Informe especial: el terrorismo del acuífero o la amenaza fantasma de la Triple Frontera

La zona de la Triple Frontera recorre los límites comunes entre Paraguay, Brasil y Argentina. Ciudad del Este, es la ciudad paraguaya que concentra la actividad comercial de la zona y es el centro de una importante comunidad sirio-libanesa. En medio de una fabulosa vegetación, se encuentran las famosas cataratas del Iguazú y poco más al norte, yace Itaipú, una de las mayores represas hidroeléctricas del mundo. Pero eso no es todo, a una profundidad variable bajo tierra, se halla el acuífero guaraní, una de las mayores reservas de agua potable del planeta. Foco de una llamativa atención por parte de Estados Unidos luego del 11-9, la Triple Frontera tiene alrededor de 500 mil habitantes, de ellos, el 5 por ciento incluye a una importante comunidad árabe de unas 25 mil personas, tanto de confesión musulmana como cristiana, establecidas desde hace más de cuatro décadas. Causa Popular recorrió esta próspera zona y a partir del testimonio de sus residentes traza un panorama certero y veraz desde una zona bajo sospecha que corre el riesgo de ser militarizada, mientras Washington multiplica sus amenazas y acusaciones.

Los musulmanes se agrupan en torno a tres mezquitas, una en Foz do Iguazú (Brasil) y dos en Ciudad del Este (Paraguay) y dos jeques, uno del lado brasileño y otro del lado paraguayo.

Pero la zona también alberga a inmigrantes de China, Taiwán, Corea del Sur e India, además de los países del Cono Sur americano. Esta zona fronteriza, considerada una de las más «abiertas» del mundo, vive principalmente del turismo y de un intenso comercio. Por seguridad, la mayoría de los comerciantes de Ciudad del Este (en mayor proporción árabe y china) están arraigados en Foz de Iguazú, desde donde se trasladan diariamente juntos con sus trabajadores al lado paraguayo. La población «flotante» asciende a las 50.000 personas.

Un antes y un después del 11 de septiembre

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, congresistas, fuentes militares y de inteligencia de ese país volvieron a colocar a la Triple Frontera en la mira. Desde comienzos de los años ’90, esporádicamente denunciaban que habría allí células y campos de entrenamiento de Hizbolá y Hamas. Hasta se especuló con la supuesta presencia de la fantasmal Al-Qaeda y del propio Osama Bin Laden en el lugar. Un alto funcionario sugirió al Pentágono que ejecutara en Ciudad del Este un ataque sorpresa, a fin de sorprender con las manos en la masa a los presuntos fedayines supuestamente entrenados en un campamento.

Ante estas versiones expandidas con el beneplácito del Pentágono, el Departamento de Estado debió aclarar una y otra vez que no se han detectado actividades terroristas en la Triple Frontera.

Sin embargo, Washington sostiene su “preocupación” por el hecho de que la región podría ser una fuente de financiamiento para grupos extremistas en el Medio Oriente. La realidad, como había dicho claramente la ministra de Defensa argentina, Nilda Garré, es que los sirios y libaneses remiten a sus familias dinero de la misma manera y en parecida proporción de lo suelen hacer los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos.

Los habitantes árabes de la Triple Frontera niegan todas estas acusaciones, aclaran que no hay un solo terrorista en la zona y denuncian que Washington los ha colocado bajo sospecha como pretexto para conseguir la militarización de la zona. Aseguran que codicia las riquezas y la importancia estratégica de la región y que ambiciona controlar el ingente comercio y, sobre todo, el Acuífero Guaraní.

La región ha sido vinculada con los atentados contra la embajada de Israel (1992) y la mutual judía AMIA (1994) en Buenos Aires, pero jamás hubo la menor prueba concluyente de ello, a pesar de lo cual un fresco juez argentino (Rodolfo Canicota Corral) pidió la captura internacional de un ex presidente de Irán y otros importantes ex funcionarios de ese país sin echarle más que una ojeada al paquidérmico expediente judicial con el que se procura esconder algunas verdades irrefutables entre toneladas de hojarasca.

El cónsul de Siria en Ciudad del Este, califica a continuación a toda esa endeble -y en ocasiones abiertamente mendaz -acusación de «una pura historia fantasiosa». Destaca que la región es de las más controladas de Suramérica; que en 2002 se creó el grupo «3+1» entre Argentina, Brasil, Paraguay y Estados Unidos (el «1», claro) para reforzar la seguridad en la región. Y que desde 1996 funciona en Foz do Iguazú el llamado «Comando Tripartito de la Triple Frontera «, que coordina las tareas de control de los tres países sudamericanos.

Mezclando portuñol con árabe, el comerciante, libanés Imad El Haj, habla desde un banquito minúsculo, en uno de sus locales comerciales de la Galería Zuni. Al fondo, en un noticiero internacional de TV, Hasán Nasralá habla, en árabe, claro. «Ese es el líder de hizbolá», dice El Haj apuntado con el dedo la pantalla plana del receptor.

«Provenimos de una cultura árabe, y entre los árabes hay varias religiones. Los que están asentados en esta región en su mayoría son musulmanes, pero tenemos entre nosotros a cristianos – católicos, musulmanes shiitas y sunitas -. Sin embargo, todos al final somos de cultura árabe. Hay árabes libaneses, sirios, egipcios y de varios países más. Hablamos el idioma árabe. Salimos de nuestro países en busca de trabajo nada más, no hay nada de política ni religión detrás».

Imad El Haj, ¿Hace cuánto tiempo que está en la región?
– Hace 16 años que estoy acá. Vine, me instalé y nunca más fui al Líbano. Tengo familia paraguaya, mi señora y mis hijos son paraguayos. Vivo tranquilamente, sin ningún problema, trabajo como muchos en el comercio; en la venta de juguetes, de electrodomésticos. En un principio tenía un negocio de electrodomésticos en Asunción, pero cuando las ventas decayeron me vine a Ciudad del Este… y así ando, trabajando de aquí para allá.

¿En qué medida afectó el último conflicto Líbano – Israelí a la comunidad libanesa?
– A todos quienes vivimos en Paraguay afectó esa guerra. Casi siempre se tiene algún familiar allá, por más que no tenga familiar directo siempre existe algún pariente o amigo en el Líbano. A todo el mundo molestó esta guerra absurda, no solo materialmente, sino en lo moral. Ver a tu gente aniquilada, afecta mucho. En ese aspecto, la guerra conmovió a todo el mundo. Perjudicó a la mayoría en lo material, porque muchos tienen casa en el Líbano, muchas familias quedaron en la ruina. En mi caso no tuve familiar cercano que haya sido víctima, pero afectó a familiares lejanos quienes vieron sus casas destruidas por los misiles israelíes.

Aquellas acciones emprendidas por el ejército israelita antes que debilitar a Hizbolá le garantizó el apoyo popular. ¿Es así?
– La gente apoyó masivamente a Hizbolá porque siente un orgullo por esa organización de resistencia. Los de la cultura árabe mantienen su autoestima. Por ejemplo, si alguien los desafía en igualdad de condiciones, pocas veces agachan la cabeza; no quieren pedir disculpas… somos así. Te hablo de una cultura de miles de años atrás que se mantiene hasta ahora, la búsqueda de venganzas. Como aquella frase: ojo por ojo, diente por diente. El apoyo recibido por Hizbolá fue de la gente común, del pueblo. La población vio la lucha de Hizbolá y la tomó como su causa; influyó un espíritu de triunfo, por eso tuvo el apoyo popular. La guerra afectó mucho al país, mucha gente quedó mal por culpa de la guerra.

¿Qué opina acerca de la información que desde la triple frontera se financia a la guerrilla de Hizbolá?
– Vine con toda mi familia de El Líbano hace 16 años, no tenemos nada allá; por lo tanto, no enviamos dinero. De otra gente, no sabría decir, pero enviar dinero a un familiar es algo normal. Ahora, si los Estados Unidos dicen que esos son envíos para financiar a Hizbolá, cada uno tendrá su opinión. Sé de gente que envía dinero a sus familiares, pero hasta ahí tengo información. Además en este momento y desde hace 5 a 6 años atrás, acá ha empeorado la situación económica. No creo que alguien envíe plata a sus familiares en este momento. Conozco “paisanos” a quienes sus familiares directos les piden plata para comer allá, porque la vida en El Líbano es muy cara. Y aquí, la gente tiene muchos gastos también… pagar alquiler, los empleados y todos los servicios.

¿Cómo es la participación en las actividades religiosas?
– Cada uno tiene su religión y la practica. No hace falta ir a la mezquita a rezar, uno puede hacer en su casa o en cualquier parte, lo importante es practicar. La fe religiosa no tiene nada que ver con la política. Actualmente se evidencia claramente la politización de la religión. Ahora, si el Papa habla algo sobre el Islam, la gente reacciona mal, desacreditando sus comentarios y así sucesivamente. Todo el mundo está politizando la religión, para practicar la religión se puede tranquilamente hacer en la casa o en cualquier parte. Dios escucha en cualquier lugar.

¿Le consta que aquí operan los servicios secretos de los Estados Unidos y de otras naciones?
-Si hay servicio secreto, no tengo ningún comentario. Si los hay, seguro que están haciendo su trabajo. Es fácil detectar el envío de dinero, porque todo el movimiento se realiza por giro; y a través de bancos y financieras. No se puede negar la existencia de falsificaciones, como en todos lados, por ejemplo de cigarrillos, encendedores y algunas marcas famosas. Eso no se da acá solamente, también en el Brasil hay lugares donde se falsifican CDs, y en Argentina lo mismo. Eso también es una mafia.

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(*) Juan Salinas colaboró con este reportaje desde Buenos Aires

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