Humor. El conflicto con las papeleras: Ence explica por qué no contamina en Fray Bentos

Por Mirko Vittelone, desde la ría de Pontevedra, especial para Causa Popular.-
En una entrevista exclusiva, el Director General de Comunicación de la empresa Ence, Jesús Pomares, critica a la población de Gualeguaychú, Entre Ríos: “España siempre llevó civilización, cultura y bienestar a sus dominios. No veo por qué cambiaría ahora su actitud, con los negocios que estamos haciendo”. Y sostiene que el alcalde de la comarca de Pontevedra “posee una chapita floja, vamos, que está del tomate”.

Mostrándose en todo momento cordial y tolerante (hasta donde sabemos, virtudes que su familia ha cultivado desde hace siglos), el joven ejecutivo de la empresa que está levantando una gigantesca planta de celulosa en las cercanías de Fray Bentos, Uruguay nos recibe en el lujoso restaurante del hotel cinco estrellas que puso a nuestra disposición frente a la antigua plaza de La Herrería, en el centro de la ciudad.

La atención en el “Rías Baixas Resort” es excelente: en la mesa se despliega un desayuno pantagruélico, compuesto por mariscos y crustáceos de la ría de Pontevedra (cigalas al perejil, mejillones al ajillo, centollas con crema, vieiras con guindillas, zamburriñas cloradas), un ribeiro helado que provocaría una erección al mismísimo Vázquez Montalbán, y unas lonchas de jamón de Vilagarcía de Arousa comparable con nuestros embutidos cordobeses, si aquí no se alimentara a los cerdos con feedlot de maíz transgénico.

Integramos un contingente de una veintena de periodistas con criterio independiente invitados por Ence, en el marco de una activa política de comunicación institucional que ellos denominan “coaching dirigido a mejorar la imagen corporativa”.

Partimos desde Argentina en un vuelo charter de Aerolíneas Argentinas. Al aterrizar en Madrid, fuimos recibidos por un grupo de desprejuiciadas relacionistas contratadas por Repsol Argentina, quienes anoche nos deleitaron con una demostración colectiva de “beso gallego”, como aquí se lo conoce. Las mujeres españolas no acostumbran depilarse las axilas ni, bueno, ni ninguna otra cosa.

Luego partimos en avión a Vigo, y tras unas horas de excursión por Santiago de Compostela para una sesión de fotografías y a la casa natal de Camilo José Cela, arribamos a Pontevedra. Con las relacionistas a bordo, el micro que nos trasladaba era una delicia.

Lo que sigue es un resumen del diálogo que mantuvimos, aislados del bruto invierno boreal de Galicia, luego de informarnos que Ence no es una sigla -Empresa Nacional de Celulosa, o cualquier otra- sino un apellido patricio en esta zona gallega.

– ¿Qué experiencia tiene Ence en el tratamiento de madera para la fabricación de pasta celulósica?

– Ence es una vieja empresa familiar, más antigua que la misma España, que ya funcionaba aquí en Pontevedra cuando esto ni siquiera se llamaba así. Nacimos a fines del siglo XV, cuando los gallegos se dividían entre marineros que partían a América o pescaban en las rías, criadores de cerdos y sopladores de vidrios de colores. Don José Ence se dedicó a esto último, y, carajo, que se hizo rico vendiéndolos a los súbditos de la Corona en las tierras de ultramar. De allá traíamos la plata de Potosí, y cuando todo se acabó, nos trajimos las aerolíneas y vuestro petróleo, pero eso fue muy luego.

A mediados de los 80, una consultora japonesa efectuó una reingeniería total para adecuar la empresa a los nuevos tiempos. Hubo entonces una larga discusión dentro de la familia propietaria. Estaban los conservadores, que querían seguir con los vidrios de colores, otros preferían marisquear, y un cuarto grupo quería explorar nuevas oportunidades, como la fabricación de celulosa, los embutidos o el turismo. En esos años se había acabado el gobierno del Generalísimo, hijo dilecto de Galicia, y muchos estaban ansiosos por leer cualquier cosa que les pusieran enfrente, hasta los almanaques de taller mecánico, porque Franco siempre nos había protegido de las lecturas dañinas.

Como sucede siempre dentro de las familias gallegas, la decisión la tomaron las mujeres, y luego de un almuerzo.

– “Oye, no seas obcecao. ¿No ves que ya no quedan aborígenes, Manolo?”, dijo doña Leonor, esposa de don Manuel Ence, el director propietario, y agregó:

– “¿A quién les venderás tus baratijas?”.

Se cuenta que don Manuel enmudeció, y algunos dicen que no volvió a abrir la boca durante el próximo decenio. Eso apuró nuestra opción por la celulosa, y desde entonces se convirtió en el lema de la empresa. Cada vez que aparece una dificultad, como la que ahora nos depara vuestro país, repetimos “¡No ves que ya no quedan aborígenes, Manolo!”, y como lema corporativo, nos alienta a seguir adelante.

– En Argentina se conocieron las opiniones de unos cuantos vecinos de Pontevedra, y del mismo alcalde de la comarca, quienes se quejan de los olores que produce la planta y también del perjuicio que ha causado a la pesca del marisco.

– Oye, que esas cigalas de rechupete que estáis saboreando son de aquí mismo, chaval, y no creo que te vayas a empachar. En Pontevedra, la mitad de la población vive de nuestra actividad, y la otra mitad son empleados públicos. ¿Qué esperáis vosotros de la burocracia municipal? ¿Acaso no tenéis como ejemplo esa disco incendiada? Nuestra mitad, porque así debemos llamarla, se reparte entre los técnicos que manejan el proceso industrial, los meritorios que plantan y riegan eucaliptos, y los pasantes que los podan. Además debéis contar con una población numerosa entre meseras, empleados bancarios, transportistas, barraganas, curas, médicos y enfermeros, artistas de tevé, podólogos, masajistas y otros miles que viven de los sueldos que pagamos a nuestros empleados en la planta. La mitad activa de la población de Pontevedra, y lo mismo sucede en la planta de Huelva, y sucederá en el Uruguay, paga impuestos a la comarca, y de ellos vive la otra mitad, la que se opone, y que es la población parasitaria, toda ella votante de Rodríguez Zapatero.

– Pero el alcalde…

– Un viejo conocido de Ence. Posee una chapita floja, vamos, que está del tomate. Es un socialista, y ya sabemos de qué son capaces los socialistas. Han llegado a negar que los atentados de Atocha fueran obra de los etarras. ¿Sabéis de las monjas que se culearon los republicanos al mando del general Líster en el convento de La Peregrina?

– ¿Son infundadas esas críticas?

– Lo de las monjas es un hecho. En cuanto a España, siempre llevó civilización, cultura y bienestar a sus dominios, y ahora estamos colaborando con los latinoamericanos para acabar con el monocultivo de la soja. No veo por qué cambiaría ahora su actitud, con los negocios que estamos haciendo. Vosotros no nos distinguís por construir vuestro futuro, y si no fuera por nosotros seguiríais ajusticiando enemigos con puñales de obsidiana, trasmitiendo noticias por correos con lanas anudadas y hablando en quechua. Tanto jodió ese Jorge Rulli con la sojadependencia, y ahí tenéis. La Corporación Financiera Internacional ha jurado que nuestra empresa no produce ningún tipo de contaminación, y su palabra vale, creo yo.

– La administración Kirchner ya no se acepta a libro cerrado lo que opina el Banco Mundial…

– ¿Qué no se lo acepta? ¿Y entonces por qué seguís pidiéndole créditos? Si los préstamos se ejecutaran, la mitad de vuestra provincia de Entre Ríos pasaría a propiedad de Paul Wolfsowitz. Preguntad al gobernador Busti. El Banco Mundial monitorea vuestras universidades, y no hay área de gobierno que no dependa de uno de sus préstamos para comprar cualquier cosa, sea escritorios, ordenadores ó lápices.

– Luego, desmiente que la planta de Ence polucione el ambiente.

– Que polucione, que polucione… Los conceptos son cambiantes, dependen del lugar, del tiempo, de la escala, como las costumbres y la moral. La polución es como la virginidad: hay que perderla para saber lo bueno de la vida. Vosotros habéis descubierto el ambientalismo cuando el mundo ya está en otra cosa. En los recitales de los Rolling, en la gripe aviar.

– ¿Ustedes se sienten discriminados?

No ustedes, vosotros. No ellos, sino nosotros. Pues sí, nos sentimos discriminados. Mientras vuestros gobernantes y gobernados no abren la boca por las curtiembres y frigoríficos del Riachuelo, las petroquímicas de Dock Sud, las mineras de San Juan o Catamarca, el agua con uranio de Ezeiza y con nitritos en Florencio Varela, esas elecasei-defensis con que se envenena la leche, las fábricas de neumáticos en Hurlingham, las miasmas del río de las Conchas, que vosotros llamáis Reconquista, y paro de contar porque habría miles de ejemplos, a nosotros nos habéis señalado como los frankensteins del medio ambiente, cuando todo indica que vuestro país está hasta la coronilla de mercaptanos, glifosatos, pozos sépticos supurantes, alimentos incomibles, pollos rellenados con antibióticos y hormonas, sulfuros, gasolina, furanos y cianuros. ¿Qué le hará una mancha más al tigre, no es así? ¿Hay algo más polucionante que el interior de un vagón del Sarmiento a las 6 de la tarde o el escape de un colectivo de la línea 127? Ahora, a los señoritos les molesta el olor a huevo podrido.

– ¿Qué opina de la política exterior argentina?

– Buenos, ustedes tienen allí a dos halcones, Estrada Oyuela y Moritán Colman, que hicieron escuela en la guerra de Suárez Mason contra Chile, y secundaron a Costa Méndez y el general Haig durante la guerra de Malvinas. Saque sus propias conclusiones.

– Oiga, pero estas vieiras saben a cloro.

– Es que vosotros tenéis el olfato desquiciao por tanto mate.

– Ahora que lo menciona, las vieiras huelen muy bien, y a propósito de ellas, sabemos que su empresa tiene inversiones en la actividad pesquera.

– Sí, una rama de la familia se dedica a la conserva, la de los Pomares, pero debéis saber que los Ence fueron estrictamente endogámicos hasta principios del siglo XX. Eso es bueno en el invierno, cuando las familias están aisladas, y sirve para no dividir las heredades. Pero una sociedad moderna requiere que nos adecuemos, y como ahora los capitales se atesoran en tiempo real, desde entonces los Ence, por contrato, tienen prohibido desposar a sus hermanas, primas y madres.

– ¿Tiene algún mensaje para la gente que corta los puentes?

– Sí, a nosotros ya no nos interesa producir celulosa. Lo único que deseamos es ser queridos por los entrerrianos. Ence es amor. No olvide, señor periodista: ya no quedan aborígenes, Manolo.

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