La incultura en tiempos de Macri

La falta de espacios para que los músicos puedan tocar, la desarticulación del programa de cultura en los barrios y los constantes idas y vueltas de la obra en un Teatro Colón que continúa cerrado se han consolidado como los iconos de la gestión PRO al frente del Ministerio de Cultura.

La total atención sobre la gripe que azota a nuestro país parece haber sacado de foco la pelea por el ejercicio cultural que sigue dando lucha en la ciudad de Buenos Aires. El cese de obras en el Teatro Colón y la curiosa (pero no inocente) nula actividad para los sectores más pobres de la ciudad es alarmante.

Esto no hace más que reafirmar el proyecto original del macrismo: darle la espalda a quienes no pueden ni quieren pagar una entrada a valores pocos realistas para ver un espectáculo, y sí garantizar el desfile político en espectáculos elitistas.

Que se hayan caído techos y paredes en escuelas públicas, que no haya estufas, gas y agua, dan muestra de que al frente del Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri da la espalda.

Tocar ¿dónde?

El verano pasado, el Ministerio de Cultura organizó una serie de recitales en el marco del “Verano porteño” en diferentes puntos de la ciudad. El anfiteatro de Costanera Sur fue de los lugares que más público reunió, y sin embargo, no se garantizó ni la seguridad de los espectadores —la cantidad de policías destinados era casi nula, la iluminación del lugar no existió— ni la calidad del espectáculo –el volumen de los shows fue pobrísimo, la gente quedó totalmente disconforme.

Pero yendo a cuestiones más graves, en julio del año pasado, músicos y artistas independientes cortaron Callao y Corrientes —pleno circuito comercial— para pedir por la liberación de Diego Abrego, uno de tantos que intentó crear un lugar alternativo, tocando en plazas y centros culturales. Diego estuvo preso 30 días por organizar un festival benéfico, o más bien, por pasar por alto a un Ministerio de Cultura que se escudó en la seguridad post-Cromañón pero que en realidad escondía un fin comercial al no habilitar espacios reducidos y gratuitos –para 50 o 100 personas– y darle el visto bueno a lugares que pueden agrupar a 5.000. Aquellos donde sólo unos pocos artistas pueden convocar. ¿Qué tipo de ley coherente con toda una ciudad puede no permitir que personas de diferentes poderes adquisitivos puedan compartir en un mismo lugar un mismo espectáculo?

Una voz en el teléfono

En marzo de este año, se anunció con bombos y platillos el relanzamiento del programa Cultura en Barrios. Las fechas de inscripción fueron de 10 días “en el centro cultural de tu barrio”. Se anunciaron “36 centros culturales brindan, barrio por barrio, un amplio abanico de actividades artísticas, de formación, actualización de técnicas, experimentación y producción”. Hernán Lombardi, Ministro de Cultura porteño, consideraba que “el Programa Cultural en Barrios, creado en 1984, fue un hallazgo reparador de la democracia y lo deformó el clientelismo político”. Que se encontró con “una situación de superposición de talleres, una mala asignación de recursos, la falta de planificación, docentes con horas cátedras imposibles de cumplir y la adulteración reiterada de planillas de asistencia”. Todo esto hacía que el Ministerio de Cultura decidiera relanzar los talleres en todas sus funciones.

Lo cierto es que una llamada al “0800 centro de informes” que figura en la web oficial del Gobierno de la Ciudad comprobó que no hay intenciones de que la cultura llegue a ningún barrio. “Gracias por comunicarse con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Para información sobre Influenza A, marque…, si su llamada es por una emergencia, corte y marque otro número, para reclamos, por rentas, turnos, por consultas e información general, infracciones, salud, defensa del consumidor, turismo, otra información, planes jefas y jefes de hogar, pase maestro”. Sin novedades sobre cultura, ni una operadora que atienda e informe.

En esa misma página de Internet figuran los números de los centros culturales que adhirieron al programa. Varias llamadas a esos teléfonos confirmaron que la mayoría de esos centros culturales ya no funcionan. Están desarticulados.

¿Al Colón?

Dos noticias conmovieron hace poco más de una semana al ámbito cultural: se encontraron los planos originales del teatro Colón –de 117 años de antigüedad- en una bolsa de plástico, cubierta de polvo y tirada junto a otras tantas láminas y libros en desuso, en un rincón del depósito de las Escuelas Raggio, en Nuñez. Nadie sabe qué hacían, ni cómo fueron a parar allí. La otra novedad es que Macri aseguró que el Colón abriría sus puertas a fines de 2010.

El plan de remodelación se pensó en 2001, pero la crisis argentina alargó los plazos del comienzo de las obras, y recién se empezó a concretar en 2004. El Teatro Colón cerró sus puertas el 1º de noviembre de 2006, tal como estaba estipulado, con la idea de reabrirlo en mayo de 2008.

Gustavo López es Subsecretario General de la Presidencia de la Nación y ex secretario de Cultura porteño. Desde siempre, tomó la lucha de los trabajadores del Teatro Colón como propia. Para López, la declaración de Macri sólo forma parte de una serie de mentiras con que se maneja su gobierno.

—¿Había algún límite de tiempo para refaccionar el teatro?

—Si bien la obra era muy compleja, porque se empieza a refaccionar con el teatro abierto, venía bien. Hasta julio de 2007 los plazos se venían respetando. Para esa fecha, Macri gana la segunda vuelta en las votaciones y ahí se abre un impasse en la obra, que duró un año y medio. El justificativo es que no había presupuesto, por eso se había parado todo. Pero esa mentira duró un tiempito. Después, lo que hicieron fue intentar modificar la obra original, cosa que hicieron, y durante un año negaron que fuera verdad. Lo cierto es que planearon otro proyecto, y ahora están ejecutando ese otro proyecto que tanto negaron, que se trata de una confitería, lugares de relax. No es el plano original que se pensó en 2001, ni el que se estuvo haciendo a partir de 2004. Entre que gana Macri las elecciones y que asume, la obra se fue deteniendo. Y desde el 10 de diciembre de 2007 que Macri asumió hasta el 31 de mayo de 2008, yo aseguro que no se hizo nada.

—¿Con qué excusas intentaron justificar lo que estaban haciendo?

—Muchas. Estaba previsto que, mientras la sala principal estuviera cerrada, las actividades se iban a desarrollar en otros teatros. De hecho, durante todo 2007, el ballet y las obras se desarrollaron en el Teatro Coliseo. Y la actividad de la Filarmónica se desarrolló en el Gran Rex. Cuando asume Macri, lo primero que dicen es que los teatros no eran aptos para ser utilizados, y que se iba a reprogramar toda la actividad 2008 en todo el país. No pasó absolutamente nada, no hubo actividad de ópera y ballet en todo el 2008. Y este año, contradiciendo lo que habían dicho en 2008, vuelve a haber ópera en el Coliseo, pero solo un 40% de la temporada, 4 títulos en lugar de 9. Es decir: se perdieron dos años.

—En todo este tiempo, ¿los trabajadores siguieron cobrando?

—Sí, porque son trabajadores de planta. Pero es como tener un equipo de fútbol entrenando y que nunca jueguen. En el caso de los bailarines, que son los más afectados de todos porque tienen una vida útil mucho más corta, en casi dos años no han tenido función, y esto significa que pierden los mejores años de su vida, pierden excelencia, porque una cosa es el ensayo y otra la función. Pierden su contacto con el público, pierden la razón de ser como artista, que no sólo es un acto hacia adentro, sino básicamente hacia afuera. Lo más grave aún es que, no sólo los cuerpos estables trabajaron a un 20, 30 por ciento, sino que además los cuerpos técnicos no trabajaron, dando como resultado el desplazamiento de 450 personas del Teatro. Doy un ejemplo: la persona encargada de producir el programa Todos al Colón —que se emitía por Canal 7, que mostraba todas las semanas las actividades del teatro, y que ahora es sólo un programa repetido, porque no hay nada más para mostrar— está en el Hospital Durand dando turnos. Así están las cosas con la gente del teatro, con una obra que no garantiza de ninguna manera que el teatro se abra en 2010 —como aseguró y casi juró Macri—, con 450 personas desplazadas que garantizaban la capacidad de producción cultural en nuestro país, con una nueva reforma edilicia que pone en riesgo las grandes producciones propias, y lo agrava el hecho de que se hizo a espaldas de la Legislatura, porque nunca se mostraron los planos ni las verdaderas intenciones.

—¿Qué va a pasar con los 450 trabajadores?

—La Justicia dictaminó que vuelvan a su lugar de trabajo, pero el fallo está apelado. Es decir que siguen diseminados en lo que el macrismo llama “áreas prioritarias”: hospitales y espacios verdes. Lo paradójico es que se firmó un decreto en donde aseguran que no corresponde que vayan a cultura: van a cualquier otro lugar menos a ese área. Esto viola todas las leyes de trabajo vigentes. Lo que pasa es que la justicia de la ciudad de Buenos Aires está cooptada por la política de la ciudad de Buenos Aires. Y estoy hablando de la justicia administrativa y tributaria de la ciudad. Se perdió un año y medio, la obra hoy podría estar terminada. Y todo por un plan no declarado de cambiar el destino de la sala del Colón.

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