La CGT de los Argentinos

El «Programa 1º de Mayo» que la CGT de los Argentinos emitiera en 1968 es un hito en la lucha de los trabajadores. A cuarenta años de aquel momento histórico y con motivo del Día del Trabajador, Revista ZOOM rescata un pasaje fundamental de nuestra memoria que ayuda a mirar en perspectiva el presente y el futuro.

Se cumplen 40 años de la creación de la CGT de los Argentinos. Nacida del congreso normalizador «Amado Olmos», que tuvo lugar del 28 al 30 de marzo de 1968, se convirtió en un ejemplo de lucha popular y antiburocracia sindical. Sus líderes fueron auténticos representantes del movimiento obrero que no transa con el poder y tiene conciencia de clase. Ni Raimundo Ongaro, ni Agustín Tosco ni Jorge Di Pascuale se hicieron millonarios en su rol sindical y su lucha fue pagada con persecución y muerte. Dentro de este grupo se pude incluir también a Rodolfo Walsh, responsable del periódico de la entidad obrera.

Las consignas dejaban ver el autético espíritu de la CGTA: «Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra», y «Unirse desde abajo y organizarse combatiendo». En contraposición estaba el sindicalismo colaboracionista nucleado en las 62 Organizaciones con la hegemonía de la Unión Obrera Metalúrgica de Augusto Timoteo Vandor.

El programa del 1 de mayo de la CGT de los Argentinos, realizado por Rodolfo Walsh, siguió la tradición de los de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962) de las 62 Organizaciones pre-vandoristas. Con fragmentos que parecen escritos para combatir a la maldita década del 90, la conciencia de clase de los trabajadores peronistas expuso en la proclama caminos de unidad de acción para los empresarios nacionales, los pequeños y medianos empresarios, los profesionales, los estudiantes, los intelectuales, los artistas y los religiosos.

En sus cuatro años de existencia, la CGTA intentó ser referente de un cambio. Lo consiguió de manera parcial, incompleta, con conflictos en la relación entre organizaciones sindicales y políticas del peronismo revolucionario, la izquierda, la iglesia tercermundista, grupos de intelectuales, profesionales y artistas.

El semanario de la CGTA fue la síntesis. Dirigido por Walsh, con una redacción integrada por periodistas como Horacio Verbitsky y Rogelio García Lupo, la revista consiguió reunir un nivel de calidad profesional superlativo con una gran tarea de información sobre las formas y razones de las luchas populares.

La publicación llegó al millón de ejemplares y en sus páginas se publicó, dividida en varias notas, ¿Quién mató a Rosendo?, la investigación de Walsh sobre el asesinato del dirigente metalúrgico de Avellaneda Rosendo García, que puso al desnudo los métodos de acción del vandorismo.

El 1º de mayo de 1968 apareció el primer número del periódico de la CGT. Unos pocos meses antes, en Puerta de Hierro, Perón le había presentado a Raimundo Ongaro a Walsh, periodista y escritor que había sido fundador de la Agencia cubana Prensa Latina.

En ese número del periódico aparece publicado por primera vez el Programa del 1º de Mayo. Allí se lee: “La clase trabajadora argentina no reprueba una forma determinada del capitalismo, las cuestiona a todas”. O esta otra sentencia: “La clase trabajadora tiene como misión histórica la destrucción hasta sus cimientos del sistema capitalista de producción y distribución de bienes”. Definiciones que no dejaban dudas sobre la postura de la central obrera: “La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción”.

La CGTA dio lugar a experiencias de militancia artística como las del pintor Ricardo Carpani, o las del Grupo Cine Liberación, que permitió la filmación de la emblemática película «La hora de los hornos» de Fernando Solanas y Octavio Getino, con el objeto de promover la concientización de los cuadros intermedios.

CGTA y Cordobazo

Bajo la conducción del gráfico Raimundo Ongaro, la CGTA fue el paraguas donde se concentraron dirigentes sindicales y políticos que habían enfrentado con mayor dureza a la dictadura de la llamada “Revolución Argentina”. Los dirigentes Ricardo De Luca, de obreros navales y del Movimiento Revolucionario Peronista; Julio Guillán, de los telefónicos; Lorenzo Pepe, de la Unión Ferroviaria; Amancio Pafundi, de los estatales: Jorge Di Pascuale, de los empleados de farmacia; Benito Romano, de los obreros azucareros, estaban entre los fundadores o en el consejo directivo.

En el local de Paseo Colón de la Federación Gráfica Bonaerense, donde estaba la CGTA, se reunían los grupos de la tendencia revolucionaria del peronismo, al que pertenecían Gustavo Rearte, Envar El Kadri o Raimundo Villaflor, y organizaciones de izquierda, que empezaron a coordinar sus acciones de lucha con las de la propia central.

La huelga portuaria, la de los petroleros de Ensenada en septiembre y octubre de 1968, las luchas de los trabajadores de los ingenios de Tucumán y las movilizaciones sociales en Tucumán y Rosario tuvieron el apoyo de la CGTA.

A través de Agustín Tosco, la CGTA fue la estructura de apoyo al Cordobazo, entre el 28 y el 30 de mayo de 1969, y de luchas posteriores, como la convocatoria al paro nacional para el 1º de julio de ese año. Mientras, la CGT Azopardo, que reunía a la burocracia sindical participacionista, se dejaba amedrentar por las presiones del dictador, el general Juan Carlos Onganía, y su ministro de Trabajo, Rubens San Sebastián.

Cuando el 30 de junio de 1969 un comando mató a Vandor en la central de la Unión Obrera Metalúrgica, la persecución a la CGTA fue total. Muy pocas horas después, el gobierno intervino la Federación Gráfica Bonaerense y la mayor parte de los sindicatos integrantes de la central obrera. Y sus dirigentes, con Ongaro a la cabeza, fueron a la cárcel donde ya estaban Agustín Tosco y Elpidio Torres, líderes del Cordobazo.

Así, la CGT de los Argentinos ingresó en una etapa de luchas constantes y en un proceso de desgaste de su estructura. Sus cuadros dirigentes, sus activistas, fueron integrándose en otras formas de lucha, en organizaciones políticas y en organizaciones armadas. El propio Ongaro, Di Pasquale y algunos otros dirigentes aparecerán, luego, como parte de la conducción nacional del Peronismo de Base.

A partir de ese momento, la persecución y la muerte empezaron a rondar la vida de sus principales dirigentes, luchadores inclaudicables que no transaron con los intereses de la oligarquía. A Raimundo Ongaro le mataron un hijo, cayó preso 14 veces y marchó al exilio. Agustín Tosco murió en 1975 de una infección curable por estar en la clandestinidad perseguido por la Triple A. Esa misma organización paramilitar forzó el exilio de Jorge Di Pascuale, que en su regreso protagonizó uno de los primeros paros a la dictadura genocida de Videla y terminó desaparecido. La misma suerte que Rodolfo Walsh, fusilado por un grupo de tareas no sin antes ver morir a una sus hijas en manos de los genocidas. Contra todo, con su ejemplo, ellos marcaron un camino para todas las generaciones de argentinos. El pueblo, como el agua, siempre vuelve.

Fuente: www.cgtargentinos.org

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