Hacia la comunidad sudamericana

Cochabamba, es una de las ciudades más pobladas de Bolivia. Con casi un millón de habitantes vivió en 2000 la «guerra del agua» y tras los cimbronazos que provocó, esta semana fue la sede de la Cumbre Social para la Integración de los Pueblos y de la II Cumbre Sudamericana de Naciones. Dos acontecimientos en el epicentro de las protestas más importantes de los últimos años.

La primera, reitera los temas y el formato del altermundista Foro Social Mundial nacido en 2001 en la brasileña Porto Alegre y reunió a casi 3.000 representantes de movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales de América Latina y el Caribe, la mitad de ellos bolivianos, en el céntrico Instituto Americano.

Sin embargo el centro de la atención estuvo puesto en la II Cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones que afrontó al menos cuatro grandes desafíos: las conexiones físicas y energéticas para el desarrollo de la región, la superación de la desigualdad y la pobreza y el incentivo de las diversas identidades culturales de sus pueblos.

La cumbre ocurre a poco de terminar el año y cuando el calendario electoral no sólo ha llegado a su fin, sino que arroja un duro resultado contra las políticas de Washington en América Latina, especialmente en Venezuela, donde Hugo Chávez ganó por el 63 por ciento de los votos, resultado que le garantiza 6 años más de gobierno.

En ese contexto, la declaración final del encuentro se organizó en torno a estos cuatro puntos.

La idea es constituir el cuarto mayor bloque del planeta, junto al Nafta (siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio de América del Norte), la Unión Europea y la Asean, la Asociación de Naciones de Asia Pacífico. Nadie niega que no será fácil, y no sólo porque las metas son ambiciosas, sino porque aún no está claro si los doce mandatarios sudamericanos asumirán la idea de la Comunidad, a pesar de que todos declaran su amor por la integración regional.

Es el caso de Néstor Kirchner, por ejemplo, que no asistió a la cumbre, aunque su papel para apoyar al gobierno de Evo Morales, poco tiene que ver con la naturaleza de este encuentro. La incertidumbre sobre la asistencia del mandatario de Argentina obedece a la desconfianza tradicional que despierta un encuentro como éste: la Comunidad fue propuesta por Brasil en 2004 y es considerada por Brasilia como prioridad de su política exterior.

Nadie puede negar que a esta altura del partido y con Lula ya reelecto, Argentina y Brasil viven relaciones de amor y odio que van mucho más allá de la rivalidad futbolística.

Eso no impide que ambos hayan dado pasos importantes hacia la integración económica y financiera de América del Sur. Por ejemplo los dos países comerciarán entre sí utilizando solamente el peso y el real (sus monedas nacionales) sin la intermediación del dólar. La medida facilita la propuesta de creación de un banco de desarrollo sostenido por los países de la región, utilizando sólo las monedas nacionales.

La iniciativa también coincide con el llamado Banco del Sur, cuyos contornos son delineados por varios bancos centrales de la región, en especial los de Argentina y Venezuela.

Pero lo cierto es que la integración sudamericana parece cobrar fuerza tras la elección de gobiernos progresistas en América Latina, pero no es una idea nueva, sino la tercera oportunidad histórica que tiene la región: la primera fue en 1826, cuando (el libertador) Simón Bolívar convocó a una reunión en Panamá para proponer la integración política.

Después, en 1959, se intentó crear el mercado común sudamericano, como una forma de priorizar la economía y ahora, la Comunidad Sudamericana asume un impulso político y económico para articular las nuevas prioridades que imponen la serie de coincidencias de los nuevos gobiernos de la región que demuestran una serie de coincidencias y hechos sumamente importantes para el cambio de rumbo frente a los dictados de Washington.

Si bien ayuda la disposición de varios gobiernos que comparten ciertos ideales como el rechazo al modelo neoliberal que se impuso en la región en los años 90, esa no es la única condición necesaria para integrar a América del Sur, ya que “el neoliberalismo que orientaba a los 34 gobiernos de América en 1994, cuando fue lanzada el Área de Libre Comercio de las Américas, dejó marcas en la arquitectura productiva de todos los países de estas regiones», alertó el sociólogo Edgardo Lander, de la Universidad Central de Venezuela en diálogo con la prensa internacional.

«Las economías de todos los países están orientadas a exportar a Estados Unidos y a Europa y a competir entre sí, lo que impide una integración verdadera», explicó. El proceso ahora propuesto es, al mismo tiempo, mucho más ambicioso y difícil, «por no limitarse al aspecto comercial», agregó.

«Debemos pensar en la reorganización del modelo de desarrollo de cada país para atender con prioridad los mercados internos, y repensar la forma en que nos relacionamos con el ambiente, cómo producimos y cómo consumimos energía», precisó. «Necesitamos nada menos que un cambio civilizacional».

El encuentro oficial reunió a representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, los doce miembros de la Comunidad Sudamericana, constituida en diciembre de 2004.

Es la energía, estúpido

Pero la agenda que despierta la antipatía de muchos movimientos sociales es la Iniciativa para la Integración de Infraestructura de la Región Sudamericana (Iirsa).

Coordinada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con promesas de abultados aportes financieros del estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES), la Iirsa es un paquete de más de 300 obras, entre hidrovías, ferrocarriles y centrales hidroeléctricas, que aún está por iniciarse.

La IIrsa es también la mayor manzana de la discordia entre las dos Cumbres y el único elemento que, hasta ahora, ha dado alguna institucionalidad a la Comunidad Sudamericana.

Fue propuesta en 2000 por el entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), y abrazada con entusiasmo por el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.

Se trata de una suerte de base sobre la cual se apoya la Comunidad Sudamericana. Pero, a medida que es divulgada -el primer debate público fue cinco años después de su lanzamiento, en noviembre de 2005 en la sede del BNDES en Río de Janeiro- va recibiendo críticas de todos lados.

Las organizaciones sociales acusan a la Iirsa de servir a grandes grupos internacionales exportadores de los recursos naturales de América del Sur, sin que la población local saque provecho alguno de esas riquezas.

El anfitrión de la II Cumbre, el mandatario boliviano Evo Morales, envió al encuentro paralelo una carta clara y directa, evitando las expresiones edulcoradas de la diplomacia.

Entre otras consideraciones, Morales advierte que «debemos revisar la Iirsa para tomar en cuenta las preocupaciones de las personas que quieren ver avenidas en el marco de polos de desarrollo y no autopistas por las cuales pasan contenedores para la exportación en medio de corredores de miseria y aumento del endeudamiento del país».

Varias de las obras que constan en los planes de la Iirsa, del BID y del BNDES siguen la lógica de establecer plataformas para la exportación de productos naturales hacia fuera de la región.

Ese es el caso de las grandes centrales hidroeléctricas de San Antonio y Jirau, planificadas a un costo de 13.000 millones de dólares para ser construidas sobre el río Madeira, en el noroccidental estado brasileño de Rondônia, en la frontera con Bolivia, afirma el sociólogo Luis Novoa.

«Tenemos estudios que señalan la posibilidad de que el lago a ser formado por el embalse del río Madeira acumule sedimentos en su fondo y se expanda, inundando territorio boliviano en algunos años», estima el brasileño Novoa.

En su opinión, existe la posibilidad de que las dos hidroeléctricas sean apenas la punta de lanza de un complejo aún mayor, que implicaría la construcción de otras dos usinas y de una hidrovía para transportar la soja y otros productos agrícolas que serían cultivados en zonas de la floresta brasileña.

Habituales afectados por proyectos de este tipo, los aborígenes se anticiparon al inicio de la Cumbre Social y realizaron el encuentro «Integración de América del Sur desde el Punto de Vista de los Pueblos Indígenas», que reunió a representantes de casi dos millones de personas de varias etnias.

«Queremos que los acuerdos gubernamentales de integración incluyan el respeto a los derechos indígenas ya establecidos en otros documentos internacionales, como la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que reconoce las organizaciones socio-políticas de los indígenas, así como el derecho a las riquezas contenidas en nuestros territorios», pidió el cacique de la etnia xukuru, Marcos Luidson de Araújo Tatuí, procedente del nororiental estado brasileño de Pernambuco.

«Las grandes inversiones que sólo miran al mercado externo, como las del sector del papel y la celulosa, son obstáculos a la demarcación de nuestros territorios y causan muertes y suicidios entre indígenas que sufren al sentirse confinados en un pequeño espacio de tierra».

Ver La economía de Bolivia

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