Estados Unidos: ofensiva abierta y silenciosa sobre América Latina

Los “golpe blandos” tienen todas las características y objetivos de los antiguos golpes de estado militares. Nunca murió la estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, como lo muestran las guerras de Afganistán, Irak y todo el armado de una invasión silenciosa regional. Una vez perdido el paraíso algo desmantelado en que vivimos, entonces sí podrán actuar para controlar defintivamente a los recolonizados territorios de nuestra América.

Aunque los planes geoestratégicos de recolonización de América Latina se trazaron desde los años ‘90 y comenzaron a avanzar cada vez más con la imposición del Plan Colombia y otros en una redacción fundamental para ese proyecto, Estados Unidos está retornando con todas las fuerzas y elementos.

De eso se tratan las Guerras de Baja Intensidad (GBI), planes de cuidadas estrategias y numerosas operaciones contrainsurgentes, no sólo militares sino políticas, económicas, psicológicas, culturales, para “limpiar” de gobiernos, “indeseables”, ”canallas” o integrantes del cada vez más amplio “eje del mal” en la región.

Esta es una primera estrategia, pero infiltrando a movimientos estudiantiles, políticos, culturales, políticos, también a algunos movimientos sociales —los nuevos protagonistas de la historia actual— entre otros, como lo han reconocido en los últimos días, y bajo el reflotamiento de la antigua Doctrina de Seguridad Nacional —que nunca se fue en realidad— está conspirando para ejecutar los llamados “golpes blandos” o “golpes suaves” destinados a desmantelar, en esta etapa, el nuevo mapa integrador de la región.

Ante el fracaso en Irak y Afganistán, donde han matado a más de un millón trescientas mil personas, según los cálculos europeos mas moderados, cuando continúa la inclaudicable y justa resistencia de ambos pueblos, necesita volver triunfante a algún lugar del mundo.

El más cercano somos nosotros y fuimos también los “elegidos” cuando la derrota en Vietnam los hizo avanzar sobre nuestra América donde sembraron las Doctrinas de Seguridad Nacional con sus dictaduras, planes generales y operaciones contrainsurgentes.

Lo actuado en Afganistán e Irak fue, nada más y nada menos, que el mismo montaje de Defensa de la Seguridad nacional ante un enemigo más difuso, que puede corporizarse en los planes de las inteligencias estadounidenses e israelí en cualquier lugar del mundo, de acuerdo a sus necesidades estratégicas: “el terrorismo”, término ambiguo si los hay.

Han trazado todo el esquema en lo militar, entre los cuáles para este caso se destaca la doctrina de Guerra Contrainsurgente, similar a la guerra contrarevolucionaria de los franceses en Indochina y Argelia, que está largamente superada por los nuevos elementos introducidos por los diseñadores del Comando Sur.

De aquella doctrina francesa sólo sobreviven algunos elementos, cada vez más reemplazados por las nuevas tecnologías. Son también novedosos y activos los actuales acercamientos con los ejércitos nacionales, que utilizaron como su fuerza propia durante la Guerra Fría y para imponer las famosas y trágicas dictaduras de la Seguridad Nacional, entre otras tareas.

Para esto están activas las reuniones militares, los nuevos intercambios de seguridad, los intentos de imponer las Leyes Antiterroristas en todos los países de la región, que es un trazado de la GBI prevista para los Conflictos de los años 2000 y les asegura estar en el lugar adelantadamente, cuando necesiten reprimir o forzar gobiernos. De esta necesidad surgió en julio de 1995 en Williamsburg (EE.UU.) el renovado “Consejo de Seguridad Hemisférico”; y se impuso el llamado “Sistema Interamericano de Defensa” (SIAD).

Nunca murió la estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, como lo muestran las guerras de Afganistán, Irak y todo el armado de una invasión silenciosa regional, donde cada día se toman nuevas posiciones.

En eso se inscriben las decisiones que se toman actualmente para que la vieja e intervencionista Organización del Atlántico Norte (OTAN, o NATO en sus siglas en inglés) ahora incluya entre sus objetivos al Atlántico Sur y en ese contexto América Latina y el Caribe. La misma OTAN, que en nombre de la seguridad nacional estadounidense, destruyó a la ex Yugoslavia bajo argumentos tan falsos como los usados para su guerra en Irak, que ahora curiosamente nadie recuerda.

También la IV Flota

Por estos días hemos asistido a la asombrosa reactivación de la IV Flota de Guerra de Estados Unidos, conformada en 1943 para combatir con los aliados al nazismo los mares y disuelta en los años ‘50. Ningún funcionario de la administración del presidente George W:Bush ocultó que esta Flota estaba destinada a “combatir el terrorismo y actividades ilícitas como el narcotráfico” y por supuesto “para enviar un mensaje a Venezuela y al resto de la región”. Tampoco oculta que su radio de acción es América Latina y el Caribe.

Se menciona como argumento el combate al narcotráfico como si se tratara de una guerra en los mares, cuando es Estados Unidos y son los países más ricos los consumidores de más del 70 por ciento de la droga que transita a nivel universal y, por lo tanto, son los que más dinero del narcotráfico lavan, invirtiendo en poderosas trasnacionales, cada vez más ricas.

Según los funcionarios del Pentágono se trata de demostrar el “compromiso” de Estados Unidos con sus “socios” regionales. Uno de esos socios claves es el presidente Alvaro Uribe de Colombia, cuyas conexiones con el paramilitarismo y el narcotráfico ya nadie ignora en el mundo.

Ambos factores componen la contrainsurgencia mafiosa de Estados Unidos en la región.

La IV Flota es un nuevo argumento también para volver a reanudar las relaciones con las fuerzas armadas locales, instar a la compra de armamentos, que ellos mismo venderán. Volvemos entonces al antiguo círculo ya que esos armamentos vienen con asesores detrás como en plena “guerra fría”. Todo está dicho en varios de los discursos apocalípticos de Bush y sus halcones. Estos argumentan que América Latina ha sido “abandonada”, y que hay que “corregir “ esta situación rápidamente. La invasión silenciosa —y no tanto— de sus empresas, que se apoderaron de buena parte de nuestros recursos, gracias a una especie de sub-gerentes que instalaron en varios gobiernos de América Latina en los años 90, es parte de la recolonización en marcha.

Lo mismo es la invasión cultural, en realidad desculturizadora, como lo es la desinformación, manipulación masiva y entretenimientos burdos destinados a destruir culturas e identidades en nuestros pueblos.

Por supuesto que se les ha hecho el camino muy difícil por los nuevos gobiernos que han concertado una integración imposible de digerir para el imperio.

Pero también en esta América, donde a pesar de sus que sus fundaciones reparten dineros a todo tipo de asociaciones que ellos manejan más abierta o más secretamente, hay extraordinarias resistencias populares que escapan a sus manejos mafiosos.

Es por eso importante que nuestras poblaciones conozcan los planes geoestratégicos de Estados Unidos, que estaban congelados en una especie de impasse desde hace un tiempo, porque la resistencia iraquí les impidió venir antes a nuestros territorios.

Los peligros mayores no son las IV Flotas, las OTAN, sino nuestras propias situaciones internas. Si nuestros políticos y especialmente nuestras izquierdas y progresismos en general no entienden en qué momento histórico estamos y no dejan de actuar al compás de las agendas de las derechas transnacionales, como son las nuestras, todo lo que hemos logrado en los últimos tiempos, resultado de innumerables resistencias, muertes y resurrecciones, puede perderse con la facilidad del humo.

Los “golpe blandos” tienen todas las características y objetivos de los antiguos golpes de estado militares.

Una vez perdido el paraíso algo desmantelado en que vivimos, entonces sí podrán actuar para controlar defintivamente a los recolonizados territorios de nuestra América. No son hipótesis, todo esto está documentado en los proyectos trazados en Washington, que se van modificando dinámicamente de acuerdo a las necesidades estratégicas. Un ejemplo de esto es el avance militar silenciado de las tropas estadounidenses en América Latina.

Avanza la estructura del plan militar

Para citar sólo un ejemplo nos referimos a la silenciada presencia de tropas estadounidenses en Perú, donde en estos días se denunciaron nuevos ingresos. Esta situación se remonta a 2002, pero especialmente en mayo de 2005 cuando Estados Unidos logró la inmunidad para sus tropas en ejercicios en Paraguay: gracias a una resolución del Congreso de ese país, también se incrementó el gran avance sobre Perú.

El Congreso peruano aprobó en esos mismos tiempos un proyecto de Resolución para autorizar el ingreso de tropas estadounidenses —con inmunidad— destinadas a permanecer en Perú desde el 10 de julio hasta el 20 de octubre de 2006 en la realización de un ejercicio conjunto de “acción cívica comunitaria” en el departamento de Lambayeque.

Esto se concretó mediante una Resolución Legislativa, autorizando el ingreso del “personal militar de Estados Unidos como una cuestión prioritaria, para realizar el Ejercicio Combinado de Entrenamiento Conjunto y de Acción Cívica Humanitaria denominado ‘Nuevos Horizontes 2006’ en la Región de Lambayeque”.

Según los congresistas esto no afectaba “en forma alguna la soberanía nacional, ni constituye instalación de bases militares”. Así decía la resolución a la que se añadió, adicionalmente, una referencia al “entrenamiento conjunto del personal militar del Perú y de los Estados Unidos”, y se anexó una lista de por lo menos mil oficiales de Estados Unidos desde el más alto al menor rango que intervendrían en esos ejercicios, así como el armamento portado.

Como se sabe, la llamada “acción cívica comunitaria” es un elemento clásico de contrainsurgencia, para reconocimiento del terreno por parte de las tropas de Estados Unidos, la “asesoría” a los ejércitos locales y, encubierto en la supuesta “ayuda humanitaria”, el espionaje directo en sectores rurales y otros pasibles de una represión rápida.

En un nuevo informe en los últimos días el periodista peruano Gustavo Espinoza señala que “en aplicación de lo dispuesto por la Resolución Legislativa ingresaron (otra vez) al país 111 efectivos militares de los Estados Unidos”, portando una cantidad de armamento para emprender “acciones humanitarias” en la zona más deprimida del país, conocida como el valle de los ríos Apurímac y Ene, (VRAE),en el corazón del Trapecio Andino.

Hay una seguidilla de resoluciones entre las que también Espinoza cita la del Ministerio de Defensa, fechada el 23 de mayo, “y de acuerdo con la cual se autoriza el ingreso de personal militar de los Estados Unidos entre el 27 de mayo y el 1 de junio (de este año) para su participación en cursos de oficiales vinculados a los tratados de asistencia militar que nos ligan a la administración norteamericana”.

Si citamos este ejemplo, además de recordar el cordón de bases militares de Estados Unidos en diversos países de América Latina —como la de Manta que deberá salir de Ecuador por decisión del gobierno del presidente Rafael Correa y del pueblo ecuatoriano— o las cinco emplazadas en Colombia o la de Perú, es porque es necesario entender que esto es el Plan Colombia en acción. Hay bases y tropas en varios países de la región, como una necesidad estratégica del Comando Sur, que dejó sus emplazamientos en Panamá a fines de 1999, para conformar este nuevo entramado, que le permite diluirse en toda América Latina, desde su sede en La Florida.

Este traslado de la bases establecidas en la Zona del Canal de Panamá, respondió a los cambios de estrategias en los años ‘90, donde se evaluó que esas bases fijas en un lugar determinado de la región, era un blanco, sin duda, para los nuevos desafíos bélicos del siglo XXI.

Asimismo este nuevo diseño sirve a las nuevas estrategias con la creación de Fuerzas de Despliegue Rápido, que les permite estar fácilmente cuando “sea necesaria” una intervención rápida, en cualquier lugar de América Latina. De eso se trata toda la infraestructura en Paraguay o Perú, por ejemplo. Esto es lo que viene a reforzar la IV Flota.

Se trata de la reciclada Guerra de Baja Intensidad, contrainsurgencia básica, que se diseñó en el esquema de la Doctrina de Seguridad Nacional, desde los años ‘60 y que produjo un genocidio en la región en el siglo XX.

América Latina y el Caribe, están bajo una invasión silenciosa en el esquema de la GBI y otros componentes y los medios masivos de comunicación son tan básicos como la distribución de tropas.

Para que el Plan Colombia y sus derivados, que son varios, sea efectivo y cada vez se apresuren más sus términos, los medios masivos de comunicación, controlados por este nuevo esquema de terrorismo de Estado Mundial de la potencia hegemónica, se han convertido en un arma de guerra. Tanto de guerras sucias, psicológicas, desinformadoras, como letales en el intento sistemático por dividir a nuestros países y gobiernos. También para azuzar todo tipo de divisiones internas y fogonear conflictos, que si se los analiza a fondo, no son genuinos. América debe detener este proceso o habrá perdido su única posibilidad de independencia real en el siglo XXI.

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