«Hay un sector político que quiere ir limpiando el terreno para adueñarse de todo el poder»

Con el mismo y sugestivo título que precede estas líneas, el 12 de enero de 2003 Clarín publicó una declaración de su dueña y directora en la que «por primera vez, la señora de Noble fija públicamente su postura respecto de la causa judicial por la adopción de sus hijos.» Según reza el copete de aquella edición, la carta abierta «denuncia el plan político que derivó en su detención abusiva y arbitraria, dispuesta hace casi un mes por el juez Roberto Marquevich y revocada pocos días después por la Cámara Federal de San Martín.» La nueva edición del libro La Noble Ernestina de Pablo Llonto pone en perspectiva este texto, que hoy transcribimos. Los destacados en negritas, son responsabilidad de esta revista.

Estos dolorosos días me han dejado estremecida pero entera, fortalecida por la amarga experiencia de la cárcel. Me han acompañado el amor de Marcela y Felipe y el sentimiento de que este es uno de los momentos más importantes de mi vida: como madre y como directora de Clarín.

Quiero contarles por qué.

Me encuentro frente a dos realidades muy distintas. Primero, el deseo legítimo de las Abuelas de saber si mis hijos fueron arrebatados a detenidos-desaparecidos. Segundo, los abusos del juez Marquevich.

Muchas veces he hablado con mis hijos sobre la posibilidad de que ellos y sus padres hayan sido víctimas de la represión ilegal. Y siempre les he dicho que yo apoyaba la decisión que ellos tomaran. Tienen 26 años, son lo más importante de mi vida, una vida mucho más interesante, afortunada y prolongada de lo que jamás imaginé en mi juventud.

Son chicos muy emotivos, me adoran, pero también son celosos de su independencia, y conscientes de que deben conducir su propia vida. Los adopté cuando ya era grande y estaba sola, y los preparé para que pudieran arreglárselas sin mí. Estoy muy orgullosa de ellos.

Ellos saben que yo los adopté de buena fe, en un procedimiento legal y transparente, investigado una y otra vez por la Justicia. Mi adopción fue un acto de amor y de felicidad: ese es un lazo que nos une a los tres para siempre. Y la prisión injusta que he sufrido —primero en la celda y luego en mi casa— reforzó aún más nuestra unión. Ese amor enaltecido por el sufrimiento compartido es lo mejor que les dejo: les da fuerza y confianza en ellos mismos ahora, y también cuando yo no esté.

Cualquiera que haya sido la razón por la cual los perdieron, Marcela y Felipe tienen el derecho de conocer quiénes han sido sus padres biológicos. Se trata de un derecho, no es una obligación. Y ejercerán ese derecho cuando tengan plena voluntad de hacerlo y si se sienten confiados en las condiciones de seguridad jurídica y científica en que lo hacen. Marcela, Felipe y yo tenemos mucha desconfianza del juez Marquevich. No así de las Abuelas, a ellas las considero totalmente aparte de cualquier especulación.

¿Pero por qué me encarceló el juez Marquevich?

Ustedes ya saben que él jamás me había citado y yo jamás me había negado a presentarme. ¿Temía que me fuera del país donde viven las personas que más quiero, donde soy querida y respetada?

¿Entendió que era mejor apartarme de la sociedad porque soy un peligro para mis vecinos?

¿Por qué se demoró en indagarme cuando estaban cumplidos todos los pasos para hacerlo?

No me conoce, nunca nos hemos reunido: ¿tiene algo en mi contra?

Ya expliqué por qué siento que este es uno de los momentos más importantes de mi vida como madre. Ahora quiero explicar la importancia que este momento de prueba tiene para mí como directora de uno de los diarios más importantes del país, con toda la responsabilidad que eso conlleva.

Mi prisión forma parte de un plan que comenzó varios meses atrás y que tiene previstas muchas acciones más. Hay un sector político que quiere ir limpiando el terreno para adueñarse de todo el poder: su primer paso es destruir a los medios independientes y, de esa manera, hacer desandar todo el camino de libertad que el periodismo y la gente hemos construido desde el retorno de la democracia.

Ese sector político —junto con algunos jueces, ex funcionarios, empresarios y gente de medios— cree que en una sociedad debilitada, donde la política está desprestigiada y no hay liderazgos, hay que barrer a los medios independientes para después hacerse del control de la sociedad.

Sé que ellos dicen que «no se puede gobernar con Clarín en contra». Yo les respondo: lo que no se puede hacer es gobernar arbitrariamente si hay una sociedad informada por medios verdaderamente independientes.

Lo que nunca confesarán es que quieren instaurar una dictadura con apariencia de democracia, sin juntas militares. Y que saben que eso no es posible si medios de difusión como Clarín siguen diciendo la verdad, siguen investigando y denunciando lo que deben y siguen defendiendo a la gente.

Así lo demostraron investigaciones de Clarín que tuvieron repercusión nacional e internacional y que son insoslayables para entender nuestro dolorido fin de siglo.

Mi prisión tuvo el valor de poner todo esto de relieve. Por eso la soporté entera y con orgullo. Y así soporto hoy un proceso judicial tan injusto como mi prisión.

Les digo que sufro más por mis hijos, que padecen por mí, que por mi situación personal. Sufro también porque veo su intimidad al aire libre, tironeada por especulaciones políticas y por deseos legítimos que terminan envueltos en esas mismas especulaciones.

Me consuela pensar que a Marcela y a Felipe esto los templará en la vida y les enseñará a luchar por los que aman y por cumplir con su misión en la sociedad: por hacer bien su trabajo.

El mío es preocuparme por la gente. Conducir un medio que defienda la democracia, conducirlo para que siga siendo una herramienta al servicio de la gente.

Eso lo pienso seguir haciendo toda la vida.

Para consultar la edición original de Clarín, click aquí.

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