La fatalidad según Chabán

Por Jorge Devincenzi, especial para Causa Popular.- En la calurosa tarde del día de los Inocentes se conoció una carta enviada desde el penal de Marcos Paz por Emir Omar Chabán. Escrita por evidente consejo de su abogado defensor, y con el ánimo de ganar protagonismo mediático en las cercanías del aniversario de Cromañón, no agrega nada.

En la foto: Omar Chaban

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Chabán se presenta a sí mismo como una víctima de la fatalidad, no solo la propia sino la ajena, como un artista incomprendido y un mecenas a quien la sociedad -y no su exagerado egocentrismo- le estuviera exigiendo saber qué
siente ante esta situación. Cayendo en la veleidad literaria («me siento un agujero negro sin bordes ni
fondo», o «para poder curar esta herida incurable»), repite todos los lugares comunes escuchados a lo largo de este año.
Miente cuando afirma que es el único procesado por estrago: varios policías de la 7ª también lo están, junto con la acusación de cohecho que comparten con el empresario.

Los sobrevivientes desmienten que haya sido él el que cortó el sonido, y las pericias demuestran que se cortó la electricidad por efecto del fuego sobre los cables expuestos. Pero además ¿por qué al cortar el sonido habría
salvado a muchos?

Su referencia a los tres jovenes que prendieron una candela, es un anzuelo o está anticipando la hipótesis del atentado.

Habla de una verdad que nunca termina de develar.
Arranca con una reminiscencia seudofilosófica según la cual «los otros» ya no son el infierno sartreano sino la «opresora red de fatalidad» que han arrojado inopinadamente sobre él.

Pretende ser una víctima más: «Soy Chabán, estoy aterrado, sucumbí, me acusan de ser codicioso».

Afirma que Cromañón «tenía todo lo que yo con mi experiencia en Cemento pensaba que un lugar tenía que tener». Los jueces tendrán oportunidad de leer el grueso expediente de la Ciudad donde se certifican las varias
clausuras de Cemento por no cumplir con las leyes.

Pero era otra época, y Chabán estaba protegido por el menemismo que frecuentaba esa discoteca.

Miente al sostener que para los locales de baile no había prescripciones sobre la capacidad, porque el máximo de concurrentes fue establecido en la habilitación, como que los presuntos 1400 m² (superficie falsificada, pues
había más de 1.600 m² ) le permitían ser flexible con el número; además, el Código de Edificación lo establece para todos los locales, cualquiera fuera la actividad.

Oculta la instalación de la mediasombra.

Esta carta lamentable evoca las imágenes que grabó para un programa de canal 7, en las que se lo ve haciendo morisquetas detrás de una reja, como un idiota sin remedio.

El problema de Chabán es habersela creído.

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