Golpeados por el creciente cuestionamiento a la Guerra de Irak, los republicanos apuntan a Chávez y proponen matarlo

Por Causa Popular.- A esta altura del desarrollo de la revolución bolivariana en Venezuela, y de las políticas imperiales de Estados Unidos, no es un hecho aislado que el pastor ultraconservador aliado incondicional de Bush Pat Robertson declame el asesinato de Chávez. Aunque la Casa Blanca haga todo lo posible por señalar que fue realizado por un ciudadano cualquiera nadie lo cree. La salida estratégica que representa para América Latina la profundización de la alianza económica y política entre Cuba y Venezuela, tiene una clara contrapartida en la tradicional derecha anticastrista al interior del territorio norteamericano que va ganado posiciones, sumando a los opositores a Chávez, y fogoneada por el nacionalismo conservador y guerrerista de George Bush.

Los antecentes del evangelista Pat Robertson, son una muestra más, de los apoyos al interior de su país con los que cuenta Bush para sostener su política guerrerista. El clérigo fraticida, fue sostén del presidente asesino de Guatemala, Efraín Ríos Mont, quien está acusado por Amnesty International de 16 mil asesinatos. Por si fuera poco, en la década de los 80, este pastor apoyó con su red de emisoras y canales de televisión Christian Broadcasting Netwok (CBN), a la ‘Contra’ anti sandinista.

Como no podía ser de otra manera con este currículum, este pastor es el mismo que apoyó a Bush en sus dos campañas electorales desde su red de tele emisoras, bajo el nuevo nombre de The Family Chanel. Amigo y correligionario en ideas y acción política de la familia Bush, del vicepresidente Dick Cheney y John Negroponte, el religioso no hace otra cosa que llevar hasta las últimas consecuencias, lo que dicen algunos funcionarios de Estado.

Como escribiera Modesto Emilio Guerrero en un nota publicada esta semana en el sitio de internet Argenpress.info, respecto de Robertson: “El representa la reacción contra la madre del soldado muerto en Irak que se apostó en la casa de Bush para rechazar la invasión; es la cara opuesta a la que se atrevió a mostrar el artista Michael Moore, quien viene anunciando la aparición de muchos Pat Robertson en la sociedad yanqui, a causa de la nueva ideología nacionalista imperial de Bush.

Desde este punto de vista es un error teórico y político creer que Pat Robertson es un ‘demente’, como sostuvo el embajador venezolano en las Naciones Unidas.”

Fiel a su nueva política diplomática norteamericana que intenta mejorar la imagen de los Estados Unidos en el mundo, en una conferencia de prensa, el secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld afirmó: “Nuestro departamento no hace ese tipo de acciones. Es contra la ley. El es un ciudadano privado, y los ciudadanos privados dicen todo tipo de cosas todo el tiempo».

Por su parte, y tras admitir diferencias con el gobierno de Caracas y expresar que debería alentarse la democracia en el Hemisferio Occidental, el portavoz del Departamento de Estado Sean McCormack manifestó que los comentarios de Robertson fueron “inapropiados”.

“Esta no es la política del gobierno de Estados Unidos. No compartimos su posición”, señaló McCormack. “Yo creo que la gente de todo el mundo tomará estas declaraciones como lo que son: la expresión de un ciudadano” expresó el portavoz.

Para que la gente de todo el mundo pueda interpretar las declaraciones del clérigo como la de un ciudadano común, como desea Washington, las cadenas informativas norteamericanas se encargan de ocultar la responsabilidad de Estados Unidos en los tres atentados contra Chávez, desmontados a tiempo entre 2003 y 2004, y la conspiración contra Venezuela, denunciada por investigadores como Eva Golinger (ver libro ‘El Código Chávez’), más los innumerables atentados fallidos contra Fidel Castro.

El magnicidio es una de las tácticas posibles de la política imperial, Pat Robertson no hizo más que sugerir algo que debe estar discutiéndose entre los halcones de la Casa Blanca, una invasión como la de Irak, o el asesinato o secuestro de Chávez. Fiel a su creencia protestante, atento a sus cuentas, Robertson reclamó lo más barato para el Estado de su país: el asesinato.

Mejorar la imagen para legitimar el genocidio

Algunos analistas políticos consideran que el 6 de agosto puede marcar el principio del fín de la guerra en Irak. Ese día llegó Cindy Sheehan, madre de un soldado muerto en Irak, a las afueras del rancho del presidente George W. Bush, con la intención de interpelar personalmente al presidente norteamericano la razón por la cual murió su hijo en una guerra fabricada.

Esta madre ha logrado acaparar la atención de la opinión pública de los Estados Unidos como nunca antes. Esto puede observarse en el desplome que continúan registrando las encuestas, en el apoyo popular a esta guerra.

Además, ya comenzaron a corroerse las relaciones con el Congreso, el mismo que le votó a Bush todo crédito de guerra y aumento en el presupuesto de defensa que solicitara. Varios legisladores, incluídos algunos republicanos, proclaman en estos días que esta aventura se parece cada vez más a Vietnam y que es hora de trazar una estrategia para salirse de ella.

David Brooks escribe en La Jornada: “La escena que provocó Sheehan al iniciar su vigilia en Crawford, Texas, fue el mensaje: mientras el presidente estaba de vacaciones, un ejército de voluntarios, la mayoría pobres, morían en Irak, o sea, el sacrificio nacional en esta aventura bélica es injusto, y los ricos se benefician mientras los demás dan la sangre. Sheehan ha perforado la burbuja presidencial, y el mandatario y su gente no han logrado pasar un solo día desde su llegada a Crawford sin tener que reconocer su presencia.”

Pero no sólo los problemas de imagen son internos, para el gobierno de Bush, cada día crece aún más el número de personas que en distintas partes del mundo ven negativamente su política unilateral considerada como genocida. Preocupados por este escenario, la secretaria de Estado Condolezza Rice, y el presidente Bush se reunieron para poner en marcha el intento de intentar mejorar la pésima imagen de Washington y el gobierno de Bush en el resto del mundo.

Al convite asistió una asesora clave. Se trata de la subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública, Karen Hughes, de 48 años, quien propuso encabezar un grupo interministerial de “diplomacia pública” que intentará promover de modo más efectivo la política exterior y crear equipos de “respuesta rápida” para contrarrestar información negativa para EE.UU. en el planeta.

Hughes ha sido junto a Karl Rove uno de los principales consejeros de Bush desde sus tiempos de gobernador en Texas. De hecho, esta ex periodista que vivió en Panamá cuando su padre fue gobernador estadounidense en la zona del canal, es señalada como la redactora de la autobiografía de Bush. Durante el primer mandato del presidente, Hughes trabajó como asesora en la Casa Blanca pero renunció en 2002 por razones personales.

Rice se detuvo en aclarar luego de la reunión, que se descarta de plano cualquier posibilidad de que EE.UU. vaya a cerrar a modificar rumbos. “Lo que no quiero sugerir es que vayamos a cambiar de políticas porque sean impopulares”, dijo. ¿Cuánto podrá cambiar la imagen internacional de Washington sin modificar el rumbo actual entonces?

El clérigo Pat Robertson y Cindy Sheehan, madre del soldado muerto en Irak, son caras opuestas de una sociedad norteamericana que luego de un contundente consenso a la política guerrerista producto del miedo generalizado, agitado por el gobierno de Bush tras los atentados del 11 de septiembre, comienza a establecer sus diferencias internas.

Como en el preludio del final de la Guerra de Vietnam, el consenso cae y con el aumentan las posibilidades de que termine la invasión y asesinato del pueblo iraquí. De lo que suceda con este país depende mucho la política militar que decida implementar Bush contra sus enemigos estratégicos en América Latina: Cuba y Venezuela.

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