«Hay que dar señales de madurez política que algunos no pueden o no quieren dar»

El referente de los radicales K porteños y precandidato a legislador, afirma que «lo que beneficia a Macri es subestimarlo» y subraya la «falta de vocación política y el extremo personalismo que impiden la construcción de consensos» para enfrentar al PRO en la Ciudad. Haciendo eje en la gestión cultural para desarrollar su propuesta, señala que «para el macrismo es sólo un recurso turístico» y vaticina: «vamos a llegar al Bicentenario sin Teatro Colón para festejarlo».

“La gestión de Mauricio Macri ha resultado mucho peor de lo que nos imaginamos: durante estos 16 meses de gestión la desigualdad entre el norte y el sur se profundizó, el Estado se muestra indiferente frente a la crisis habitacional y en términos culturales y educativos hemos vivido un gran retroceso que se evidencia en todos los barrios de la ciudad”, dispara Gustavo López, el actual subsecretario general de la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner que se postula a legislador porteño en las próximas elecciones. Sin embargo, el escenario fragmentado del progresismo porteño no resulta un dato menor.

—La mayoría de los referentes porteños coinciden en su evaluación del gobierno PRO, pero eso no ha sido suficiente para lograr la unidad entre todos los espacios del arco progresista en la ciudad. ¿Por qué sucede esto?

—La mayoría de nosotros hemos dado muestras de una buena predisposición para construir un espacio unificado, pero hay otros que no han demostrado otra cosa que falta de vocación política y de un extremo personalismo que impiden la construcción de consensos. Somos 16 agrupaciones que apostamos al espacio que lideran Daniel Filmus y Carlos Heller. En mi caso, desde el Partido de la Concertación, tenemos muy claro que nuestro objetivo es recuperar la ciudad en 2011, pero para eso hay que dar señales de madurez política que algunos no pueden o no quieren dar.

—¿A quién se refiere?

—Yo no quiero ofender a nadie y por eso no voy a dar nombres, pero considero que hay experimentados referentes porteños con experiencia en la gestión que tendrían que dar muestras de amplitud política y capacidad de negociación.

—¿El destinatario de sus críticas puede ser el cineasta Pino Solanas?

—Para nada, en su caso se trata de un histórico referente que ha mantenido sus críticas sobre este gobierno desde siempre. El problema son aquellos que han sido aliados del kirchnerismo y empiezan a construir sus críticas porque les conviene.

—¿Esto beneficia a Macri?

—Creo que lo que beneficia a Macri es subestimarlo. Se trata de una derecha cuya concepción de lo público consiste en un Estado que funciona como una empresa privada con un gran call center que atiende a los vecinos como clientes. Ya no hay duda de que su gestión es peor de lo que nos imaginamos, pero para generar una propuesta alternativa, es necesario tomar conciencia de las consecuencias que significa un gobierno de derecha en la ciudad para muchos porteños que siempre llevan las de perder.

—En ese contexto ¿qué papel juega la nueva gestión cultural del macrismo en la ciudad?

—Lo más grave es el desmantelamiento de todo lo que bueno que se hizo antes de su gestión. Durante mi desempeño como secretario de Cultura, pudimos consolidar cinco principios de política cultural que consistían en garantizar el acceso universal de los bienes culturales, la total preservación del patrimonio, el desarrollo de las industrias culturales, la definición de Buenos Aires como lugar de encuentros y una búsqueda permanente de mejor calidad en la gestión para lograr que los resultados beneficien a la gente. Pero el gobierno PRO quiere a la cultura para hacer marketing y por eso ha abandonado muy buenos programas de trabajo que tenían que ver con la integración del sur de la ciudad, como el Programa Cultura en Barrios que, al igual que las orquestas juveniles y los programas de teatro, han sido frenados o simplemente abandonados.

—¿Y con el Teatro Colón?

—Creo que vamos a llegar al Bicentenario sin Teatro Colón para festejarlo. Pero eso no es lo peor, lo más grave es que en términos generales la política cultural del macrismo consiste en la organización de espectáculos, pero no para aprovechar los lazos de cultura para afianzar los vínculos sociales. En una etapa donde toda la oposición agita el fantasma de la inseguridad es necesario recordar que una buena política pública cultural es una de las mejores herramientas para enfrentar estos desafíos. Sin embargo, para el macrismo es sólo un recurso turístico. Un buen ejemplo es que todo el proyecto de bibliotecas populares que habíamos llevado adelante durante años lo dejaron abandonado a su suerte y todas las buenas experiencias culturales que hicimos en los barrios han quedado en el recuerdo.

—¿Cuál es su aspiración en este escenario?

—Poder defender a la cultura como un bien de todos los porteños y no como un negocio de grandes recitales multitudinarios. En la ciudad, quienes coincidimos en que hay que fortalecer el modelo para no volver a la década de los ‘90, tenemos que comprender que la unidad es uno de los bienes más preciados de nuestro trabajo, y en ese contexto la cultura juega un papel fundamental para contraponer un proyecto de inclusión frente a otro excluyente y conservador. Estamos frente a un gobierno de derecha que ya ha dado sobradas muestras de incapacidad e insensibilidad para enfrentar los coletazos de la crisis y para ganarle tenemos que superar nuestras diferencias y tener la mayor madurez posible. Creo que podremos lograrlo.

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