Hacia la Semifinal del 2009

La construcción de un espacio opositor al Gobierno que pueda hacerle sombra a la hegemonía electoral que ostenta el oficialismo kirchnerista se convirtió en un desvelo para muchos, y puso en marcha nuevamente la maquinaria de crear figuras nuevas en la política nacional, que consagrará electoralmente a algunos y diluirá en el mar de las anécdotas a otros menos afortunados.

Con la imagen de los ya viejos estigmas de Carlos Ruckauf —el para muchos presidenciable ex gobernador bonaerense que cayera en desgracia y se borrara de la faz de la tierra política— y de Graciela Fernández Meijide —candidata a gobernadora de la Alianza, hoy inmersa en su tarea docente— como paradigmas del ascenso y abrupta caída mediática, el ARI y el PRO tienen el doble desafío de crear una fuerza alternativa al Frente para la Victoria – PJ que se instale por fuera de la órbita de construcción tradicional, pero a la vez sumando a la tan codiciada “pata peronista” para ganar terreno.

En búsqueda de “dirigentes presentables”, “nuevas caras” y “experimentados dirigentes”, las estructuras partidarias más jóvenes con mayor crecimiento en esta década buscan consolidar su ascenso y pegar el gran salto: alcanzar por primera vez el poder político instalado en la Casa Rosada. Un ZOOM a las referencias que se asoman de la mano opositora.

Ser PRO: el que gana conduce. El que pierde, se va

La mediática alianza electoral que enarbolaron en agosto del año pasado Jorge Macri (primo del jefe de Gobierno porteño) y Francisco de Narváez quedó desdibujada, a un paso de la misma disolución o fractura, término al que le escapan desde el comando del macrismo bonaerense.

De este modo, las figuras de De Narváez, Juan José Álvarez o Gustavo Ferri —yerno del matrimonio Duhalde— quedaron difusas en el horizonte del bicentenario y en el marco de una unidad que tenga como estrella al PRO. La figura ascendente de Mauricio Macri, “que deberá ser refrendada con una buena gestión en la Ciudad de Buenos Aires” —dicen los referentes del espacio del sector que lidera De Narváez—, lo enarbola como referente máximo en la construcción del espacio de la centro-derecha argentina pero “su ambición personalista destruye todo tipo de acuerdo duradero”, se quejaron duhaldistas consultados por ZOOM.

Parece ser que aquella sociedad entablada entre el ex titular de Boca y el presidente de la transición post Alianza, Eduardo Duhalde, a poco de comenzado el gobierno de Néstor Kirchner quedó rota desde que el bonaerense propuso darle el poder nacional a Macri y quedarse él con su Provincia. Como respuesta tuvo una negativa, hasta el momento infranqueable, sustentada en su proyección electoral.

Pero el “no” tuvo sus vaivenes y en una señal de acercamiento Macri aceptó el acuerdo que su primo Jorge y De Narváez —la cara pública del regreso de Duhalde a la escena política— sellaron en las elecciones pasadas. Pero la paternidad del jefe de gobierno porteño en la sociedad Unión-PRO fue lo más intolerable para los duhaldistas y dieron por finalizada la sociedad. «Ahora los tiempos son otros, y esto tiene que ver con algo que es mucho más que estratégico y que es hacer política con las puertas abiertas. Unión-PRO fue una estructura electoral”, disparó el diputado nacional consultado por ZOOM días atrás en una conferencia de prensa.

Cómo ser el bufón del Rey

Sin embargo, Jorge Macri se esforzó en aclarar que “no hay ruptura de relaciones”, y adelantó que continuaban “trabajando en un frente” político. “La relación con Francisco sigue sana. Lo que hay es una separación de bloques a nivel Concejo Deliberante pero se trata de cosas puntuales que no afectan la relación en general”, le dijo Macri a este medio.

La aclaración del primo del jefe PRO no parece caprichosa. Es que no quiere perder el terreno ganado como operador político en la alianza de sectores que “parece inevitable en las legislativas de 2009”, y que lo pondría como referente no sólo en la Provincia sino a nivel nacional. Muchos de quienes lo acompañan se esperanzan en que encabece la lista de diputados nacionales en Buenos Aires y que su gracia no sea sólo la de portador de apellido.

En la búsqueda de quedarse con el preciado botín está Horacio Rodríguez Larreta, jefe del Gabinete porteño, que tiene una misión: instalar la candidatura de la vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, como candidata a gobernadora —su ciudad natal es Laprida, un pueblo del interior bonaerense. De conseguirlo, el funcionario de la Ciudad tendría doble rédito: su consagración de operador político de alto grado —como nuevo interlocutor con el de narvaísmo— que lo colocaría entre las referencias nacionales superando las barreras de la Ciudad, y además quitarse de encima a Michetti, enemiga íntima en la carrera por alcanzar la Jefatura del Gobierno porteño en 2011.

Por su parte, la vicejefa desmiente todo tipo de rumor con su exportación a la Provincia y continúa fija en sus pensamientos la idea de hacerse con el sillón de Macri: “La figura de Gabriela, una mujer que tiene muy buena imagen en la Ciudad, va a empujar a Macri a la Presidencia”, se entusiasman sus asesores.

La mano derecha y la pata peronista

Estas no son las únicas figuras que se destacan en el macrismo. El relanzamiento de Recrear —socio del PRO en su nacimiento y ahora poco menos que hermano menor— tiene como estrella máxima al ministro de Desarrollo Social porteño, Esteban Bullrich, ex compañero de fórmula de Ricardo López Murphy, quien abandonó el partido que él mismo fundó ante la contradicción de sus directivas.

Con el objetivo cumplido, el joven diputado nacional de 39 años ahora se entusiasma con ser parte de la mesa chica del macrismo y, de este modo, torcer en las pulseadas que diriman candidatos en las legislativas del año próximo. “Tiene todas las chances de renovar su banca”, admitieron desde su espacio en un estricto off a ZOOM como una de las primeras metas.

Pero Macri sabe que si cuenta sólo con su entorno más cercano es imposible desbancar al matrimonio Kirchner, y en ese marco empieza a tejer acuerdos con dirigentes nacionales del peronismo residual que se negaron a cerrar filas en el kirchnerismo. Esa lista la encabeza el misionero Ramón Puerta, compañero de Macri en la UBA y hombre al que confían la tarea de sumar la pata peronista del PRO.

Del ARI a la Coalición Cívica

“La piedra angular de la construcción de poder popular de Lilita Carrió es el ARI porque es la única agrupación política con cuadros y estructura que le puede garantizar una elección”, se arrogan desde el partido que fundó la ex candidata presidencial pero que abandonó por los límites que le intentaban poner a sus polémicos acuerdos. Con esta excusa, Lilita puso en marcha la Coalición Cívica, un proyecto que le rondaba en la cabeza e, incluso, enfervorizaba a muchos aristas, pero que encontraba fronteras ideológicas insuperables en el sector.

Con raíz gremial en la combativa central educativa CTERA, La Corriente es el espacio que ostenta el mayor poder en la provincia de Buenos Aires dentro del ARI y aportó a muchas de sus principales figuras a la discusión nacional, como el caso de los denominados autónomos como Eduardo Macaluse y la ex legisladora Marta Maffei.

Sin estas figuras de alta exposición mediática, el grupo busca imponer sello propio a través de su máximo referente Horacio Piemonte, jefe del ARI bonaerense y actual diputado del bloque Coalición Cívica en la Legislatura provincial.

El denominado cerebro de la estructura provincial mantuvo siempre un perfil bajo. Aunque se lo conoce como uno de los asesores más escuchados por Carrió, no es justamente por sus coincidencias. Dicen, quienes frecuentan a la chaqueña, que el hombre proveniente de Florencio Varela “le hace fuertes cuestionamientos a Lilita y que más de una vez se terminaron enfrentando. Por eso lo respeta”. También es verdad que el ARI es la única estructura partidaria firme que tiene la Coalición Cívica, ante las dudas del socialismo y del radicalismo de integrar definitivamente la construcción de este espacio opositor. Pero este partido, que apenas con siete años de vida ya es una de la más antigua de las organizaciones que integran la Coalición, tiene entre sus figuras a nombres que, sin mayor recorrido a pie, han ganado terreno en los medios.

Conocidos como los “satélites” de Carrió, o en algunos casos “Lilitos de cuna”, supieron asentarse como referencias y son considerados referentes de la Coalición.

Uno de esos casos es el de Adrián Pérez, también proveniente de la poblada Buenos Aires, es la cara más conocida del ARI en la Coalición, y su habilidad para acercar al arco de la centroderecha le dio una buena mano para erigirse como hombre de confianza de Carrió. Pero al mismo tiempo, consiguió la resistencia de buena parte de la estructura provincial que desalentó el ingreso de Unión por Todos a la Coalición.

Otra máxima referencia es la sorprendente dirigente nacional Fabiana Ríos, que le arrebató la gobernación al kirchnerista Hugo Cóccaro y no sólo se convirtió en la primera mujer gobernadora sino que le marcó el camino de la victoria a la Coalición Cívica contra la estructura presidencial. Su gestión es la vidriera que tiene el sector que comanda Carrió para demostrar que no sólo es un espacio de crítica sino que también pueden resolver problemas.

De origen socialista, Ríos recorrió el camino de la mano del ARI desde su diputación nacional hasta la gobernación fueguina y se convirtió en una referente nacional (es crítica con Carrió pero con perfil bajo).

El caso de Elsa Tata Quiroz es bastante particular. Asesora en materia de género —una definición misma del origen partidario—, la actual diputada nacional es la Secretaria General de la Mesa Nacional del ARI pero su peso político no desnivela a favor de uno o en contra de otros sino que respalda de manera incondicional la figura de Carrió. Presa política hasta 1983, la filósofa es coordinadora académica del instituto Hannah Arendt, que preside Carrió. Además, fue Defensora Adjunta del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en el área de Derechos Humanos y Equidad de Género.

En búsqueda del peronismo perdido

Gerardo Conte Grand supo ser uno de los primeros kirchneristas, aún antes de que el ex presidente Néstor Kirchner soñara con la posibilidad de arribar a la Casa Rosada. Integró el denominado Grupo Talcahuano, comandado por el ex gobernador santacruceño Sergio Acevedo —hoy también enfrentado a los Kirchner.

El porteño es la carta de presentación que tiene Lilita para ingresar a la mesa peronista que mira con recelo su origen radical. No obstante, las últimas elecciones le dieron cierto respiro por su ascendente aceptación en los sectores medios-bajos de la sociedad. Desde Conte Grand, la Coalición envía su señal a los peronistas disidentes del kirchnerismo pero aclara que “no van a sumar a cualquiera”.

De origen radical

La integración de Enrique Olivera, quien fuera jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, es consecuencia de la buena relación que tiene Carrió con sus antiguos correligionarios, a quienes tienta ante la debacle del partido centenario tras el fracaso de la Alianza y las decepciones que sufren con la llamada Concertación kirchnerista.

Del mismo sector pero de la codiciada provincia de Buenos Aires proviene Margarita Stolbizer, la ex diputada nacional de la UCR y última candidata a gobernadora. Ella arrastra a la Coalición al radicalismo disidente que hizo frente a la crisis dentro del partido con críticas al Gobierno nacional. La ex titular de la UCR provincial supo sembrar buenos lazos con los socialistas opositores en el espacio de centroizquierda que se inició en Rosario allá por principio de 2005, y es uno de los canales abiertos a los que apuesta Carrió para fortalecer su signo “progresista”.

Otro integrante del partido centenario fue Ricardo López Murphy, quien al igual que Carrió, abandonó el partido que él mismo creó (RECREAR) por las disidencias que creaba un acercamiento a la Coalición y su consecuente alejamiento del PRO.

Y si bien no es parte de la Coalición, las fuentes consultadas por ZOOM aseguran que “es inevitable el acercamiento por la buena relación que mantienen ambos dirigentes”.

Las Pibas resistidas

No caben dudas de que su figura despertó las primeras críticas de parte del ARI ortodoxo y que su presencia fue uno de los factores que llevó a la conformación del renovado Grupo de los Ocho. Patricia Bullrich es considerada la representante de la derecha en la Coalición y su alto perfil la posiciona como una referencia inevitable.

En esa misma línea de críticas está la senadora nacional María Eugenia Estenssoro, que es vista con malos ojos por los integrantes del ala izquierda de la Coalición debido al origen de “alta alcurnia que desvirtúa el camino tomado”, según la queja de los aristas.

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