La era Alberto

Elenco, programa y desafíos de Alberto Fernández. Claves del país que viene.

Antes de asumir, un gobierno es una foto. Y no cualquiera: es una foto posada, la mejor que los protagonistas pueden sacarse. Una vez al mando, comienza la película, que en el caso de la Argentina es un filme que suele mezclar drama, acción, toques de comedia de enredos y hasta escenas de terror. Pero la foto en sí ya dice mucho y ayuda a entender no lo que va a pasar, porque la película argentina siempre sorprende, sino lo que el presidente desea o planea que pase. El entorno de mujeres y hombres que secundará a Alberto Fernández, sus perfiles y trayectorias, reflejan la idea que tiene el Frente de Todos sobre el desafío de reconstruir el país que reciben de Mauricio Macri y sus socios radicales y de la Coalición Cívica.

La imagen inicial de este cambio de ciclo luce heterodoxa en lo económico, progresista en lo cultural y frentista en el reparto de cargos. Ahí surge una primera gran diferencia con el pasado inmediato. Luego del papelón del “mejor equipo de los últimos 50 años”, con su ADN de éxito empresarial pero de amateurismo en el manejo de la cosa pública, lo que llega o retorna con Fernández es una reivindicación de la clase política, aunque con algunas innovaciones propias de la época. Es un gabinete con dirigentes de trayectoria y dosis de juventud, con toques de academia, militancia y, en menor medida, muestras de federalismo.

Este nuevo “equipo” es mucho más variado que el de Macri, donde parecía un requisito indispensable haber sido CEO. Aunque todos los integrantes del gobierno debutante pueden ser ubicados en el amplio campo del “progresismo” argentino, muchos portan orígenes y experiencias diversas. En lo político, el gabinete refleja una alianza electoral que busca trascender los comicios y traducir ese frentismo al Poder Ejecutivo: en la mayoría peronista hay albertistas, cristinistas y massistas, pero también hay quienes llegaron hace poco a esas etiquetas, con lealtades más prácticas que sustanciales, y ni hablar de quienes son su propia referencia. Hay viejas y viejos conocidos, que llegan con garantía de calidad, y otros están debutando en las grandes ligas, con títulos que deberán refrendar en el rodar de los desafíos. Hay nombres que mantienen con el presidente un pasado y una relación afectiva, mientras que otros deberán construir ese delicado vínculo en el devenir de la gestión. Es decir, a diferencia de lo que algunos presuponían, el conjunto no se puede resumir en “los amigos de Alberto” o “los soldados de Cristina”, ni será una copia en sepia del “gabinete de Néstor”.

Quizás, el caso más paradigmático sea el de Martín Guzmán, nada menos que el ministro de Economía. Su elección no puede ser atribuida a una participación en la gestión anterior o a la cercanía con Cristina Fernández, pero tampoco a un camino compartido con el flamante presidente en los años de exilio kirchnerista. Egresado de la Universidad Nacional de La Plata y doctorado en la Brown University, Guzmán es un colaborador estrecho del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz; un heterodoxo de trayectoria académica que se dedicó a estudiar a los grupos con los que el país deberá renegociar su deuda. Se conoció con el presidente no hace mucho tiempo, pero la impresión que le causó y su formación y experiencia alcanzaron para ponerlo, a sus 37 años, en un lugar estratégico del gabinete.

Clásicos y reivindicados

Muchos de los que vuelven a la estructura del Estado con Fernández son rostros conocidos, si bien a algunos hace rato que no se los veía y otros no tuvieron la mejor despedida. La designación de Ginés González García, celebrada de forma transversal salvo por los “pañuelos celestes”, supone el retorno de uno de los ministros de Salud que mayores consensos reunió en los últimos tiempos, además de ser otra clara señal de apoyo a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Colocar a Agustín Rossi en Defensa y a Tristán Bauer en Cultura es otra ratificación de lo hecho en el pasado. El cineasta, cuyos productos en Canal 7, Encuentro y Radio Nacional habían sido valorados positivamente, se hará cargo de un área de pésimo desempeño con Cambiemos; mientras que Rossi volverá a un ministerio donde los enviados de Macri hicieron agua.

Gustavo Béliz y Carlos Zannini son los dos casos de reparación histórica que pretende Fernández, quien dijo que era “una enorme alegría” tenerlos junto a él. El primero será secretario de Asuntos Estratégicos y el presidente espera su ayuda para “construir un nuevo Estado”. En 2004, Béliz había dejado de ser ministro de Justicia de Kirchner en medio de un escándalo, luego de mostrar una foto del espía Antonio Stiuso, a quien acusó de operar en su contra para bloquear una reforma en la Justicia. Zannini, designado procurador del Tesoro, estuvo detenido por 107 días, acusado de “traición a la Patria” por el supuesto encubrimiento del atentado a la AMIA. Al nombrarlo jefe de los abogados del Estado, Fernández dijo que era “una pequeñísima reivindicación” y aclaró: “Nadie me lo impuso”.

Entre los funcionarios de trayectoria también están Felipe Sola, el canciller que deberá promover el comercio exterior; Mercedes Marcó del Pont, que va a la AFIP; y el expresidente del Conicet Roberto Salvarezza, designado ministro de Ciencia y Tecnología. El formoseño Luis Basterra, titular de Agricultura, llega de encabezar la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados, y de ser vicepresidente del INTA de 2009 a 2011.

Callao y Patria

El Grupo Callao, la usina de jóvenes cuadros políticos y funcionarios referenciados en Fernández, tendrá una presencia determinante en el nuevo organigrama estatal, comenzando por Santiago Cafiero, mano derecha del presidente desde el minuto cero de la campaña y antes incluso. Si bien era esperable que Cafiero fuera su jefe de Gabinete, no por eso deja de ser una apuesta. Aunque con formas y contenidos bien distintos, Fernández, así como antes Macri, legó ese rol a un joven de su máxima confianza. Lo secundará la economista Cecilia Todesca Bocco, también de las filas del Callao, presentada como el soporte técnico a la mirada política de Cafiero.

Otra apuesta propia es Nicolás Trotta, rector de la UMET y antiguo fundador de los “Jóvenes K”, que ahora será ministro de Educación, tarea en la cual lo acompañará la reconocida pedagoga Adriana Puiggrós.

El Callao también aportó un tercer nombre fuerte y de extrema confianza para el jefe de Estado: Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, que durante el kirchnerismo fue subsecretario de la Pyme. Kulfas, junto a Todesca, completan el trío de la política económica que encabeza Guzmán, y que se pretende que tenga un perfil marcadamente productivo, a diferencia de la matriz financiera y especulativa del PRO.

El Instituto Patria, donde se combinan La Cámpora, el cristinismo y el kirchnerismo más intenso, también pondrá en juego a varios cuadros, muchos de ellos jóvenes y otros ya no tanto. Además de Bauer, que armó desde el Patria su propuesta de política cultural, están los casos de Luana Volnovich, que quedó al mando del PAMI –tanto una trinchera de poder como una papa caliente– y de Eduardo “Wado” de Pedro, que es ministro del Interior no sólo gracias al respaldo cristinista, sino por el consenso que logró entre los gobernadores y la buena relación que forjó en estos meses con Fernández. Al frente del flamante Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable quedó Juan Cabandié, quien deberá despejar en la práctica las inquietudes surgidas por el hecho de no ser un experto en la materia.

Propios y acuerdos

Varios puestos del gabinete tienen una historia personal con el presidente. La titular de Justicia, Marcela Losardo, es una colega suya en la docencia y la función pública. Otro tanto ocurre con Julio Vitobello, secretario General de la Presidencia y amigo de toda la vida del primer mandatario, y con Vilma Ibarra, legisladora de larga trayectoria y ahora secretaria Legal y Técnica, quien fue pareja del presidente. Claudio Moroni, ministro de Trabajo, y Mario Meoni, un antiguo radical K que se ocupará de la cartera de Transporte, también están en ese entorno afectivo.

En cuanto a Matías Lammens, Fernández lo siente como propio, tanto que después de convencerlo para que fuera su candidato en la Ciudad, ahora se encargará del área de Turismo y Deporte. La incorporación de María Eugenia Bielsa, una dirigente santafesina que se ocupará del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat, es otra selección que lleva su sello.

Pero el gobierno debutante también es un espacio de alianzas y equilibrios. Eso explica que en la presentación del Gabinete se haya incluido a Malena Galmarini, designada en AySA, la empresa estatal de aguas del área metropolitana, refrendando el ánimo frentista del armado con el massismo. El mismo espíritu alentó la presencia de Victoria Donda, que quedó en el Inadi.

En el Ministerio de Obras Públicas, un área clave, fue ubicado el ahora exintendente de San Martín Gabriel Katopodis, hombre cercano a Sergio Massa, que en 2015 retornó al kirchnerismo para ser reelegido.

Daniel Arroyo, que junto a Ginés González es el otro funcionario que mayor consenso reunió para el cargo, tendrá a su mando Desarrollo Social, pieza central en la lucha contra el hambre y la pobreza, una bandera con la que Fernández quiere marcar su mandato. Arroyo, que fue funcionario del kirchnerismo, luego recaló en las filas del Frente Renovador de Massa, del cual también se distanció, y ahora vuelve en esta gestión por peso propio.

Los nombramientos de la antropóloga e investigadora de la Universidad de Quilmes Sabina Frederic, sucesora de Patricia Bullrich como titular de Seguridad; y de la abogada del Cels y referente de los derechos humanos Elizabeth Gómez Alcorta como ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, son una clara muestra del clima de época y de su impacto en la oferta ministerial del nuevo gobierno. Para lidiar con la inseguridad y su peso en el humor social, que Cambiemos estimuló con la doctrina Chocobar, el Frente de Todos escogió a Frederic, una especialista surgida del mundo académico pero que ya tuvo un paso por la función pública y que conoce bien de cerca a las fuerzas de seguridad. Y a la negativa a avanzar en política de género concretas y a los ataques contra las minorías que marcaron al macrismo, Fernández le contrapone la creación de un ministerio, colocando a la cabeza a una referente en la materia como Gómez Alcorta.

De la foto a la película

Sin embargo, aún estamos viendo la foto y, como dijimos, es una imagen que propicia las expectativas. De hecho, lo hizo en un gran sector de la sociedad a fines de 2015, cuando Macri presentó a su gabinete, el mismo que acaba de retirarse en medio de un escenario ruinoso. Pero, desde ahora, comenzará a rodar la película. Un clásico argentino: el cambio de gestión. No habrá respiros, se sumarán imprevistos y algunas escenas habrá que verlas más de una vez. Quizás, la ventaja –nada menor– de Fernández y su equipo sea que, como peronistas, conocen estas películas mejor que nadie.

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