La guerra por venir II

El autor continúa analizando la compleja situación internacional que rodea la caída del gobierno de Gaddafi y expone algunos interrogantes inquietantes sobre el futuro de la Primavera Arabe y sus vínculos con occidente.

No se sabe todavía cuánto les falta a los Estados Unidos, sus socios menores de la OTAN y sus representantes en Libia (el Consejo Nacional de Transición, CNT) para que terminen con la conquista absoluta del país. Todo está muy confuso.

Del líder de la revolución verde Coronel Muamar Gaddafi, hace días que no se sabe nada. Se lo sospecha refugiado desde Caracas a Argelia, escondido junto a su hijo Saade en Bani Walid, una localidad que se encuentra a 100 kilómetros de Trípoli, o quizás en Sirte, su ciudad natal, preparando junto a cincuenta mil de sus hombres la última batalla.

A la vez, algunas informaciones todavía sostienen que el anuncio de la caída de Trípoli es una gran operación de prensa, y que todavía se resiste en muchos más barrios de la capital de los que se reconocen en occidente.

Esta semana, un canal de televisión ruso, RT Televisión, denunció como montaje cinematográfico la toma de la plaza verde de Trípoli, aduciendo que las escenas habían sido grabadas en decorados de un inmenso set de filmación en Qatar, donde el actor Omar Jali interpretó al hijo de Gaddafi, Seif el Islam, en el momento que caía prisionero. Seif el Islam, horas después de la información, a la vista de todo el mundo alistaba la defensa de la ciudad. A una semana de ese hecho, Seif aún continúa en Trípoli, llamado a resistir la toma que según algunos medios no es tan absoluta como la mentan los medios prooccidentales.

Mientras tanto, los francotiradores todavía resisten en Trípoli a las hordas del CNT, que saquean y roban lo que pueden y el resto lo destruyen. Las imágenes de las agencias internacionales muestran claramente que “rebeldes” poco hacen más que festejar los triunfos que sin duda está logrando la aviación de la OTAN.

El CNT y su presidente, Mustafá Abdel Yalil, ex ministro de Justicia del nuevo “tirano prófugo”, reconocieron ya cincuenta mil muertos y dieron plazo hasta el próximo sábado para que se rindan todas las tropas de Gaddafi que aún resisten, incluso en la ciudad de Trípoli.

La capital de Libia y sus dos millones de habitantes están jaqueados por la falta de agua y energía, alimentos y medicinas. Estos padecimientos acabarán pronto, ya que un puente de abastecimiento se está tendiendo desde Europa a Trípoli, el mismo que se han cuidado mucho de no generar hacia Somalia, donde los muertos por la hambruna se cuentan por miles cada día.

El enemigo, de mi enemigo…

Uno de los pilares de Muammar Gaddafi desde siempre fue su capacidad de control de las tribus. Se estiman en todo el país una ciento cuarenta, pero sólo treinta son las que se consideran de importancia. La estructura de poder de Gaddafi, de todo su gobierno, se ha basado en la alianza con las dos tribus más grandes del país: el Warfallah y el Magariha.

Las tribus de la región de Cirenaica son las que han comenzado el levantamiento en febrero. Históricamente, ese territorio ha sido muy difícil de controlar tanto para Gaddafi como para cualquier otro gobernante de la región de Tripolitania, por su difícil acceso geográfico, lo que les ha dado un fuerte sentimiento de independencia.

La Cirenaica fue también la región natal del rey Idris, primer gobernante moderno de Libia, quien fue derrocado por Gaddafi en 1969. Por esa razón la bandera que enarbolan los sicarios del CNT es, justamente, el viejo pabellón verde, rojo y negro de la monarquía depuesta por la revolución verde.

En esta región, la Cirenaica, siempre han sido muy fuerte los jihasgistas (jihaad o guerra santa) del Grupo Islámico Combatiente Libio, organización muy violenta y ultra conservadora con fuertes lazos con Al Qaida. Abdelhakim Belhash, líder militar de los “rebeldes” del CNT, que se sabe ha participado en la guerra de Afganistán, está fichado por servicios de inteligencia occidentales como terrorista de Al Qaida. Para este grupo, Gaddafi ha sido siempre un kafir (infiel), y sin dudas montado en la Primavera Árabe, que ya destronó a las tiranías de Túnez y Egipto, tuvo en jaque a Bahrein y Yemen y se está por cargar a Bashar al Assad de Siria, se está cobrando las deudas del viejo líder libio.

Seguramente el difícil entramado de las relaciones entre las tribus poco influya en el destino final del coronel Gaddafi, cuya suerte está prácticamente echada. Pero sí el continuo acomodamiento de las relaciones tribales y la influencia de los grupos islamitas más radicalizados, que hoy son la vanguardia del CNT, y que sin duda están esperando el momento para convertirse en el foco de resistencia anti-occidente. Esta ecuación la maneja el trío de Obama, Sarkozy y Cameron, y estarán alistando sus planes para matar la siguiente guerra santa en su nido.

Pero hoy se necesitan todos. Para Sarkozy, la guerra de Libia viene a ser como una primaria que lo pone a las puertas de su reelección. Obama y Cameron se hacen de unos cuanto miles de millones de dólares que Gaddafi en su plan de seducción de occidente dejó en bancos de los Estados Unidos, Inglaterra y otros países de Europa, además de las muchas empresas norteamericanas e inglesas que ya pelean por “colaborar” en la reconstrucción de Libia. Italia, por intermedio de la ENI (Ente Nazionale Idrocarburi), ya está cerrando grandes negocios petroleros junto a la Francesa Total, lo que otras petroleras de occidente acudirán a hacer en las próximas horas.

Los veintiocho países miembros de la OTAN también querrán su parte. Son muchas las incógnitas que quizás se comiencen a revelar en las próximas semanas. ¿Rusia y China seguirán mirando sin comprender muy bien en qué parte del juego entran? El Coronel Muamar Gaddafi, que sigue sin aparecer, ¿piensa en resistir desde las montañas del sur o ya se ha retirado para siempre? ¿Cómo funcionará el difícil entramado de las tribus y cuánto falta para que el primer atentado terrorista en Libia anuncie que Occidente se ha metido en otra guerra de la que no va a salir fácilmente?

Y un último interrogante. Los servicios de inteligencia franceses que ya están operando en Trípoli, ¿podrán encontrar las pruebas que incriminan a Sarkozy al haber recibido fondos de Gaddafi para su campaña presidencial de 2007?

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