Fronteras salvajes

“Créeme tío: si queremos que todo quede como está, es preciso que todo cambie”.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Las revueltas en muchos de los países árabes, que la prensa occidental, subordinada a los intereses de la OTAN y departamentos afines, bautizó pomposamente como “La Primavera Árabe” en realidad solo fueron enroques gatopardistas de gobiernos que hasta entonces parecían firmes como montañas y que ahora intentan continuar en el poder con un sencillo cambio de nombres.

Las rápidas y confusas elecciones de Túnez reemplazan a un tirano con 23 años en el poder como Zine El Abidine Ben Ali, un líder opositor bendecido por el establishment Moncef Marzuki. O como es el caso del egipcio Husni Mubarak que fue trocado por una insípida junta militar, que no ha dejado de sembrar muertos en las calles de El Cairo, aunque luego pida las correspondientes disculpas.

Ningún cambio profundo generó la prontamente marchitada Primavera Árabe. El genocidio libio, no puede ser considerado como parte de aquel proyecto gatopardista, ideado vaya a saber en que oficina del Departamento de Estado. Libia fue la única nación árabe que sí ha cambiado de raíz, a pesar que todas las figuras destacadas del nuevo “gobierno” hace menos de un año servían servilmente al Muamar Gaddafi, las instituciones de la Jamahiriya gaddafista fueron masacradas hasta los cimientos y hoy las hordas que dieron cobertura escenográfica a los verdaderos invasores de Libia, pagados por occidente, día a día se diferencian más entre ellas, por lo que las grandes cadenas noticiosas occidentales, casualmente, han dejado de informar sobre Libia, tal como si los libios se hubieran convertido repentinamente en suizos.

El proyecto gatopardista incluyó otras naciones donde tampoco sucedió gran cosa, más allá que sus pueblos ocupen las calles, las plazas y sigan poniendo los muertos, como sucede en Yemen, Argelia, Marruecos, Barhein, Siria, Omán y Jordania.

El 17 de diciembre de 2010, la revuelta árabe comienza en Túnez volteando a la dictadura Ben Alí, el 25 de enero de 2011 caen los treinta años de la dictadura de Mubarak, le continúa Yemen que después de varias idas y vueltas con atentado inclusive al presidente Alí Abdulá Saleh, que se mantuvo durantes treinta y tres años en el cargo y pretendía lo continuara uno de sus hijos. Saleh, acaba de dimitir a favor de su vicepresidente y camarada de tropelías Abd-Rabu Mansur Hadi, quien ha prometido elecciones para los próximos meses. La salida de Saleh, ha sido una oda a la impunidad ya que no podrá ser perseguido y se instalará en los Estados Unidos donde seguirá el tratamiento por las heridas que sufrió en el atentado que casi lo ajusticia en junio pasado.

El último gajo de este mediático bouquet pareciera ser el pequeño y archimillonario emirato de Bahrein, controlado por Sheikh Hamad bin Isa al Khalifa, de una familia de origen suní enquistada en el poder hace doscientos años, cuando las mayorías de Bahrein son chiitas. Desde febrero pasado el primer ministro, hermano del Emir, el jeque Khalifa bin Salman al-Khalifa, en ese cargo desde 1970, no ha dejado de perseguir y castigar a quien han osado levantarse contra el poder provocando oficialmente solo treinta y cinco muertos desde febrero, pero la cifra podría triplicarse y las cárceles han empezado llenarse de opositores al régimen.

Nada de todo esto parece molestar ni a la OTAN, ni a las Naciones Unidas, ni al esperpéntico Luis Moreno Ocampo fiscal jefe de la corte penal internacional, quien por otra parte aún no ha dado explicaciones sobre sus acciones de guerra mediática durante el derrocamiento de Muamar Gaddafi.

Poco se ha alterado la realidad de Omán, Jordania y Argelia por esta primavera que llegó muerta a sus territorios, donde casi ni son necesarias primaverales operaciones gatopardistas.

La misma suerte de Libia parece correr Siria, quien sufre el asedio de operaciones conjuntas de la inteligencia occidental CIA, sucedáneas y del Mossad israelí, los que han provocado más de cuatro mil muertos intentando la caída del presidente Bashar al-Assad.

Tampoco 2011 fue sereno en Asia Central, donde las tropas invasoras de Washington no saben qué hacer con Irak y decidieron escapar este próximo 31 de diciembre. Afganistán también les genera el espectral recuerdo de Saigón 1975 que puede corporizarse, dejando al elegante Hamid Karzai, el títere que impusieron como presidente los Estados Unidos, librado a su suerte o mejor dicho, a lo que disponga el Talibán que en los últimos años ha avanzado hasta las puertas de Kabul.

Las relaciones entre Pakistán y Occidente son cada vez más complejas después de los últimos incidentes: la incursión en su territorio sin autorización para asesinar al ex agente de la CIA Osama Bin Laden y el bombardeo a campamentos militares pakistaníes dentro de su territorio por helicópteros de la OTAN, a fines de noviembre último en la frontera con Afganistán en la zona de Salala, dejando una cifra final de 28 soldados pakistaníes muertos. Estas acciones obligaron a Islamabad a cerrar varios pasos fronterizos con Afganistán y desplegar su arsenal misilístico en esa frontera.

Mientras tanto el estado fascista de Israel, obviamente esponsoreado por los Estados Unidos, no deja de amenazar al poderoso Irán con punitivos ataques nucleares, lo que compromete todavía más a toda la región.

Un fantasma recorre Europa

Un fantasma recorre Europa, pero en este caso no es el anunciado por Carlos Marx, sino el de la recesión, caída y partición de la tan promocionada Unión Europea, como era previsible los Pigs (Portugal, Italia, Grecia y España (Spain)) han dado la nota o mejor dicho no la han dado.

Desde la crisis de 2008, Europa, surfeando sobre el Euro, se acerca al desbarranco.
Por horas, el último viernes nueve de diciembre, se ha evitado el estallido del Euro, lo que llevaría prácticamente al fin de la Comunidad Europea.

Grecia e Italia se han convertido en colonias gobernadas por virreyes nombrados por el matrimonio Merkel-Sarkozy, sin un solo voto de sus pueblos y con un plan de emergencia que se puede resumir con dos palabras: “más ajuste”. España, Portugal y en menor grado Francia no están mejor, Inglaterra acaba de recordar que es una isla y poco tiene que ver con los europeos. Hoy todo depende de la buena voluntad de Alemania, para que el mapa de Europa no comience a sufrir drásticos cambios.

Mientras tanto millones de indignados salen a reclamar mansamente por un bienestar que ya no tienen y muy posiblemente no vuelvan a tener en varias generaciones. Europa busca una puerta de emergencia para salir de la situación y por lo que se ve, es demasiado estrecha como para que pasen todos los países. Sin duda, muchos quedarán en el intento y aquella idea de una Unión Europea con países de primero, segundo y tercer nivel pareciera tener cada vez más lógica.

Estados Unidos se reagrupa

La situación interna de los Estados Unidos no es mejor que la europea, pero finalmente sigue siendo la gran potencia. El movimiento de los “Occupy” en términos generales en nada alteró los planes de los grandes conglomerados financieros y más que alguna molestia para estacionar las limusinas de los dueños de Wall Street no han producido.

Las finanzas y las armas siempre fueron una ecuación tan siniestra como positiva para la economía norteamericana, especialmente en tiempos de crisis. Escapar para adelante fue siempre la consigna para salir de los aprietos.

La retirada de Asia Central, pudiera tener cierta actitud de reagrupamiento, para enfrentar a China. Sus últimas maniobras parecen concentrarse en el intento de detener a los asiáticos que en las carreras comerciales están por sacarles la delantera.

Estados Unidos ha intensificado su presencia en África subsahariana. Por ejemplo, en estos últimos meses, está asignando tropas a Uganda para terminar con la sombría presencia de la guerrilla del Ejército de Resistencia del Señor, un grupo de fanáticos católicos liderados por Joseph Kony, un personajes de esos que suelen servirle a los Estados Unidos tanto para un barrido como para un fregado y que mantienen en estado latente, tal como se hizo en su momento con Bin Laden, Saddam Hussein y últimamente hasta con el propio Muamar Gaddafi o con tantos dictadores latinoamericanos, como fue el caso de panameño Manuel Antonio Noriega, hasta el momento que deciden cambiarlo por un modelo más actual. Ya ni hablar de sus operaciones en el Magreb y Medio Oriente, donde sacrificó un par de piezas que le fueron útiles durante décadas.

En su actitud de cerrarle los caminos a China, Washington ha jugado fichas claves para este fin. Sus maniobras no solo se limitaron a África o Asia Central, agrediendo a Pakistán e Irán. Durante las últimas semanas de noviembre la Secretaria de Estado Hilary Clinton y el presidente Barack Obama han realizado una gira de ratificación de tratados militares con varios países de la región Asia-Pacifico como Japón, Corea del Sur, Taiwán, Filipinas, Malasia, otras pequeñas naciones del área y la gran frutilla de la torta: el acuerdo con la primera ministra australiana Julia Gillard gracias al cual Estados Unidos inauguró una base militar en Darwin, al norte de Australia, con una dotación en una primera escala de 2500 marines. Este despliegue será el mayor de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial en la isla-continente.

El 2012 se inaugurará con muchísima incertidumbre en diferentes campos: el económico, el político y el militar, las diferentes crisis hacen temer que el capitalismo pueda apelar a cualquier medio con el fin de sobrevivir: en la historia existen sobradas pruebas de esta sospecha.

Desde nuestro continente, que vive un momento de bonanza única, con posibilidades históricas de lograr romper el sino perverso que lo condenó a la pobreza y la desunión, nos queda estar muy atentos a lo que pueda suceder en las fronteras salvajes del mundo.

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