Heinz Dieterich: Hugo Chávez, el socialismo cristiano y el socialismo científico

Por Heinz Dieterich

En su convocatoria mundial para «inventar el socialismo del siglo XXI», el Comandante Hugo Chávez recomendó usar dos «insumos históricos» para tal tarea: las «ideas originales de Carlos Marx y Federico Engels» y la obra de Jesús. Ambos referentes son, como es obvio, de muy diversa índole y su valor como insumo para el producto final varía cualitativamente. Es necesario, por lo tanto, delimitar sus potenciales constructivos y sus límites de aportación.

Una primera reflexión sobre esta temática se encuentra en mi nueva obra, «Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI«, cuya edición argentina fue presentada el 2 de mayo en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, con la participación de Freddy Balzán, Embajador de la República Bolivariana de Venezuela, el líder campesino Benigno López (Mocafor) y el vocero de los piqueteros MTD Resistir y Vencer, Rubén Nuñez. Algunos de los elementos expositivos fueron los siguientes.

1. La aportación de Jesús al socialismo del siglo XXI

La construcción colectiva de la nueva teoría anticapitalista que pide el Comandante Chávez, tiene que dar respuestas satisfactorias a cuatro tipos de interrogantes que emanan de los niveles básicos de la existencia humana: 1. el racional-crítico o científico; 2. el estético; 3. el ético y, 4. el cotidiano.

La referencia presidencial a Jesús como un «primer socialista» en este debate es aplicable, básicamente, desde el tercer y cuarto nivel de la vida humana, es decir, desde la ética de la praxis reformadora del Nazareno y de las convivencias sociales de las primeras comunidades cristianas. En el nivel científico no hay contribución posible y en cuanto a lo estético, todo el constructo occidental respectivo es obra posterior al protagonista.

Las primeras comunidades cristianas solían llamarse Ekklesía, tomando el término y la praxis de las asambleas populares del sistema político de Atenas que era la primera democracia participativa en una sociedad de clase de Occidente, regida por una combinación de sistemas electorales y aleatorios (por sorteo); una democracia participativa que, sin embargo, no era universal, sino elitista, porque excluía a la mayoría de la población, por ejemplo, a las mujeres, los metecos, los esclavos y los libertos. Según el apóstol Pablo, esas reuniones de la Ekklesía cristiana temprana eran aún más democráticas que su ejemplo griego, porque no tenían restricciones de admisión: «No hay más Judíos o Griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres; porque todos son uno en Jesu Cristo.»

Este avance de democracia participativa real en la «iglesia de las catacumbas», que después se pierde con su conversión en Iglesia imperial, se encuentra también en la praxis individual de Jesús. La ética de la solidaridad, del respeto al otro, de la opción por el pobre, el excluido, el discriminado, por la igualdad de derechos humanos y oportunidades prácticas de vida, que predicaba y practicaba el Nazareno, fue, sin duda, un elemento progresista y antisistémico en el entorno represivo-tribal-machista de dominación palestina-romana que sufrían los habitantes de Palestina. Sin embargo, la insumisión ética de Jesús no era un evento novedoso ni singular en la sociedad global antigua, tal como ilustran la rebelión de Prometeo contra la jerárquica sociedad clasista griega, y la apología de la verdad y de la razón libre, de Sócrates, quinientos años antes del martirio de Jesús.

2. La insumisión ética de Jesús, parte normal de la rebelión humana

Tanto Jesús como Prometeo y Sócrates pagaron su audacia con la muerte: el rebelde palestino clavado en la cruz de la pax romana; el insurrecto griego en la roca del tirano Zeus y el sabio Sócrates muriendo por la copa de cicuta de sus verdugos. En el diálogo de Prometeo con sus torturadores, expresado por la inmortal voz de Esquilo, queda plasmado su «crimen» y la razón de su castigo: la fuerza del amor al prójimo la que impulsó al insurrecto griego hacia su autoasignada y titánica tarea de acabar con las injusticias de los poderes establecidos.

«Traspasaste la norma de justicia de los dioses» (de las elites-H.D.), «para dar beneficio a los mortales» (a los pobres-H.D.), comenta «El verdugo» la razón de la condena y del castigo a Prometeo. Y «La Fuerza» le resume al encadenado en forma imperativa la moraleja que debe aprender: «Pague esa culpa a los dioses: aprenda a someterse al dominio de Zeus y a no andar con intentos de amor a los hombres». Y le recitan la eterna advertencia de las clases dominantes y sus ideólogos a las mayorías sometidas: «¡no nace aún quien haya de liberarte!».

Con lucidez y coraje, el rebelde encadenado responde, explicando su causa política: «No bien Zeus se colocó en el trono paterno, hizo distribución de dones a los dioses, dando a cada uno de su propio galardón y dispuso en todo el mando. Pero de los mortales desdichados ni cuenta mínima hizo… antes bien tenía el intento de aniquilar su raza y hacer brotar una nueva. Y ante esta tentativa nadie se enfrentó: yo fui el único. Yo tuve la osadía, yo fui el que me opuse a que los mortales bajaran al Hades hechos trizas…».

3. El crímen de Jesús

Al igual que la praxis emancipadora de Prometeo y Sócrates, la autoasignada misión de Jesús atentaba contra varios intereses vitales de la oligarquía judía y de la potencia de ocupación romana. El Nazareno luchaba, entre otras cosas: a) en pos de una distribución más igualitaria de la tierra, es decir, una reforma agraria; b) a favor de una democratización de la economía que se encontraba en alrededor de un setenta por ciento en manos de una casta de mercaderes, cambistas y altos clérigos, cuyo «Wall Street» era el Templo de Jerusalén, convertido, como relata Juan 2, 14, 16, en «un lugar de negocios» por «los vendedores de bueyes, ovejas» y «cambistas»; c) en pro de la recuperación de la soberanía nacional, oprimida por el imperio romano.

«Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos reunieron el Consejo Supremo. Decían: ¿Qué podemos hacer? Este hombre va multiplicando los milagros. Si lo dejamos que siga, todos se van a entusiasmar con él, y luego intervendrán los romanos, que terminarán con nuestro Lugar Santo y nuestras libertades»: es decir, con nuestro «Wall Street» y nuestros privilegios. (Juan, 11, 47,48).

A la luz de estos objetivos de la praxis de Jesús, su ejecución era inevitable.

4. La doble tentación de Jesús Cristo y Hugo Chávez

En este relato bíblico de Juan, (11, 47,48), sobre los miedos y precauciones de la clase dominante judía ante el proyecto histórico de Jesús, está la clave para entender la sistemática política de destrucción de Washington y sus aliados oligárquicos contra todo proyecto de liberación nacional o social, como es el de Hugo Chávez. Estos miedos clasistas se originan por dos razones:

– a) las demandas o contenidos del programa de transformación y,

– b) por la “multiplicación de los milagros”.

Ad a) Si hoy día un activista latinoamericano se atreve a luchar consecuentemente por la reforma agraria; si va con látigos a la Bolsa de Valores para sacar a los señorítos del capital financiero, anular las deudas de los ciudadanos o repartir sus capitales entre el pueblo, o si organiza un movimiento nacional contra la penetración Monroeista de Washington, es evidente qué futuro lo espera. Y esto es tan lógico en el siglo XXI en América Latina, como lo fue hace 2000 años en Palestina o hace 2500 años en Grecia. De tal manera que los destinos de Prometeo, Sócrates, Jesús, Emiliano Zapata, Jorge Eliécer Gaitán, el arzobispo Arnulfo Romero, el cura Camilo Torres, el guerrillero Che Guevara, el ecologista Chico Mendes, y el activista de la paz Luis Eduardo Guerra, siguen un mismo “guión” oculto escrito por los dueños de los países y las vidas.

Ad b) “Entusiasmar a todos” mediante la “multiplicación de los milagros” se refiere, en términos seculares, a un proceso de acumulación de poder del protagonista de un proyecto histórico que pone en peligro el orden de la elite. Cuando el Presidente Chávez, en pleno neoliberalismo pauperizante y entreguismo cipayo, devuelve la salud a los barrios marginados, la tierra a los campesinos, el trabajo a los obreros, la luz de la razón a los iliteratos y la dignidad y soberanía a la nación, multiplica los panes, el vino y los milagros. En consecuencia, los pueblos de América Latina se entusiasman con él, y los romanos, que hoy hablan inglés, tienen que intervenir para poner a la “chusma” y al líder en su lugar: la cruz.

5. Los límites de la aportación de Jesús

Este es el lugar sistemático de Jesús en la historia de la resistencia a la sociedad de clase. Es parte de una tradición social eterna: la rebelión. Y en este sentido sí es relevante su ejemplo ético, plasmado tanto en discursos y sermones, como en la praxis cotidiana; es relevante, entre múltiples otras éticas históricas, para la construcción de una nueva civilización que en la actualidad solo puede ser no-burguesa y no-capitalista.

Sin embargo, la construcción de esta nueva sociedad no sólo requiere de una ética y cotidianeidad adecuada, sino también de una teoría racional-crítica a la altura del desafío. Y esta es la zona de transición, en la cual la contribución formativa de la rebelión de Jesús comienza a desvanecerse en el horizonte del pretérito y tiene que iniciar la reflexión colectiva estética, ética y, sobre todo, científica de la edad moderna.

El drama de la rebelión de Jesús se realiza en las condiciones objetivas de una economía pastoril, mercantil, artesanal y agraria que vive al ritmo de la naturaleza; en un pequeño país con escasa densidad demográfica; con una sociedad marcadamente patriarcal, autoritaria y rural, organizada en torno a estructuras familiares de tres generaciones y clanes; con un analfabetismo casi absoluto; un Estado tribal-teocrático y con relaciones de producción que incluyen la esclavitud y los trabajos forzados, pero carecen de clases medias-profesionales. Los datos de ese drama se transmiten en una gran narrativa oral durante siglos, hasta que finalmente encuentran su forma primaria documental en la Biblia, con posterior reelaboración e interpretación interesada a través de la teología de la iglesia imperial católica romana, constituida por Constantino en el siglo IV

Este entorno social, político, cultural, militar y económico, totalmente diferente a las complejas y gigantescas sociedades industriales contemporáneas, hace que las lecciones del judío-cristianismo originario para la construcción de la sociedad futura sean limitadas. Más allá de la dimensión ética del Nazareno, que en algunos aspectos tiene aplicabilidad universal; y más allá de la metafísica y teología judía-cristiana —que debe ser, como toda metafísica religiosa y teología, un asunto privado de los ciudadanos del siglo XXI- las lecciones prácticas del movimiento social de Jesús para la construcción de las instituciones de la democracia participativa del siglo XXI, son reducidas.

6. Economía bíblica y contemporánea

Tomemos, por ejemplo, la economía. Las sociedades avanzadas tienen economías basadas en modernas industrias y servicios, con una aportación escasa del sector primario al Producto Interno Bruto y una población económicamente activa absolutamente reducida en ese sector: en Estados Unidos, por ejemplo, apenas el 2.3 por ciento. El ritmo de vida está determinado por las urbes, el trabajo no-agrario y, sobre todo, las leyes de la acumulación de capital y de la forma de valor. Es decir, la economía palestina de hace dos milenios tiene tanto que ver con la actual, como un barco de guerra romano con un portaviones nuclear.

Donde la Biblia se refiere a la economía de su tiempo, en algunas de sus partes etnográficas, aporta unas ideas económicas rudimentarias, como la de la institución del Jubileo. En el Viejo Testamento, el Libro del Levítico y en él del profeta Isaías se relata el mecanismo de desendeudamiento y liberación (Jubileo) de la siguiente manera: “…Declararás santo el año cincuenta y proclamarás la liberación de todos los habitantes de la tierra. Será para ustedes un año de jubileo. Los que habían tenido que empeñar su propiedad, la recobrarán. Los esclavos regresarán a su familia. Este año cincuenta será un año de jubileo…” (Lev. 25, 10-12).

Estos preceptos, que según Juan Pablo II nunca llegaron más allá de ser “una expectativa ideal”, incluyendo en los propios feudos de la Iglesia, son comparables a las de otras culturas antiguas, como, por ejemplo, el viejo proverbio chino que reza que “más vale enseñar a pescar que regalar el pescado”.

La moraleja del “enseñar a pescar” es pedagógica. Si se le agrega el aspecto de pescar con redes, podría interpretarse en términos de ciencia económica como la necesidad de invertir en bienes de capital, si se quiere aumentar el nivel de productividad del trabajo y la calidad de vida de los consumidores.

7. Magia, Ciencia y Socialismo del Siglo XXI

Sin embargo, más allá de esas analogías y verdades de sentido común, la Biblia no aporta conocimiento práctico para crear una economía más justa para el siglo XXI. Conforme al pensamiento metafísico de su tiempo, Jesús resuelve los problemas económicos por vía de la fe. En la primera multiplicación de los panes, cuando estaba reunido con cinco mil seguidores y tenía solo cinco panes y dos pescados, “tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los distribuyeran. Asimismo, repartió los dos pescados entre todos. Comieron todos hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenos de pedazos de pan y las sobras de los peces.” (Marcos 6, 34).

Cuando, en las bodas de Caná hubo escasez de vino, Jesús mandó llenar “seis jarrones de piedra, de los que sirven para los ritos de la purificación de los judíos, de unos cien litros de capacidad cada una” y, en “señal milagrosa”, convirtió los seiscientos litros de agua en vino. (Juan 2,1).

En círculos no-integristas del cristianismo se han interpretado estos pasajes como metáforas cuya moraleja consiste en el deber moral de repartir equitativamente entre los ciudadanos los escasos bienes y servicios disponibles. En términos de la ciencia económica se trataría, por lo tanto, de la ética de un Estado de bienestar en la esfera de la redistribución nacional e internacional.

Si se interpreta de esta manera, refleja valores vigentes para el siglo XXI, pero en forma tangencial y poco trascendente. El problema de la equivalencia en las transacciones económicas se presenta en cada uno de los tres circuitos de distribución de la riqueza socialmente generada: el primario de la esfera de producción, el secundario de la esfera de circulación y el terciario de la redistribución estatal. El más importante es el primario, porque: a) antes de poder distribuir algo hay que producirlo y, b) los ingresos derivados del trabajo y de la propiedad en la esfera de producción son los decisivos. La referencia arriba citada sólo se refiere metafóricamente a la tercera dimensión.

En el integrismo cristiano, en cambio, se interpreta “la multiplicación de los panes” como un milagro de producción que realmente tuvo lugar y, dentro de esta matriz de interpretación infantil-mágica, el valor de enseñanza para la economía contemporánea postcapitalista es, obviamente, cero. En el campo de la economía actual, solo la ciencia y la tecnología correspondiente pueden hacer ese tipo de “milagros” productivos, resolviendo los problemas de desabastecimiento de la gente mediante el conocimiento científico, la tecnología avanzada, el trabajo disciplinado y las formas de propiedad adecuadas.

La diferencia entre los “milagros” productivos de la Biblia y los de la ciencia pueden ilustrarse con el ejemplo de la caminata de Jesús sobre el agua. Para los cristianos es un acto de fe que el Nazareno pudo caminar sobre el agua. El subjetivismo del creyente convierte una realidad virtual (imagen) en un “hecho real”.

La ciencia, en cambio, entiende los escenarios virtuales, los “milagros”, como una función de las condiciones objetivas. Se trata, para ser más preciso, de las “transiciones de fase” o saltos cualitativos en el comportamiento de un sistema, cuya ruptura con su comportamiento normal induce a las mentes no formadas científicamente a imputarle condiciones mágicas o de milagro. El ser humano, por ejemplo, puede caminar sobre el agua, siempre y cuando su condición objetiva de un estado líquido de la materia evoluciona hacia un estado sólido, por ejemplo, mediante su conversión en hielo.

Lo mismo vale para el viejo sueño del ser humano de poder volar. Sólo cuando la ciencia genera las condiciones objetivas para este tipo de locomoción aérea, mediante la construcción de un avión adecuado, el homo sapiens puede realizar su sueño y convertir una realidad virtual subjetiva en una realidad objetiva fuera de sí.

Este segundo método es, obviamente, el único capaz de construir adecuadamente -en su dimensión racional-institucional- la compleja sociedad equitativa del siglo XXI.

COMPARTÍ ESTE ARTÍCULO

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Recibí nuestras novedades

Puede darse de baja en cualquier momento. Al registrarse, acepta nuestros Términos de servicio y Política de privacidad.

Últimos artículos

Exclusivo para Zoom, Jorge Dorio recorre la historia del ámbito salud. Haciendo hincapié en CABA, se pregunta sobre cómo este se vio afectado en la era macrista.
Las políticas encarecedoras y expulsivas en la Ciudad de Buenos Aires lo único que hacen es aumentar. En esta nota analizamos cual es la situación actual de la economía y vivienda de los ciudadanos y el rol que ocupa el Estado en su desempeño.
Gilda se hizo Santa porque así lo quiso el pueblo. A 25 años de su muerte, recorremos su vida y su impacto social, el cual sigue siendo vigente.