K en la búsqueda de la burguesía nacional desaparecida

Por Causa Popular.- En el comienzo de su mandato Néstor Kirchner expresó la necesidad de recrear una burguesía nacional comprometida con el desarrollo del país. Es probable que el pasado miércoles no se haya referido a ésta sino a las compañías extranjeras cuando exhortó a las empresas privadas a «compartir» con todos los argentinos la rentabilidad que generan con su producción y comercialización en el país. Sin embargo, fueron empresarios nacionales los que respondieron esquiva e insólitamente. Son las voces de una burguesía nacional que esconde sus responsabilidades por haber convertido al país en tierra arrasada durante la década del 90 sin poder recuperar viejos valores levantados por sus antepasados, que acompañaron un proyecto de desarrollo nacional.

A pesar de esto, Kirchner aún añora contar con este sujeto perdido en las quiebras y privatizaciones compartidas con los capitales externos, para que durante su gestión «podamos subir los escalones del infierno, para que los que vengan puedan consolidar la salida del purgatorio y llegar al nivel que nos merecemos».

«Es muy bueno que las empresas tengan mucha rentabilidad, pero hay que saber compartir la rentabilidad, no como en el 90 que nos decían ‘crece la Argentina’ y crecía un poquitito», afirmó el presidente Néstor Kirchner durante un acto en la empresa de telecomunicaciones Alcatel, ante un auditorio diverso entre los que se encontraba el titular de Alcatel de España, Portugal y Latinoamérica, Alfredo Redondo Iglesias. El jefe de Estado advirtió que «lo importante cuando digamos que crece la Argentina es que todos entremos a sentir que ese crecimiento nos llega».

Kirchner participó del acto de inauguración del centro de integración y servicios y del lanzamiento de la nueva línea de módems ADSL de la compañía Alcatel Argentina, en el barrio porteño de Barracas. En el mismo también ponderó los números de la economía argentina y criticó a quienes sostienen que hay un amesetamiento, al advertir que «sin querer, sueñan con esa perversidad de que siempre las cosas nos tienen que ir mal».

Las reacciones de los empresarios que fueron consultados por la prensa en torno a los dichos del presidente demostraron que no se dieron por aludidos y que se desvincularon de una realidad laboral que aún no ha presentado los cambios necesarios para superar un mercado altamente flexibilizado y precarizado luego del paso del menemismo.

Empresarios de distintos sectores coincidieron al día siguiente en que «es razonable» el pedido del presidente Néstor Kirchner de «compartir ganancias», y aseguraron al unísono que sus sectores han invertido, generado empleo y aumentado sueldos en los últimos dos años. «Nosotros compartimos la ganancia. Lo mejor que podemos hacer como empresarios es reinvertir las utilidades, generar empleo y mejorar salarios», afirmó el presidente de la Fundación Pro Tejer, que nuclea a las principales empresas textiles del país, Aldo Karagozian, quien aseguró que «los trabajadores de la industria textil tienen prácticamente el mismo nivel salarial en dólares que durante la Convertibilidad», algo difícil de sostener en los números reales cuanto el salario mínimo quedó fijado en los $450 y antes de la devaluación estaba en U$S 200, o sea $600 actuales.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), Manfredo Arheit, sostuvo que «así como cuando a los empresarios les va mal no se le puede pedir que distribuyan miserias, cuando el contexto político y económico empujan con viento a favor y hay utilidades, es claramente natural que haya una mayor distribución«. Arheit explicó que en su sector «hay un elevado déficit de personal, que no se puede recomponer fácilmente», por lo cual destacó que «las empresas cuidan a sus trabajadores acomodando salarios cuando hay mayor rentabilidad, y evitando así que se les puedan ir»

En tanto, el empresario de la construcción Monir Madcur indicó que «el mensaje del Presidente es razonable después del proceso de concentración de riqueza en pocas manos y del aumento de la pobreza de la última década», y subrayó que «saliendo de una crisis de 5 años, para los empresarios compartir ganancias es invertir, crear trabajo, aumentar salarios y abastecer al mercado». «Todo eso se da en la práctica en la industria de la construcción que es una actividad con mano de obra intensiva y salarios crecientes», afirmó el vocal de la Cámara Argentina de la Construcción, quien sin sonrojarse puso de relieve que «la construcción es la actividad más equitativa».

Por su lado, el presidente de la Federación Económica de la provincia de Buenos Aires (FEBA), Raúl Lamacchia aseguró que «las que en la última década tuvieron y hoy tienen alta rentabilidad son las grandes empresas, no las pequeñas y medianas», y puso de relieve que «las pymes siempre distribuyeron lo que tuvieron entre su gente, aún siendo los más perjudicados por el modelo económico de los ’90».

El Poder Económico Concentrado

Según un informe de la revista “Mercado” que calcula las ganancias empresarias durante los años 2002 y 2003, se pueden establecer claramente a qué apuntó Kirchner con sus declaraciones. “De la comparación de la situación de los dos años puede concluirse que las 100 empresas que más ganan en la Argentina en el 2003 han ganado por minuto más de 55 dólares del que ganaban en el 2002 (U$S 124 vs U$S 69). Es decir que las ganancias de estas 100 empresas han crecido en dólares un 80% respecto del 2002. Crecimiento que multiplica casi 10 veces el crecimiento del Producto Bruto Interno (fue del 8,7% en el 2003 respecto al 2002).

Para el núcleo duro del poder económico, las primeras 10 empresas, el 2003 significó que por minuto ganaran 222 dólares más que lo que ganaban en el 2002 (U$S 656 vs U$S 434)”.

No hay dudas de que la devaluación ha tenido impactos heterogéneos. Esta heterogeneidad ha sido por demás beneficiosa para los que definen el tipo de sociedad en que vivimos: El Poder Económico Concentrado.

Como una señal de la reestructuración del empresariado argentino que acompañó al peronismo en su proyecto nacional, el hijo del empresario José Ber Gelbard -ministro de economía de Cámpora y luego de Perón- no autorizó durante esta semana la utilización del nombre de su padre para la fundación lanzada el jueves pasado por un grupo de empresarios de la Confederación General Económica (CGE), que elaborará estudios orientados a la pequeña y mediana empresa.

Imposibilitados de asumir responsabilidades pasadas y presentes, el empresariado nacional no dejó ver en sus reacciones que el crecimiento económico de los dos últimos años se ha basado en la caída de los salarios luego de la devaluación del 2001. Un aumento reciente del salario mínimo que alcanzó el piso de $450 no pudo aún subsanar ese déficit, y el crecimiento económico se monta una vez más sobre las espaldas de los trabajadores argentinos.

La superexplotación de mano de obra, la flexibilizaciones en la contratación desconociendo derechos adquiridos, y los altos niveles de pobreza y desempleo que aún perviven, presentan un escenario mucho más difícil de remontar si además debe realizarse con empresarios sólo preocupados en sus ganancias y utilidades.

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