La escalada

El Banco Mundial (BM) dio el paso que faltaba para que la finlandesa Botnia termine de construir su planta de celulosa en Fray Bentos, lo que desató la indignación de Argentina, que acaba de recibir el tercer pronunciamiento internacional en su contra. La facilitación real está en marcha, pero Uruguay dice que no negocia “bajo presión”, y el presidente argentino dice que el uruguayo es “intransigente”. En este marco, la radicalización de las posturas de los ambientalistas entrerrianos parece un camino sin retorno.

Miércoles 22 al mediodía en el Edificio Mercosur. El director general de la Organización Mundial de Comercio, el francés Pascal Lamy, era el invitado de honor en los actos que el gobierno uruguayo había organizado para festejar el vigésimo aniversario de la Ronda Uruguay del GATT.

En la mesa que presidía la reunión también estaba el canciller brasileño Celso Amorim, su colega uruguayo Reinaldo Gargano y el vicepresidente Rodolfo Nin. Todo marchaba según lo previsto, cuando un colaborador le acercó a Gargano una nota con las declaraciones que el presidente argentino Néstor Kirchner había hecho minutos antes contra el uruguayo Tabaré Vázquez. Nin se inclinó levemente hacia su derecha para leer el texto, que luego pasó a manos de Amorim. El clima festivo había desaparecido imprevistamente.

Al otro lado del río compartido, el presidente Kirchner había salido a defender la estrategia de su gobierno ante el BM, a rechazar las críticas de la oposición y de la prensa, y a desafiar a su colega uruguayo. “Es lamentable que acá en la Argentina haya gente que escriba diciendo que nosotros teníamos equivocada absolutamente la estrategia.

¿Qué estrategia equivocada? Si fuimos y le rogamos al intransigente presidente uruguayo que por favor discutiéramos de qué forma podíamos correr desde allí a Botnia para que no contamine visualmente y no nos genere la duda de una futura contaminación. Es decir, Botnia dijo que no y evidentemente fue no, sin embargo la respuesta de Ence fue absolutamente diferente”, lanzó, en referencia a la relocalización del emprendimiento español.

En la sala se encontraban dos embajadores clave en el intento por superar las discrepancias crecientes entre los hermanos del Plata. El español Fernando Valderrama, que participó en las conversaciones iniciadas en Montevideo para promover la “facilitación” del rey de España, y el argentino Hernán Patiño Mayer. El primero informó inmediatamente a su gobierno del contenido de los dichos de Kirchner y fue extremadamente cauto en el momento de comentar los posibles efectos del incidente. El segundo se fue de inmediato, cuando verificó que el tema estaba en boca de todos los presentes.

La intención de Gargano de dar una mano a Lamy en el relanzamiento de la fracasada Ronda de Doha para la liberalización del comercio multilateral quedó por el camino. Todos los periodistas presentes pasaron a tener como prioridad en sus requerimientos la reacción oficial ante la arremetida al otro lado del estuario. “Equilibrio”, “moderación” y “tolerancia” fueron las palabras elegidas por Gargano para definir la reacción uruguaya ante los dichos de Kirchner, quien también advirtió que continuará con su estrategia actual.

“Yo les pido a los argentinos que tengamos convicciones y este presidente va a seguir, por más fuertes que sean los intereses de Botnia, por más fuertes que sean los intereses que estén atrás de esta situación que todos saben”, dijo alzando la voz entre aplausos. Y respecto a los pedidos de la oposición argentina de terminar con la protesta en Gualeguaychú, mediante la intervención policial, el presidente marcó su postura con matices: “Si hay algunos que piensan que hay que reprimir a los hermanos de Gualeguaychú que lo escriban y lo digan, yo no lo pienso hacer.

Yo les pido por favor que levanten los cortes, que no le sirven a la estrategia argentina, se lo digo de todo corazón a los hermanos entrerrianos, de Gualeguaychú, hermanos argentinos, compartiendo la lucha contra estos intereses y demás, pero yo no voy a levantar la mano contra otro argentino”.

La reacción del mandatario vecino se produjo al día siguiente de que se conociera la decisión del Banco Mundial de otorgar el préstamo y la garantía a Botnia para culminar su planta de celulosa. Esto provocó una crispación inmediata en la ribera argentina del río Uruguay, y euforia del lado oriental.

Difícil facilitación

En el único aspecto que parecen coincidir ambos gobiernos es en la decisión de “resolver” el asunto en clave de disputa, y no a través de una negociación efectiva. Y eso parece ser así a pesar de la gestión propuesta por Argentina y aceptada por Uruguay para la intervención de la corona española, mediante su embajador Juan Antonio Yáñez Barnuevo.

El diplomático llegó el miércoles 15 a Buenos Aires y se entrevistó oficialmente con el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, y el canciller Jorge Taiana. Además, fue recibido por el presidente Kirchner, a quien le entregó una carta personal del rey Juan Carlos cuyo contenido fue celosamente reservado. Los detalles de lo conversado tampoco fueron revelados.

Mientras esto ocurría en la capital argentina, el gobierno de Kirchner emprendía una gestión en el sentido contrario: la secretaria de Medio Ambiente, Romina Piccolotti, empezaba su ronda de contactos con los directores del BM para lograr una postergación indefinida del préstamo y la garantía para Botnia.

Al día siguiente, en Montevideo, esa lógica bipolar también quedó en evidencia. Si bien el gobierno dio la bienvenida al enviado real, le bajó el perfil a su visita disponiendo que fuera recibido por el secretario general de la cancillería, José Luis Cancela, el tercero en la jerarquía ministerial. También se encontró con el canciller Gargano, pero fue en un almuerzo informal, en razón de la amistad que se profesan desde la época en que el actual ministro estuvo exiliado en España.

Por si esto fuera poco, de Vázquez para abajo, todos los gobernantes que hablaron del asunto hicieron hincapié en que Uruguay no negociará “bajo presión” (en alusión al bloqueo de la ruta 136), con lo cual la posibilidad de éxito de la “facilitación” parece bastante pobre. En ese panorama tendrá que lidiar Yáñez, quien en el momento de abandonar el Río de la Plata fue consultado sobre cómo continuaría su gestión en los próximos días. ¿Viajarán representantes de los gobiernos para reunirse en Madrid?, le preguntaron. “Ya se verá”, respondió.

Pero más allá de la suerte de esta gestión, la visión oficial en Uruguay es que se han logrado sucesivos éxitos en el plano internacional, que permiten mantener la estrategia “intransigente” condenada por Kirchner.

A esta sensación parece sumarse ahora un cambio en el escenario regional marcado por la aparición de Brasil, que ha mostrado en los últimos días una cierta afinidad con el gobierno uruguayo en varios aspectos. En este punto pueden mencionarse dos gestos importantes del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. El primero es la respuesta positiva -desde la presidencia pro témpore del Mercosur- de convocar a una reunión extraordinaria del Consejo del Mercado Común (que reúne a los cancilleres y ministros de Economía) a mediados de diciembre para tratar el tema de los cortes de ruta.

Este asunto ya causó particular irritación en el gobierno de Kirchner, que a través del secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía, anunció que vetará la inclusión del tema en el orden del día. El funcionario añadió que el canciller Gargano podrá hablar del asunto en el encuentro, lo cual no significa que sea discutido oficialmente. Más allá de esta disquisición protocolar, no es menor que Brasil haya decidido darle este espacio a Uruguay para plantear el tema, cuando hasta el momento había preferido no meterse en ese corral de ramas.

El otro gesto significativo de la diplomacia norteña fue el voto favorable en el directorio del BM al otorgamiento del préstamo, lo que incluyó una argumentación positiva de su representante Octaviano Canuto. La misma lectura pareció hacer el ministro de Ganadería José Mujica, quien al comentar el exabrupto de Kirchner sugirió una fórmula que involucre a Brasil en un programa de monitoreo conjunto con Argentina.

Por si este escenario internacional favorable a Uruguay fuera poco, también Estados Unidos decidió hacer público su explícito apoyo al emprendimiento de la empresa finlandesa. Y no sólo lo hizo votando a favor en el BM, y con una correspondiente argumentación, sino también mediante un comunicado de su embajada en Montevideo y una declaración del encargado de negocios, James Nealon. “Estados Unidos comparte el interés de promover el desarrollo económico de Uruguay y otras economías de la región, confiando en que este préstamo tendrá un efecto positivo e importante en la economía de la región”, expresó el diplomático, quien elogió la tecnología que utilizará la planta y la creación de 300 empleos directos y 2.200 indirectos.

Causa nacional

La atropellada de Kirchner contra Vázquez tuvo un efecto balsámico sobre la oposición, que salió a dar su apoyo a la figura presidencial ante el “agravio” y la “provocación” del mandatario argentino.

El presidente del Directorio del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, convocó el mismo miércoles a una conferencia de prensa para calificar como “una provocación” las declaraciones del mandatario argentino y sugerir al gobierno uruguayo que no le responda. “Los presidentes no pueden tener crispaciones en ningún tema y mucho menos en uno que involucre las relaciones internacionales.

El Partido Nacional ha dado el respaldo al gobierno en la sustancia de este tema y en este episodio respaldamos la institución Presidencia de la República”, afirmó.
Por su lado, el ex vicepresidente de la República Luis Hierro compartió la decisión de Vázquez de “pedir recato” a los ministros, porque “no hay que sumar a un acto de intemperancia más intemperancia”.

Si bien las declaraciones precedentes podrían resultar sorpresivas, teniendo en cuenta el clima de enfrentamiento que caracterizó las relaciones entre gobierno y oposición en los últimos meses, éstas no fueron las posturas más llamativas de la última semana.

El miércoles 22, el Secretariado Ejecutivo del Pit-Cnt se reunió en forma extraordinaria para discutir acerca del “conflicto fronterizo”. La declaración emitida luego del encuentro pone especial énfasis en la medida dispuesta por la Asamblea Ambientalista de Gualeguaychú, porque “perjudica fundamentalmente a los más pobres” y no a la empresa Botnia. “Queremos dejar claro que nuestra defensa es a la soberanía nacional y no a una empresa”, aclaró la central sindical.

Ante esta situación, la dirigencia gremial resolvió pedir una entrevista al embajador argentino y discutir en una Mesa Representativa Ampliada la realización de una “movilización nacional en defensa de la soberanía y los puestos de trabajo”.

Lo que votó el Banco Mundial

La resolución del BM tuvo dos componentes. El primero, y el más comentado, fue el préstamo por 170 millones de dólares, lo cual representa un poco más del 14 por ciento de los 1.200 millones de dólares que la finlandesa Botnia promete como inversión total en su planta. Este punto fue resuelto por la Corporación Financiera Internacional (CFI), una de las instituciones que forman parte del BM.

Sin embargo, hay otro aspecto, seguramente más importante que el anterior. Es la garantía de riesgo político, por un total de 350 millones de dólares. Esta decisión depende de la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA, por su sigla en inglés).

Esta especie de “seguro” (no se le entrega el dinero como en el caso del préstamo) representa un respaldo para la empresa en caso de que existan inestabilidades imprevistas en el país, pero también le abre la puerta de los préstamos bancarios privados que sí son decisivos para financiar el proyecto, ya que se calcula que el 40 por ciento del monto total provendría de empréstitos externos.

Es una especie de garantía para los capitales extranjeros interesados en invertir en el emprendimiento de que no perderán su dinero en caso de que exista una eventualidad que lo haga fracasar (“expropiaciones, incumplimientos de contrato, restricciones a la transferencia de divisas y disturbios por guerra o civiles”).

En su comunicado oficial, el BM explicó que “después de completar una revisión meticulosa de los hechos, ambas organizaciones han concluido que la planta generará beneficios económicos significativos para Uruguay y no causará ningún daño ambiental”. El organismo añadió que la planta operará según las normas mundiales más elevadas y cumplirá con las normas ambientales y sociales respectivas de CFI y MIGA. Asimismo, el comunicado aclara que ambos organismos del BM “no asumen ninguna postura acerca del posible resultado final del caso pendiente en la Corte Internacional de Justicia con relación a este proyecto”.

Al otro lado del río. Complicaciones domésticas

Los sucesivos fracasos de la estrategia argentina empezaron a tener efectos en la interna del gobierno de Kirchner. Si bien los principales voceros oficiales salieron a secundar al mandatario en su postura, de todos modos trascendió la sorda batalla entre los distintos encargados de los asuntos ambientales. Así lo dejó claro el encargado de asuntos ambientales de la cancillería argentina, Raúl Estrada Oyuela, quien desnudó en una entrevista sus profundas diferencias con la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, la encargada de hacer lobby ante el BM para desactivar el préstamo. “Me parece que Picolotti tiene algunas ideas, pero no tiene las fórmulas para aplicarlas.

Además, es abogada y le falta preparación. Los problemas ambientales no son algo que deba caer sobre una sola persona y ella trabaja sólo con una ONG. Ella no se desenvuelve como una funcionaria, todo su peso depende del apoyo del presidente Kirchner y de Alberto Fernández”.

Estos cortocircuitos internos también parecen haber llegado a oídos del BM, según consignó el diario Clarín, que en una nota de su corresponsal en Washington informó sobre la impresión que causó en el organismo la visita de Picolotti.

En ese marco, según Clarín, el pedido de intervención del rey de España fue percibido como una maniobra poco sincera de último momento. Además, nadie entendió tampoco el viaje de la secretaria de Medio Ambiente, y de su esposo, Daniel Taillant. “¿Cómo no mandaron a un ministro? ¿Cómo se les ocurre que mientras que ella negocia adentro, su marido puede manifestar afuera?”

– Ver Triunfaron los intereses de los países centrales
– Ver Contra el mundo

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