¿La información justifica la editorial?

Por Sindicato Argentino de Televisión

El lunes 15 de mayo el suplemento deportivo del Diario Clarín, mostraba a modo de denuncia, una fotografía tomada en la Bombonera, la cancha de Boca Juniors, donde se veía una bandera argentina que decía “No a las papeleras.. sí a la vida”. Bajo el título “Un reclamo correcto en el lugar equivocado”, la objeción del “gran diario argentino”, se centró en la ubicación de la bandera: “la segunda bandeja de la cabecera que da espaldas a Casa Amarilla es el territorio de la barra brava de Boca. Allí moran los Di Zeo, el oso Pereyra y otros tantos famosos por sus procesos por participar en hechos de violencia en el fútbol. Ayer allí se desplegó esta bandera propia de un grupo de ambientalistas y humanistas. «no a las papeleras…si a la vida», dice. Y firma el Sindicato Argentino de Televisión. ¿El fin justifica los medios?. A continuación la respuesta del Sindicato Argentino de Televisión, frente a esta nueva pose del diario de Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magneto:

En “Minuto 90”, la contratapa del suplemento deportivo de Clarín del lunes 15 de mayo, aparece una importante foto de la gran bandera argentina tipo telón firmada por el Sindicato Argentino de Televisión y con las frases “No a las papeleras” y “Sí a la vida”.

La foto fue tomada durante la tarde del domingo 14, cuando la bandera se desplegó sobre la bandeja intermedia de la “popular” norte de la Bombonera, durante el partido que enfrentó a Boca con Olimpo, pero ya había aparecido antes en otros estadios (Vélez, San Lorenzo), en la última asamblea amplia de los vecinos autoconvocados de Gualeguaychú y en el encuentro propiciado en esa misma ciudad por el presidente Néstor Kirchner; y el SAT, que la fabricó, planea seguir llevándola a otros puntos de concurrencia masiva, mientras se sostenga el conflicto suscitado por la instalación de las grandes procesadoras de celulosa en la orilla oriental del Río Uruguay. Suponemos que no hacía falta aclarar que representa una toma de posición frente a dicho conflicto.

La reproducción de nuestra bandera en un órgano del caudal de circulación de Clarín favorece, como también es obvio, nuestra honesta y transparente intención propagandística.

Lástima que en este caso un redactor anónimo agregó un pequeño bloque de texto titulado “Un reclamo correcto en el lugar equivocado”, que cuestiona el despliegue en esa bandeja en la que, según el articulista, “moran los Di Zeo, el Oso Pereyra y otros tantos famosos por sus procesos por participar en hechos de violencia en el fútbol” y continúa “Ayer allí se desplegó esta bandera propia de un grupo de ambientalistas y humanistas” para terminar preguntándose en tono tremebundo:“¿El fin justifica los medios?”.

Como no ya cualquier periodista, sino incluso casi todos los aficionados a leer el diario sabemos, un título que incluye dos tajantes juicios de valor (“correcto” y “equivocado”) entre sólo cuatro palabras, sin contar los artículos ni las preposiciones, y que además no lleva firma, no puede ser otra cosa que una editorial. No es habitual encontrar editoriales en las contratapas, pero no vamos a cuestionar aquí un criterio de diseño.

Por otro lado hemos ido notado (sin saber a qué atribuirla; quizás se trate de una enfermedad profesional) la creciente tendencia de los hombres de prensa, en particular los bisoños y las modelos-conductoras, a editorializar sin que medie provocación previa y en cualquier tiempo y lugar: por caso, movileros que piden perpetua sin juicio previo antes de informar quien chocó con quien, si hubo heridos y si alguno de los conductores estaba bebido.

El acusado síndrome de incontinencia doctrinaria sólo deja de presentarse cuando los protagonistas de la noticia están ligados de alguna manera, comercial, política u otra, con la empresa editora del medio en cuestión, o bien gozan de la influencia social suficiente como para que exista el peligro de represalia. Sin esta regla inexorable la actitud podría confundirse sino con profesionalismo, con coraje cívico.

La ligazón del Sindicato Argentino de Televisión con Gualeguaychú y el conflicto es puramente casual, pero se trata de una causalidad múltiple. Hace años que el SAT lleva con frecuencia a los hijos de sus afiliados en mini vacaciones o salidas de fin de semana a Ñandubaysal, que seguramente era el balneario fluvial más bello de la Argentina hasta que vino a quedar justo frente al horrible paredón de Botnia. Sólo la evidencia de que estamos a punto de perder ese querido destino alcanzaría para sensibilizarnos; además, la seccional Entre Ríos se destaca entre las 33 que forman la organización nacional por su productividad y su criterio, y sus afiliados, en particular los de Gualeguaychú, reclamaron que su sindicato se pronunciara y acogieron con satisfacción el que lo hiciera; por último, no sólo el intendente de la ciudad, Sr.Daniel Yrigoyen, es un ex trabajador de televisión, sino que el Secretario General de la organización nacional es oriundo de allí.

La acción del SAT contra la instalación de las llamadas “papeleras” no se limitó a la fabricación y exhibición de la bandera en cuestión. Llevamos esta discusión a foros sindicales internacionales en los que confraternizamos con frecuencia con trabajadores de TV de la ROU., auspiciamos y colaboramos con la realización del documental “Historia de Dos Orillas”, que se emitió recientemente por Canal 7 y se sigue emitiendo en diversas señales de cable y fijamos nuestra postura en uno de nuestros propios medios de prensa, que alcanza por vía postal a unos 15.000 trabajadores de la actividad.

“Clarín” ya había detectado antes de ahora la bandera del SAT. Uno o dos días después de la reunión convocada el 5 de mayo por Néstor Kirchner en Gualeguaychú, nuestra Secretaría de Prensa recibió un llamado de una promotora comercial del diario, ofreciéndonos un precio promocional para publicar una solicitada de convocatoria al acto oficial del 25 de mayo. Sonaba como si hubiera algo implícito sosteniendo su oferta, y enseguida se aclaró: “Porque ustedes son un sindicato kirchnerista, ¿no?” “No” -respondió la empleada a la que había tocado atender -“En este caso, somos un sindicato que está en contra de las papeleras”. En una empresa de la vastedad de Clarín, es comprensible que el diálogo no haya llegado jamás a conocimiento de la redacción de El Deportivo, pero el concepto de la promotora es el mismo que el del articulista: una bandera como la de la foto es “propia de ambientalistas o de humanistas” Si es levantada por una organización gremial o por un grupo de hinchas de fútbol se hace sospechosa de ocultar fines inconfesables.

Cae de maduro que no pertenecemos en masa a la “número 12”, y menos a su “barra brava”, que por lógica debe ser más restringida. Simplemente solicitamos que se nos permitiera desplegar el telón, y se nos hizo esa cortesía sin cuestionamientos, por lo que estamos muy agradecidos.

Nos tomamos el trabajo de contar, en la misma foto de Clarín, el número de cabecitas que asoman por el borde inferior: suman cincuenta. En la foto, la bandera cubre entre diez y quince gradas. Con estas coordenadas puede calcularse grosso modo que debajo de la tela hay entre 500 y 750 bosteros, entre los que además de “los (2) Di Zeo” deben figurar por lo menos una docena de Fernández, otra de Rodríguez y media de Garcías.

Ya sea el articulista, el suplemento o el diario, queremos creer que no los consideran a todos incursos en hechos de violencia en el fútbol, pero eso es lo que surge del texto, por lo que tal vez corresponda otra aclaración además de ésta.

En todo caso, si Clarín considera “correcto” el reclamo (si bien equivocada la bandeja) correspondería que alguna vez lo dijera en letras de molde.

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