidad básica, no podían entrar.

-¿Cómo hacían las mujeres para decirle al marido: acá no?

-Y… ya lo sabían, y los maridos se lo aguantaban. Aquello era nuevo para el hombre. Igualmente las encargadas de decirlo eran las delegadas. Es decir, yo iba a una casa a inaugurar una unidad básica y ahí ponía en los antecedentes que el hombre no debía intervenir en la formación del movimiento femenino por expresa indicación de la presidenta del partido. Por otro lado, ella nos decía que no quería que los dirigentes se hicieran caudillos. Entonces, una vez que habíamos terminado de organizar, ya nos teníamos que volver para tratar de no interferir en el desempeño de la nueva persona que mandaban para allá.

-Usted era la pionera, la piedra fundacional y después seguían la obra. La cuestión era despersonalizar la política.

-Sí. Además, nosotros no designábamos a quienes queríamos como subdelegadas. Nosotros íbamos a un lugar y teníamos colaboradoras y las mandábamos una al norte y otra al sur, por ejemplo, para preparar los encuentros con las mujeres. Buscábamos algún lugar para hablarles por primera vez, después se iba por segunda vez y se hacía una reunión más chica de mujeres y se sacaban conclusiones acerca de quién podía servir para ser subdelegada. Se les preguntaba si querían hacerse cargo y si estaban en condiciones y después le pedíamos los datos. Entonces, mandaba una terna, por ejemplo, para Esperanza (Santa Fe) y Eva finalmente elegía.

-¿Qué clases sociales estaban representadas en el partido? ¿Solo había gente de clase humilde o todas tenían cierta preparación?

-Algunas eran domésticas, es decir amas de casa, pero también había maestras de Santa Fe, empleadas. Yo me acuerdo que Evita me había dicho a mí que ella prefería la gente sencilla, «no esas doctorcitas que después te traicionan”.

-Usted dice como que Eva quería despertar la ambición en personas que no la tenía, como la gente del Hogar de Tránsito, para que viva mejor. Pero que desconfiaba quizá en el exceso de ambición.

-Bueno eso para la política, para su movimiento que era fruto del esfuerzo de ella y del General, para que no viniera nadie a destruir lo realizado con tanta lucha.

-¿Qué esperaba Evita de la mujer, tanto en el espacio público como en el privado?

-Quería que la mujer fuera fuerte en su hogar, en la lucha cívica, que tomara su lugar a semejanza del hombre. Lo que no quería era que políticamente, por lo menos en la organización, se mezclara con el hombre porque el hombre la iba a manejar. Y así fue que la mujer se fue haciendo. ¡Si antes, en aquella época, ni siquiera había mujeres que salieran solas! Salían con la madre.

-¿Era feminista Evita?

-En política era feminista y en su humanidad era femenina. Eso era Evita. Era una mujer de agallas en la política, en la cuestión ciudadana. Y una vez me dijo cuando a ustedes les lleguen a preguntar cómo es que anda con los pobres y se viste con joyas, cuéntenles que no hago vida social más que la oficial, que soy femenina y me gustan las joyas como a toda mujer. Y yo veo que a los necesitados y pobrecitos que vienen a verme les encanta verme así, entonces yo me visto para ellos. Esa es la explicación.

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