Humor. Cirugías de moda en Medio Oriente y Argentina

Por Mirko Vittelone, especial para Causa Popular.- Una moda hace furor en la población acomodada de ciertos países de Medio Oriente como Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes. Gracias al efecto del ataque a las Torres Gemelas, los árabes que pueden hacerlo se están sometiendo a una cirugía plástica que los convierte, tras unas horas de quirófano y peluquero, en distinguidos caballeros ingleses, marinos noruegos de ojos azules o, si se atreven y lo solicitan ante notario, en piadosos hasidim con trencitas incluídas. Desde que el presidente Bush inauguró la era de la multiculturalidad invadiendo Irak, Afganistán y próximamente Irán, los árabes ricos prefieren viajar por el mundo sin hacerse notar.

Las demostraciones de tolerancia étnica son cosa de todos los días en Londres, donde un inocente turista de aspecto islámico puede recibir siete u ocho tiros en la cabeza.
En los aeropuertos norteamericanos, aunque estricto y basado en leyes patrióticas, el trato es un tanto menos violento: todo viajero procedente de aquellas zonas o cuya genética muestre algún vestigio de la tribu de Mahoma, recibe una paliza preventiva.

La técnica quirúrgica de moda en Medio Oriente es de factura totalmente argentina.

Fue perfeccionada en la década del 90 por el médico argentino Avelino J. Margulis, un cirujano prestigioso en el espectáculo y la política, dos actividades que suelen compartir escenario.

Margulis es el mago que sacó setenta años al rostro de Mirtha Legrand, reconstruyó el himen de Susana Giménez, convirtió el clítoris de Moria Casán en un órgano multipropósito y subrayó algunos rasgos recesivos de Florencia de la Vega hasta transformarla en un clon del arquero Chilavert. El médico confiesa que el mayor desafío de su carrera fue complacer a su colega el doctor Socolinsky, quien quería volverse su propio nieto, y se hizo famoso en la década del 90 por los implantes de labio realizados a las hermanitas Yoma.

“La técnica es sencilla”, explicó Margulis con aire profesoral. “Se extraen delgadas capas musculares de las nalgas de las pacientes, lo que impide el rechazo, y se van aplicando una por una, en un delicado trabajo de microcirugía”.

El propio Carlitos Menem se operó los labios, aunque con carnes de una anónima donante brasileña, nacionalidad que esquiva la celulitis. El presidente solía exigir un “piquito” a sus súbditos antes de abocarse a resolver las cuestiones de Estado.

No se sabe si los involucrados conocían la verdadera naturaleza de los labios retocados del Primer Mandatario.
En sus Memorias de próxima publicación, el actual senador Menem confiesa que, así como fue capaz de convertir a los viejos trenes estatales en el sistema ferroviario más moderno del mundo, también modernizó una práctica de los caballeros Templarios, quienes practicaban el beso en el trasero del Superior como prueba irrefutable de acatamiento militante.

La innovación permitió que los súbditos del sultán riojano no se vieran obligados a agacharse, algo sumamente peligroso en la década del 90.

Algunos han criticado la nueva moda árabe.

La técnica exportada por Margulis puede disimular los caracteres dominantes de la raza semítica -la típica nariz ganchuda, por ejemplo- pero no sirve para acabar con algunas costumbres arraigadas en Medio Oriente, tales como sostener los pantalones con un cinturón de 10 kilos de trotyl, y pretender bajárselos en el interior de un restaurante sin avergonzarse por las miradas de damas o niños presentes.

Las transformaciones están muy arraigadas en la política argentina, y sobre todo en el justicialismo, donde siempre todos son oficialistas y de la primera hora. Nuevos y viejos menemistas, como el gobernador Busti, se desviven por parecer más kirchneristas que el propio Presidente.

No es el único caso.

El piquetero conservador Raúl Castells, cuya génesis ideológica arrancó con la tesis del marxista Nahuel Moreno sobre el papel revolucionario de unos extraterrestres que invadirían la Tierra, se convirtió en empresario gastronómico con sede en Puerto Madero. Hasta ahora, los restaurantes de la zona ofrecían menús económicos a 20 dólares el cubierto para los sectores indigentes, pero fueron sorprendidos por una competencia desleal a base de tortas fritas.

Todo se inició, al parecer, cuando se pretendió controlar la actividad comercial del barrio mas caro de Buenos Aires, aunque algunos creen que Puerto Madero pertenece a otro país, o quizás a otro mundo.

Los afectados se defienden argumentando que ellos no están regidos por las reglas obligatorias para el resto de los porteños, y alguna razón deben tener. El gobierno progresista de la ciudad jamás se había metido con ellos; ellos, por su parte, siempre hicieron lo que se les cantaba, como instalar casinos clandestinos y prostíbulos de súper-lujo a la vista de todos. ¿Por qué ahora?

Otras transformaciones han calado hondo entre los argentinos, quienes reemplazaron unos Carnavales en los que las murgas cuestionaban el sistema por un rato, por otras fiestas bellas y prolijas como el Halloween o los días de los santos Valentín y Patricio, donde se consume de todo y no se cuestiona nada.

Entretanto, un alumno del doctor Avelino J. Margulis sorprendió a la opinión pública practicando una vulvoplastía a la vedette Alejandra Pradón, que fue trasmitida en directo a todo el mundo por el multimedios Clarín.

El recauchutaje, al parecer, incrementa el placer, y en eso el alumno del doctor Margulis se juega su prestigio profesional: la paciente estaría habilitada a querellarlo por mala praxis si los resultados no fueran los esperados, aunque no sabemos cómo probarían los jueces semejante extremo.

Pero si el resultado fuera óptimo para la Pradón, nada impide que algún legislador porteño genuinamente preocupado por el bienestar de quienes lo votaron, promueva un proyecto para convertir a la vulvoplastía en una práctica masiva y gratuita.

Los considerandos de la ley expresarían más o menos lo siguiente:

Que el superávit de la Ciudad, aunque no tan grande como para tirar manteca al techo, permite construir quirófanos municipales en puntos de gran concentración de público como Constitución, Retiro y Once, y ya tenemos empresas interesadas en el emprendimiento.

(¡¡Paren, que hay para todos!!)

Que con las nuevas técnicas láser es posible operar a ciento treinta mujeres por día, a más de 20.000 en un año y a 80.000 en un mandato.

Que con esta nueva política de Estado se reducirá notablemente la desocupación en la profesión médica y se contribuiría, no tanto a la grandeza de la Nación aunque sí a la felicidad del pueblo.

¿Quién no votaría la reelección de un legislador con semejantes iniciativas?

Los hechos demuestran que no se puede distribuir mejor la riqueza, pero las enseñanzas del doctor Margulis abrirían un camino insospechado tanto en Medio Oriente como en nuestro país.

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