Jesucristo, empleado del mes

Un sencillo hombre de un perdido pueblito norteamericano tenía un pequeño sueño: tener una tiendita, donde se le pueda ofrecer a la clientela buenos precios y la mejor atención. Hasta acá podría ser un bello guión para inspirar una película de Disney…pero no todo es alegría en la Tienda del Señor.

En este infrecuente libro del denominado subgénero Liderazgo, Don Soderquist, jubilado vicepresidente y director de operaciones de Wal Mart, nos propone una guía para el manejo de la empresa, basándose en la experiencia recogida tras varios años de trabajar para la compañía “más grande del mundo”, según sus propias palabras.

A modo de “fábula edificante” nos relata, entre lagrimones emocionados, la “apostólica” vida de quien fuera su mentor y fundador de semejante “milagro” en el mundo de los negocios, Sam Walton.

Este sencillo hombre de un perdido pueblito norteamericano tenía un pequeño sueñito: tener una tiendita, donde se le pueda ofrecer a la clientela buenos precios y la mejor atención. Así fue como invirtió los únicos 6.000 dólares con los que contaba y al poco tiempo, con mucho esfuerzo y mucho esmero consiguió tener dos locales.

Un par de años después era dueño del multimillonario emporio Wal Mart, eso sí, sin perder nunca de vista los valores que lo ayudaron a crecer, los cuales el autor se encarga de resumir en: “Dar un buen servicio a las personas, crear un equipo triunfador, esforzarse, impactar la vida de las personas para bien, divertirse, apoyar a su familia, honrar a su señor.

Hasta acá podría ser un bello guión para inspirar una película de Disney…pero no todo es alegría en la Tienda del Señor.

Además de contar la parábola del buen comerciante, Don Soderquist nos entrega cantidad industrial de ejemplos, tanto de su “patrón” como de algunos de sus empleados más leales, a la hora de —técnicamente— aniquilar a la competencia, adelantándose al negocio, imponer el monopolio y convertirse en los dueños de medio mundo, sin dejar nunca de divertirse. Ejemplos: en la página 39, se puede apreciar a los directivos cantando la porra de Wal Mart, de clara influencia militar. En las páginas 48/49, Walton reta a sus ejecutivos a que si logran ganar el 8% bruto en un año particularmente especial como el ’83, él mismo bailaría el Ulla-Ulla en Wall Street…y lo bailó.

Pero para demostrar que no todo es joda en el supermercado, el autor se encarga de enrostrar la fuerte tarea humanística y caritativa en beneficio de los más humildes, entregando limosnas a un par de inundados, a los boyscouts, creándoles un monumento y dándoles trabajos de cajeros y repositores a los veteranos yanquis de la 2ª guerra mundial.

Sin embargo, y acá está la trampa, la bondad de estos empresarios no es una mera contingencia ocasional ni un aislado desliz de ricachón regalón. No señores. El asistencialismo y el permanente adoctrinamiento de sus súbditos y de la comunidad en la que están inmersos forman parte sustancial dentro de la filosofía de esta paradigmática empresa.

No por nada el libro lo edita Caribe Betania, una subsidiaria de Thomas Nelson Inc, la misma mega-editorial que produce las biblitas azules chiquitas que regalan en las puertas de facultades, hospitales y demás.
Y no es el único del estilo que lanzan. En la misma clave “Negocios” se encuentran: La transformación total de su dinero, Liderazgo: secretos de oro, Secretos del vendedor más rico del mundo y El lado positivo del fracaso (nombre muy parecido a nuestra remake criolla de Fracasos Exitosos del también evangélico Bernardo Stamateas).

Ante este avance editorial, a uno sólo le queda pensar que, a la versión pelicorta y prolija de Jesucristo, ya no le hace falta salir a molestar golpeando las puertas casa por casa, como en los convulsionados 60´s solían hacer por los agitados barrios de Latinoamérica las hordas de predicadores de cuantas sectas pagadas por el gobierno del norte podían haber (llámese mormones, testigos de Jehová, adventistas del séptimo día). No.

Hoy no necesitan domar a la gente diciéndoles que se queden en su casa leyendo la biblita azul, tranquilitos sin salir a resistir, que en un par de años se viene la fin del mundo y tenemos reservado una mesa para comer todo el día junto a un leoncito manso y un oso panda. No.
Ya instalado el neoliberalismo salvaje, habiendo desplazado la clásica “colimba” nacional y asimilado en su reemplazo el “correr, limpiar y barrer” de la doctrina macdonalizadora de la economía global, ya no hace falta molestar a los vecinos cara a cara.

Con proponer como éxito de ventas y libro de consulta obligado las técnicas y tácticas de los autodenominados ganadores, basta.

Un buen par de consejos para ser un gran hijo de puta es el nuevo evangelio, que si bien no elimina del todo el cuento rosa de la antigua versión de Reina Valera, le sirve a modo de anexo, por lo menos, para enseñar a honrar al “verdadero dios” en el que estos “apóstoles” confían.

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