Informe especial sobre las declaraciones e intervenciones de Luis D’Elía en la causa AMIA

La lectura del material que se ofrece completo luego del breve comunicado de prensa es muy interesante. El 95 por ciento, sino más, de lo que sostiene D’Elía es absolutamente cierto. Lástima que empujado desde las sombras por el isabelino Juan Gabriel Labaké comete el error de atribuirle el ataque «a la derecha sionista» pasando por alto que se trató de un ataque mafioso, cometido por mercenaria mano de obra local.

Labaké me ¿acusó? de haber sido «un dirigente montonero» (sic) y mintió descaradamente al decir que estuve contratado, no por la AMIA, sino por la DAIA, organización que me persiguió a causa de mi libro AMIA. El Atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos.

En fin: Labaké defiende a Alberto Kanoore Edul, el nexo entre la Trafic señuelo y el volquete que explotó en la puerta de la AMIA (hubo dos explosiones, la otra fue interna). Edul es a la vez amigo de sus vecinos, los Ahmed, columna vertebral de la llamada «banda de los comisarios», y de Monzer al Kassar, sospechado de haber instigado ambos ataques.

En cuanto a D’Elía, considero que hay que tener coraje para meterse contra un embuste que aparece bien atado a pesar de su absoluta endeblez a causa de que no hay ningún sector significativo de la sociedad argentina ¡y ni de la propia colectividad! interesado en identificar a los asesinos para recién luego ir contra los instigadores o «autores intelectuales».

Esto es, de la única manera en que se puede proceder, ya que pretender identificar a los instigadores o «autores intelectuales» mientras se renuncia de plano a establecer la materialidad de los hechos y a atrapar a los ejecutores materiales del asesinanto masivo es un absurdo lógico.
Destaqué en azul lo que me pareció más fuerte del escrito presentado por D’Elía, en magenta dos párrafos que me parecieron errados y en rojo algunos breves comentarios:

Declaraciones de Luis D’Elía: «Nos han mentido a discreción durante más de 15 años».

“Hoy tuve la oportunidad de presentarme ante el fiscal Nisman y brindar la hipótesis investigativa que orienta la pesquisa hacia la derecha israelí. Creo prudente y ajustado diferenciar a las víctimas de los victimarios. Las víctimas han sido sin lugar a dudas todos los argentinos muertos o mutilados en el atentado sin distinción de credo, lugar de
nacimiento u origen étnico. También han sido víctimas institucionales la AMIA y la DAIA y nada han tenido que ver con la consecución del atentado.

Por eso no hablo de “autoatentado”, sino de un atentado perpetrado por deleznables enemigos de la pacífica comunidad judía argentina.

Pues bien, le exigí al Sr. Fiscal que investigue las coincidencias -por cierto palmarias e inocultables- entre los atentados a la Embajada de Israel y a la Sede de la Amia. Dicha exigencia la formulé conforme a los siguientes datos históricos y por todos conocidos:

– 1) Tanto la Embajada como la sede de la AMIA se encontraban en curso de refacción, con ingreso de materiales y personas;

– 2) En ambos casos, los personajes a cargo de la seguridad de los edificios siniestrados introdujeron desde el vamos la teoría del “coche bomba”, en una actitud más cercana a evitar la responsabilidad por el deficiente control de los objetivos a su cargo, que a las constancias de la realidad;
– 3) En los dos escenarios, los testigos niegan la existencia de sendos “coche bomba”

– 4) También en las dos ocasiones los blocks de motor de los “coches bomba”-con la numeración legible-, son hallados mediante procedimientos ilegales e inmediatamente después de que agentes extranjeros participantes en las tareas de rescate adelantaran su aparición;

– 5) También en los dos casos, se produce una fuerte controversia pericial en torno a la mecánica de la explosión, concluyéndose que el epicentro de las detonaciones ocurrió “puertas adentro”; 6) En el período inmediato posterior a las explosiones, se produjo un descontrol manifiesto en las áreas que debían preservarse para la investigación, favoreciéndose la manipulación de la prueba. Si a todo esto sumamos la presión ejercida sobre los funcionarios que intervinieron a nivel gubernamental y judicial en ambos atentados por parte del FBI, CIA, Mossad y otros grupos de presión, todos orientados a dirigir las acusaciones contra Irán, entonces podremos comprender mejor la magnitud del encubrimiento.

La presentación

A continuación, el texto completo de la presentación de Luis D’Elía, según nos ha llegado de una fuente que a priori parece confiable. Destaqué los textos que me parecen más importantes en azul. Y, en rojo, puse mi propia voz.

Señor Juez: Luis Ángel D’Elía, por mi propio derecho, con domicilio real en la calle Coronel Isleños 565, Isidro Casanova, partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires y con el patrocinio de Mariano Jorge Marcovecchio (CPACF Tº 72 Fº 614) (Estudio Otaño Moreno, Albor & Marcovecchio), en la causa número 8566 del registro del. Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 6 de esta ciudad, Secretaría 11 -Anexo Amia- respetuosamente me presento y, como mejor proceda en derecho expreso:

OBJETO

Que me presento en calidad de “Amicus Curiae” -en puridad debería ser AMICUS VERITATIS- a los efectos de colaborar con el esclarecimiento de los horribles atentados ocurridos el 17 de marzo de 1992 y 18 de julio de 1994 al día de hoy impunes debido a que, a mi juicio, existió y existe aún hoy una fabulosa negligencia e impericia de quienes tuvieron y tienen a su cargo la investigación, además del sempiterno encubrimiento exhibido desde todos los sectores de poder. En orden a ello, exijo se investigue de una buena vez y para siempre la hipótesis que a continuación desarrollo.

PROEMIO

Desde que accedí al contenido del dictamen del Dr. Nisman supe con apodíctica certeza que las instituciones de la República han atravesando la más vergonzosa y tangible crisis de su historia. No pude evitar recordar el lamentable rol desplegado por el servil Poder Ejecutivo que gobernaba en tiempos de los atentados; vinieron a mi memoria las aciagas labores de la Comisión Bicameral y sus risibles y funcionales conclusiones.

Merece un párrafo aparte la humillante labor del Poder Judicial demostrada en la negligente e imperita investigación de los horrorosos atentados que lancinaron la vida, la salud y los bienes de hermanos argentinos que sistemáticamente son sometidos a la peor de las violencias que, para mí, es la mentira. Es por todos sabido que no me puedo callar cuando detecto una injusticia – y esto lo ha sufrido el país entero en carne propia con la implementación de los piquetes que, si bien antipáticos y poco populares, lograron que los que no tienen voz fueran escuchados -.

Con semblante netamente diletante comencé a investigar los atentados del 17 de marzo de 1992 y del 18 de julio de 1994. Accedí a una importante cantidad de información que me fue provista por amigos, profesionales y gente que, como yo, se apasiona por la verdad. Tengo en mi poder recortes de diarios, revistas, dictámenes periciales, informes, dichos y versiones de los testigos de ambos hechos, etc.

Previo a adentrarme en el fondo del asunto que me trae, quisiera reseñar una anécdota que bien ilustra la abrasiva bronca que le dispenso a los funcionarios que participaron y participan del encubrimiento más monumental de la historia de nuestro país. Resulta que le solicité a un grupo de cinco jóvenes -aspirantes a la carrera de abogacía- que examinaran los elementos existentes en ambas causas. Simplemente quise someter al juicio de sujetos con un adarme de sentido común los mismos elementos que tuvieron en sus manos Nisman y Canicoba Corral para endilgarle a la República Islámica de Irán responsabilidad en la voladura de la sede de la AMIA. Sus conclusiones fueron sorprendentes por varios motivos: los cinco coincidieron en que es notable la manipulación de los elementos de prueba; ninguno de ellos pudo sostener la existencia de un coche bomba en ambos episodios; a todos les llamó poderosamente la atención que el país entero siga creyendo en la versión oficial.

Honestamente creo que los fiscales y el juez deberían -al menos por vergüenza – pensar en dedicarse a otra cosa. En los párrafos que siguen fundamento este último pensamiento así como aporto la hipótesis jamás investigada y que en honor a la verdad exijo se encause, por la memoria y eterno descanso de los que fallecieron, por la paz de quienes perdieron un ser querido y por la dignidad de los que sobrevivieron a tan atroces calamidades.

HECHOS

– a) El abominable oprobio.

Tal como lo anticipara supra, fue la lectura del dictamen de Nisman lo que generó mi encendida defensa de la realidad, le duela a quien le duela. En un farragoso libelo de más de ochocientas páginas se acusa a la República Islámica de Irán de “estado terrorista” y se enrostra a altos funcionarios de esa soberana nación participación directa en sendos actos de guerra en territorio argentino.

Nada de lo que puede leerse en el abultado panfleto del fiscal supera la categoría de «indicio». Con torpes argucias se pretende ocultar que los mentados indicios fueron aportados por servicios de inteligencia extranjeros – CIA y MOSSAD -, informes que fueron manipulados y tergiversados por los servicios secretos nacionales.

Por otro lado, la fábula continúa reseñando el testimonio de una serie de integrantes del grupo terrorista MKO, de entre los cuales algunos están con pedido de captura internacional activo de Interpol; uno de los testigos -el ex-agente de inteligencia Mesbahi- declaró en al causa siete veces y se contradijo otras tantas en las cuestiones importantes.

Los susodichos testigos sostienen que existió una reunión en la ciudad iraní de Mashad, el 14 de agosto de 1993, en la que el Comité de Asuntos Especiales, conformado -cuando se habría tomado la decisión de llevar adelante el ataque-, por Alí Khamenei -Guía Espiritual del país-, Alí Akbar Rafsanjani -Presidente de la Nación-, Alí Akbar Velayati -Ministro de Relaciones Exteriores- y Alí Fallahijan -Ministro de Información-; y a la que fueron especialmente convocados desde nuestro país Mohsen Rabbani y Ahmad Reza Asghari, quien se desempeñaba como Tercer Secretario de la Embajada de Irán en Buenos Aires. Siempre según la delirante visión de Nisman, en dicha reunión se habría concebido el diabólico plan de volar la sede de la AMIA.

Moshen Rabbani, religioso y agregado cultural de la embajada de Irán, además soporta la más descarada ignominia. Con elementos de cargo evidentemente artificiosos y superficiales se le dirige la falsa imputación de ser el cerebro local del atentado a la AMIA. Nisman participó en el juicio oral y no puede decir que no se percató que sobre Rabbani se había realizado una meticulosa inteligencia que se extendió por lo menos desde poco después del atentado a la Embajada, hasta 1998, cuando luego de un viaje privado a Irán se le negó la entrada al país en Ezeiza.

Pero además, «40 días antes del atentado a la AMIA», esa «inteligencia» se extendió a todos los miembros de la Embajada de Irán, interviniéndoseles clandestinamente todos los teléfonos así como los de la oficina de Rabbani.

Lo significativo y sospechoso es que toda la profusa información resultante de esas «inteligencias» fue hecha desaparecer. ¿Cómo explica esto el Fiscal Nisman? ¿Investigó esa anormalidad flagrante que se conoció recién finalizando el juicio oral por denuncia de Ribelli?

La hipótesis más razonable ante esto es que toda esa información clave fue hecha desaparecer porque probaba justamente la ajenidad de Irán, al no encontrárseles nada que los involucrara.

Se alega que el sheik Rabbani «habría estado cerca» de la playa de estacionamiento, a pocas cuadras de la AMIA el 15/7/94 a las 18 hs., cuando se estacionó la Traffic que se supone, se habría utilizado como coche-bomba (¿o como pista falsa de coche-bomba?), porque hay una llamada de su teléfono celular en «esa zona». Calla estulticiamente el dictamen que la antena que habría registrado el supuesto llamado está ubicada sobre el Colegio De La Salle en calle Ayacucho al 600, es decir a más de 500 metros del presunto lugar de estacionamiento de la Traffic.

Una simple operación aritmética establece el radio de cobertura de la antena, para la época del atentado (piénsese que luego fue ampliándose el número de antenas de telefonía móvil, a medida que crecía la demanda de estos dispositivos), en un área de 1000 por 1000 metros, es decir cien manzanas como mínimo, abarcando las zonas de Tribunales, Barrio Norte, Congreso, etc. Este dato ha sido maliciosamente callado, dado que es muy efectivo para conmover a los menos despiertos, sostener que en la “célula” correspondiente a la AMIA hubo un llamado desde el celular de un iraní, sin destacar que ese llamado pudo haber sido hecho desde Corrientes y Callao, por ejemplo.

Pero ese teléfono estaba intervenido por la SIDE (clandestinamente por supuesto). ¿Qué pasó con esa llamada? ¿Cómo es posible que no se sepa su contenido?

También se trata de incriminar a Rabbani porque varios meses antes estuvo preguntando por Traffics en la calle Juan B. Justo. Lo cual fue filmado por la SIDE que lo seguía en forma ostensible (más que «seguimiento» era acoso).

Cabe destacar que el presunto terrorista no prohijó integumento alguno en disimular su identidad, dejando incluso su nombre, tarjetas personales y teléfono donde ubicarlo en el caso de que apareciera el vehículo que estaba buscando (conforme datos consignados increíblemente en el dictamen Fiscal como elementos cargosos).

En el juicio oral se probó que el utilitario buscado por Rabbani era para la mezquita de Cañuelas, lo declaro el sheik de aquel templo y bajo juramento.

Por otra parte es absurdo pensar que Rabbani, con su turbante, vestimenta y barba fuera a preguntar, él mismo, por el vehículo para el coche-bomba, siendo que hacía poco más de 2 años que se había perpetrado el ataque a la Embajada y también ahí el gobierno de Israel los había acusado a ellos.

Es coherente para esta «coincidencia» entre la averiguación de Rabbani y el vehículo «elegido» por los «terroristas» para «coche-bomba»(¿o para pista falsa de coche-bomba?), la teoría que sostiene el periodista Lanata en su libro de investigación publicado a fines del ’94: «Cortinas de humo” en pags. 153 y 214: «…¿podría imaginarse que el dato de la Trafic fuera anterior a la Trafic misma? ¿Podría pensarse que, por motivos que se desconocen, la información del agregado cultural iraní buscando Trafics, dio origen a la Trafic de Telleldin?…». ¡Muy razonable!. Si hubiera preguntado por un Peugeot 504, sin dudas que los restos habrían sido de ese automóvil.

El nivel y calidad de la investigación judicial alcanza niveles paupérrimos y pueriles cuando se confiesa impotente para probar con exactitud y documentación las fechas del presunto viaje de Rabbani a Teherán durante el año 1993, careciendo de precisiones sobre el particular.

Igualmente lamentable es la invocación a giros monetarios procedentes del exterior, los que por sí no representan nada más que el sostenimiento de las actividades religiosas de Rabbani ya que desde la nada logró afianzar dos comunidades musulmanas hoy ejemplares, tanto en Buenos Aires, como en Cañuelas.

No quiero perder la oportunidad para destilar mi capacidad de asombro con los motivos con que adereza Nisman su adefesio pseudojurídico. Recurriendo a la historia más reciente no puede ubicar una sola razón que justifique que Irán realizara tamañas agresiones contra un país amigo con el que tuvo desde siempre las mejores relaciones. Por ejemplo: durante la guerra que les fue impuesta por los norteamericanos utilizando a su marioneta, Saddan Hussein, que se extendió desde 1980 a 1988, uno de los principales proveedores de armas fue el gobierno de Alfonsín, que tuvo en el de Irán el principal destino de estas (sobre 8 embarques, 6 fueron a Irán). Mientras que Brasil había sido proveedor de sus enemigos irakíes.

Aún después del atentado a la Embajada (y este es un dato clave), las ventas de armas y de todo tipo de mercaderías argentinas se incrementaron más todavía, e «hizo falta» el atentado a la AMIA para que esa situación de excelentes relaciones recién se resintiera.

No es disparatado pensar que uno de los motivos de la «pista israelí» bien puede haber sido «romper» esas buenas relaciones de siempre entre su enemigo Irán y la Argentina. Lo cual fue logrado, aunque no totalmente todavía. Tan buenas han sido las relaciones de Irán y Argentina, especialmente vistas desde Irán, que la principal avenida de Teherán y una de sus principales plazas se llaman justamente: República Argentina -esto lo ví y no me lo contó nadie-, como testimonio de esas excelentes relaciones y de la importancia que ha tenido y tiene la Argentina para ellos.

Es claro que si Irán hubiera planeado un atentado terrorista indiscriminado en otro país, el último país del mundo que hubiera elegido como blanco hubiera sido la Argentina. Pero Nisman pretende que haya sido el único y 2 veces.

Yendo al “motivo» intentado por Nisman, me resulta sumamente risible, y a todas luces nesciente, que lo coloque en la suspensión de un contrato de provisión de un pequeño reactor experimental en diciembre de 1991, que había sido negociado por Alfonsín. Tal hipótesis ofende el sentido común y la inteligencia del más desprevenido y distraído analista. Es que el presunto malestar que le podría haber causado a los iraníes no guarda relación con la respuesta: 2 terribles atentados, inéditos a esa fecha, algo que jamás había ocurrido antes, ni ocurrió después (ya han pasado 13 años). En el mundo los iraníes jamás fueron acusados de cosa parecida.

Nisman debería saber -o al menos le deberían haber avisado- que cuando se realizó el atentado a la AMIA, todavía se estaba en tratativas por esa suspensión de contrato y un poco después de éste el gobierno argentino los indemnizó con 5.000.000 de dólares. Los iraníes reclamaban 18, sin embargo se llegó a un consensuado acuerdo que tiene de particular que fue Argentina el único país que afrontó el costo de su incumplimiento.

¿Y la embajada? ¿Por qué diantres la volaron entonces?. Irán estuvo 8 años en guerra con Irak, que era apoyado por «occidente» (menos por la Argentina, que justamente, los apoyaba a ellos), los irakíes usaron armas químicas provistas por norteamericanos y europeos. ¿Averiguó Nisman, qué atentado terrorista realizaron los iraníes, ya sea contra los irakíes, o contra los europeos, o contra Brasil, que había sido un gran proveedor de armas de su enemigo Irak? Pero no, justamente, los iraníes fueron a atentar contra sus mejores amigos, ¡¡¡los argentinos!!!

Por último, no dejo de advertir que el rumbo que ha tomado la investigación la conduce inexorablemente a VIA MUERTA.

En efecto, habiendo sido descartado por insostenible el pedido de captura cursado a Interpol referido al ex presidente y ministros de Irán, sólo cabe esperar el resultado que al resto de las peticiones le asigne la Asamblea anual del organismo.

Los posibles cursos de acción dependerán del resultado de la votación, pero ambos conducirán a un mismo resultado: la paralizacion total y definitiva de la causa.

En efecto, si las órdenes se libran, los imputados permanecerán en Irán por largo tiempo, no restando medidas que practicar y paralizándose la causa por contumacia de los requeridos.

Por otro lado si los pedidos son rechazados, el fiscal se quedará con las manos vacías (o con la renuncia en la mano). Pero la causa se paralizará por falta de hipótesis investigativas.

Es decir que la conformidad que demuestran las pobres víctimas del atentado con la presunta “actividad investigativa” que ha tomado a la causa, no es otra cosa que una Pírrica victoria que -a no dudarlo- conducirá a una nueva parálisis, ahora definitiva, que permitirá por segunda vez el encubrimiento orquestado de la verdad.

b) La pista de la “Derecha Israelí” como hipótesis investigativa en ambos atentados:

Públicamente expresé que se nos quiere imponer con categoría de «cosa juzgada» la acusación infundada a Irán. Es más, el propio Canicoba Corral admitió a la BBC que aunque él, como juez, no recibió ninguna presión para imputarle el ataque a Irán, en su condición de ciudadano común no tiene ninguna duda que ha existido presión sobre las autoridades argentinas para unirse a los intentos internacionales de aislar al régimen de Teherán (Conforme artículo cuyo autor es el Sr. Nick Caistor, corresponsal de la BBC News en Buenos Aires).

Ahora bien, fue de público y notorio conocimiento el Juicio Político al que fue sometida la Corte Suprema de Justicia de la Nación debido, entre otras cosas, a la avocación en la investigación del atentado a la Embajada de Israel. En aquel proceso declaró, el 5 de marzo de 2002, el Dr. Alfredo Horacio Bisordi y sus apreciaciones sobre el particular providencialmente cayeron en mis manos.

Luego de leer dicho material no llego a comprender por qué debo ser yo -y no el Sr. Fiscal- quien emprenda la labor que vengo a exigir. Es que Bisordi, como Secretario Letrado de la Corte fue quien liminarmente estuvo a cargo de la investigación y diligencias practicadas para esclarecer aquel ataque.

En la copia que tengo en mi poder el Dr. Bisordi, menciona entre otras irregularidades la aparición de testigos falsos; la irrupción de un funcionario israelí que pretende orientar las pesquisas; el misterioso e ilegal hallazgo del motor del supuesto coche bomba; los aprietes padecidos por personal del Mossad y de la CIA; la absoluta falta de colaboración de las autoridades del Estado de Israel; la manipulación de los peritajes; la absoluta ausencia de testigos que hubieran visto el pretendido coche bomba, etc.

Curiosamente se repite el mismo modus operandi en la causa AMIA, como si se tratara de una calcada operación de encubrimiento.

El planteo de la hipótesis investigativa israelí encuentra como primer obstáculo una barrera de tipo intelectual, que consiste en sortear la fácil acusación de intolerancia religiosa, racial o simplemente antisemitismo.

Se caería en el facilismo de desacreditar la idea, pretendiendo desacreditar toda investigación que tenga por objeto a las propias víctimas.

Sin embargo corresponde aquí diferenciar a las víctimas de los victimarios. Las víctimas han sido sin lugar a dudas todos los argentinos muertos o mutilados en el atentado sin distinción de credo, lugar de nacimiento u origen étnico. También han sido víctimas institucionales la AMIA y la DAIA y nada han tenido que ver con la consecución del atentado. Por eso no hablo de “autoatentado”, sino de un atentado perpetrado por deleznables enemigos de la pacífica comunidad judía argentina.

Durante muchos años ha existido la creencia dogmática de que no sería posible un atentado de judíos contra judíos. Sin embargo, con el magnicidio perpetrado contra la figura del premier israelí, Rabín, ha surgido a la luz pública la profunda división que existe en el seno mismo del Estado Israelí.

El gobierno de Rabín abarcó el período comprendido entre 1992 y 1995 coincidiendo justamente con los momentos en los que se producen en la Argentina los atentados contra objetivos judíos.

No escapará al conocimiento del menos avispado de mis interlocutores que la gestión desplegada por Rabín constituyó el mayor avance en torno a conseguir la paz definitiva en Medio Oriente, desde la constitución misma del Estado de Israel.

Tampoco podrá soslayarse que los planes de paz iniciados recibieron una fuerte oposición por parte de los sectores más radicalizados de la derecha israelí, la que se negaba sistemáticamente a la resignación de territorios ocupados para cumplir el objetivo pacifista.

En el marco de las negociaciones de paz, la perpetración de los atentados cometidos en Buenos Aires sustentan la hipótesis investigativa, en atención a los siguientes hechos:

El 17 de marzo de 1992, por la mañana, se celebró un encuentro en la Embajada de Israel en Buenos Aires, encaminado a analizar si las comunidades israelitas del Cono Sur iban a apoyar, o no, el proceso de paz instado por los Estados Unidos.(conf. Exposición testimonial del Secretario de actuación de la causa “Embajada” ante la Comisión de Juicio Político de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación del 5 de marzo de 2002)

Luego de que se retiraron los más de ciento cincuenta asistentes, se produce la explosión.

Es lógico entonces suponer que quien cometió el atentado tuvo en miras evitar la masacre de 150 personas sin dejar de formular un claro mensaje que sus destinatarios debieron comprender: La prosecución de las negociaciones de paz supondrían una oposición violenta dentro de la propia esfera israelí.

Si por el contrario se hubiera pretendido el máximo daño posible, entonces el atentado -planeado con fina meticulosidad- hubiera acaecido un par de horas antes.

Con respecto a la AMIA, debemos señalar que la orientación de la Comunidad Judía Argentina así como la de las prestigiosas organizaciones que la representan siempre se encaminó hacia la consecución de objetivos de paz, resultando por lo tanto contrarios a los intereses de los activistas más radicalizados.

En los meses previos, se habían producido importantes avances en los procesos de paz, con la culminación, el 1º de julio de 1994 del regreso de Yasir Arafat a Palestina tras 27 años de exilio (amén del acuerdo de paz entre Jordania e Israel en mayo de 1994 y los acuerdos de El Cairo entre febrero y mayo del mismo año).

También se había producido un hecho atípico que no puede ser minimizado. El 25 de febrero se produce la masacre de 40 palestinos en una mezquita en Hebrón, lo que manifiesta la virulencia de la oposición israelí.

Comprendo la incredulidad y espanto que provoca la idea de un atentado por parte de israelitas a las comunidades argentinas, pero esa incredulidad no debe cegar el entendimiento de los hombres de buena fe que -no dudo- integran la dirigencia de la Comunidad Judía Argentina.

La hipótesis expuesta encuentra fundamento en la opinión de un ex integrante del staff del propio Rabin.

En efecto, el señor Gad Ben Ari, quien se desempeñó como vocero y asesor del malogrado primer ministro entre los años 1992 y 1995 ha formulado en una entrevista periodística y en alusión al autor material del magnicidio:

“Él fue instrumento de un fenómeno marginal de la sociedad israelí, muy a mi pesar, de un fenómeno que todavía existe, aunque no esté tan a la vista. Existe en grupos extremistas, que no son pocos en Israel. Se trata de un fenómeno cuya expresión es que cuando los valores democráticos contradicen o entran en conflicto con los valores judíos como ellos los interpretan -obviamente una interpretación retorcida y enfermiza- entonces sus valores son más importantes que los de la democracia. Y si para eso hay que matar a un primer ministro, se lo mata. Por lo tanto, a mi entender ese hombre es tan sólo un instrumento carente de importancia.

Lo que a mí me preocupa son las corrientes con ese tipo de ideas, que todavía hoy en día existen en no pocos sectores de la sociedad israelí.” (Entrevista celebrada con la periodista Roxana Levinson, publicada bajo el título “Igal Amir fue un instrumento. Ese hombre no vale ni siquiera una palabra” para Revista Horizonte que puede consultarse en: “http://www.revistahorizonte.org/articulos/view.asp?id=2174”).

Entiendo, y soporto estoicamente, los embates contra mí persona por “atreverme” a plantear lo que a la luz de la razón resulta ineludible de investigar para llegar a la verdad.

Ahora bien, cuando Galeano emitió su dictamen que daba por “probado” que el atentado a la AMIA había sido realizado mediante la utilización de un coche-bomba, jamás se supieron cuáles habían sido las pruebas de su contundente afirmación.

Para ese entonces, la hipótesis del coche bomba había sido totalmente descartada por la generalidad de los expertos convocados, menos por uno, que curiosamente varió su opinión al ser contratado como perito de parte por una de las querellas. Me refiero al Sr. Osvaldo Laborda, que supo ser perito de la causa de la Embajada, quien, antes de erigirse en experto de parte, sostuvo en un reportaje que le hiciera la agencia de noticias Interdiarios que la hipótesis de un coche-bomba en el atentado de la AMIA debía ser descartada de plano. Este idóneo sostuvo después de ser contratado para apoyar el interés de una parte, que el coche-bomba debió transportar un contenedor cúbico concinco lados bloqueados y uno, dirigido hacia la AMIA, libre.

Si el experto hubiera exhibido un adarme de conocimientos físicos elementales, necesariamente habría advertido que por el efecto del llamado principio de “acción-reacción”, la camioneta hubiera terminado incrustada en el edificio de enfrente. Pero claro, esta hipótesis se tornó irrebatible a partir de la opinión de supuestos expertos israelíes.

La impronta no fue para nada novedosa, ya que la misma imposición había sido incluida en la investigación del atentado a la Embajada de Israel. Esta circunstancia está muy bien relatada en el testimonio del Dr. Alfredo Bisordi, en oportunidad de declarar ante la Comisión de Juicio Político, el día 5 de marzo de 2002: “…cerca de las 9 o 9 y media de la noche se hizo presente en la seccional una persona que se identificó como el jefe de seguridad de la embajada, un señor que dijo ser y llamarse Roni Gornie. Esta persona, que demostraba tener un muy fluido contacto con las autoridades de la seccional N° 15, trajo la teoría de que el episodio no podía ser investigado del lado del ingreso de los materiales sino por la hipótesis de la existencia de un coche bomba, de acuerdo con experiencia en otros hechos de esa naturaleza”(pág. 9).

Tampoco resulta novedosa la intromisión de falsos testimonios, ya en los albores del atentado a la Embajada -cuenta el Dr. Bisordi – que espontáneamente se había presentado un personaje llamado Israel Man. Fue tan burda la aparición que resulta interesante transcribir los pormenores del interrogatorio al que fue sometido por Bisordi: “…Le pegunto “¿Còmo se llama usted?, “Me llamo Israel Man”, le digo “No me joda”, “¿Por què, doctor?, “Así que usted se llama El Hombre de Israel y es taxista”. Le pregunto: “¿Vos en qué guerra participaste?”, se puso muy nervioso y me dijo: “En realidad yo fui coronel en la Guerra de los Seis Días”. Entonces digo “Mire comisario yo esta clase de porquerías no quiero” (versión taquigráfica de la declaración del 5 de marzo de 2002, brindada en la Comisión de Juicio Político).

Luego Bisordi fue apartado de la causa y pese a los titánicos esfuerzos invertidos en evitar la contaminación de la investigación, es ya evidente que la proliferación de “porquerías” fue lo que impidió esclarecer el primer atentado, garantizando impunidad, y posibilitando la concreción de la segunda salvaje agresión. Recuerde Sr. Fiscal que la impunidad es la condición de la reincidencia.

Es del caso destacar que, en ninguno de los dos atentados, alguno de los testigos declaró haber visto la presencia del tan mentado coche bomba. Sin embargo, forzoso es reconocerlo, se encontraron entre los escombros restos de sendos utilitarios.

De otro lado, existe un dato por demás curioso: en la foja 114 del expediente principal de la investigación del atentado a la AMIA luce una orden datada el 20 de julio de 1994, para intervenir varios teléfonos -entre ellos el de Carlos Telleldín, su hermano y Alejandro Monjo-, pero el motor del supuesto coche-bomba aparece recién el 25 de julio a la noche.

Con respecto a esto último, el diario “La Prensa” del 26 de julio de 1994 da cuenta que: “…Después del mediodía, hubo otro hallazgo que los movilizó. Mientras el grupo de rescate (Unidad de Rescate Israelí) juntaba sus materiales y guardaba cuidadosamente los equipos especiales, el General Zeev Livne atravesó el vallado y anunció: Hemos encontrado partes de un auto con un cadáver adentro. Posiblemente sea el suicida que conducía el coche bomba, pero no se puede identificar a la víctima porque está completamente destrozada…”.

Como se ve, todo indica que la hipótesis del “coche-bomba” surge antes que las pruebas de su existencia y coincide -vaya casualidad- con la investigación preliminar realizada por el organismo de “inteligencia” del estado sobre la persona del señor Rabbani, sobre la que me explayara más arriba.

Sustenta el dictamen, como un dogma de fe, la existencia de la Traffic como coche bomba. Para ello adhiere a las conclusiones a las que arribó el TOF 3.

Sin embargo, de la lectura de la sentencia, se puede razonar que el Tribunal acoge la teoría del “coche-bomba” porque nadie -hasta ahora- introdujo la posibilidad de que los restos de la Traffic hayan sido PLANTADOS por parte de los equipos de “rescate” extranjeros que intervinieron en la escena de desastre durante los días posteriores a la explosión, o bien que esos restos ya estuvieran estivados dentro de la sede de la AMIA, y entreverados con los escombros que debían depositarse en el volquete.

Insisto en que esto sería conteste con los dichos de los testigos, ya que ninguno observó la presencia de la Traffic en el lugar, a excepción del cuestionable testimonio de la Sra. Romero, el que fuera desacreditado inmediatamente por su hermana, que estaba junto a ella el día de los hechos- y con el informe de los expertos que indica que el epicentro de la explosión se situaría un metro dentro de la línea de edificación.

Asimismo coincidiría con todas las imágenes fotográficas extraídas inmediatamente después del atentado, que dan cuenta de la “expulsión” de elementos -papeles, mercaderías de los negocios vecinos y restos de mampostería no desprendidos del todo- de “adentro hacia afuera”.

También explicaría por qué el edificio se desplomó limpiamente sobre sí mismo (sin afectar significativamente a los linderos), como si se tratara de una demolición controlada.

El pandemonium que siguió a la explosión, y la confusión y superposición de equipos de trabajo, nacionales y extranjeros, constituyó el escenario propicio para la “desaparición” y “aparición” de elementos de prueba.

Entre las “desapariciones” notables, sería bueno conocer el destino de las pesadas puertas de bronce del edificio, que no pudieron bajo ningún aspecto “desmaterializarse” en el éter y cuya peritación permitiría extraer conclusiones respecto a la mecánica de la explosión.

Por otro lado, entre las “apariciones”, los restos correspondientes a la “Traffic” pudieron haber sido introducidos adrede con el fin de implantar desde el vamos la teoría que concluyó con la vergonzosa elevación a juicio y posterior debate.

Todas las consideraciones sobre el “descontrol” de la zona del siniestro son asimismo aplicables al caso del atentado de la Embajada, resultando por lo menos sospechoso que, luego de las críticas que recibieran las fuerzas de seguridad sobre la caótica preservación de la zona de desastre, vuelva a repetirse -en este caso magnificada- la desidia en ese aspecto.

A expensas del gobierno del Dr. Kirchner se ha aceptado ante organismos internacionales: que entre 1992 y 1999 el estado argentino encubrió en lugar de investigar los atentados.

Es más que obvio que el Estado de Israel fue co-partícipe en ese encubrimiento, que se extendió por lo menos desde 1992 hasta el 2003 (11 años) en que se hizo cargo este gobierno, y esto los hace sospechosos.

En la causa de la Embajada surge más clara la intencionalidad de desviar la investigación, no porque en la AMIA no lo hayan hecho también, sino que en la primera tenían menos experiencia.

Especialmente destacable es la labor que les cupo -en el caso Embajada- a los expertos en ingeniería y explosivos de Gendarmería y Bomberos, cuyas conclusiones fueron rebatidas “in totum” por los peritos de la Academia Nacional de Ingeniería quienes sostuvieron con fundamento, y con el auxilio de modelos matemáticos y computacionales, que la voladura del edificio se originó puertas adentro.

Lo mismo ocurrió en el caso AMIA, situándose el epicentro de la explosión dentro del edificio, conforme pericia oficial.

En ambos casos, los objetivos se encontraban en refacción, brindando la posibilidad, para el accionar de los criminales, de introducir explosivos en calidad de simulados materiales de construcción.

Las bolsas que se encontraban en el hall de entrada del edificio de la AMIA minutos antes de la explosión, y cuya existencia fue constatada por testigos, tienen mucha mayor entidad como posible explosivo -dada su ubicación coincidente con el foco de la deflagración- que la hipótesis del coche-bomba que nadie vio.

Así como se han practicado experticias de oficio, también han aportado conclusiones y estudios diversos profesionales de la construcción, como el arquitecto López León y el ingeniero Pedro de Aguirre, quienes mediante sesudos estudios, y por separado, han arribado coincidentemente a la teoría de la explosión puertas adentro.

Tampoco se investigó la versión que indica que la empresa de limpieza que prestaba servicios en la Embajada y en la AMIA al momento de los atentados sería la misma: “Linser”, cuyos dependientes ingresarían productos de limpieza y materiales sin el debido control del personal de seguridad. La empresa que limpiaba la AMIA se llamaba La Royal, nombre de fantasía (otro era La Española) dependiente de Orgamer, una empresa del Grupo Yabrán teóricamente destinada a limpiar aviones que encubría dispositivo ofensivo de su pequeño ejército secreto.

Por último la hipótesis de la explosión interior ha sido expuesta por diversos periodistas que han investigado los hechos con mayor rigor científico -sin lugar a dudas- que la justicia y las fuerzas de seguridad, las que por inoperancia o intereses reñidos con la búsqueda de la verdad se empecinan en tergiversar hechos y encubrir acciones.

Tal ha sido la relevancia de estos estudios que el TOF 3 ha escuchado a sus autores en calidad de testigos, pudiendo mencionar al señor Jorge Lanata y al señor Gabriel Levinas, quienes expusieron sus conclusiones en los libros “Cortinas de humo” y “La ley bajo los escombros” respectivamente, cuya lectura recomiendo al señor fiscal ya que podría así expandir su escueto horizonte de pensamiento.

Si bien ambos autores sostienen la teoría de la explosión interior, no se atreven -por la barrera intelectual que veda cualquier señalamiento de una autoría de origen extremista israelí- a avanzar en la premisa lógica que de la explosión interna se desprende: quienes perpetraron el atentado tenían libre acceso a los objetivos. Esto es una enormidad.

Como conclusión y fundamento a la hipótesis investigativa, creo conveniente destacar las siguientes coincidencias fácticas que, sin hesitación, imponen la prosecución de la pesquisa:

– 1) Tanto la Embajada como la sede de la AMIA se encontraban en curso de refacción, con ingreso de materiales y personas. Las medidas de seguridad estaban relajadísimas… en el caso de la embajada no se sabe con exactitud cuantas personas había adentro del edificio, ni siquiera cuantos muertos hubo.

– 2) En ambos casos, los personajes a cargo de la seguridad de los edificios siniestrados introdujeron desde el vamos la teoría del “coche bomba”, en una actitud más cercana a evitar la responsabilidad por el deficiente control de los objetivos a su cargo, que a las constancias de la realidad. En verdad, en el caso de la AMIA fue el general Zeev Linev. Y en la embajada, fue, a instancias del Shin Beth, el propio embajador Shefi.

– 3) En los dos escenarios, los testigos niegan la existencia de sendos “coche bomba”.

– 4) También en las dos ocasiones los blocks de motor de los “coches bomba”-con la numeración legible-, son hallados mediante procedimientos ilegales e inmediatamente después de que agentes extranjeros participantes en las tareas de rescate adelantaran su aparición.

– 5) También en los dos casos, se produce una fuerte controversia pericial en torno a la mecánica de la explosión, concluyéndose que el epicentro de las detonaciones ocurrió “puertas adentro”.

– 6) En el período inmediato posterior a las explosiones, se produce un descontrol manifiesto en las áreas que debían preservarse para la investigación, favoreciéndose la manipulación de la prueba.

Si a todo esto sumamos la presión ejercida sobre los funcionarios que intervinieron a nivel gubernamental y judicial en ambos atentados por parte del FBI, CIA, Mossad y otros grupos de presión, todos orientados a dirigir las acusaciones contra Irán, entonces podremos comprender mejor la magnitud del encubrimiento.

COLOFÓN

Stuart Mill alguna vez dijo que “Silenciar una opinión es robar a la humanidad porque, si esa opinión es verdadera, se le roba a la humanidad la verdad, y si no lo es, se roba a la verdad la mayor fuerza que hubiese obtenido gracias al choque o la colisión con el error”.

Tengo la luctuosa sensación que al convocarme a prestar declaración testimonial se pretendió presionarme para que volviera sobre mis pasos. No digo que ello sea así, pero que quede muy claro que no cederé un ápice en la empresa de lograr que se investigue y devele la verdad para así castigar a los culpables.

PROPOSICIÓN PRUEBAS

– a) Testimoniales: partiendo de la hipótesis que exijo se investigue, creo sumamente importante citar a prestar declaración testimonial a la siguientes personas:
– 1) Ronie GORNIE, Jefe de Seguridad de la Embajada en los tiempos del atentado. Ignoro su domicilio actual pero descarto que el Sr. Fiscal sabrá cómo ubicarlo. Según lo indicara supra el susodicho era jefe de seguridad de la Embajada de Israel y podrá aportar datos respecto a
– 2) Nick CAISTOR, periodista y corresponsal de la BBC News en Buenos Aires.
– 3) Gad BEN-ARI, con domicilio en la calle Jabotinsky N° 3a, piso 26, Ramat Gan 52.520, Estado de Israel. El nombrado era asesor y colaborador del Premier Rabin. Podrá sin dudas colaborar con el Sr. Fiscal respecto de las particulares e intrincadas internas de la política israelí y explicar los mecanismos que llegan a utilizar las facciones disidentes para lograr sus objetivos.
– 4) Oscar ABUDARA BINI, con domicilio en la calle Agüero 1330, 4° piso departamento J, ciudad de Buenos Aires. Si bien ya ha prestado declaración y colaboración en el expediente, bueno será que el Sr. Fiscal repase las declaraciones brindadas y lo cite a que amplíe sus dichos y aporte su vasto cartabón de elementos probatorios.
– 5) Pedro A. de AGUIRRE, ingeniero, autor de una serie de investigaciones recogidas en el opúsculo intitulado “Verdad y Libertad”. Desconozco el domicilio del nombrado pero descarto que lo ubicará el Sr. Fiscal.
– 6) Alfredo H. BISORDI, Presidente de la Cámara de Casación Penal, con domicilio en la calle Condarco 4863, Capital Federal. Resulta ser un testigo fundamental para entender el modus operandi de ambos atentados. Previo a su declaración bueno sería que el Sr. Fiscal procurara conseguir la pieza instrumental que se nomina en el N° 1 del punto d), de este capítulo dedicado a la prueba.
– 7) Alejandro OLMOS GAONA, autor de “Reflexiones sobre la causa Amia”. No conozco el domicilio del nombrado pero seguramente aportará una visión conteste con la que vengo a esbozar en el presente.

– b) Se libre exhorto a la Cancillería del Estado de Israel para que, por medio de quien corresponda, se remita copia certificada y debidamente traducida de los antecedentes del proceso seguido contra el señor Igal Amir, homicida del premier Rabin.
– c) Instrumental: recomiendo al Sr. Fiscal la incorporación y lectura del libro “Cortinas de Humo”, de Jorge Lanata y Joe Goldman; “La Ley Bajo los Escombros” de Gabriel Levinas.

La bibliografía indicada exhibe un rigor investigativo y una solvencia intelectual de los que adolece absolutamente toda la pesquisa jurisdiccional.
– d) Informativa: 1) se libre oficio al Congreso de la Nación a fin de que se remita copia certificada de la versión taquigráfica brindada por el Dr. Alfredo H. Bisordi, el día 5 de marzo de 2002, por ante la Comisión de Juicio Político de la Honorable Cámara de Diputados de ese cuerpo colegiado.

– 2) Se libre exhorto a Interpol a fin de que informe la situación de los Sres. Hadi ROSHAN RABANI, Seyed Mohammad SEIEDALMOHADESIN y Hamidreza ES HAGHI, cuya copia de órdenes de arresto internacional acompaño en fotocopia.

Es por todo lo expuesto que elevo el siguiente petitorio

– 1) Tenga por presentado el escrito que me trae.

– 2) Exijo se investigue la hipótesis que -aunque para nada novedosa- no ha sido investigada.

– 3) Oportunamente se devele la verdad de este monumental encubrimiento.

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