«Evo está más fuerte en su país que Cristina acá.»

Revista ZOOM charló con el joven periodista y escritor, cuyo libro ya va por la tercera edición en el país. Conocedor al detalle de la realidad política del país hermano y de su presidente, señala que «la politización que uno ve en Bolivia es infrecuente en la región.»

Jefazo. Retrato íntimo de Evo Morales Ayma es el resumen de decenas de entrevistas, una rigurosa investigación de archivos y múltiples documentos. Su autor, Martín Sivak, desde hace algunos minutos está ocupando una de las antiguas mesas de mármol y madera en el café “La Giralda” esperando la charla. Sivak ha tenido un acceso único a la intimidad del líder de la «Revolución democrática y cultural» que encabeza el primer presidente indígena en la historia de Bolivia.

A dos meses de su lanzamiento en Argentina, Jefazo va por su tercera edición —la primera fue agotada en diez días—. En Bolivia ya fue editada la segunda tirada.

“Para los autores es una buena señal que te “pirateen”, señal que tiene buena aceptación” comenta el autor al referirse a la edición no autorizada del libro que circula por toda Bolivia, apenas entra en confianza con el reportero. El fotógrafo ilumina con sus flashes las paredes azulejadas del histórico bar de la avenida Corrientes. Me gusta venir a este lugar, agrega Sivak, mientras comenta el éxito editorial de su libro, que próximamente saldrá a la venta en Chile, Uruguay, Venezuela y México y tiene pedidos de traducciones al francés e inglés.

Aprovechando una relación de más de 12 años con el actual presidente de Bolivia, Sivak logra narrar la vida y la gestión de Evo desde adentro, contándolos con su propio testimonio o con fuentes muy cercanas a él. El libro relata cómo un pastor de llamas aymará se convierte en el principal dirigente del poderoso movimiento cocalero, cómo llega a la presidencia con un record de votos y cómo él mismo se convierte en un nuevo referente internacional por su condición de indígena de postura radical; pasando a integrar, según el gobierno de los Estados Unidos, el nuevo eje del mal junto a Fidel Castro y a Hugo Chávez.

Jefazo se presentó al público por primera vez en mayo pasado en La Paz, Bolivia con la asistencia del presidente Evo Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera, altos mandos militares, ministros de Estados y las dirigencias sindicales. “En la Feria del Libro” de Santa Cruz de la Sierra, un lugar hostil al presidente Morales, fue el segundo libro más vendido”, asegura el autor argentino.

En Jefazo, Sivak pinta a un personaje íntegro, sin ninguna idealización de su protagonismo, incluyendo sus costados vulnerables y también detalles de la vida privada: los pocos momentos que Morales tiene fuera de la política jugando fútbol, mirando televisión, comiendo con sus compañeros.

Con charlas en universidades y presentaciones informales, el sociólogo y periodista está recorriendo la ciudad de Buenos Aires y el interior del país con el libro. Confiesa que su máximo sueño es poder presentar el material ante la comunidad boliviana. “Para mí sería muy importante poder lanzarlo ante la colectividad boliviana en Buenos Aires, teniendo en cuenta que mis primeras herramientas como periodista las ejercí cuando tenía 18 años siendo corresponsal de un diario boliviano y por esa casualidad tuve contacto con Evo Morales”, explica.

El autor unió técnicas de ensayo biográfico y crónicas de encuentros y viajes con Morales, incluyendo fotografías, para gestar este libro. Sin eludir la historia de Bolivia, Jefazo está dividido en ocho capítulos: Bolivia de vuelta, Del altiplano al trópico, La Tricontinental, Cocalero, El Palacio, Ahora es cuando, Live in Gringolandia y El Presidente. En sus capítulos pares, la historia personal de Evo; en los impares, las vicisitudes de los años de su convulsionado mandato; en unos y en otros asoma la problemática contemporánea de Bolivia.

Martín Sivak comenta su impresión sobre las modificaciones sustanciales en la Bolivia de Evo Morales.

—Los cambios que noto son propios del proceso de inclusión. El cambio en el estado de los sectores sociales que estaban excluidos, eso es muy impactante. Antes la política podía estar restringida a un grupo de personas. Hay un proceso de inclusión, sobre todo en política. Bolivia estaba restringida a 1.000 ó 1.500 integrantes de una elite que no estimulaba la incorporación de esas personas que sí entraron a la función pública con el gobierno de Evo Morales.

—Muy diferente a la situación que vos conociste hace más de 10 años…

—La Bolivia que yo conocí en el ‘95 era distinta a la Bolivia de hoy. Digamos que todos los sectores que se oponían a las medidas neoliberales tenían una muy fuerte presencia en las calles, en las movilizaciones, en los cortes de rutas, pero no tenía representación en el Congreso ni mucho menos en el Poder Ejecutivo.

En todos estos años parece que la clave para entender la llegada de Evo Morales a la presidencia es un proceso simultáneo de lucha política en la calle con la vía institucional. Evo Morales en el año 1997 decide ser candidato a diputado, forma su partido político para crear un instrumento político más que un partido. Se presenta a elecciones. Las pierde, las gana, toda esa combinación hizo posible que él llegara a la presidencia y el país obviamente fue cambiando. Hay que recordar que para el año 1995, cuando yo recién me involucraba en temas de Bolivia, el consenso neoliberal era muy importante.

—Y luego se da todo un proceso político.

En esos años, había tres partidos: Acción Democrática Nacionalista (ADN, fundado por Hugo Banzer Suárez), el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR, de Víctor Paz Estensoro) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR, fundado por Jaime Paz Zamora). Estos tenían la mayoría parlamentaria, alineados bajo el mandato de Estados Unidos, sosteniendo políticas neoliberales. En este contexto, funcionó el país hasta que emergió Evo y se inicio un ciclo de movilizaciones. Punto de quiebre fue la guerra del agua en Cochabamba en el año 2000. Después siguió otra guerra, la guerra del gas, que fue la que forzó la renuncia de Sánchez de Losada y finalmente la victoria de Evo Morales. Todos esos procesos fueron bastante complicados. Quizás se lo ve a Evo Morales como el líder de esas guerras y no es así. Es más complejo porque había sindicatos, organizaciones y juntas vecinales que tuvieron protagonismo.

La sociedad boliviana está muy sindicalizada, politizada y organizada. La politización que uno ve en Bolivia es infrecuente en la región. La mayor parte de las personas pertenecen a algún sindicato. La única forma de que la gente mejore su condición de vida es organizándose y reclamando a la empresa o al gobierno. Toda esa cultura de la movilización y el sacrificio se ven en las marchas que son, a veces, meses caminando las carreteras.

—¿Qué opinás de los rumores de separación en Bolivia? ¿Hay peligro de una potencial guerra civil?

—Generalmente trabajamos con muchos estereotipos sobre Bolivia. La prensa cada vez con mayor intensidad habla de “negociación” o “conflicto”. Hay dos cliché en la prensa, uno que está por entrar en guerra civil, y otro que Bolivia se está por separar. No hay un proceso separatista en Bolivia, hay un conflicto muy importante entre el gobierno y el Oriente del país, pero no hay condiciones para que el país se separe ni mucho menos se está gestando una guerra civil, al menos hoy. Yo no creo que Bolivia vaya ni a la guerra civil ni a la separación. También desde afuera tengo una mirada siempre muy paternalista sobre el gobierno. Sin ir más lejos, hace tres semanas, Cristina Fernández se reunió con Evo Morales y los títulos de todos los diarios de Buenos Aires resaltaban: “Cristina Kirchner dio su apoyo a Evo Morales”. Yo diría que es a la inversa, porque Evo Morales esta más fuerte en apoyo y gobernabilidad en su país que Cristina Kirchner en el suyo. A través de los medios masivos siempre se muestra a Bolivia como un país débil, digno de preocupación para la Comunidad Internacional y que lo tienen que ayudar. Me parece que es bastante más complicado eso.

Jefazo relata el itinerario de un buscavidas sin instrucción que llega a la presidencia por el voto popular y después se convierte en nuevo icono internacional por su condición de indigenista. Hermano de cuatro niños que murieron por enfermedades curables, Sivak describe a un personaje complejo dentro de un país complejo. Para esto, viajó con el presidente boliviano por África, Estados Unidos, América Latina y cada rincón de Bolivia. Asistió a grandes actos, a reuniones de gabinete (con su circulo íntimo, con alcaldes y con sindicalistas) y a encuentros bilaterales con Kadaffi, Clinton y Chávez, entre otros.

Mozo, la cuenta y despedida. Las últimas fotos en la puerta de “La Giralda”, ese bar indiferente a la estética y novedades de los ’90. Todo un símbolo.

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