La liberación de las rehenes vista desde la cárcel

Ellas están presas, acusadas de rebelión. Son la otra cara del canje humanitario en Colombia, aquélla que casi nunca se cubre. Contar su versión es acercarse a las razones de la guerrilla de las FARC para mantener rehenes y uniformados en su poder.

En la cárcel de mujeres El Buen Pastor de Bogotá hay 63 reclusas por rebelión, pero de ellas solamente unas 25 ó 30 realmente hacen parte de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), insurgencia campesina que se alzó en armas en 1964.

«Hay mucha gente a la que capturan por rebelión, pero que no tiene ningún compromiso con el movimiento. Son criminalizadas por vivir en un área de influencia guerrillera, y a todo el que este ahí se le considera colaborador de las FARC», explicó a IPS E., una mujer de menos de 30 años que cumple condena en El Buen Pastor.

E. pidió que sus datos personales no se publicaran porque prefirió hablar «en nombre de varias». La entrevista telefónica con IPS se realizó de manera simultánea a la liberación de las políticas Clara Rojas y Consuelo González, hasta este jueves rehenes de las FARC.

«‘Emmanueles’ hay miles en Colombia. Uno de ellos, afortunadamente, va a volver a ver a su mamá. Hay miles que no pueden», dijo E., en referencia al hijo que Rojas tuvo en cautiverio y que fue separado de su madre cuando tenía ocho meses de vida.

Las presas de El Buen Pastor pueden permanecer junto a sus hijos hasta que éstos cumplen tres años. Entonces son entregados a otros familiares o al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), mismo que se hizo cargo de Emmanuel, cuando vivía casi en el abandono.

– IPS: –¿Cómo se percibe desde la cárcel esta liberación?

– E: –Obviamente genera mucha alegría lo que está pasando, porque son dos personas que vuelven con sus familiares. Pero son dos, que son parte de un conflicto en el que está sufriendo mucha gente. Es necesario que el corazón de las personas se abra y así se pueda llegar a que las dos partes se sienten, en las condiciones que se plantean, para que se logre llegar al fin que se busca, que es el canje.

Y que además, lo que realmente se busca es llegar a la posibilidad de solucionar el conflicto social y armado que vive Colombia. Muchas estamos aquí porque creemos en un país diferente, y que hay que poner cierta cuota de sacrificio. Estamos convencidas de que una nueva Colombia va a ser un hecho, y que vamos a poder vivir en un país justo.

– La liberación es un acto unilateral de las FARC. ¿Es un avance hacia una negociación?

– Es una ventana para que el canje humanitario se empiece a gestionar, un gesto que muestra que es posible llegar a un acuerdo entre las partes. Nosotras, como prisioneras políticas, lo que esperamos es que haya sentido humanitario, que en el conflicto se antepongan este tipo de cosas.

Es una forma de hacer ver que hay un interés de parte de las FARC. Pero las condiciones del conflicto es lo que no permite que las cosas se hagan como deberían hacerse. Lo que nosotras decimos desde las cárceles es lo mismo que el secretariado de las FARC ha manifestado: es necesaria una zona de seguridad entre las partes, tanto para la seguridad de los liberados como de la gente que va a estar negociando.

– ¿Las presas de las FARC en esa cárcel tienen hijos?

– Todas son madres, menos tres o cuatro. En total, son unos 30.

– ¿Cuántos viven con sus mamás en la cárcel?

– En esta cárcel hay unos 30 ó 40 niños. En este patio (de presas por delitos relacionados con la guerra), seis. La mayoría, hijos de presas por rebelión. Están en edades de cero a tres años, porque a esa edad tienen que salir. Cuando el niño cumple tres años, lo separan de su mamá. Y si nadie se puede hacer cargo de él, el ICBF se lo lleva.

– ¿Pueden ver a la mamá?

– El ICBF hace un convenio con la cárcel en donde una vez al mes pueden traer al niño a visitarla. «Emmanueles» hay miles en Colombia. Uno de ellos, afortunadamente, va a volver a ver a su mamá. Hay miles que no pueden.

– El Derecho Internacional Humanitario (DIH) distingue entre civiles y combatientes. La toma de rehenes está prohibida por el DIH, mientras que el canje de combatientes se da desde que se inventó la guerra. No es lo mismo una civil que una persona que ha decidido comprometerse con la guerra activamente.

– Es cierto. Pero mire: aquí en El Buen Pastor, la mayoría son civiles que viven en áreas de guerrilla, y que dos años después de estar en la cárcel les dicen: «váyase para su casa».

De 100 mujeres, 50 o más no tienen nada que ver. La semana pasada salieron tres mujeres después de año y medio. Les dijeron: «váyase para su casa, qué pena, fue un error». A otras las condenan de 40 hasta 60 años. Aquí hay gente que tiene condenas acumulables de varios procesos.

El resto son maestras, sindicalistas, madres comunitarias (que tienen en sus casas guarderías estatales), campesinas, que tienen que pasar aquí, por bien que les vaya, año y medio. Son muy pocas las personas que son condenadas. Los procesos se demoran hasta cuatro años. El año pasado salieron dos mujeres que llevaban cuatro años en juicio, y salieron exoneradas.

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