“Ilustro para no olvidar”: un proyecto que honra lo que intenta ser borrado

Conversamos con Natalia Kerbabian, arquitecta, artista y creadora de un proyecto donde ilustra casas y edificios significativos dentro de la Ciudad de Buenos Aires.

Por Luz Agustoni

Su creadora define Ilustro para no olvidar como una manifestación sensible. Natalia Kerbabian, arquitecta y artista, comenzó a mediados de 2022 a ilustrar casonas y petit hoteles que fueron o estaban por ser demolidos en la Ciudad de Buenos Aires. Estas ilustraciones tienen su origen en una experiencia que vivió Natalia, la cual fue el detonante que canalizó la creación, corporalizando una trama de vivencias que ella ya venía atravesando.

Tras una pandemia que había mantenido a la gente fuera de la calle, Natalia comenzó a habitar nuevamente la ciudad y allí presenció los frutos del nuevo código de edificación y urbanismo, el cual desde 2019 venía sufriendo modificaciones. En palabras de la arquitecta:

“Había una especie de liberación de otorgamientos para demolición, porque nunca había visto tanta destrucción de arquitectura en buen estado. Por ahí no estaba catalogada como patrimonial en la ley, pero para la Ciudad de Buenos Aires, como fisionomía y peculiaridad de crisoles culturales, esa arquitectura es todo. Además, son el escenario, la trama y los cielos, esos trazos son muy únicos”.

Casona en Araoz 2532.

A través del licenciamiento, se dio espacio a que arquitecturas emblemáticas cayeran sin el más mínimo reparo. La demolición de tres casonas ubicadas en la esquina de Olazábal y Vidal, que databan de 1880 y que Natalia, siguiendo con fotografías, ya venía registrando, fue la herida que dio comienzo a esta historia. En presencia de los ladrillos de época, de las paredes que ahora se habían transformado en escombros, su canal para descargar la pena por la pérdida y la falta de honra fue el papel. Una necesidad bullía, la necesidad de volver a ver esas casonas. Natalia nos dice:

“Ya había pensado en ilustrar, pero me parecía que por ahí no iba a aportar mucho, después dejé de pensar. Dejé de pensar en el afuera. Necesitaba hablar de esto y mi forma es dibujando. Escupí todo lo que tenía adentro, no había nada planificado, solo el escenario externo. Ese día arranqué y no paré más; cada vez se empezaron a generar más aperturas, conversaciones e intercambios que traían temas directamente relacionados con lo que estaba pasando.”

Hoy en día, la desconexión entre la ciudadanía y quienes gobiernan la Ciudad de Buenos Aires es muy profunda. Podemos ver en nuestro pasado casos ilustrativos, como el de la Avenida Honorio Pueyrredón. En ella el gobierno actual está intentando construir un parque lineal que corta parte de la avenida, al que muchos vecinos se oponen. Sin embargo, esta calle tiene una historia muy peculiar, en 1926 el gobierno instaló los rieles del Ferrocarril Oeste y la gente pidió que se retiraran porque no querían estar desconectados, no querían que el barrio se dividiera en dos. Hay una placa en la plaza Giordano Bruno que dice: “La empresa del Ferrocarril Oeste tendió los rieles en esta calle para labrar su progreso, los retiró para no detenerlo”. El gobierno respetó lo que los habitantes querían. Ahora el criterio cambió. La gente que pone el cuerpo en los barrios no puede parar el avance de las constructoras.

Lo que queda entre el polvo

Tienda La Ideal, Córdoba y Serrano

Vemos caer casonas que eran un hito de nuestra identidad barrial y ciudadana. La historia cae junto con ellas, y en ese destrozo, se destroza también algo que nos guiaba y afirmaba quiénes somos y de dónde venimos. La ciudad de Buenos Aires tiene la convergencia de muchas naciones en una sola ciudad. El mundo confluye con las culturas autóctonas que siempre estuvieron. En esa unión, a veces violenta, a veces creadora, surge una ciudad, la cual tiene su identidad latiendo en la arquitectura y en la gente. Sobre la demolición, Natalia nos dice:

“La demolición no solo implica la pérdida memoria, de la fisionomía del barrio y de la calidad visual y sensorial; sino que también implica la llegada de una construcción de gran volumen en relación con las existentes, que va en detrimento de lo que es el aire, la luz, la calidad de vida y lo que te interpela.”

Proceso de demolición de la Escuela Taller del Casco Histórico.

La arquitecta nos cuenta que hoy en día, en los proyectos inmobiliarios, se ve que son eso, inmobiliarios, y no arquitectónicos de servicio. Se levanta muy rápidamente y se construye muy rápidamente para albergar miles de vidas. Vidas que están desvinculadas, que no conocen las caras de sus vecinos y que viven en una estructura tubular que desconecta todo tipo de vecindad. Edificios sin identidad, construcciones que carecen de alma. 

“Somos un país de sobrevivientes, y ese sobrevivir en las calles urbanas se ve. Se ve al tano, se ve al gallego, hay una poesía muy hermosa que se representa en las fachadas, en las caras, pero en los adentros también. Poesía que se está perdiendo a gran paso. En Argentina hay una integración de culturas. Es de un valor inigualable lo que se produce acá, en los sudacas. Es esa reunión mundial, siempre recibimos, siempre sobrevivimos y siempre resurgimos. Yo vengo de familia armenia que se salvó del genocidio, hay gente judía, hay gente alemana, de donde se te ocurra. Son parte de momentos en los que entra mucha gente que necesita rehacerse, reinventarse, y que logra hacerlo. Es así que en estos paisajes, esa reunión y ese reinterpretarse, renace en una arquitectura nueva, ya sea barrial, austera o de rasgos academicistas. Eso es Buenos Aires”

Cuando se destruye, se borra. En la ciudad hay memorias y las casas son el escenario que las sostienen. Al momento de romperse el escenario, todo lo que sucedió en él se evapora como si nunca hubiera sido. Ilustro para no olvidar conmovió muchas personas que vieron la casa de su amigo, vecina o la suya propia, ilustrada, simplemente hecha papel, inmortalizada para que no se olvidase. Eran arquitecturas vivas, creadas por una familia y partícipes de una danza de personas que la habitaron. Desde que el proyecto existe, a Natalia le han llegado muchos testimonios de vivencias, incluso con muchas familias todavía mantiene contacto.

Historias bajo los escombros

Sobre las historias de las ilustraciones, Natalia nos cuenta:

“De todas esas memorias, las que más tengo en la piel son la tienda “La Ideal” de Córdoba y Serrano, y la “Escuela Taller” de la organización “Casco histórico protege”, todo lo que sus integrantes lucharon para que no bajaran su escuela, que estaba viva en servicio de oficios. Después historias como una casa chorizo que fue donada en Colegiales con la condición de que se convirtiera en un proyecto educativo público en 1988. Era propiedad de tres hermanas que no tenían descendencia y decidieron donarla. El 20 de octubre del 2020 el Gobierno de la Ciudad la subasta en el Banco Ciudad y ahora se está construyendo un edificio. Paso todos los días por esa calle y ese edificio no me dice nada, no me llena el vacío.”

Casona de Virrey Aviles 3188, donada para que se convirtiera en un proyecto educativo.

La Escuela Taller del Casco Histórico fue una escuela que era espacio de formación en oficios especializada en la conservación y restauración de bienes de valor patrimonial, era un legado de nuestra ciudad. El gobierno porteño quería construir el metrobús y en lugar de buscar la forma de hacer convivir lo que la gente ama y los nuevos proyectos, demuelen de manera inescrupulosa. Una sordera que desoye los reclamos de todos los estudiantes de la escuela y habitantes del barrio.

Escuela Taller del Casco Histórico, Paseo Colón y Brasil.

“Hay otro caso que trajo muchas memorias que es la casa azul de Giribone en Villa Ortúzar. La dibujé no porque sea patrimonial academicista sino porque era una huella, un hito para el barrio, una referencia y un símbolo de identidad. Sabés dónde estás, quién sos, dónde vivís. Se demolió. Cuando la dibujé fue por honra, por amor, y a partir de ella apareció medio mundo. Al final en el relato aparece la familia, me cuentan que era la quinta de Ortúzar, que ahí vivió un tano que era un herrero, cuando la compraron, como la remodelaron y quienes vivieron. También que una de las hijas se tatuó las coordenadas de la casa, que incluso Cerati, que era de Ortúzar, la quiso comprar; que la mamá de Cerati iba a merendar ahí cada tanto. Mil historias, sentía que no me entraban en el cuerpo.”

La Casa Azul de Ortúzar, Giribone 1546.

Natalia registra con fotografías las casas tapiadas o que ya han sido demolidas. Pero también, a veces, fotografía casonas que llaman su atención. Tristemente, cuando venía siguiendo el caso de Olazábal y Vidal, llamó su atención una casa que tenía un gran privilegio: cielo abierto, luz que llegaba sin ningún obstáculo a sus ventanas y techo. Su cámara registró. Al poco tiempo, la casa pasó a estar rodeada por otro tipo de cielo: un cielo gris. Las casas parecen estar en nuestros tiempos viviendo mientras caminan por una cuerda floja. O se hace muy difícil sostenerlas porque no hay ayudas por parte del gobierno que busque conservarlas o, lo peor, el vecino vende. Con la venta la construcción llega y la calidad de vida se pierde. Las plantas mueren sin sol, la luz natural ya no pasa por las ventanas, la propiedad pasa a valer la mitad.

Casonas Olazábal y Vidal.

Una ciudad que recuerda 

El proyecto es Ilustro para no olvidar, pero para no tener que olvidar, para salvar ese olvido antes de que suceda, Natalia trae la imagen de una red, una unión horizontal que pueda dar respuesta a la lucha por no perder nuestra ciudad:

 “Hay un indicio indiscutible que tiene que ver con la manifestación sensible. El correr un poco la mente y conectar más con el interno, con la esencia de cada quien. Es muy hermosa la imagen de la red donde cada punto es indispensable, Pero si una de ellas se llega a desatar, se desatan todas, se desteje. Eso me parece tan hermoso, tan horizontal, que creo que es por ahí. No son nudos de esclavitud, son nudos de expansión. Las manifestaciones sensibles mueven los pensamientos, pero no desde la concepción vertical sino que mueven la red como si fuese una araña tejiendo su telaraña, donde se le mueve, aunque sea la otra punta, se siente la vibración. 

La manifestación surge desde la estima porque se ha hecho contacto. Es un propósito capaz de replantear la realidad enquistada, más allá de las ideologías partidarias. A su vez, trasciende los tiempos y gobiernos en pos de una mejor calidad de vida, de un desarrollo más horizontal; honrando cultura, memoria e historia al mismo tiempo. Es por ahí.”

Ilustro para no olvidar como proyecto da lugar a que las voces ciudadanas sean oídas a través de posteos. Conmovió, despertó el sentir de la gente y fue a partir de ella que surgió la idea de materializar el proyecto en un libro, un registro. Natalia está reuniendo a todas estas historias en un libro. Es una creación que busca ser testimonio de lo que la ciudad vivió y ahora perdió. Páginas que, en su mayoría, narrarán la historia de cada ilustración. Sobre él, nos cuenta:

“Va a ser el primer registro no oficial, pero en vez de especificidades arquitectónicas hablando del estilo, de cuándo se construyó; va a ser un registro de la voz ciudadana, de qué pasó ahí, de cuándo se hizo, quién vivió, qué placa cultural tenía. Es un libro de un registro sensible, de memoria sensible ciudadana.”

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