La guerra por el precio de la carne: K golpea primero, gana la primera batalla y se prepara para negociar

Por Causa Popular.- Fiel a su estilo, esta semana el gobierno nacional jugó su posición bien a fondo en la pelea por el precio de la carne. Un aumento del 10 por ciento registrado en las carnicerías, voló de un plumazo todos los acuerdos realizados hasta entonces. Durante seis meses el Consorcio de Exportadores de Carne deberá vender su producción en el mercado interno, lo que significaría un aumento en la oferta de 600 mil toneladas. Además, el organismo de control de la competencia comenzó inspecciones en el mercado de Liniers y frigoríficos para poder determinar si existen o existieron maniobras irregulares para inflar los precios. De los 15 frigoríficos que forman parte del Consorcio del Exportadores de Carne, sólo cuatro concentran el 95 por ciento de las ventas externas, estos ya amenazaron con despedir a su personal si el gobierno mantiene la prohibición de exportar.

El gobierno nacional arremetió con todo lo que tiene contra la escalada del precio de la carne. Suspender las exportaciones por 180 días y elevar en 10 puntos las retenciones a los cortes más caros, no parece significar una medida más para contener la inflación, y particularmente el precio de la carne al consumidor.

Los poderosos consorcios multinacionales que aumentan en forma permanente la demanda de la limitada oferta de ganado con la que cuenta el campo argentino, no es un rival al que se pueda enfrentar con medidas leves.

Finexcor (grupo Cargill), Rioplatense, Quickfood y Consignaciones Rurales, que se cuentan entre los 15 que conforman el Consorcio de Exportadores de Carne, acumulan, en conjunto, el 95 por ciento de las ventas externas. Estos cuatro, junto a otros establecimientos que exportan importantes volúmenes como son Swift Armour, Friar, CEPA y Estancias del Sur, son quienes controlan todas las decisiones dentro del Consorcio de Exportadores de Carne.

Desde este sector, fuentes gremiales advirtieron, que empezaron las amenazas de despidos. Esta no es la única medida que preparan como respuesta al gobierno, ya anunciaron que de no mediar una propuesta de negociación por parte de las autoridades, la decisión del consorcio exportador es ir a la Justicia con un recurso de amparo que inhabilite la resolución que suspende las exportaciones.

Argentina es el tercer exportador de Carne vacuna, en gran medida, gracias a la competitividad que le otorga el tipo de cambio. Durante los últimos meses los frigoríficos que exportan desde el país se vieron beneficiados por el aumento del precio internacional y el crecimiento de los mercados.

Mientras que por un lado, Brasil, el primer exportador de carne a nivel mundial se encuentra fuera del mercado desde Octubre del año pasado luego de que fuera detectada en su hacienda fiebre aftosa, por el otro se produjo un aumento del consumo europeo como consecuencia de la gripe aviar.

“No nos interesa exportar a costa del hambre y el bolsillo de los argentinos. Está bien que exporten, está bien que ganen, pero primero vendan a los argentinos a precios que puedan comprar”, dijo el presidente Néstor Kirchner, horas antes de que su ministra de Economía anunciara la medida de las suspensión por 180 días

La medida de “emergencia”, de todas formas no representa el volumen total de exportación, aunque sí su mayor parte. Un 15 por ciento corresponde a las colocaciones en la Unión Europea de la llamada “Cuota Hilton” (Carnes alta calidad) y los acuerdos de venta bilaterales, como los establecidos con el gobierno de Venezuela. Esto permitirá que el 85 por ciento restante pueda volcarse al mercado interno, lo que representaría unas 600.000 toneladas más de carnes bovinas.

De la mano de la reactivación de la economía, entre 2003 y 2005, el consumo anual promedio de carne por habitante en Argentina pasó de 55 a 65 kilos, mientras que la demanda internacional aumentó de 500 millones de dólares a 1.400 millones.

La problemática combinación de un fuerte crecimiento de la demanda interna y externa, se vio agravada porque el stock ganadero se mantuvo prácticamente inalterable en los últimos 30 años, en un promedio que oscila entre 50 y 55 millones de cabezas de ganado. Argentina concretó el año pasado colocaciones de este producto por 1.390 millones de dólares, cuyo primer comprador es Rusia

Desde que se produjo la devaluación en el 2002, el pueblo argentino tuvo que soportar un aumento en el precio de la carne del 168 por ciento, más del doble de lo que se lleva acumulado de inflación: un 75 por ciento.

La drástica e inédita resolución adoptada el miércoles por Kirchner es el corolario de una puja que desde hace meses mantiene el Gobierno y el sector ganadero. Este último se resistió a firmar un acuerdo para garantizar por un año la estabilidad de los precios del ganado de bovino.

La pulseada inició su escalada en noviembre, cuando el Ejecutivo incrementó del 5 al 15 por ciento los derechos para exportar carnes frescas, y se recrudeció cuando en enero último creó un registro de exportadores para habilitar las ventas al exterior.

En la Casa Rosada conocen a la perfección las consecuencias que puede acarrear a largo plazo la medida tomada. A corto plazo, lo más probable es que aumente la oferta de ganado -al cierre de esta edición se registraba una caída del precio del 20 por ciento en el mercado de Liniers-, aunque se mantiene la duda de que esta cifra finalmente repercuta en el precio que ponen las carnicerías. En el largo plazo, sin embargo, el gobierno sabe que seis meses fuera del mercado mundial pueden ser irremontables para la ganadería.

La oportunidad de la medida de todas maneras permite importantes márgenes para sentarse a negociar desde una posición de fuerza con el sector. La salida de Brasil del mercado mundial no es un dato menor.

Aunque la prohibición se mantenga durante un tiempo mientras se negocia, los frigoríficos multinacionales asentados en el país en el mediano plazo podrían recuperar sin problemas los mercados que están abandonando con la restricción a exportar. Estamos frente al comienzo apenas, de una dura pulseada de final incierto.

La medida de fondo, de todas maneras, sigue siendo comenzar a nacionalizar un mercado dominado por consorcios extranjeros cuya único objetivo es obtener la mayor ganancia posible. La medida delineada por el mismo Presidente, es la más radical dentro de las tácticas posibles a corto plazo para frenar el precio de la carne. Si esta no funciona, se pagaran las consecuencias de la ausencia de una orientación estratégica para el mercado alimenticio argentino, cuyos resortes fundamentales se encuentran en manos del capital extranjero, y el Estado nacional hoy no los maneja.

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