“La comunicación es un bien social”

La lucha contra los grandes pulpos multimediáticos no es exclusiva de Argentina. El presidente Fernando Lugo se vio obligado a tener su propio blog para romper el cerco mediático y comunicarse con la sociedad. Dos Santos defiende la iniciativa argentina para legislar la comunicación audiovisual y señala: «Es absolutamente legítimo que un Estado se ocupe de construir ciudadanía desde, con y a partir de la comunicación».

– ¿Qué opina sobre el proyecto de la ley sobre medios audiovisuales que se presentó en el parlamento argentino?

–Un proceso que se basa en la legitimidad de una mirada de inclusión, de intereses comunitarios y ciudadanos, no debe ser mirado como una simple construcción de la información cotidiana, sino que tiene que ver con la vida misma de la gente. La Comunicación, que necesariamente tendría que producir comunicabilidad y gobernabilidad, ha sido vista permanentemente en la historia como un proyecto meramente periodístico y no de políticas de construcción ciudadana. Es absolutamente legítimo que un Estado y un gobierno en particular se ocupen de construir ciudadanía desde, con y a partir de la comunicación, lo cual me parece que también es un gesto coincidente y convergente en el tiempo, un mayor debate en la ciudadanía, como se ve ahora, sobre cuestiones que antes no se hablaba.

– La idea de que la comunicación es un bien social, y no tema de privados como nos quieren hacer creer.

– Durante muchos años nos obligaron a creer que la comunicación era una industria que debía construirse necesariamente en el ámbito privado y se produjeron acciones, por ciertos muy exitosas, para deprimir hasta la agonía a los medios públicos y a otras formas comunicacionales como las comunitarias y también se ha relegado a la comunicación que ni siquiera necesita de medios como es un buen graffiti, por ejemplo. Sacarle sustancia e importancia a cualquier otra forma de comunicación que no sea la tradicional, empresarial y comercial ha sido una experiencia exitosa en todos estos años. Lo que busca el gobierno argentino y otros gobiernos en este momento es devolverle el sentido como un bien público.

– ¿Esta ley sería una manera de equilibrar un poco la balanza y ser un buen ejemplo para los demás países?

– Es un rol del Estado y nuestra obligación, componer un escenario de equidad y trabajar por la inclusión social, y una forma de hacerlo es la apropiación por parte de la ciudadanía de sus medios y de los medios públicos que también son suyos. En la medida que se trabaje estas vertientes, se comprenderá con más conciencia crítica que por cierto, no se puede aspirar a que exista espontáneamente en toda la comunidad por la complejidad que tiene la comunicación para el futuro de nuestra ciudadanía. Tenemos que trabajar fundamentalmente este eje, hacer entender que la comunicación como bien público es un conquista ciudadana, que tiene tanta importancia como la salud o las obras públicas u otros emprendimientos.

– ¿En qué situación está hoy Paraguay con el tema de la comunicación?

– El mapa de la comunicación en nuestro país no difiere mayormente de la situación que se da en diversas naciones del continente y del mundo. Pero es fundamentalmente en Latinoamérica donde se establecieron transversalmente situaciones de desmotivación de la participación ciudadana en los procesos comunicativos. Nuestro gobierno está tratando de manejar los tiempos en base de las posibilidades que tiene de producir cambios y en ese sentido podemos anticipar que un proyecto concreto en esta etapa es la recuperación de los medios públicos, que han desaparecido prácticamente en Paraguay. En el transcurso del cuarto mes de gestión hemos fundado una agencia informativa nacional y estamos en plena etapa de reconstrucción de nuestras radios de Estado, con el firme propósito de seguir en otras vertientes: hace una semana inauguramos un canal educativo y aspiramos a tener un canal público de alcance nacional.

– ¿Tiene una ley de medios audiovisuales?

– Hay una ley de telecomunicaciones que evidentemente necesita ser revisada. Por lo pronto, lo que estamos trabajando en este momento es en un proyecto de reglamentación de radios comunitarias, que han sido condenadas a vivir prácticamente en la clandestinidad en todos estos años. Lo que hacemos es construir un proyecto de reglamentación, que busca un mejor posicionamiento en las cuotas de participación con mucha mayor equidad, tanto para ellas como para los medios públicos y en eso estamos ahora. Los procesos de concentración de medios son iguales aquí, allá y en todas partes de Latinoamérica.

– ¿Sabe si el Grupo Clarín tiene intereses en Paraguay?

– De acuerdo a la información que manejamos, el Grupo tendría la propiedad del sistema de cable en Asunción.

– ¿Cree que una nueva ley argentina de medios tendrá un efecto positivo en Latinoamérica?

– No tengo dudas, los procesos nacionales hace mucho dejaron de estar en compartimientos estancos, más aún cuando tienen tanta afinidad en nuestro continente, como en este momento en que se habla de la Patria Grande o de algo que se parece bastante a ese ideal. Entonces cuando algo tan trascendental sucede en Argentina, tendría que tener implicancia en las aspiraciones de construir políticas públicas de comunicación de los otros países. No es un camino fácil; el proyecto argentino es muy valiente ante todo, pero son procesos que se construyen en la medida de las posibilidades políticas de cada país.

– Acá, tanto a Néstor Kirchner como a Cristina, los multimedios le quisieron imponer la agenda ni bien asumieron. ¿Hubo una situación similar con Fernando Lugo cuando llegó a la presidencia?

– Esa es una lucha permanente, de hecho en la tensión que existe en las agendas es un proceso que aún sigue siendo muy difícil de cambiar por nuestro gobierno porque la relación de fuerzas es absolutamente desproporcionada. Estamos hablando de una radio del Estado en Asunción y otra en el interior, remanente de lo que fue toda una red de radios del pasado. Entonces, la instalación de la agenda a veces no tiene que ver con lo mediático y esa es la alternativa que está siguiendo el gobierno. No siempre la pelea de la agenda se tiene que dar a través de los medios de comunicación. Si fuera así, estaríamos perdidos los gobiernos que no tenemos una red de medios públicos suficientemente robusta. Lo que se busca en esa materia es construir espacios de vinculación directa con la ciudadanía que permitan saltar esa valla.

– Ahora la voz de los multimedios es la de las corporaciones y por eso instalan una agenda acorde a sus intereses.

– Esta en duda la propia dimensión semántica de la expresión medios de comunicación y creo que en el futuro estamos hablando de fines de comunicación. Los roles deben ser permanentemente resignificados. También confió aún en los procesos, e igualmente gracias a estas situaciones que se dan en Argentina y en otros ámbitos se puede lograr una discusión abierta e inédita sobre el rol que deben tener todas estas vertientes de la comunicación en nuestros países, que pueden ser de mucha utilidad incluso para los medios empresariales. Por tanto, tengo también una mirada de esperanza para que podamos construir un futuro mucho más equilibrado para todos los actores.

– En Argentina, los grandes medios no quieren el debate, solo buscan callarlo.

– No es fácil y no se pelea la agenda solo a través de los medios sino en los diversos espacios; de lo contrario renunciaríamos a los ciudadanos y a aquello que es mucho más importante que los medios y el gobierno: el mandato de la voluntad popular, que se expresa en la mayor comunicación del Estado en un inconmensurable medio de comunicación que son las elecciones periódicas, que determina no solo quien y gana y pierde, sino un proyecto de gestión que durará determinado tiempo. Cambiar las reglas de juego y las miradas de esos procesos políticos es sencillamente traicionar a la voluntad popular. Ni presiones de ningún tipo pueden modificar la voluntad popular expresada en las urnas. Por eso, también tenemos que resignificar la importancia que tiene lo participativo de nuestra democracia, que muchas veces se ciñe a lo representativo como elemento sustancial, mientras que al parecer no quieren entender que lo participativo no termina cuando finalizan las elecciones, sino que se continúa cotidianamente.

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