GLADYS MARIN: Una vida consagrada a la lucha política

Por Ernesto Carmona * memoriaviva.net

«A mí en la escuela me llaman «la Gladys Marín», relató con orgullo Sofía Avalos, una escolar de 10 años.

La revelación se produjo durante una conversación familiar del caluroso verano santiaguino de comienzos de 2001.

¿Por qué?

«Porque siempre alego por todo».

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Acto de homenaje a Gadys Marin en Universidad de las Madres de Plaza de Mayo.- 17 de marzo a las 19 hs.

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Cuando Sofía manifestó su temprano orgullo por parecerse a Gladys, la dirigenta comunista ya era un referente cotidiano en las noticias del día, pero nadie sospechaba que pudiera tener un tumor cerebral que terminaría destruyendo su vida.

La TV la mostraba a menudo formulando denuncias contra la política neoconservadora de cualquiera de los tres gobierno que ha tenido la Concertación de Partidos por la Democracia, reclamando justicia por los detenidos desaparecidos, luchando con la policía que se solazaba en vejarla cada vez que agredía los actos de la izquierda o levantando una pancarta por «verdad y justicia» sobre los detenidos desaparecidos frente al palacio de La Moneda.

Siempre apaleada y mojada por la policía uniformada, la valiente luchadora y conductora del partido Comunista se convirtió en el símbolo de la lucha social, en una sociedad adormecida por 15 años de falsa propaganda mediática a favor de la «democracia» y el mito de los éxitos de un modelo económico retardatario que obliga a los menos favorecidos a sobrevivir y vegetar como mano de obra barata, a la vez que excluye del «mercado» a una gran porción de la población condenada a la perpetua desigualdad de la pobreza.

Su vida

Nacida en Curepto, el 16 de julio de 1941, en el matrimonio de la maestra Adriana Millie con el campesino Heraclio Marín, Gladys fue la tercera de cuatro hermanas.

En las 288 páginas de su autobiografía «La vida es hoy» (colección Testimonios, Editorial Don Bosco, Santiago, 2002), relató que no conserva buen recuerdo de Heraclio. «Ellos tenían algunos problemas…», escribió sobre sus padres. Su progenitor abandonó la familia, desapareció pronto de su vida y sólo volvió a verlo acomodado en el féretro durante su entierro.

Fue un hombre de campo ladino, «aventurero y putamadre», que llegó a tener «como cuarenta hijos repartidos por el pueblo [Curepto], muchos de los cuales eran alumnos de mi mamá».

Gladys perdió temprano a los hombres clave de su vida, a su padre, a su marido y casi, a los dos únicos hijos varones que tuvo.

Asistió a la escuela primaria en Talagante, cerca de Santiago, después que su madre pidió el traslado. En su libro recordó lo feliz que fue su infancia. «Vivíamos en una casita chiquitita, pero muy linda, del Servicio de Seguro Social. Había una tina y los sábados nos bañábamos con agua caliente», escribió.

Se trasladó a la capital a los 11 años, para estudiar en el Liceo 5 de Niñas y formarse luego como maestra en la Escuela Normal Nº 2. Quiso ser profesora primaria como su madre, que todavía la sobrevive con 93 años.

Se politizó en la Acción Católica de Talagante, que en los años 50 todavía conservaba el perfil progresista y popular que le imprimió el sacerdote jesuita Alberto Hurtado, un beato en tránsito a la canonización a quien hoy sólo se le recuerda por sus obras de caridad y no por sus ideas políticas progresistas que inspiraron la fundación del Partido Demócrata Cristiano PDC).(Gladys siempre mantuvo su discreta arista creyente pero no observante y jamás ocultó su devoción por la Virgen de Andacollo).

A los 17 años se desempeñó como presidenta de la Federación de Estudiantes Normalistas e ingresó a las Juventudes Comunistas (JJ CC).

Por esos años, Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958) abolió «la ley maldita», o «Ley de Defensa Permanente de la Democracia», que puso al partido en la clandestinidad impuesta por el gobierno de su ex aliado Gabriel González Videla (1946-1952).

«Mis primeras protestas las viví como estudiante secundaria a fines de los años cincuenta. Protestábamos por el alza en el pasaje escolar. En aquellos años los carabineros sólo usaban las «lumas» [garrotes de madera], después aparecieron los «guanacos», que en un principio tiraban agua potable, pero que ahora, modernidad mediante, lanzan agua mezclada con tóxicos…»

También en 1958 conoció a Salvador Allende, que en las elecciones de ese año se postuló por segunda vez a la presidencia (la primera fue en 1952 y resultó elegido en la cuarta tentativa, en 1970). «Nací allendista a la vida política», recordó.

Carrera política en minifalda

En 1960 fue incluida en el Comité Central de la organización juvenil.

Ese año también conoció a su futuro marido, Jorge Muñoz Poutays, estudiante de ingeniería muy culto y refinado. «…Me bajó del monte y me hizo poner medias de nylon», evocó en sus memorias. «Lo conocí en las Juventudes Comunistas, en una toma de pobladores de La Victoria y me gustó apenas lo vi», relató. «Me enamoré perdidamente de él, porque era un hombre de mucho corazón e ingenuidad… La última vez que lo vi fue el 11 de septiembre de 1973. Nos despedimos sin saber lo que iba a ocurrir con cada uno… Nunca más nos vimos. No sé cuándo desapareció, cuánto lo torturaron ni cuándo lo mataron… No se pueden despedir los recuerdos, porque siempre con su desgarro de sombra o con su puñado de luces, nos acompañan…»

Y en 1963 fue designada secretaria general de la JJ.CC., en sustitución de Mario Zamorano, otro detenido desaparecido 10 años después. Ese mismo año contrajo matrimonio con Jorge, entonces estudiante de ingeniería y actualmente uno más entre miles de detenidos desaparecidos de la dictadura (1973-1990).

La tercera derrota de la candidatura de Allende no la amilanó en 1964 (ganó Eduardo Frei Montalva, del PDC, con la falsa promesa de una «revolución en libertad»). «Había un movimiento, un propósito y un líder», escribió, sin mezquinar su adhesión al líder de la Unidad Popular.

En 1965 fue elegida diputada por el segundo distrito de Santiago, que en ese tiempo comprendía las localidades de Renca, Conchalí, Recoleta, Independencia, Colina, Til Til, Talagante, Curacaví, Quinta Normal y Barrancas.

Su verbo y la energía de su bien parecida figura juvenil, siempre en minifalda , se hizo emblemática en el hemiciclo durante tres períodos legislativos consecutivos de 4 años, hasta que el golpe militar de 1973 le cercenó todo.

Desde su curul defendió la democracia amenazada en 1969 por un intento de golpe del general Roberto Viaux desde el Regimiento Tacna. (Viaux participó en 1970 en el asesinato del general René Schneider, entonces comandante en jefe del Ejército, y en el Tacna fueron asesinados casi todos los colaboradores de Allende aprehendidos el día del golpe en el Palacio de La Moneda).

Y en 1970, Gladys volvió a apoyar la cuarta -y última- postulación de Allende y vivió a fondo los mil días de su gobierno. «Años hermosos, que terminaron violentamente» , relató.

Probablemente, pocos congresistas machistas se concentraban en su encendido discurso pero muchos observaban sus piernas. «En esa silla se sentaba la Gladys Marín, con su minifalda», recordó en 2002 el diputado y periodista de derecha Maximiano Errázuriz, elegido por primera vez en 1973, en ocasión de un foro de los periodistas sobre libertad de expresión celebrado en el ex hemiciclo de la Cámara.

Vida en la clandestinidad

Tras la asunción de los militares, Gladys pasó rápidamente a la clandestinidad. Era una figura política archiconocida y muy popular. Su nombre apareció rápidamente en el Bando Nº 10 de la Junta Militar, entre las 100 personas más buscadas por el régimen castrense. «El 11 de septiembre de 1973 tuve que dirigirme al país por radio en nombre del partido: cada cual en su puesto de combate, vamos a defender lo que el pueblo ha conquistado… Me tuve que esconder en la modesta población Clara Estrella, al sur de Santiago, donde una dueña de casa me ayudó mientras afuera disparaban, allanaban las casas y mataban gente por las calles».

Se ocultó en múltiples casas amigas. Un grito de alarma la despertó a fines de septiembre: «¡Vienen los milicos!». Durante el allanamiento se escondió detrás de la cuna de un bebé que lloraba sin consuelo. «Por debajo vi las piernas de un mastodonte de uniforme». El soldado no la vio. Pero su situación se hizo cada vez más insostenible.

En diciembre de ese mismo 1973 se asiló en la embajada de Holanda, donde permaneció ocho meses aguardando a que los militares le otorgaran el salvoconducto para abandonar el país. Se quedaron en Chile su esposo y sus hijos, Alvaro y Rodrigo Muñoz Marín, al cuidado de sus abuelos paternos y de Marta Friz, su amiga de toda la vida.

Gladys criticó que el partido no haya resistido el golpe con las armas en la mano, según autores como el historiador Iván Ljubetic Vargas y Orlando Millas, ambos del partido.

La mayoría de la dirección pensó que sin tener con qué resistir, al igual que los demás partidos de la alianza allendista, la resistencia armada al golpe equivalía a una segura destrucción física del partido Su distanciamiento con la antigua dirección comenzó temprano y alcanzó su clima en 2003, cuando fue notoria su inasistencia a la presentación del libro «El gobierno de Salvador Allende» del antiguo secretario general, Luis Corvalán.

Por diferentes motivos, muchos dirigentes no pudieron asistir al último Congreso que el partido hizo en la clandestinidad, en 1984. Gladys delineó en su discurso la línea dura que inspiraría la política partidaria.

El exilio forzado y su decisión de no abandonar la vida política trastornaron profundamente su vida familiar.

Transcurrieron 14 años hasta que pudo volver a ver a Alvaro y Rodrigo. Mientras viajaba a través del mundo denunciando las violaciones a los derechos humanos en Chile, en 1976 se enteró en Costa Rica de la detención de su marido, que ya era miembro de la comisión política del partido, quien desapareció para siempre. Jorge cayó en la llamada «ratonera de calle Conferencia», con casi toda la dirección del PC.

En 2001, la justicia eximió a Pinochet de cualquier responsabilidad por estos crímenes acogiendo su invocación de «demencia subcortical leve a moderada», al igual que en el caso de la Caravana de la Muerte.

La Corte Suprema cambió de opinión en 2004, con los crímenes de la Operación Cóndor, que originaron la detención domiciliaria de un ex dictador denunciado también como ladrón comprobado, abandonado por sus antiguos amos y envejecido por los años

Gladys vivió pocos años en el exilio. Regresó en 1978, como ciudadana española, más algunos cambios en la fisonomía y en su figura, que dejó de ser esbelta. Vivió en la clandestinidad absoluta durante 12 años, pero salió numerosas veces del país para asistir a reuniones del partido en el exterior.

En 1980 se trasladó a Moscú para convencer a la dirección externa de impulsar la Política de Rebelión Popular de Masas. Se creó entonces el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el brazo armado que cometió el atentado fallido contra la vida del dictador en 1986. «Existía un sentimiento colectivo de que había que eliminarlo», explicó en su momento.

Fue elegida subsecretaria del partido en 1984, todavía bajo la dictadura, que se extendería hasta el 11 de marzo de 1990. La secretaría general en propiedad seguía radicada nominalmente en el exterior, a cargo de Volodia Teitelboim. El congreso de 1994 la designó secretaria general.

Durante esos largos 12 años de clandestinidad se suponía que Gladys vivía en Moscú, pero salió varias veces de Chile para regresar con variadas identidades. Alguna vez durmió en una casa contigua a la de Pinochet y en otra ocasión se alojó con los vecinos de una de sus hermanas sin que ésta se enterara.

En un negocio del sur se topó con José Toribio Merino, el almirante dipsómano que usurpó la jefatura de la Armada para protagonizar el golpe. Pero muchas veces se puso en peligro contemplando a sus hijos, desde lejos y en lugares públicos. En 1987 pudo fijar el primer encuentro con ellos en Bariloche. No se veían desde el golpe. Los jóvenes le escribieron un ultimátum: «Nos vemos ahora o no nos vemos más».

Alvaro y Rodrigo se trasladaron por tierra a Argentina convencidos de que su madre viajaría hasta Bariloche …desde Moscú, pero la verdad fue que Gladys eligió salir por el paso de Puyehue/Cardenal Samoré, cercano a Osorno, porque le pareció la vía más segura y menos onerosa.

El reencuentro fue terrible -15 hermosos días- y la despedida peor. Realmente no sabía quiénes y cómo eran sus hijos, quienes no volvieron a verla hasta el año siguiente …por televisión, cuando desafió públicamente a la dictadura que ya estaba agonizando y delató su presencia en el país.

A partir de la derrota de Pinochet en el plebiscito de octubre de 1988 le fue menos difícil reconstruir la relación con sus hijos.

El atentado contra Pinochet (1986) y el descubrimiento de un cargamento de armas internado por el norte -Carrizal Sur, 1986- intensificaron el alejamiento de los partidos de oposición (PDC), Socialista (PS), Por la Democracia (PPD) y Radical (PR), o les sirvieron de excusa para congelar sus relaciones con el PC.

Unos cuantos cuadros dirigentes, disconformes con la línea de Gladys, se marginaron o se fueron al PPD, el partido instrumental, pragmático y sin ideología. «El temor al pueblo organizado aceleró la salida pactada (entre la dictadura y la oposición)», sentenció la dirigente, que se opuso tenazmente –hasta última hora– a participar en el plebiscito de 1988.

Sin embargo, ya recuperada «la democracia», el partido se reincorporó a las luchas electorales. En 1997 Gladys fue candidata a senadora por Santiago. No resultó elegida pero obtuvo un digno 15% de la votación de la circunscripción.

En junio de 1998 fue proclamada candidata a la Presidencia de la República, siendo la primera mujer chilena en postular a ese cargo. Pero su mejor gesto político se dio en enero de ese mismo año, cuando introdujo la primera demanda contra Pinochet en la justicia del crimen, acción precursora que desató una serie de querellas contra el ex dictador.

Y en 1999 fue la primera persona que viajó a España a declarar ante el juez Baltasar Garzón, en la causa que mantuvo dos años en prisión al ex dictador, en una jaula dorada de Londres. En el XXII Congreso de su partido, celebrado en noviembre de 2002, fue elegida presidenta de la organización hasta …2006.

2005: «fenómeno Gladys»

Su muerte prematura provocó también un extraño fenómeno en la sociedad chilena. «Una controvertida vida de lucha y consecuencia»‘, «gravitante figura en la historia política chilena de las últimas décadas», fueron algunas de las frases empleadas por la prensa. Hasta quienes fueron sus más acérrimos enemigos, le rindieron homenaje a su tenacidad y consecuencia, a su persistente entrega a la lucha social y política. Su vida ejemplar y los medios fortalecieron su imagen pública.

Las mismas acciones que antes se calificaron como «majaderías de Gladys Marín», sus enemigos de siempre dijeron celebrarlas como excelsas virtudes. Personajes incondicionales del pinochetismo que la difunta combatió sin tregua, como el general retirado de ejército Luis Cortés Villa, presidente de la Fundación Augusto Pinochet, la periodista de derecha y ex embajadora ante la OEA María Eugenia Oyarzún y la ex ministra de Educación y de Justicia Mónica Madariaga, parienta del ex dictador y autora de la Ley de Amnistía, loaron su personalidad en un programa de una hora preparado anticipadamente por ChileVisión y transmitido el 7 de marzo. (Gladys falleció en la madrugada del día anterior).

También fue insólito que el canal del venezolano-americano Gustavo Cisneros Rendiles comenzara a preparar el material para esta biografía hace un año, mucho antes de venderle la estación a su actual propietario, el político y empresario Sebastián Piñera Echeñique, adscrito al sector menos retrógrado de la derecha chilena.

Personajes de diferentes pelajes políticos acudieron a homenajear sus restos durante los dos días que permanecieron en capilla ardiente, en lo que fuera el Salón de Honor del edificio sede del Congreso en Santiago hasta el golpe militar de 1973, ya que la dictadura lo trasladó a Valparaíso cuando preparó su salida negociada del poder.

Altos dirigentes demócrata cristianos que ayer dijeron «nada con los comunistas» hoy dicen hacer suyo el reclamo de ese partido por la legítima representación parlamentaria que le niega el sistema binominal de elecciones implantado por la Constitución y las «leyes» de la dictadura, todavía vigentes porque fueron conservadas por «la democracia».

Pero ningunos de esos políticos mediáticos que saben cultivar la imagen por TV se presentó al cementerio a expresar su «congoja», en un acto que no fue triste sino esperanzador, porque se convirtió en una expresiva manifestación de voluntad de lucha por la reconstrucción política de la izquierda, como no se veía desde hace muchísimos años.

No hubo desórdenes ni actos de violencia. Y por primera vez, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, lo que fuera el brazo armado del partido Comunista, desfiló a rostro descubierto.

Cuando Gladys presentó en los tribunales chilenos la primera demanda judicial contra Augusto Pinochet por su responsabilidad en la suerte de un grupo de detenidos desaparecidos –encabezado por su marido, Jorge Muñoz Poutays–, el 12 de enero de 1998, la derecha y el gobierno del democratacristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle tildaron su acción como «otra majadería» e incluso a mucha gente progresista le pareció un gesto estéril.

Los más generosos valoraron esa primera querella judicial chilena como un simbólico «saludo a la bandera» que de todas maneras no serviría de nada. Y todo esto ocurrió cuando el ex dictador seguía al frente del Ejército y se aprestaba a debutar el 11 de marzo como «senador vitalicio».

Todavía faltaban 10 meses para que el ex dictador, ya convertido en «senador vitalicio», fuera detenido en Londres, el 16 de octubre de ese mismo año, por iniciativa del juez español Baltasar Garzón.

Otro hecho que causó honda sorpresa fue la magnitud e intensidad de la multitudinaria demostración de dolor popular durante los días de la capilla ardiente y la despedida final en el cementerio, en un acto al que asistieron unas 500.000 personas que primero marcharon por las calles de Santiago acompañando al féretro.

Miles de hombres y mujeres jóvenes, ancianos y de edad media hicieron hasta tres horas de cola, a lo largo de varias cuadras e incluso con niños pequeños, sólo para pasar un instante frente al ataúd sellado y decirle el último adiós durante dos días de vigilia y velorio.

Una manifestación de dolor de tal envergadura jamás se había visto en Chile, ni siquiera a la muerte de la poetisa Gabriela Mistral (1957) o de los cardenales José María Caro (1958) y Raúl Silva Henríquez (1999), todas figuras no confrontacionales -como Gladys- y profundamente amadas por el pueblo. Evocó la masiva despedida tributada a Juan D. Perón en julio de 1974.

Durante los últimos 15 años, Gladys peleó a brazo partido con tres gobiernos de la Concertación, enfrentó a los carabineros en múltiples ocasiones, fue apaleada más de una vez frente al Palacio de La Moneda, precisamente cuando reclamaba por los crímenes de la dictadura militar y por los detenidos desaparecidos, entre quienes se encuentra su propio esposo, Jorge Muñoz.

Y por primera vez en la historia de la televisión local, se refirió al gobierno de la Concertación y a sus altos personeros como «conchas de su madre». Pero eso no impidió que el gobierno de Ricardo Lagos decretara dos días de duelo oficial en honor a la tenaz luchadora caída antes de cumplir 64 años.

Sincero o no, fue un gesto de indudable importancia política, en un país mediático y televisivo que cree en las encuestas, por lo demás bastante certeras desde 1988. El duelo oficial significó que todos los lugares públicos izaran la bandera a media asta en su memoria y en tales sitios estuvieron incluidos los regimientos, cuarteles de policía, buques de guerra, incluido el buque escuela Esmeralda. Todo lo que Gladys odiaba y viceversa.

Cuando el jefe de Estado se presentó en la capilla ardiente del ex edificio del Congreso, el domingo 6 de marzo, fue recibido con una hostilidad controlada. Sólo hubo gritos de «Verdad, Justicia y Reparación», consigna de derechos humanos contra los crímenes de la dictadura que involucra una crítica a su propia versión del «punto final a la chilena» que entraña su propósito de terminar todo con una reparación económica y una pensión de 200 dólares a casi 30.000 víctimas de torturas.

Pero cuando los asistentes comenzaron a entonar La Internacional, en los instantes en que Lagos ya se retiraba, el mandatario se quedó para cantarla como una más. Fue un toque maestro, sincero o demagógico, pero la cuestión es que ingresó a la sala en un ambiente tenso y la abandonó en medio de aplausos y hasta vítores.

Cosas de la actual política chilena, que se ejerce casi exclusivamente en la TV y donde la votación de la izquierda comienza a gravitar como una corriente de opinión en crecimiento y recuperación.

No es ningún secreto que el estilo de Gladys fue resistido por algunos sectores de su propio partido, en particular la antigua generación de viejos dirigentes que controló la organización hasta el advenimiento de la llamada democracia actual, que funciona bajo la Constitución de 1980, literalmente «dictada» por los militares.

Con la reforma estatutaria del último Congreso (junio de 2002) quedó con el cargo de Presidenta en vez de Secretaria General, aunque siguió ejerciendo igual el control del partido. Pero el descubrimiento del cáncer al cerebro, en septiembre de 2003, puso en primer plano a otros cuadros, encabezados por el nuevo secretario general, Guillermo Teillier.

La enfermedad de Gladys conmovió un año y medio a moros y cristianos, tirios y troyanos. Lentamente, Gladys se transformó en un icono -político y mediático- y comenzó a otorgarle a su partido un inesperado auge, a la vez que éste salía del ostracismo y resurgía en el diálogo con el resto de la izquierda, mientras revisaba algunas políticas de alianza.

Su funeral congregó a medio millón de personas, según las estimaciones de la prensa y Carabineros. La cabeza del desfile ya estaba en Cementerio General cuando todavía había gente desfilando frente a la estatua de Salvador Allende, a unas 30 cuadras de distancia.

No todos los que asistieron al sepelio de Gladys eran comunistas, pero todos se mostraron decididos a recuperar a la izquierda y al PC, su partido clave, que ahora tiene más cerca que nunca la posibilidad de influir en la reforma constitucional que abatirá el sistema binominal, que es el oxígeno y la única explicación de una presencia parlamentaria de la derecha que no guarda correspondencia con las encuestas ni con su caudal electoral real.

La paradoja es que hoy existe un PC más flexible, fortalecido precisamente por Gladys, reactualizado y con un discurso más creíble de unidad de la izquierda, en consonancia con el malestar generalizado de la población trabajadora y modesta de Chile, de cara al crecimiento de una opinión política nacional que cuestiona cada vez más la engañosa doctrina neoconservadora abrazada por la renovación ideológica de los sectores socialistas y ex comunistas que ayer fueron de izquierda y hoy abrazan desde la Concertación -en el PPD o en el PS- el modelo de sociedad diseñado por los militares y legado como su herencia a «la democracia».

Gladys es como el Mío Cid Campeador: es capaz de seguir ganando batallas después de muerta. Desde que asistieron a la despedida de Gladys, muchos comunistas que se marginaron están ahora considerando con más fuerza regresar a un partido que sale de la cápsula.

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ACTO DE HOMENAJE A GLADYS MARIN EN ARGENTINA

Viernes 17 de Marzo

Universidad de las Madres de Plaza de Mayo

Hipolito Irigoyen 1432 2.P

19 hrs Cap.Fed –

Convocan:

– Casa de la Cultura Pablo Neruda

– Partido Comunista de Chile en Argentina

– JuntosPodemosArgentina

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* Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno.

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