Integración Militar del Bloque Regional de Poder (BRP)

Heinz Dieterich

El 24 de marzo del año en curso, el Comandante de las fuerzas estadounidenses en América Latina (Southern Command, general James T. Hill, comunicó al Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes la voluntad y decisión del gobierno de George Bush, de destruir por la fuerza militar la «amenaza emergente» del populismo radical.

El General mencionó a Venezuela, Haití y Bolivia, como ejemplos de esta amenaza para la seguridad hemisférica, al igual que el Consenso de Buenos Aires, firmado en octubre del 2003 entre Kirchner y Lula que cuestiona «la validez de las reformas neoliberales» y hace énfasis en el «respeto por los países pobres».

No se ha hecho lo suficiente para frenar «el crecimiento del populismo radical», señaló Hill y advirtió a los diputados de la solución que la Casa Blanca dará a ese problema: «Continuaremos trabajando para mejorar tanto las capacidades como el profesionalismo de los militares de nuestros aliados, para que puedan mantener su propia seguridad y ayudar a combatir las amenazas transnacionales comunes».

«Mantendremos la vigilancia» y «tenemos que mantener y ampliar nuestros contactos de militar a militar, a manera de institucionalizar de forma irrevocable el carácter institucional de estas fuerzas militares con las que hemos trabajado tan de cerca en las últimas décadas.»

La declaración pública sobre la planeada aplicación del terrorismo de Estado militar a los gobiernos progresistas de América Latina -que el pentagonismo llama «populismo radical», el subimperialismo español «populismo trasnochado» (El País) y el profesor estadounidense James Petras «gobiernos de la nueva derecha»- casi coincidente en el tiempo con el acto de desagravio del Presidente Néstor Kirchner a las victimas de la última dictadura argentina, en la ESMA, plantea la necesidad urgente de una estrategia de autodefensa, capaz de derrotar el proyecto neofascista estadounidense para América Latina.

Esa estrategia sólo puede consistir, como es obvio, en la aceleración de la integración latinoamericana en el Bloque Regional de Poder (BRP), en las esferas de la economía, política y en lo científico-cultural y militar.

La integración militar de la Patria Grande, un imperativo
de supervivencia

Por el marco de tiempo que Washington ha definido para la destrucción violenta de nuestros gobiernos progresistas, la cooperación e integración militar es, quizás, la esfera de mayor urgencia integrativa del momento.

La discusión de la integración militar de la Patria Grande es, sin embargo, un tabú en el subcontinente, que difícilmente se rompe, pese a que esa ruptura es una condición vital para las autonomías nacionales.

Las razones de la obediencia férrea a ese tabú son auto evidentes. La primera consiste en el uso inteligente del militarismo como instrumento de perpetuación de la Doctrina Monroe y su corolario interno, el oligarquismo criollo, por parte de la dominación externa, tanto estadounidense como europea.

Históricamente, el golpismo militar aparece en la Patria Grande con las Guerras de Independencia. Durante el régimen colonial español el militarismo, es decir, el sometimiento de las estructuras de poder público a los intereses de la burocracia estatal armada, no existía. La Corona había logrado la subordinación total del Estado armado al Estado civil.

Derrotado el modelo de dominación español, el militarismo se convirtió en elemento integral de los regímenes neocoloniales que no podían prescindir de las bayonetas para sostener a las viejas elites que comandaban las nuevas «democracias».

Todas las integraciones latinoamericanas en la dimensión militar y de represión pública han seguido a esa lógica hasta el día de hoy: desde la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay y los preceptos monroeistas del panamericanismo, hasta el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la Operación Cóndor.

«Cooperación e integración militar» en América Latina han sido sinónimo, a lo largo de dos siglos, de potenciar el terrorismo de Estado, y tal memoria traumática pesa sobre toda pretensión contemporánea de avanzar en esa esfera vital de defensa de nuestras soberanías.

La segunda razón o el segundo freno a la integración militar antiimperialista consiste en la debilidad estructural de los Estados latinoamericanos frente a los imperios de Estados Unidos y de Europa. Ningún gobierno criollo puede proponer una reunión de los Comandantes de las Fuerzas Armadas latinoamericanas con un propósito integracionista, sin exponerse de forma inmediata a la desestabilización por parte de Washington.

De tal manera que la propuesta del Presidente Hugo Chávez de formar una Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS) entre las Fuerzas Armadas de la región constituyó un acto de enorme osadía antiimperialista que no ha sido reciprocado por ningún gobierno en Tierra Firme.

El miedo de los Estados a encarar el problema -aun en tiempos de amenaza militar abierta por Washington- al igual que el rechazo respectivo de la sociedad civil al debate del poder militar, sin embargo, no harán desaparecer a los militares ni al militarismo. Al contrario, aumentan el peligro del golpismo.

Las Fuerzas Armadas son, junto con el gran capital y la iglesia corporativa, el sostén principal de las oligarquías y de la dominación externa. El desarrollo de una posición estratégica y táctica frente a este extraordinario factor de poder es, por lo tanto, una condición vital de éxito para todo proyecto democratizador en el Tercer Mundo.

La ruptura del tabú, cuyo mantenimiento sirve exclusivamente a las fuerzas de la reacción, debe encarar dos grandes interrogantes:

1. ¿Cuales son las formas adecuadas para la integración de una alianza militar entre Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Venezuela y Cuba?

2. ¿Cuál es la misión de esas Fuerzas Armadas latinoamericanas?

La respuesta a la segunda interrogante es evidente y se deriva en su determinación ética del ejemplo e ideario de Bolívar. Es decir, las Fuerzas Armadas latinoamericanas del Bloque Regional de Poder tienen que ser:

a) el resultado de un proceso político de democratización;

b) estar sometido al poder constitucional-civil;

c) ser plenamente responsables ante las normas e instituciones del derecho internacional;

d) ser parte integral del desarrollo productivo cívico de nuestras naciones y,

e) estar restringidos en su actuar armado a la defensa de la soberanía e integridad territorial de la Patria Grande ante una agresión armada desde el exterior.

La integración militar del BRP conllevará a profundas transformaciones en las estructuras militares actuales, entre ellas:

1. El cambio de la doctrina militar que rige la guerra convencional, hacia la doctrina de la guerra de todo el pueblo, con los respectivos cambios logísticos, tácticos, tecnológicos, etcétera.

2. El desarrollo de una industria bélica básica que garantice la producción y autarquía de los suministros vitales en caso de guerra.

3. La priorización de cinco tipos de armas que en el conflicto irregular de la guerra de todo el pueblo, que es una guerra de desgaste, son decisivas para el triunfo:

a) armas ligeras, como el AK-47;

b) minas antipersonales, antitanques y marítimas;

c) cohetes antitanques como el RPG-7;

d) armas antiaéreas y,

e) equipo de combate nocturno.

4. El aprovechamiento intensivo de la topografía latinoamericana, favorable en muchas regiones a las condiciones de la guerra irregular, incluyendo la importancia estratégica de la guerra urbana en las grandes ciudades del BRP.

5. Las condiciones anteriores son, en cierto sentido, un equivalente funcional a las armas nucleares. Existen, sin embargo, contextos, en los cuales pudiera ser necesario, disponer de un stock básico de ese tipo de armas, como sucede en el caso de Pakistán o de India.

El imperialismo es fuerte en sus posiciones,débil en sus movimientos

«El enemigo es fuerte en sus posiciones, pero es débil en sus movimientos», sostiene la sabiduría de Fidel Castro -uno de los grandes estrategas militares de este siglo- que se comprueba de nuevo en Irak.

Y lo mismo sucedería en una intervención militar del Pentágono en el Bloque Regional de Poder.

De ahí que Venezuela, el país más amenazado del BRP por el Pentagonismo, tiene un pequeño respiro en este momento. El plan bélico de Washington para el BRP consistía en la intervención militar directa en Venezuela, después de haber logrado tres precondiciones vitales:

1. Derrotar a Irak;

2. Destruir físicamente a la guerrilla colombiana y,

3. Generar las condiciones políticas internas e internacionales para tal agresión.

Por la resistencia de los pueblos, el imperialismo ha sido incapaz de generar esas condiciones, hecho por el cual pretende avanzar en el nivel de la guerra de baja intensidad, hasta que cambien las condiciones objetivas en su favor.

Conociendo este peligro, el Presidente Hugo Chávez ha autorizado un programa de «optimización» de las Fuerzas Armadas de Venezuela y desde el seno de la sociedad latinoamericana están brotando múltiples iniciativas para ayudar a romper el tabú represivo impuesto por el imperio del norte, en torno a la integración de una fuerza militar democrática y patriótica en la Patria Grande.

El «pequeño genero humano» (Bolívar) de la Patria Grande se ha puesto en marcha, para acabar con la Doctrina Monroe y conquistar la Segunda Independencia.

Al igual que en la Primera, el triunfo no será posible sin el concurso de las armas patrióticas.

COMPARTÍ ESTE ARTÍCULO

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Recibí nuestras novedades

Puede darse de baja en cualquier momento. Al registrarse, acepta nuestros Términos de servicio y Política de privacidad.

Últimos artículos

En el nuevo Afganistán salir a las calles implica quedar desprotegido por cualquier tipo de derecho civil. En esta nota analizamos lo que trae consigo la retirada de Estados Unidos del territorio afgano y el asentamiento del régimen de los talibanes.
Luego de las elecciones y los debates en el Frente de Todos, desde Revista Zoom desarmamos la política económica llevada a cabo por el gobierno y proyectamos hacía el futuro de corto plazo.
Jorge Dorio recorre la semana post-elecciones y con sus versos nos revela que, aunque la derrota aun no haya sucedido, el Frente de Todos debe no solo aliarse, sino empezar a actuar en vez de hablar.