Historias detrás de la mirilla: la voluntad de los estudiantes del Pabellón 9

Por Causa Popular.- Mientras las noticias más trascendentes siguen girando en torno a la inseguridad y a la discriminación de los desposeídos, a pocos kilómetros de la Capital Federal un puñado de hombres ha podido demostrar que pueden ser protagonistas de una experiencia inédita en el país a pesar de las bravatas blumbergianas. El pasado 21 los 60 internos del pabellón 9 de la Penitenciaría Provincial 31 de Florencio Varela, inauguraron el “Pabellón Estudiantil”, (Ver Una esperanza detrás del muro) una nueva experiencia en donde conviven y reciben clases todos los estudiantes del penal en un mismo espacio. Nada les resultó fácil, pero los que han venido bregando por su derecho a estudiar, ahora cuentan con un pabellón que acondicionaron con sus propias manos para poder recibir a sus docentes. En este informe, un recorrido por una apuesta al futuro que aporta nuevos enfoques a una polémica que muchos sufren en carne y hueso.

El 21 de septiembre de 2004 será registrado en los anales meteorológicos rioplantenses, como otro comienzo de primavera sin sol, pero en el pabellón 9 de la Penitenciaria 31 de Florencio Varela, en el sur del conurbano bonaerense, ocurrió todo lo contrario y a pesar de su importancia, ningún medio se esforzó por registrar para la historia lo que ocurrió dentro de sus paredes y detrás de sus rejas.

Ahora los internos que estudian en ese Penal, están todos juntos en un “Pabellón Estudiantil”, que según sus precursores, “es la única experiencia en el país”. La experiencia contada por sus propios protagonistas revela que la unidad 31 cuenta con una población carcelaria de 514 detenidos, aunque la cárcel fue diseñada para 400 reclusos en 1999.

Hasta el año pasado contaban con algunos talleres similares a los que se impulsan en distintas partes del país pero a partir del año pasado, varios presos se empezaron a dar fuerza entre sí y comenzaron a debatir la necesidad de estudiar.

Luego de organizarse entre ellos llevaron la inquietud a las autoridades del penal y cara a cara les plantearon una demanda ambiciosa: que todos los que decidieran estudiar estuvieran en el mismo pabellón y que las clases se desarrollaran ahí mismo. Es decir “que los alumnos salieran de sus celdas y las clases se desarrollaran ahí mismo, en el pabellón” cuenta uno de sus impulsores.

Como es común en todo el sistema carcelario las propuestas de sus internos obtuvieron resistencia, “prejuicios de todo tipo” y aunque nada les resultó fácil, finalmente lograron su objetivo. Hoy los estudiantes universitarios y secundarios tienen su propio pabellón. Es el número 9, allí viven entre 55 y 60 internos que estudian y todos los días de lunes a viernes de 14 a 18 reciben a sus profesores.

Si luchar diariamente se torna difícil para cualquier ser humano que se lo propone, el periplo es más complejo y doloroso para quienes pasan una parte de su vida tras las rejas y se proponen cambiar sus condiciones de existencia. Luego de proponer la idea del pabellón estudiantil y de bregar por su aprobación, las voluntades tuvieron que redoblarse porque el lugar estaba tan deteriorado que resultaba muy difícil recibir a los docentes.

Eso tampoco los detuvo: se contactaron con Yolanda Delgadino, una voluntaria del Centro Cultural «Renacer» de Varela y con miembros de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de la misma localidad y con su ayuda consiguieron los materiales para acondicionar el pabellón. Quienes tuvieron la suerte de presenciar la inauguración del pabellón, confesaron a Causa Popular la sorpresa de ver semejante transformación a pesar del estado en que se encontraban las instalaciones antes de que la idea se pusiera en marcha.

El pabellón se suma a los otros talleres de: apicultura, zapatería, invernáculo, reparación de PC, tapicería, chapa y pintura. Además hay una radio en formación y la comunidad del penal publica el boletín «El naciente del Sur» en donde la mayoría de los artículos lo firman los internos.

Además del nuevo pabellón hay 10 presos que estudian abogacía gracias a un convenio con el Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad Nacional de la Plata.

Ya con la concreción de un lugar digno para poder estudiar, los internos del penal siguen adelante con sus proyectos: ahora quieren formar una biblioteca estudiantil, y buscan conseguir acceso a Internet.

Si en medio de la oquedad de un pabellón derruido pudieron imaginar su transformación en un proyecto colectivo que les permitiera transformar su realidad, es muy probable que cuenten ahora con muchas más fuerzas para seguir adelante.

* “En la cárcel la educación estaba destinada al fracaso y no al respeto de los derechos fundamentales”

Durante la inauguración de pabellón, el profesor de Sociología Mario Fort, pudo darle la justa dimensión política al esfuerzo de los presos. Frente a las almas de “la 31 de Florencio Varela”, el sociólogo señaló en su breve discurso que: “Pensar la educación en la cárcel, en el lugar del encierro y del castigo siempre genera interrogantes y desafíos. La iniciativa de ustedes no puede más que generarnos optimismo sobre un nuevo modelo de educación en cárceles que vaya más allá de lo que originalmente fue pensada en sus finalidades y en sus prácticas.”

“Problemáticamente las primeras experiencias de educación en cárceles, no fueron las mejores, hacían de ella un mecanismo más de control, de vigilancia, de sanción y en el mejor y peor al mismo tiempo, un procedimiento de resocialización, de reforma, de tratamiento.”

“La educación fue pensada originariamente no como un ámbito del legítimo e inalienable derecho a la educación, sino en el lugar del experimento de actuar sobre objetos y transformarlos. Pensada así, la educación estaba destinada al fracaso y al no respeto de los derechos fundamentales del hombre detenido. Donde el mejor alumno era el hombre más sumiso y sometido. Pero eso no es educación. Recordando al célebre (educador) Paulo Freire, la educación es básicamente un encuentro de sujetos, un encuentro mediado por el conocimiento, un abrirse a la imaginación, compartir sentimientos, sueños, ideas, afecto y porqué no interrogarse sobre el cambio.”

“De modo que es auspicioso todo intento que vaya en esa dirección de revisión de la educación en sus fines y en sus prácticas y las prácticas y reflexiones de los propios hombres privados de libertad. Quizás podamos soñar colectivamente una nueva educación con el esfuerzo de todos nosotros. Una educación que, como en la calle:

– No naturalice el encierro.

– Que no viera a la cárcel como el efecto de los delitos sino también formando parte de las causas.

– Que no piense ingenuamente que la cárcel es el lugar de los que lo «tienen merecido» sino tal vez el lugar dónde sólo algunos son castigados.

– Que no crea que la cárcel es el lugar del castigo por igual más allá de la riqueza de cada uno, sino el lugar de la reproducción de las desigualdades.

– Que se interrogue por la justicia y sus castigos sospechosamente selectivos.

– Que no mire culpabilizando sino que ofrezca una mirada profunda sobre el misterio de las acciones humanas

– Que no fuera autista con el dolor y las preocupaciones y hasta la muerte de sus alumnos, sino comprometida creyendo que no hay educación que no pueda dejar de tener en cuenta todo aquello que afecta a sus alumnos.

– Que la escuela sea el lugar donde aminorar los efectos carcelarios y producir uno similar al afuera.

– Una educación independiente dentro del sistema y aportadora de su propia mirada.

– En estos tiempos donde algunos sectores reclaman más castigo, más encierro, más punición y en el fondo más venganza, sería bueno que también se escuchara la voz de alumnos y docentes que trabajan en las cárceles.

– Una educación que no olvide que su tarea es la dignificación de la persona y más en la cárcel donde la vulnerabilidad es evidente.

– Una educación que promueva valores como la solidaridad y la justicia.

Brindemos entonces por una educación como invitación al conocimiento, a la imaginación, al asombro, a crecer en conocimiento y en su consecuencia que es la responsabilidad, por que el conocer, compromete a educadores y educandos.

Por una educación que amplíe la mirada y la profundidad de los alumnos en el conocimiento de la realidad y la necesidad de las transformaciones que son necesarias y urgentes. Brindar finalmente por una educación como experiencia del encuentro, de la igualdad y del compromiso de todos los que formamos parte del acto educativo que en el fondo promueve la transformación conjunta de la persona y la sociedad y su crecimiento en dignidad, como diría el sabio Paulo Freire: “La educacion como práctica de la libertad, porque la educación verdadera es acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.”

* Causa Popular agradece la colaboración de las siguientes personas en la realización de este reportaje:

Omar Rivero. Estudiante universitario, Coordinador Estudiantil del Pabellon 9.

Primitivo Medina. Estudiante secundario, Coordinador Estudiantil U-31.

Hugo Lopez. Estudiante secundario, Coordinador Estudiantil U-31.

Ruben Arebalo, Coordinador Estudiantil pabellon 9

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