Están desestabilizando

La necesidad de confluencia entre las organizaciones políticas y sociales que caminan dispersas en el campo nacional y popular. Y una apelación a la CGT y la CTA: un Paro Nacional en defensa de los intereses de las mayorías y en contra de cualquier intento de desestabilización o golpe.

Los sucesos políticos de los últimos días, los del mundo real y los del mundo virtual que diferenció la presidenta Cristina Fernández en su discurso de apertura de la sesiones legislativas, se han agudizado al punto que la democracia corre peligro.

No se trata, al menos en este caso, de alarmar irresponsablemente a través de un medio de comunicación contra-hegemónico. Lo que se intenta es relacionar los acontecimientos recientes y expresar el sentimiento de amplios sectores de la sociedad (no todos) que están preocupados por lo que pueda venir. Muchas fuerzas políticas y sociales por estos días están teniendo reuniones y discusiones para hacer frente a la avanzada destituyente, golpista y desestabilizadora.

Los medios masivos de comunicación, que ven afectados sus intereses económicos, han instalado a partir del cachetazo electoral que recibió el Gobierno nacional el 28 de junio pasado, que la “gente” dio su veredicto y la “voluntad popular” eligió a la oposición para acabar con el matrimonio “autoritario”. En rigor, a nivel nacional, el Frente para la Victoria obtuvo el 31.2%, el Acuerdo Cívico y Social el 30.7%, el PRO y el PJ de derecha el 27%, Nuevo Encuentro 5.2% y los partidos marxistas-leninistas-trotskistas-maoistas el 1.6%. Por lo tanto, pese al revés electoral que significó para el partido de gobierno, sobre todo por la pérdida de la Provincia de Buenos Aires, el oficialismo continua siendo la primera minoría y el partido que mayor cantidad de “gente” eligió para que ocupe las bancas de senadores y diputados.

Entonces, no se entiende que “la oposición” dialoguista, republicana y cuidadosa de las instituciones no haya respetado el reglamento interno del Senado y se haya quedado con todo -es posible que esa sea su verdadera misión: quedarse con todo-. Pero veamos un poco en profundidad los resultados electorales pasados, las repercusiones y lo creado por las empresas privadas de comunicación que ostentan ganancias extraordinarias. Se dijo y se dice que “la oposición obtuvo el 70%”. ¿Cómo llegaron a semejante conclusión? ¿Qué tiene que ver el armado electoral entre Martín Sabatella y Libres del Sur con Elisa Carrió, Mauricio Macri, el menemismo, el duhaldismo, Reutemann, los socialistas, los legisladores de la Sociedad Rular y de la Confederaciones Rurales Argentinas y los partidos marxistas-leninistas- trotskistas-maoistas? ¿Y qué semejanza política tienen éstos con Proyecto Sur, de Fernando Solanas?

A pesar de los posicionamientos políticos actuales de muchos de los mencionados -los más dolorosos puedan ser los de Libres del Sur y Proyecto Sur-, de las críticas al Gobierno y de la disputa por ocupar el “trono” presidencial, si la “gente” escuchara las propuestas de éstos -y no a través de los parlantes mediáticos-, se daría cuenta fácilmente que la supuesta “oposición” es ficticia. Mientras Solanas plantea un Estado intervencionista, que recupere la soberanía sobre los recursos naturales y combata con políticas activas la pobreza y la indigencia, distribuyendo la riqueza, el neoliberalismo de Carrió-Duhalde-Macri-Menem-Cobos-y otros tantos- propone -en realidad no lo propone porque no les da la cara, pretenden- todo lo opuesto: reducir salarios y pensiones jubilatorias, privatizar todo, aumentar impuestos, regalar los recursos naturales, reprimir a los trabajadores cuando les quiten las paritarias y vender el país.

Esta “oposición” hoy, pese a ser minoría, está imponiendo su voluntad y dejando sin margen de acción al Gobierno. Y lo peor es que los que ganan son los sectores de derecha de esa “oposición”. Trabaron los DNU para el pago de la deuda externa y de esta manera evitar ingresar nuevamente en default, siendo los DNU un instrumento que la Constitución de la Nación otorga al Poder Ejecutivo. Asimismo hicieron coparticipable el impuesto al cheque, logrando con esto que el Gobierno nacional posea menos recursos para ejecutar políticas distributivas como las que viene efectuando, y empujando a la Presidenta a que vete la ley para que el terrorismo mediático la pinte como una autoritaria. Ahora pretenden rechazar a Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central, una mujer con una intachable conducta, una gestión transparente y efectiva cuando estuvo a la cabeza del Banco Nación.

Todo indica que, aunque el Gobierno intente negociar y buscar acuerdos con “la oposición” -algo que no es su fuerte-, éstos no aceptarían ni buscarían el “consenso”. Todos desean ser presidentes de un país que comienza a estar de pie -pese a los aún considerables índices de pobreza y exclusión-, que tiene record en recaudación, en superávit y altas reservas.

La situación así planteada está llegando al límite. El país corre riesgo de sufrir un “golpe blando”, un golpe institucional como lo sufriera Honduras el 28 de junio, el mismo día que “la oposición” golpeó al oficialismo electoralmente. Hay sectores que se mueren por ver a la Presidenta en camisón -como cuando sacaron a Manuel Zelaya en pijama-, que prefieren que el Gobierno no termine el mandato que el pueblo le encomendó el 28 de octubre de 2007, cuando Cristina Fernández ganó con más del 43%. Esto se puede comprobar escuchando algunas declaraciones de varios políticos de “la oposición” y analizando qué significa la carta que está por enviar Carrió sobre “el riesgo democrático en el país” a la Organización de Estados Americanos (OEA), la misma que no intervino en el Golpe a Honduras y que ha ejecutado cuanta decisión saliera de la Casa Blanca o del Pentágono para debilitar o intervenir los países latinoamericanos.

Frente a este escenario es imprescindible que las organizaciones políticas y sociales que caminan dispersas en el campo nacional y popular, se reúnan y decidan una política conjunta, de apoyo a la democracia, a la institucionalidad y a un Gobierno con errores pero que ha sido el mejor que los habitantes de este país han tenido desde el fin de la última dictadura. Es momento de dejar las diferencias -o los matices- de lado, y hacer frente con unidad y racionalidad. Es ineludible también que el pueblo salga a la calle y se movilice en defensa de su democracia, que ha logrado construir con altibajos en estos años. Y llegado el caso, es necesario que los dos Hugos, el de la CGT y el de la CTA, juntos llamen a un Paro Nacional en defensa de los intereses de las mayorías y en contra de cualquier intento de desestabilización o golpe.

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