Jati y Amawt´a, compañero Evo

Reflexiones tras la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra convocada por el presidente Evo Morales que se desarrolló entre 18 y el 22 de este mes en Cochabamba, Bolivia. El regreso de la problemática ambiental a la agenda internacional, pero esta vez desde la mirada de los países del Tercer Mundo.

Hace 40 años, en el país que probablemente haya generado las mayores causas de contaminación en la historia moderna y contemporánea (los “U.S.A”), se produjo una movilización de varios millones de ciudadanos, que intentaban advertir a su propio gobierno sobre las consecuencias que podría tener, el seguir la carrera hacia la destrucción de los sistemas naturales. De allí se derivaron varias consecuencias: en principio, la consagración de un así llamado “Día de la Tierra” (Earth Day) y el nacimiento de diversas organizaciones ambientalistas (a mi juicio mal denominadas como “ecologistas”).
En 1972, tuvo lugar la primera “cumbre” mundial sobre problemas ambientales, en la ciudad de Estocolmo. Esta “Conferencia” (mala traducción de la palabra “conference” que significa “congreso”), intentaba advertir a los distintos gobiernos del mundo y a los actores sociales de distintos tipos, sobre los gravísimos problemas que afectaban (y aún afectan) a las poblaciones humanas con consecuencias impredecibles. Hasta se llegó a trazar un “Plan de acción” con recomendaciones específicas. En casi cuarenta años, muy pocas de esas recomendaciones han sido traducidas a leyes que se cumplan efectivamente tanto en los “límites” de la juridicidad establecidos al interior de las fronteras de las Naciones-Estado y muchísimo menos en el orden internacional, como acabamos de constatar en carne propia luego del “fallo” de la Corte Internacional de La Haya.
En un artículo anterior en esta misma y querida Revista Zoom, recordaba que por esos días, el General Juan Domingo Perón, desde su tan injusto y prolongado exilio, publicaba su Carta a los Pueblos y Gobiernos del Mundo, que recomiendo releer una y cien veces, por la riqueza de su contenido y lo certero de sus predicciones. Es que en este caso -como en tantos otros- Perón “traducía” conceptos a veces muy teóricos y voluntaristas en medidas concretas y en problemáticas palpables, a la vez que señalaba el norte -como el gran estratega que era- para que el pueblo pudiera adoptar no sólo conceptualmente sino en las prácticas cotidianas la solución a esas problemáticas. Y en su condición de estadista, indicaba el rumbo a seguir a aquellos que se atreven a asumir la representación popular y convertirse en “gobernantes” o administradores de la cosa pública.
Como en tantos otros casos, tampoco las advertencias y recomendaciones del General Perón fueron tenidas en cuenta. Y mucho menos en nuestro propio país. El de él, por otra parte. Aún cuando su esperanzador retorno, la asunción del gobierno popular, su tercer período presidencial, tuvieron lugar por esos años. Lamentablemente seguidos de su desaparición física, la agudización de los desencuentros y finalmente la dictadura que cometió un error tras otro, torpezas y delitos aún de los más infames. Y en esto, también sufrieron sus consecuencias los problemas vinculados con el ambiente y los recursos naturales.
Recuperado el orden constitucional, hemos seguido un camino zigzagueante, yendo de pequeños aciertos en la concepción a grandes torpezas en la ejecución. Y hasta tuvimos que soportar figuras exóticas y aún payasescas en la “conducción” de las problemáticas ambientales. Las consecuencias están a la vista: los grandes problemas siguen como tales. Y aún aguardamos la efectiva concreción de proyectos y decisiones que no llegan.
Sólo he traído a la memoria colectiva, el origen de la celebración del 22 de abril, ya que esta fecha siguió un curso también vacilante, que incluyó algunos hitos como el de 1990, que dio origen a una nueva reunión esta vez patrocinada por las Naciones Unidas, en Río de Janeiro, a la cual asistieron varios jefes de estado. Pero otra vez más, la mezquindad y las apetencias de dominación imperial de pueblos poderosos en desmedro de los más débiles, fue el resultado práctico de los “acuerdos” que se “lograron” en esa oportunidad.
Tampoco estoy reivindicando -en realidad- a ningún tipo de “festejo” por más masivo que sea. En realidad: los problemas ambientales si bien requieren del conocimiento masivo de determinadas prácticas concretas, y esta circunstancia justificaría el esclarecimiento de la mayor cantidad de congéneres que sea posible, lo que más necesita es legislación adecuada y gestión apropiada. Basadas –indefectiblemente- en criterios científicos tecnológicos ciertos y no sólo en empirismos poco probados y menos aún en medidas provenientes -solamente- del campo (muy respetable) de lo sensible. Nada de esto último es malo. Solamente es insuficiente. Y por lo tanto, no aconsejable como medidas de Estado.
Los problemas vinculados con el cambio climático global, el consumo de energías y recursos naturales, los desarrollos demográficos y sus problemáticas conexas, tales como el transporte, la distribución de los alimentos, las obras que posibiliten el acceso a condiciones aceptables de salubridad y de salud pública, la producción vegetal y animal con destino a la alimentación, la distribución del agua potable y aún del aire atmosférico no contaminado, son sólo un repertorio elemental de problemas que no requieren ni la menor dilación en ser resueltos o por lo menos atenuados en sus efectos. Y casi pasan inadvertidas para las grandes mayorías las “resoluciones” que puedan tomar las reuniones cada vez menos creíbles y cada vez menos eficaces, tales como la tan publicitada “cumbre” de Copenhague de fines del año pasado en la que, absurdamente, los países que menos problemas causaron al ambiente, se ven “obligados” a asumir responsabilidades que decididamente los llevarán a nuevos problemas.
Es que en todos estos casos, se ha seguido la “lógica” de las prácticas cortesanas y palaciegas a las que somos tan afectos: eternas discusiones con abundancia de retórica, lectura de documentos prefabricados en bufetes de la “inteligencia” que siempre está a la retaguardia del poder, ratificaciones apresuradas con fotos y filmaciones de los exultantes y sonrientes “poderosos” de turno… y ¡de vuelta al pago con el “mate lleno de infelices ilusiones”!
Y esto finalmente me lleva al título en el que celebro que el nuevo convocante a una “conferencia mundial”, haya sido un hombre que se reivindica sin ningún lugar a dudas, como un “hijo de la tierra” y -por lo tanto- tiene todo el derecho de llamarle “madre”. Me estoy refiriendo -obviamente- a la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que ha convocado a gobiernos y organizaciones sociales del Sur, con una óptica muy diferente a las anteriores. La de los que sufrimos las consecuencias del despilfarro. Y que ahora parecería que tenemos que “pagar la fiesta ajena”.
Por eso califico a su principal referente como jati y amawt´a (grande y sabio, en quechua y en aymara), por haber colocado en su más cruda dimensión, las consecuencias que finalmente puede acarrear tanta “sordera” e insensibilidad por parte de los que más pueden y por lo tanto deben. Desde Tiquipaya (Cochabamba, Bolivia) gobiernos y grupos de diversa naturaleza pertenecientes a unos 126 países, se han prometido protestar en la próxima “Cumbre” de la Organización de las Naciones Unidas a llevarse a cabo en Cancún, México, a fin de año. Diversas iniciativas en defensa de la Pacha-Mama, se han generado en esta reunión. Pero lo más importante, es que han vuelto a colocar en la “agenda” del debate internacional, las demandas de los que menos tienen. Y más padecen.

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