Guerra mediática

La belicosidad política y del escenario comunicacional no tiene sustento ni anclaje en una polarización concreta de la sociedad. Las diferencias con Venezuela. El Gobierno deberá dar avances contundentes en materia de comunicación, como lo fue la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

En la actualidad, se puede ver en la Argentina una guerra mediática como nunca antes la hubo. Han existido momentos tensos en distintas épocas, pero nunca las páginas de los periódicos ni las pantallas de la televisión fueron escenario de una batalla tan abierta y violenta.

Esta guerra mediática tiene una particularidad muy interesante y que debe ser analizada con profundidad. Este escenario belicoso no tiene sustento ni anclaje en una polarización concreta de la sociedad. Es decir, es claro que se trata de una lucha de poder, de poderes económicos muy fuertes que definirán el rumbo del país, pero no es una pelea que se viva en las calles, en la sociedad, con una división tan punzante como la que presentan a diario los medios de desinformación.

En la República Bolivariana de Venezuela, por ejemplo, la guerra mediática tiene su correlato en la batalla diaria entre los sectores populares y revolucionarios, y las clases altas al servicio de los intereses del imperio estadounidense. Mientras las pantallas de Globoterror o Plomovisión y de RCTV llaman, literalmente, a matar al Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, los canales del Estado o comunitarios responden con informes que esclarecen los intereses que hay detrás de las empresas de comunicación: vender el país a potencias extranjeras. Al mismo tiempo, en las calles, los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (pública pero elitista) marchan en oposición al Gobierno, y cuando los estudiantes chavistas responden con una contra-marcha, un francotirador asesina con gran puntería a uno de ellos (Yosimir Carrillo Torres, estudiante de 15 años) con una bala en la cabeza. Ese mismo martes 26 de enero de 2010 también asesinaron a Marcos Rosales de 28 años.

Aquí, cualquiera podría pensar “¿pero cómo, los medios argentinos no reflejan la realidad, lo que pasa?” Hay mucho más que eso. Si no, veamos la “gestión” del empresario Mauricio Macri y el blindaje mediático que recibe: el conflicto con los docentes por los salarios y las pésimas condiciones de las escuelas públicas, el encubrimiento a la UCEP que golpeó a una mujer embarazada que perdió el bebe, las sub-ejecuciones del presupuesto de la Ciudad, las irregularidades en la prórroga del contrato a las empresas que realizan la recolección de basura, Ciro James y el espionaje deliberado, Jorge “Fino” Palacios, Osvaldo Chamorro, Eugenio Burzaco, la designación de Abel Posse con su anacrónico discurso como Ministro de Educación y las picanas Taser de la Policía Metropolitana. Ahora, se podría agregar el “diluvio”, como lo presentó la gran prensa argentina, el incumplimiento de las obras, los cortes de luz a 60 mil usuarios y el reclamo de los vecinos, con cacerola y corte de calles incluido.

Pero, ¿por qué guerra mediática? Desde la intervención del INDEC, el conflicto con las patronales sojeras, la estatización de los fondos provisionales, el fútbol para todos y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, tanto Clarín como todas las empresas que responden al establishment económico han desatado su furia contra el Gobierno. Las tapas y los títulos han sido una bomba tras otra, y pese a los errores en la política de comunicación del Gobierno, en la Televisión Pública, como en la radio y en la prensa escrita, han aparecido nuevas voces para contrarrestar el ataque mediático.

El ejemplo más claro puede ser el programa 6, 7, 8. Algunos lo critican por oficialista, pero el papel que cumple con su ironía, desfachatez, rigurosidad, conjuntamente con las pinceladas bizarras y los títulos sensacionalistas, es clave en esta guerra mediática.

El pasado martes 17 de febrero, y esto ocurre todos los días, fue una batalla excepcional. En el programa ahora conducido por Luciano Galende, estuvo como invitado el Ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio Miguel De Vido. Más allá de la entrevista del panel y la promoción que hizo el Ministro de su gestión, lo importante en resaltar son los informes que preparó la producción. Sin sutilezas, pusieron de manifiesto qué es Clarín, cómo manipula la información y cómo crea realidades paralelas. Además denunciaron abiertamente, como lo vienen haciendo, la posible apropiación de dos hijos de desaparecidos por parte de la máxima accionista del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble. Todos los informes, con el delirio característico del programa (y de la productora) pero con un claro objetivo: desenmascarar al monstruo y lograr otro tipo de información.

Mientras tanto, en TN, estaba el divertido Santo Biasatti con un programa acerca del paco, que llevaba por título “La amenaza narco está entre nosotros” Yo me pregunto, con absoluta humildad, ¿qué es ese título? ¿Qué significa? ¿Se puede ser tan mediocre, por no decir patético?

Además, tanto TN como el resto de los canales, habían instalado en su pantalla durante todo el día la acusación (por parte de un medio, no de un juez) al baterista de callejeros, Eduardo Vázquez, con títulos como “Prendió fuego a su novia”. Yo les pregunto a mis colegas, ¿Se puede ser tan irresponsable? ¿Es necesario tratar tan mal a la noticia y a una persona? ¿Hasta cuándo la sociedad va a permitir tanta impunidad a los periodistas? Y si las empresas los presiona, ¿qué significa para ustedes la Obediencia debida? Sandra Russo en ese programa recordó que un gran periodista como José María Pasquini Durán, recién fallecido, le dijo: “Cuidá tu firma, que es lo único que te vas a llevar”.

Y para que no queden dudas de los intereses que defiende Clarín, basta con ver los títulos del día miércoles 18 respecto de la soberanía de las Islas Malvinas: “El Gobierno intenta trabar la exploración petrolera en Malvinas”, o “Intentan complicar el negocio de las petroleras que operan en el área controlada por Gran Bretaña”.

Es un bombardeo constante entre los grandes grupos económicos que tienen medios de comunicación, algunos medios privados con conciencia nacional y los medios de comunicación del Estado. Particularmente, la guerra entre 6,7,8 y Clarín, es una guerra entre el Estado y una corporación privada, lo cual es importante y para tener en cuenta. Quizás esta guerra, algún día, despierte la conciencia del pueblo, de los trabajadores, de los desocupados, de las mujeres por el lugar denigrante donde la ubican, de los pueblos originarios por el olvido al que los sentenciaron y de los sectores medios que están peleados con la vida pese a su progresión material.

Para esto, es necesario que sigan apareciendo nuevos programas, nuevos periódicos y nuevas voces en las radios, que permitan otro tipo de comunicación, sin colonizar la subjetividad de las personas, con otros valores, otros parámetros estéticos; donde los intereses del pueblo se vean representados (y no lo de las empresas petroleras británicas), al igual que la cultura nacional, la tradición y nuestras raíces. Es imprescindible que, en este momento histórico, el pueblo se haga cargo de su propio destino y tome las riendas de la comunicación. En este sentido, el Gobierno deberá dar avances contundentes en materia de comunicación, como lo fue la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

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