La epidemia del desarrollo

¿Se puede hablar de epidemia con 139 muertos y alrededor de 25 mil casos en el planeta? La industria farmacéutica no necesitaba de la gripe A para exhibir su buena salud financiera: el Rivotril contra el “pánico” y otros trastornos mentales de la modernidad cuesta casi tres veces más que el Tamiflu. Los ricos también se enferman. La lenta despedida de la ministra Ocaña.

Es una de las pocas calamidades de la que no podemos culpar al ex presidente George W. Bush, porque el invasor de Irak se fue ¡aleluya! unas semanas antes de que estallara el primer caso de Gripe A —mal llamada porcina— en México. Aunque, muchos sugieren que la epidemia ha sido desatada por los laboratorios para vender sus medicamentos. Y ya sabemos que con Bush, las multinacionales y el terror fueron un solo corazón y el capitalismo de amigos de la Casa Blanca gozó de redituables y sangrientos negocios.

Sin embargo, es conveniente instalar una primera reflexión: ¿se puede hablar de epidemia con 139 muertos y alrededor de 25 mil casos en el planeta? Entonces, ¿los 154 niños de hasta cinco años que murieron de neumonía en las regiones andinas de Perú (Puno, Huancavelica, Cusco y Arequipa) entre enero y mayo, son también estadísticamente una epidemia?

Los niños muertos por el frío de los Andes peruanos gozaron de escaso o nulo rebote informativo. En cambio, los medios de comunicación siempre atentos a las “demandas” de los oyentes/televidentes convirtieron la ¿epidemia? de gripe A en una virtual maldición bíblica. Y encima, en Estados Unidos acaban de estrenar la última e interminable versión de Terminator, que no tiene nada que ver con la gripe pero nos propone asomarnos al fin de la humanidad.

Quizás tenga razón el ministro de Salud de Córdoba, Oscar González, de que esta epidemia —para los parámetros de la OMS/OPS— es “un fiasco” como enfermedad y que los laboratorios se han ocupado de generar “pánico”. «Nos quisieron hacer creer que el jinete del Apocalipsis viene arriba de un chancho», subrayó González, médico y experimentado político que fue diputado nacional y fiel escudero de José Manuel de la Sota desde la década del ‘90.

González, desde su experiencia y quizás para no pelearse con Cadena 3, La Voz del Interior (del grupo Clarín) y los medios de comunicación de su provincia, culpó del pánico a los laboratorios, una de las pocas imputaciones contra la industria farmacéutica de la que no hay pruebas y certezas. De otras tropelías y abusos de mercado, existen decenas de ensayos como para llenar una biblioteca.

En principio, parece innecesario desparramar virus por el mundo, cuando la industria farmacéutica mundial fue inmune a la crisis financiera global y en medio del naufragio de Wall Street anunció fusiones multimillonarias como las de Pfizer y Wyeth por un valor de mercado de más de 70 mil millones de dólares, de Merck con Schering-P, por más de 47 mil millones, o la de Roche con Genentech por más de 43 mil millones de dólares.

Otro ejemplo: la multinacional francesa-alemana Sanofi-Aventis, que licencia en el mundo las vacunas contra la gripe del Instituto Pasteur de París, en 2008 declaró un beneficio neto de 7.186 millones de euros y en el último trimestre del año pasado, cuando ya había estallado la crisis global, su facturación creció 13 por ciento.

En otras palabras, la industria farmacéutica no necesitaba de la gripe A ni del “populista” Barack Obama y sus planes de salvataje para exhibir su buena salud financiera, que seguirá sostenida por los miles de millones de dólares que paga la seguridad social en todo el mundo por medicamentos oncológicos de última generación que cuestan, por ejemplo, de 9 mil a 22 mil pesos la dosis en Argentina. El negocio es facturar a las obras sociales y a los seguros de salud medicamentos para la artritis, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, el Parkinson y el Alzheimer, la depresión, la neurosis o el trastorno bipolar. El Rivotril de Roche contra el “pánico” y otros trastornos mentales de la modernidad cuesta casi tres veces más que el Tamiflu, también de Roche, recomendado (aunque sin comprobaciones terapéuticas absolutas) contra la Gripe A. Y ni hablar del Valcote de Abbott, el antiepiléptico y comodín de los psiquiatras, convertido en el buque insignia de las “enfermedades” de la sociedad occidental.

Los ricos también se enferman

“En el Mariano Acosta nadie se enferma de gripe A porque nadie tiene plata para viajar a Estados Unidos”,respondieron con ironía algunos de sus alumnos secundarios, consultados por ZOOM. Es cierto. La “¿epidemia?” ha tenido por una vez la benevolencia de ser absolutamente democrática, como decía Mario Benedetti de la muerte.

Como algunos se contagiaron de gripe A en excursiones a Disney World y son alumnos de colegios exclusivos como el Belgrano Day School, donde la cuota mensual es de 3 mil pesos, el periodismo argentino se ocupó del tema con la mesura que imponen los hijos de empresarios, gerentes, polistas y hacendados, víctimas de una enfermedad contraída en el Primer Mundo. Por el mismo motivo, fueron suspendidos los vuelos aéreos desde y hacia México, país tercermundista, y no así a Estados Unidos que registra más de la mitad de los casos totales, con alrededor de 13 mil infectados.

Diferente había sido la actitud del periodismo con la epidemia de dengue y sus focos en Tartagal, Charata o en el “conurbano” bonaerense que refractaron desde los canales porteños una realidad existente desde hace años e ignorada como sucede también con el Mal de Chagas. Los mosquitos y las vinchucas tienen escaso rating, excepto cuando los movileros pueden desembarcar por algunos días entre los basurales y la pobreza, recitar el mensaje moralizador y volverse rápido a Buenos Aires.

Hasta el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, entendió que la gripe A es una enfermedad de su electorado y en medio de la campaña electoral viajó hace una semana a México para participar de la cumbre de la Unión de Ciudades Capitales de Iberoamérica convocada para analizar “la crisis sanitaria” que provocó el virus de la gripe A y, de paso, reunirse con su amigo Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid y dirigente del PP de España.

Es una ironía que Macri viaje a México para hablar de “crisis sanitaria” cuando los 33 hospitales de la ciudad de Buenos Aires carecen de insumos. El Hospital Durand debió suspender la extracción de muestras de sangre para el Banco Nacional de Datos Genéticos precisamente por la falta de insumos.

Pero, al mismo tiempo, es positivo que Macri se comprometa en el combate contra la ¿epidemia?, pues no podrá argumentar el día de mañana que su expansión en el país es culpa del gobierno nacional, como las demoradas obras del subterráneo.

En el inventario de esta gripe quedarán papelones históricos —como la suspensión de los vuelos a México a sabiendas de que centenares de viajeros hacían el mismo recorrido con conexiones en Miami y Santiago de Chile— y, aún más grave, la xenofobia de los vecinos de Godoy Cruz, Mendoza, atacando a un contingente turístico chileno porque supuestamente cruzaron la frontera con un contagiado, que no era tal.

También afloró la desmesura de algunos funcionarios, como el ministro de Salud de Santa Fe, Miguel Angel Cappiello, pidiendo la suspensión de los viajes estudiantiles a Bariloche, que el intendente de la villa turística, Marcelo Cascón, calificó de propuesta “doblemente discriminatoria” porque supuestamente sólo existen posibilidades de contagio en esa ciudad y porque el turismo estudiantil parecería ser el único “transmisor” del virus.

La lenta despedida de Ocaña

Para la ministra de Salud Graciela Ocaña la gripe A fue, casi, una bendición, porque se recuperó de la lentitud con que reaccionó ante el avance del dengue, aunque tampoco se pueden hacer milagros con funcionarias duras como el quebracho como su ex colega de Chaco.

Cuando estalló la gripe A, Ocaña convocó inmediatamente a un comité de emergencia y por primera vez levantó el teléfono para comunicarse con su antecesor, Ginés González García, embajador en Chile, para intercambiar consejos e información. El maltrato con los funcionarios heredados del ministro al que el vicario castrense quiso arrojar al río con una piedra en el cuello, había sido hasta entonces la actitud dominante.

No se trata de comparar gestiones, pero sería deshonesto ocultar que el equipo especializado en la enfermedad que formó Ginés González García a partir de la epidemia de dengue que estalló en Paraguay en 2004 fue enviado por Ocaña a Bolivia. La solidaridad con los hermanos bolivianos ocultó en realidad el desmantelamiento de los programas locales y esos expertos recién fueron repatriados de urgencia cuando estalló la crisis sanitaria en Charata.

Ocaña ha cumplido su ciclo y en cuestión de semanas dejará el ministerio. Sin las esquirlas que le dejó el dengue, hubiese integrado la lista de candidatos a diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires. Con el control de la gripe A se irá dignamente, si es que no vuelve a filtrar información como hace algunas semanas a Ernesto Tenembaum de Veintitrés para que la presentara como una víctima de la ofensiva de Hugo Moyano y que seguía siendo una funcionaria honesta a la que no dejaban gestionar.

La áspera respuesta de Omar Viviani de que a la CGT no le interesa el Ministerio de Salud y que Ocaña “si se quiere ir que se vaya” oculta, al margen de la pirotecnia verbal, una verdad. El dinero de las obras sociales no pasa por el Ministerio de Salud sino por la Superintendencia de Servicios de Salud que desde su creación en 1997 ha sido un feudo del sindicalismo, con mayor o menor evidencia. José Rinaldi, actual superintendente, fue abogado del gremio de los camioneros y desembarcó en 2005 como director del programa que distribuye los fondos entre las obras sociales (APE), o sea, la caja.

Ocaña ha tenido sus aciertos, como avanzar en la fabricación estatal de medicamentos junto con el Ministerio de Defensa en los laboratorios de las Fuerzas Armadas. Y también decisiones cuestionables, como la de compartir la misma consultora de prensa del mediático Claudio Zin, para asegurarse que los medios la traten con guante de seda.

El futuro ministro puede ser otra mujer, Graciela Rosso, intendenta de Luján del Frente de la Victoria y viceministra con Ginés. Pero su posición a favor de la despenalización de aborto la aleja del pensamiento de Cristina Fernández. Otro candidato es el duhaldista reconvertido Juan José Mussi, ex ministro de Salud de la provincia y actual intendente de Berazategui. Algunos rumores desde la Casa Rosada alientan el retorno de González García. Nombres no sobran cuando además de “hacer política” y resistir los lobbies empresarios, hay que entender de virus y mosquitos.

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