La ciudad, en busca de un modelo económico

¿Polo tecnológico o desarrollo industrial? ¿Acento en el conocimiento o en la generación de empleo? Cuatro jóvenes especialistas aportan su mirada sobre cuál debiera ser el modelo económico de una ciudad que, coinciden, crece a espaldas del país.

Con un ingreso anual por habitante cercano a los 20.000 dólares, que implica un estándar de vida similar al de Francia o España, Buenos Aires vive una realidad completamente diferente a la del interior del país. Su riqueza, sin embargo, no está distribuida equitativamente entre los porteños y el desempleo persiste. ¿Qué modelo económico debe tener una capital que esté integrada al desarrollo nacional? ¿Cómo garantizar el trabajo y atenuar la desigualdad norte-sur? Estas son algunas de las preguntas formuladas ante los economistas Matías Savoca, Diego Koatz, Fernando Zack y Alejandro Barrios, quienes nos dieron pistas para comenzar el debate.

Polo tecnológico

“Si uno piensa qué le puede aportar la ciudad a una estrategia de desarrollo productivo a nivel país, es justamente una inversión muy fuerte en tecnología, innovación y conocimiento”, dice Fernando Zack, director ejecutivo del capítulo Buenos Aires de la Sociedad Internacional para el Desarrollo. En el contexto de la crisis económica mundial, el especialista en política internacional considera que se debe apostar a las actividades con alto valor agregado, como la industria del software, para poder proveer a países como China e India. “El sector tecnológico es la actividad en donde Argentina debe marcar la diferencia. La ciudad tiene recursos humanos y una infraestructura privilegiada para avanzar en estos procesos de innovación, que después serán aprovechados por todo el entramado productivo”.

Zack cree que no es conveniente que Buenos Aires oriente esfuerzos hacia el desarrollo de la industria tradicional, ya que estas actividades “seguramente funcionarían mucho mejor en el conurbano o en parques fabriles”. Por el contrario, “debe especializarse en rubros que sean intensivos en conocimiento”.

La misma observación realiza Matías Savoca, economista de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA), al considerar que el centro porteño tiene ventajas competitivas para desarrollar un polo tecnológico de primera línea. “Hay una gran disponibilidad de recursos humanos muy capacitados a bajo costo, lo que funciona como incentivo para las empresas”, explica. Según su visión, en la ciudad se está formando un cluster orientado fundamentalmente al desarrollo de softwares y de servicios informáticos, constituido fundamentalmente por pymes nacionales que “exportan mucho y generan un interesante ingreso de divisas”.

Para Zack, el rol del Estado es fundamental a la hora de impulsar estas actividades. “El Gobierno de la Ciudad tiene un papel muy importante para cumplir, que es invertir directamente en procesos de investigación incorporados a la industria”. En este sentido, deja en claro que “no alcanza con desgravar impuestos para que las empresas se instalen en determinada zona, como se pretende hacer ahora con el barrio de Parque Patricios. Eso está muy lejos de ser una política de desarrollo consolidada y solo beneficia a las grandes empresas, porque las Pymes no pueden afrontar el costo de radicarse en otro lugar”. Según Zack, el Estado debe “formar recursos humanos y promover la investigación a través de una alianza con el sector privado”. Lejos de eso “hoy encontramos políticas diversas, fragmentadas, programas que se superponen y a los cuales el empresariado no accede”.

Más empleo

Por su parte, Alejandro Barrios, economista de la Fundación Estado, Trabajo y Producción (FETyP), pone el acento en el desarrollo de la industria tradicional de la ciudad (textil y calzado). “Es el rubro que mayor empleo genera, y su crecimiento es fundamental para integrar a los sectores más postergados”, sostiene.

El economista se diferencia así de quienes apuestan a la creación de un cluster tecnológico. Si bien no descarta esta opción, enfatiza la importancia de generar mayor inclusión y mejorar la calidad de vida en la zona sur a través de la radicación de nuevas fábricas industriales. “No vamos a mejorar la situación del sur si no impulsamos allí proyectos productivos que creen nuevos puestos de trabajo”, explica.

Pese a ser un sector estratégico, para Barrios “desde hace 30 años se viene atacando deliberadamente a la industria de la ciudad, porque se quiere hacer de Buenos Aires una ciudad dormitorio”. El comentario refiere al debate que se inició con la sanción de la Ley “Ciudad Productiva”, que permite la instalación de industrias en cualquier barrio porteño. “La discusión aún no está saldada. Hay quienes pretenden que la Capital sea solamente residencial, con preeminencia del sector servicios. Nosotros, en cambio, creemos que la única forma de atenuar las desigualdades sociales es a través del empleo, y eso se logra fomentando la industria madura”.

Consultado sobre este debate, Diego Koatz, economista de la Unión Industrial Argentina, consideró que “no hay que ser dogmático. Lo más interesante es asumir que la ciudad tiene una realidad muy compleja”. Remarcó: “No es bueno tener una visión hiper industrialista. Estamos hablando de un territorio chico, con gran presencia de comercios y de barrios residenciales. Tampoco hay que pensar en desalentar las actividades productivas porque tienen un papel altamente relevante. La clave es buscar un equilibrio en donde todos los sectores puedan desarrollarse”.

Sin embargo, Koatz dejó en claro que si se pretende incluir a los sectores más postergados, es necesario realizar un cambio en la matriz económica actual. “El sector servicios, que es la actividad con mayor peso, no alimenta ni genera empleo para todos los habitantes, mucho menos para quienes vienen de la provincia”, sostuvo.

En este sentido, se refirió a la necesidad de impulsar fuertemente el desarrollo de la zona sur. “Se puede tener una política expulsiva, en donde las zonas ricas de la ciudad vayan corriendo a las más pobres hacia el conurbano. O se puede tener una política integradora, que implica desarrollar polos industriales para contener a la masa de población que tiene un estándar de vida inferior al del resto de la ciudad. Esto requiere de mucho esfuerzo desde el Gobierno porteño, que debe orientar la mayor parte del gasto público al desarrollo de estos sectores”.

Mirando al río

¿Qué pasa con la relación ciudad- país? Para Barrios, “Buenos Aires sigue viviendo de espaldas a la Nación”. Es un distrito que “acapara todas las medidas macroeconómicas, pero no se integra al proyecto de país”. Da algunos ejemplos: “Si la ciudad tuvo un shock en el comercio fue gracias al turismo, que se generó porque el tipo de cambio era competitivo. También se benefició con el boom de la construcción y con las políticas de inclusión social que reactivaron el consumo”. Sin embargo, “el Gobierno porteño siempre tiene una política de confrontación con la Nación, nunca de articulación”.

Según Barrios, Buenos Aires podría aportar al desarrollo general del país convirtiéndose en ciudad productiva y generando empleo. “¿Cuánta riqueza podrían derramar los barrios pegados al Riachuelo si estuvieran llenos de industrias y de trabajo?”, se pregunta.

Para Koatz, la clave es pensar cómo crear fuentes genuinas de recursos en todas las provincias para evitar que todas las actividades se concentren en la Capital. En este sentido, pone el acento en la necesidad de agregar valor a los productos primarios y desarrollar de manera decidida las economías regionales. “Sería ideal que se generaran más centros urbanos y productivos en el interior, para que Buenos Aires tenga menos habitantes y esté más integrada al entramado económico de todo el país. Es un gran desafío y una apuesta de largo plazo. Ojalá que en 20 años podamos ver un proceso de este tipo”.

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