Evita amordazada

Este mes se celebró un nuevo aniversario de la muerte de Eva Perón. Por absurdo que pueda parecer, su testamento político, lo que ella misma llamó «Mi mensaje» luego de dictar a sus colaboradores más de setenta páginas desde su lecho de agonía, sigue censurado.

Es una paradoja, ya que Evita dejó explícitamente señalado que deseaba que ese texto, cuyas páginas firmó, tuviera una difusión masiva, y que el producto de su venta fuera aplicado directamente a la creación de un sistema de becas para los hijos de los trabajadores.

Mi mensaje es un texto revulsivo e hipercrítico con generales, obispos, caudillos provinciales y dirigentes sindicales que traicionan el mandato de sus representados, y estuvo desparecido durante 32 años, hasta que apareció en 1987, en una subasta pública, cuando se lo creía perdido para siempre

El historiador Fermín Chávez –recientemente fallecido– tras certificar su autenticidad, hizo entonces una pequeña edición que no tuvo mayor repercusión.

El menemismo, como cabía esperar, prolongó el silenciamiento de este texto clave, donde Evita se presenta por primera vez como sujeto autónomo y con vuelo propio, profundamente cristiana y peronista.

En 1994, Alberto Schprejer y quien escribe editamos una segunda edición del texto, incluyendo un largo reportaje a Juan José Jiménez Domínguez (uno de los colaboradores de Evita que mecanografiaron sus palabras mientras ella las dictaba) y textos de Chávez, María Elena y Rodolfo Walsh, María Moreno, Luis Salinas, Carlos Eichelbaum, Horació González, etc. Lo que nos valió un juicio de las hermanas de la difunta (muy allegadas a la Curia) y de una conocida editorial con el argumento sofista de que se trataba de un texto falso, pero que en el caso de que no lo fuera, los derechos eran suyos.

Los peritos calígrafos de la Nación ya han establecido que las iniciales manuscritas «EP» que hay en todas las páginas del texto fueron estampadas de puño y letra por la propia Eva.

Es decir, que el texto es verdadero.

No sólo el cuerpo de Evita fue secuestrado, también lo fue su voz y su palabra.

Ahora sólo falta que el auténtico peronismo proceda a quitarle a Evita la mordaza.

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