Fronteras vivas

Con el segundo operativo “Frontera Sur” realizado entre el 13 y el 24 de octubre, Brasil exhibió su poder de fuerza en la región. Las maniobras se extendieron a las fronteras con Uruguay, Paraguay y Argentina y suscitaron la reacción inmediata del gobierno de Fernando Lugo, quien la consideró una “provocación”.

Con el segundo operativo “Frontera Sur” realizado entre el 13 y el 24 de octubre, Brasil exhibió su poder de fuerza en la región. Las maniobras se extendieron a las fronteras con Uruguay, Paraguay y Argentina sustentadas por la Ley Nº 11.631, promulgada por el presidente Lula Da Silva a fines de 2007, por la que se crea el Sistema Nacional de Movilización (Sinamob) con el objeto de proteger los intereses brasileños y de sus ciudadanos en el exterior.

Esta segunda versión, realizada a menos de cuatros meses de la primera, movilizó a unos diez mil hombres con munición real, e incluyó una hipótesis de rescate de conciudadanos y ocupación de usinas hidroeléctricas (exercício de extrusão em hidrelétrica). Las maniobras incitaron la reacción inmediata del inaugurado gobierno de Fernando Lugo, quien la consideró una “provocación”. El jefe de Comando Militar del Sur, general José Carvalho Siqueira, había declarado que si Lula se lo ordenara, ocuparían Itaipú para demostrar al Paraguay que “los militares brasileños están atentos y preocupados con la situación de los brasiguayos , como se conoce a los brasileños y sus descendientes que viven dentro de Paraguay.

Fronteras calientes

Si bien Brasilia argumenta que es para combatir el tráfico de drogas, armas y mercadería en la Triple Frontera, el canciller guaraní, Alejandro Hamed Franco, declaró que “los ejercicios apuntaban hacia el territorio paraguayo, sin aviso previo”. Brasil aplica la doctrina de fronteras vivas: “mi frontera se extiende hasta donde están mis connacionales y mis intereses económicos”.

Ante esto, Lugo pidió explicaciones al embajador brasileño en Asunción y advirtió que “ningún milímetro del territorio, ni la cultura, ni la soberanía pueden ser molestados. Si esto ocurriera, la reacción paraguaya no se dejará esperar”, y sostuvo que el general Carvalho Siqueira realizó una hostil provocación al país, en tiempos de integración y no de conflictos en la región.

Durante una reunión mantenida entre Lugo y Lula el viernes pasado, este último pidió disculpas por las expresiones del militar. Lugo respondió con humor, admitiendo que en la reunión se repasaron “las pequeñas escaramuzas” que mantienen ambos países.

La Gran Marcha al Este

Desde los años ‘50, el aumento de la influencia brasileña fue consecuencia de un giro geoestratégico de Stroessner, quien buscaba reducir la dependencia del Río de la Plata, desde donde históricamente Paraguay se conectaba al mundo. Se colonizaron los territorios orientales, y finalizó la construcción de la carretera Asunción-Ciudad del Este, completada con el “Puente de la Amistad” (1962) que conecta con territorio brasileño.

Esa integración asimétrica se completó con la construcción de la hidroeléctrica Itaipú, cuya magnitud provocó un cambio radical en la geografía local. La represa se construyó durante la crisis del petróleo de los ‘70, en medio de las dificultades de Brasil por sustentar su desarrollo industrial con combustible barato.

La energía de Itaipú alimenta al complejo industrial paulista. Eso genera debates en ambos países desde que Lugo hizo del tema la columna vertebral de su campaña para las elecciones presidenciales de abril de 2008. Paraguay quiere multiplicar al menos cinco veces los ingresos que obtiene por la venta de la parte que le corresponde de la energía (unos 46 millones de megavatios/hora) que le aporta 300 millones de dólares al año, pero que a precio de mercado se elevaría a 1.500 ó 2.000 millones de dólares anuales.

El analista político paraguayo Víctor Barone señala que “si Brasil le condonara toda la deuda de Paraguay y pasara a pagar 1.500 millones de dólares por la energía de Itaipú, no alteraría su equilibrio económico. El interés de Brasil es geopolítico, teniendo en cuenta que muchos de sus ciudadanos e inversiones están en Paraguay”.

“La presencia del capital brasileño en Paraguay es cada día más importante. Además del agronegocio, está en la distribución de combustibles (Petrobras tiene casi el 45% del volumen total del mercado), en el sector financiero (Interbanco, filial de Unibanco, es el mayor banco minorista), en la carne (el 60% de los frigoríficos tienen participación de capitales brasileños), y en otros sectores menores como servicios varios, transportes aéreos, etc.”, agregó Barone.

Al referirse a los brasiguayos, Barone señala que “son el producto de la política expansionista de la dictadura militar brasileña en las décadas del ´60 y ´70 sobre la base ideológica de la Guerra Fría y la doctrina estratégica de las fronteras vivas”.

Tierras y soja

Una semana antes de que se iniciaran las maniobras, Lugo prohibió la venta de tierras cultivables a extranjeros, una medida que irritó y preocupó a los cientos de terratenientes brasiguayos que controlan las fincas sojeras cerca de la frontera. Durante la dictadura de Stroessner, en concordancia con Itamaraty, se había facilitado la extranjerización de esas fértiles tierras fronterizas a precios irrisorios. Entretanto, diversas organizaciones campesinas paraguayas están reclamando contra la posesión de tierras en manos de brasiguayos.

Más allá de sus iniciativas regionales, Brasil es el único país latinoamericano con un plan estratégico de defensa definido, un empresariado agresivo y fuerzas armadas con vocación nacionalista que no parecen dispuestos a dejarse someter por ninguna potencia.

En contraste, Paraguay otorgó inmunidad diplomática a unos 400 marines estadounidenses para realizar ejercicios entre 2005 y 2006, y se sospecha que hay una base militar de Estados Unidos en Mariscal Estigarribia, región occidental del Paraguay.

Por la postergada reforma agraria en Paraguay, movimientos campesinos paraguayos se encuentran acampando alrededor de los latifundios. “Si Brasil sigue con su despliegue persuasivo, el conflicto tomará ribetes de ascenso y pueden ocurrir sucesos drásticos en los próximos días”, vaticina Barone, “pues en una situación de conmoción social puede darse un grave problema para Brasil, que deberá proteger a sus ciudadanos y a sus inversiones”, alega. “Esa es una disputa típica entre la metrópolis con la colonia y sus ciudadanos”, concluye.

Triangulación

Brasil y Paraguay tienen una frontera común de 1.300 kilómetros, que incluyen 400 de frontera seca, paso frecuente de tráficos ilegales de todo tipo. Esto motiva constante ingresos ilegales de militares y policías brasileños en territorio paraguayo persiguiendo a supuestos “delincuentes”.

El gran frente de conflicto es la Triple Frontera, en especial Ciudad del Este, unida a través del “Puente de la Amistad” con Foz de Iguazú. Todo indica que los militares brasileños permanecerán en la zona del puente para continuar realizando tareas de seguridad interior y como soporte de la Receita Federal (Secretaría de Ingresos Federales) para el control de los denominados sacoleiros (turistas compradores).

Hacia 1980, Stroessner alentó la denominada triangulación económica o contrabando encubierto, que contó con el apoyo de Brasil aunque éste tenía altos aranceles para productos manufacturados de terceros países. Los importadores paraguayos triangulaban productos chinos que luego reintroducían en Brasil.

Este modelo comenzó a cambiar durante la presidencia de Cardoso: apertura de mercados, zonas francas y amenazas (no cumplidas) de construir un muro de 1,5 kilómetros de largo por tres metros de altura en Foz de Iguazú, frente a Ciudad del Este, para frenar el contrabando. Si los comercios de Ciudad del Este se cierran, la economía paraguaya se desbarranca, manifestó en su oportunidad el experto en geopolítica y actual ministro de Educación de Lugo, Horacio Galeano Perrone.

Cambios de paradigma

Esa prosperidad parece cosa del pasado. Según cifras del Banco Central de Paraguay, las transacciones en Ciudad del Este ascendieron a 15 mil millones de dólares durante 1995, pero hoy apenas llegan a 3 mil millones. Cerraron comercios, se redujeron el empleo y las inversiones, lo que preanuncia el agravamiento de problemas sociales.

Ante esta situación, Brasil tomó la iniciativa con el “Plan Lula”, que contempla la instalación de industrias estratégicas de capital brasileño, construcción de un segundo puente, una línea de transmisión de alta tensión entre Itaipú y Asunción, y la unión ferroviaria entre Paranagua, Foz de Iguazú y la capital del Alto Paraná que unirá Encarnación y Posadas, Argentina. El plan incluye facilidades impositivas para los sacoleiros.

La iniciativa genera desconfianza del lado paraguayo: “Es como lanzar globos sondas sobre el país, como lo fue el plan de reconversión de Ciudad del Este que ofrecieron los brasileños para desestimular la radicación de empresas industriales taiwanesas en el Parque Industrial Oriente en la década de 1990”, afirman especialistas paraguayos.

En este marco de conflicto social interno, sumado a la influencia que sigue teniendo el Partido Colorado aunque fue desplazado del poder formal, es natural que los ciudadanos paraguayos miren con suma desconfianza la realización de ejercicios militares del poderoso vecino.

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