Gobiernos nuevos, problemas nuevos

Las recientes elecciones presidenciales en Uruguay, Bolivia y Chile, sumadas a los comicios que tendrán lugar en Venzuela, Brasil y Argentina en 2010 y 2011, ponen en disputa la continuidad o ruptura de los procesos políticos y económicos de transformación social en la región. A la salida del crack global, las amenazas son para muchos y las oportunidades para pocos. Bolivia apuesta a la industrialización y Uruguay al desarrollo de conocimiento.

En el último mes, tres de los cinco países con los que limita la Argentina atravesaron elecciones presidenciales en las que se puso en disputa la continuidad o ruptura de sus respectivos procesos políticos y económicos de transformación social. En los casos de Bolivia y Uruguay, sus pueblos optaron por la continuidad y profundización de la nueva etapa iniciada por Evo Morales y el Frente Amplio. En el caso de Chile, si bien falta la segunda vuelta electoral, el panorama para la Concertación luce bastante sombrío.

Los desafíos que enfrentarán estos gobiernos entrada la segunda década del siglo XXI, serán sustancialmente diferentes a los de la primera. En este período, la región pudo crecer a tasas históricamente inéditas gracias a una situación internacional favorable y a la implementación de una política económica soberana. El nuevo contexto en el que deberán gobernar los Presidentes electos, estará condicionado por el mundo que se encuentra emergiendo de la crisis.

Durante el último trimestre del año, han proliferado los análisis económicos que afirman que lo peor de la crisis ha quedado atrás. Suponiendo que este diagnóstico es certero, debe advertirse que la finalización del derrumbe no implica que el mundo se esté embarcando en nuevo ciclo de crecimiento y, mucho menos, de desarrollo. Bajo este contexto de incipiente recuperación, vale destacar como rasgo distintivo de la presente crisis, el hecho de que a diferencia de los países desarrollados, nuestra región la ha atravesado sin demasiados sobresaltos. Esta situación ubica a los países sudamericanos en una posición razonablemente buena para poder aprovechar las oportunidades de la pos-crisis y evitar las amenazas que emergen de las modificaciones acontecidas en la economía global.

El mundo tras la crisis

Al analizar cómo será la economía global en los próximos años, lo primero que debemos observar es que las políticas monetarias y fiscales expansivas que implementaron las principales potencias para enfrentar la crisis mundial, atacaron sus consecuencias dejando intactas sus causas. Por ende, si es cierto que lo peor ya pasó, no debemos esperar la implementación de regulaciones al sistema financiero y lo que tendremos, en el mejor de los casos, es muy poca reforma.

La economía que viene se caracterizará por un tímido crecimiento, con gran competencia, políticas proteccionistas, alto desempleo y el surgimiento de nuevas potencias que impulsarán la expansión económica. La locomotora del crecimiento mundial se está trasladando desde el Atlántico (Estados Unidos y Europa) hacia la región de Asia-Pacífico (China e India). Brasil está jugando un rol protagónico del nuevo orden multipolar y su crecimiento traccionará a nuestra región. Adicionalmente, dos recursos se están consolidando como estratégicos para el mundo que viene: los alimentos y la energía.

Acá están las amenazas, desafíos y oportunidades que emergen de la crisis. Donde las amenazas son para muchos y las oportunidades para pocos y sólo para quienes sepan identificarlas y actuar en consecuencia para aprovecharlas.

Sudamérica tiene la oportunidad que significa poseer una gran dotación de estos dos recursos estratégicos. Sin embargo, bajo el neoclásico modelo de las ventajas competitivas, esto también puede convertirse en una amenaza para nuestras poblaciones. Esta teoría de gran aceptación entre los círculos que han defendido acérrimamente el neoliberalismo, afirma que las naciones tienen que especializarse en aquellos sectores intensivos en el uso de factores relativamente más abundantes. Por lo tanto, según este paradigma, nuestros países deberían insertarse en el mundo como exportadores de materias primas agrícolas y commodities energéticos de bajo valor agregado. En otras palabras, consagrar un modelo económico que genera bajos salarios y alta concentración de la riqueza.

Lejos de despreciar esta privilegiada dotación de recursos, Sudamérica debe aprovecharlos para financiar un genuino proceso de desarrollo en el que se construyan las ventajas competitivas a partir de procesos de industrialización, innovación y cambio tecnológico en el que produzcamos bienes y servicios de alto valor agregado consagrando un continente con altos salarios y mercados internos poderosos. En definitiva, debemos acercarnos a las nuevas locomotoras que impulsarán el crecimiento mundial, concientes de que no podemos ni es deseable competir con ellas vía precios. Por el contrario, debemos ofrecer al mundo y a estas nuevas potencias, productos diferenciados de calidad, alto valor agregado y que sean el resultado de procesos de innovación e incorporación de tecnología.

¿Podrán los nuevos gobiernos aprovechar las oportunidades?

Al igual que la mayoría de los países de la región, Bolivia, Uruguay y Chile todavía padecen las consecuencias de las dictaduras militares y de años de neoliberalismo. Sin embargo, el presidente reelecto Evo Morales y el electo José Mujica parecen tener una estrategia bastante clara respecto a las políticas que deben implementar en sus países para aprovechar las oportunidades que abre el incipiente proceso de recuperación económica mundial.

El 63% de los votos con los que el pueblo boliviano respaldó la reelección de Evo Morales y el excelente desempeño que tuvo en las regiones del Sur y el Este del país como Santa Cruz y Tarija, fue interpretado por el Presidente como una señal para acelerar el proceso de cambios iniciado en su primer mandato. La primera etapa de su gobierno tuvo entre sus prioridades que las poblaciones indígenas obtuvieran igualdad de derechos y reducir la infinita pobreza que castiga a su población a partir de la implementación de una diversidad de políticas sociales.

Para este segundo mandato, el líder aymara ha manifestado que para que Bolivia se encamine hacia el desarrollo, se debe avanzar en la industrialización del país. Para ello, cuenta con cuantiosos recursos provenientes de la nacionalización del petróleo y del gas acontecida en 2006 y con un incalculable ingreso potencial proveniente de la explotación del litio. Este mineral que se utiliza para la fabricación de baterías recargables para celulares y notebooks podría convertirse en un par del petróleo cuando empiece a expandirse la producción de autos eléctricos.

Se calcula que el 50% de las reservas mundiales de litio se encuentran en territorio boliviano y los candidatos que disputaron la reciente elección presidencial presentaron diversas propuestas para explotar este mineral. Al respecto, Evo Morales defendió la propiedad estatal de este recurso y la asociación con empresas que pudieran realizar las multimillonarias inversiones necesarias para construir las plantas de explotación y refinamiento bajo la estricta condición de que instalen en el país las fábricas de baterías y de autos eléctricos. Más claramente, Morales está demostrando su decisión para industrializar Bolivia y crear puestos de trabajo calificados y bien remunerados.

A diferencia de Bolivia, Uruguay es un país mucho más equitativo, socialmente integrado y que no exhibe grandes desigualdades territoriales. Sin embargo, esto no significa que haya estado exento de los embates de las políticas neoliberales. A fines de 2004, el Frente Amplio obtuvo por primera vez la presidencia del Uruguay que asumió Tabaré Vázquez en su tercer intento por ese cargo, quebrando más de 150 años de bipartidismo hegemonizado por los Partidos Colorado y Nacional.

En los cinco años de su gobierno, Tabaré Vázquez logró sacar al país de la recesión que había caracterizado al período 2000-2003, redujo la deuda externa de un 79% del PBI al 60%, mantuvo a raya la inflación, triplicó la inversión extranjera directa y bajó sustancialmente los índices de pobreza y desempleo. A pesar de ello, como bien mencionara durante la campaña el actual Presidente electo de Uruguay, cada vez falta más por hacer ya que cuando se resuelve un problema, surgen automáticamente nuevas cuestiones para tratar.

Conciente de que una indetenible y continua revolución tecnológica será la característica del siglo XXI, Mujica ha expresado en diversas oportunidades que la educación será una prioridad de su gobierno. En la actual sociedad del conocimiento, Uruguay no puede basar su economía en la exportación de materia prima sin valor agregado, sino que debe vender “inteligencia» y “ciencia aplicada”. Para ello, Mujica buscará reformar el sistema educativo para universalizar la escuela de tiempo completo y el acceso masivo a la educación terciaria.

El caso de Chile parece escapar a la dinámica de Bolivia y Uruguay. A pesar de dejar el gobierno con casi un 80% de aprobación, el candidato de la Concertación y de la actual presidenta Michelle Bachelet, Eduardo Frei, apenas alcanzó el 30% de los votos en la primera vuelta electoral, obteniendo el primer lugar con casi el 45% de los votos, el multimillonario empresario y candidato de la coalición de derecha, Sebastián Piñera.

Sin lugar a dudas, el magro desempeño del candidato oficialista fue consecuencia de la incapacidad de la Concertación para renovar sus dirigentes y ofrecer a la sociedad chilena fórmulas novedosas tras 20 años en el poder. Da cuenta de esto, el 20% de los votos obtenido por el candidato revelación de la elección, Marco Enríquez-Ominami, quien abandonó recientemente la Concertación como consecuencia de la negativa de sus líderes de convocar a un proceso de primarias electorales para definir la candidatura presidencial.

El candidato de la derechista Alianza por Chile, Sebastián Piñera, gana la primera vuelta electoral con un discurso neoliberal. Si bien afirmó durante la campaña que mantendría las políticas sociales de la Concertación, enfatizó la necesidad de consolidar el superávit fiscal, flexibilizar la ya flexible legislación laboral, recortar impuestos para la inversión, reformar el Estado y acusó a la actual coalición gobernante de perjudicar la iniciativa privada.

Si bien la Concertación que gobierna Chile desde la recuperación de la democracia ha obtenido importantes logros económicos y, en el último período, también sociales, no puede dejar de mencionarse que este país es el más desigual de América Latina. Claramente, las políticas defendidas por Piñeira no parecen ser el camino apropiado para comenzar a saldar esta deuda pendiente que la democracia chilena tiene para con sus habitantes.

Utilizar la crisis para desarrollar la región

En forma análoga a los atentados del 11/9, la actual crisis económica internacional aporta oxígeno a la posibilidad de que los países de Sudamérica implementen una estrategia de desarrollo nacional auto-determinada. Dicha crisis, mantiene a las principales potencias del planeta sumidas en sus problemas domésticos, combatiendo el desempleo y las presiones fiscales consecuencia de los paquetes de estímulo implementados para detener el derrumbe.

La salida de la crisis no va a ser igual para todos los países. La clave se encuentra en poder identificar cómo aprovechar las oportunidades que nacen en el marco de la recuperación mundial, a partir del surgimiento de China, India y Brasil como nuevas locomotoras que podrían impulsar el crecimiento de la región y de la consolidación de los alimentos y la energía como recursos estratégicos, para poder implementar una estrategia de desarrollo económico.

Debemos tener cuidado de no volver a repetir experiencias pasadas, que han terminado en fracasos rotundos y que han generado un fuerte proceso de subdesarrollo, desindustrialización y fragmentación social. Nuestra región debe aprovechar una coyuntura que se supone favorable no para descansar sobre sus ventajas naturales, sino para apalancarse sobre ellas con el objetivo de desarrollar la región. Los presidentes electos de Bolivia y Uruguay parecen ser concientes de los desafíos que les tocará afrontar en sus gestiones. No da la misma sensación por parte de los dos candidatos que en enero disputarán el balotaje por la presidencia de Chile.

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