La insoportable levedad del Sel

Especial desde Santa Fe. Antonio Bonfatti gobernará Santa Fe por cuatro años. Sin embargo, la votación fue la más particular desde el regreso de la democracia y consolidó como segunda fuerza al sorprendente Miguel del Sel, apadrinado por Mauricio Macri. Agustín Rossi, el hombre que más defendió los intereses del modelo cuando más difícil era defenderlos, cargó en los hombros con la peor elección del peronismo desde el ‘83.

En el hotel más careta de la capital de Santa Fe, Miguel del Sel ensaya unos pases de baile PRO y, a la izquierda de su pantalla, porque todo lo PRO es televisado, Mauricio Macri ensaya una mueca de felicidad que esta vez parece no ser impostada, porque casi todo lo PRO es impostado. Debajo del escenario, un grupo de yuppies resucitados y señoras concurrentes asiduas al cirujano plástico cantan un jingle salseado, felices también, pero sin perder la compostura, porque eso no es PRO
.
Está cerca la medianoche del domingo y todos los flashes, aun cuando Antonio Bonfatti ya fue electo gobernador, son acaparados por la troupe macrista, que acaba de darle el susto más grande en cuatro años al gobierno socialista y de contribuir a infligirle nada menos que al peronismo la derrota más importante desde el regreso de la democracia. La Tota está cerrando su show, ahora disfrazada de Miguel del Sel. Dice que seguirá en la política, pero ganándose la vida con el trabajo y nada de vivir de la política, como hacen esos políticos que no son como él, que no es político.

157 kilómetros al sur, en el predio “El Patio de la Madera” de Rosario, Hermes Binner ya habla como candidato a presidente. Aunque jamás le saldrá, trata de aparecer como encendido. Le dice a Cristina que él es un hombre grandecito y que los santafesinos también lo somos. Además, algunas otras cosas que no le dijo el martes anterior, cuando la presidenta llegó a Puerto San Martín con datos contundentes de lo que la provincia de Santa Fe pudo crecer y no creció.

Ya habló Antonio Bonfatti como gobernador electo. Ya lo hizo también Jorge Henn, el dirigente radical que se eyectó de una banca como concejal de la capital provincial a la vicegobernación. Los jóvenes socialistas saltan y gritan. Dicen que acompañarán a Hermes Binner a la liberación definitiva de la patria y, por supuesto, a Bonfatti a continuar con el cambio que empezó en la provincia hace cuatro años. Algunos maliciosos sospechan que los jóvenes han bebido. Pero no, realmente piensan así y lo expresan a viva voz porque tienen la energía de la juventud. Algunos hasta se arremangan el saco de tan impetuosos y otros dejan ver su sudor en las camisas blancas.

No tan lejos de allí, casi no quedan militantes en el lugar donde hace tres horas Agustín Rossi reconoció su contundente derrota, sin responsabilizar más que a sí mismo y asumiendo que ahora, como militante, estará en el lugar al que el proyecto nacional lo convoque. La pibada del Evita y otras agrupaciones tienen los rostros por el suelo y en el sitio que ahora luce vacío, se nota menos la ausencia de funcionarios nacionales, que no estuvieron presentes en ningún momento junto al hombre que más defendió los intereses del modelo cuando más difícil era defenderlos.

Los números ya dieron su veredicto y la boleta única dio su segundo paso en el tercer distrito electoral más importante del país. El 74,89% de los santafesinos fue a votar y determinó que, con 674.239 votos (el 38,74%) Antonio Bonfatti , cuadro histórico del Partido Socialista Popular, oriundo de Las Parejas y segundo habitante más famoso de ese pago después de Jorge Valdano, será el sucesor de Hermes Binner. En tanto Miguel Torres, o sea Miguel del Sel, del PRO, con 612.208 votos (35,17) y Agustín Rossi, del Frente Santa Fe para Todos con 387.162 (22,24%) fueron sus escoltas.

En las cámaras de Senadores y de Diputados, sin embargo, la suerte no fue la misma para el partido de la rosa. Por primera vez en la historia –como consecuencia del nuevo sistema electoral- el oficialismo no tendrá mayoría en la cámara baja. La estupenda elección de María Eugenia Bielsa en diputados y la consolidación de caudillismos territoriales en los departamentos, obligarán al socialismo a lo que Bonfatti ya se anticipó: “la búsqueda permanente del consenso”. O a gobernar a decretazo puro, dicen los más desconfiados de los prolijos métodos del partido gobernante.

Con resultados en mano, está bien claro que Agustín Rossi fue el gran perdedor de la elección. Defensores del kirchnerismo han pretendido –algunos desde la Rosada, incluso- minimizar la derrota con algunos datos acaso objetables. Que Rossi sumó 13 puntos más que hace dos años, cuando lo atendían a huevazos en el interior. Que el socialismo fue castigado en las urnas porque obtuvo 150 mil votos menos que hace cuatro años. Que el piso de kirchneristas puros se ha consolidado.

La cuestión es que en el fondo, la tan mentada foto de unidad que se sacaron los principales referentes del Partido Justicialista un día después que el Chivo ganara la interna fue foto y no película. En la acción concreta, cada uno jugó su propio partido. Y encima lo perdió. Spinozzi, un reutemanista que presidió el Senado y se manejó a antojo en su departamento, ahora mordió el polvo de la derrota. Lo mismo le pasó a Betique, un senador que estuvo desde el inicio de la democracia.

Ni a Perotti, primer candidato a diputado nacional, le fue bien en su pago. También perdió Caballero en Rosario, en su ilusión de ser intendente, y lo propio le pasó a Wagner, el hombre de la UPCN que pretendió despojar al radicalismo de la intendencia de la capital provincial. O sea, detrás de la derrota que Agustín Rossi asumió como propia, hay una derrota colectiva importante que hará sonar las paredes del PJ, cuando los de la foto vuelvan a juntarse para sacar conclusiones.

Los motivos pueden ser diversos, bienpensados y no tanto. Hay un dato real y es que Rossi no pudo torcer la imagen negativa de un 50% que lo persiguió durante su campaña. Y es probable que su estrategia de campaña no haya sido la mejor. Pero hay evidencias claras de que células vivas del aparato reutemanista jugaron sus cartas en favor de Miguel del Sel, tal como pudieron haberlo hecho sectores vinculados a Jorge Obeid. Algunos que no ahorran términos duros dirán que a Rossi lo traicionaron. Otros, que los conocen desde hace mucho, dirán que obraron como siempre.

En la coyuntura, Miguel del Sel se montó de esa estructura, sumó el viento de cola de la victoria reciente de Macri, a un puñado de radicales enojados con Binner porque no se subió al tren de Alfonsín-De Narváez y un voto de sectores postergados que no han encontrado respuesta en el gobierno actual, ni en los anteriores. De esos que Pino calificaría de segunda. Así pudo consolidarse como una segunda fuerza impensada y que, a los que creen en la política les da escozor, o les hace sentir lo mismo que a Fito Páez.

Además, está claro que el voto a Del Sel no expresó solo un descontento con Rossi, como pretendió el gobernador electo, sino que también marca un toque de atención hacia adentro del Frente gobernante, que sumó 10 puntos menos en las urnas con respecto a la elección anterior. En síntesis, el timbre que Del Sel se dedicó a tocar casa por casa en los últimos días de campaña, también sonó en la sede del partido gobernante.

En el horizonte, hay algunos interrogantes. Saber cómo se desenvolverá el oficialismo con las dos cámaras en contra. Comprobar cuál será el destino de Rossi en el porvenir, sabedores de que el peronismo suele esperar a los derrotados con la peor de las suertes. Verificar quién puede capitalizar el voto de Del Sel cuando vengan las elecciones nacionales. Y, sobre todo, entender cómo sobrevivirá el Frente Progresista en una provincia donde lleva tres candidatos a presidente: Carrió, Alfonsín y Binner, escritos en estricto orden de amor por la institucionalidad.

Ya es de madrugada y Santa Fe eligió gobernador por octava vez desde que volvió la democracia. En el hotel careta Del Sel ha bajado la persiana de su show pero promete seguir de gira, no solo con Midachi, sino como entenado de “apolíticos” como Macri o Duhalde. En el Patio de la Madera, los jóvenes socialistas también deciden que es tiempo de dormir porque este lunes los espera con cuatro años por delante para consolidar un cambio que sería bueno que empiece de una vez. En el búnker de Rossi ya se habían ido temprano. El tiempo probará dónde.

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