“Estados Unidos entró en la etapa de la sobreextensión imperial.”

Especialista en temas internacionales, Cardoso habla del colapso financiero estadounidense, de sus efectos en el Cono Sur, de la contienda electoral entre Obama y Mc Cain, y previene: «los imperios tienden a decaer cuando sus sociedades se vuelven reacias a exponer la vida de sus hijos y, sobre todo, sus riquezas para sostenerlos.»

¿Se cae o no la economía norteamericana? ¿Comienzan a resquebrajarse las bases de este poderoso imperio? Muchas preguntas hay sobre la situación actual de la mayor potencia mundial y para tratar de encontrar algunas respuestas posibles Revista ZOOM conversó con Oscar Raúl Cardoso, uno de los periodistas de internacionales más prestigiosos de Argentina. Estudioso de la idiosincrasia de cada pueblo, su análisis va más allá de la coyuntura internacional.

—¿Estamos frente a una debacle económica de los Estados Unidos?

—Creo que es apenas un síntoma de un problema mayor, que se viene gestando hace dos años, que es la posibilidad de un colapso del sistema financiero que se extienda inevitablemente al resto del mundo. Estamos hablando de la economía estadounidense, que tracciona la economía mundial. Uno puede ver que esto de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos se ve reflejado también en Europa. En España, sin ir más lejos, donde hay serios problemas. Esto se suma a las subas de precios de los comodities esenciales, como algunos alimentos o el petróleo (aunque este último bajó de su pico y está 105 dólares el barril, lo que igualmente todavía es altísimo). Así se están mostrando debilidades no solo de la economía norteamericana, sino de esta etapa del sistema capitalista, lo que sería paradójico tras la caída de la Unión Soviética en los ‘90 y después de mostrarse como el modelo más eficaz en la asignación de recursos. Aunque no a la hora de producir. Se ha transformado en una máquina de engullir y autoenguillirse.

—En este contexto, ¿qué rol juega China y su compra de bonos de la deuda de Estados Unidos?

—Es una de las espadas de Damocles que tienen los norteamericanos sobre sí mismos. Mientras las cosas sigan manteniéndose así en la superficie, con un poco más de recesión o un poco menos, creo que no hay grandes riesgos. Pero una caída de los valores del Estado norteamericano pondría a China en una peligrosa situación y estas son las cosas que empiezan las guerras.

—Si se da esa crisis, ¿sería la declinación definitiva de la única superpotencia?

—Eso, de algún modo, ya está sucediendo. La Unión Europea, con algunos bemoles, China y la India aparecen como nuevos factores de poder. Con una demografía complicada para el mundo, la India pasó hace dos años la marca de los mil millones de habitantes y ha tenido un gran crecimiento económico. Demandan consumir más productos y esto explica el precio de las comodities como, por ejemplo, el petróleo. Con este tema hay dos posturas, una que dice que hemos llegado al tope de exploración del petróleo, que en realidad lo que queda por descubrir no resuelve la nueva demanda que se generaría. La otra, dice que aun hay recursos. Es un debate interminable.

—¿Los norteamericanos no se están creando su propio mundo ideal? Me refiero tanto a los candidatos como a la propia sociedad estadounidense.

—Si llegara a ganar Mc Cain, en un contexto donde tres de cada cinco norteamericanos creen que las cosas van mal, me inclino a pensar que ellos ven un mundo de fantasía en sí mismo. En los años ’80, un historiador inglés, Paul Kennedy, escribió un libro muy interesante que se llama El auge y caída de los grandes imperios. Estudia los imperios romano y británico, principalmente. Allí descubrió un fenómeno que se llama sobreextensión imperial. Encontró que los imperios tienden a decaer cuando sus sociedades se vuelven reacias a exponer la vida de sus hijos y, sobre todo, sus riquezas para sostenerlos. Ahí hay un crack. Yo creo que Estados Unidos, si uno puede ubicarlo en algún período, esta ingresando a una sobreextensión imperial y esto va a tener sus costos, antes y después.

—Sería un descreimiento hacia el poder del mismo imperio.

—Sí, comprobar que se han sobreextendido y que el imperio no produce mucha riqueza y que nadie quiere comprometer la suya, ni mandar a sus hijos a defender una situación que se vuelve intolerable. Esa descripción de Kennedy sirve. A pesar de que hay que reconocer que Estados Unidos tiene una gran capacidad de exportar sus crisis y hacer que se resuelvan lejos de sus fronteras, me parece que están muy cerca de haberse agotado.

—El conflicto de Georgia, ¿forma parte de esta crisis del mundo capitalista?

—Es la consecuencia de que occidente, en general, y Estados Unidos, en particular, trataran a Rusia desde el colapso de la URSS como un jugador de segunda categoría. Rusia, comunista o capitalista, antes feudal o zarista, nunca ha aceptado ser un jugador de segunda. Está en un área del mundo que es el puente natural entre Asia y Europa y sabe o cree saber que tiene zonas de influencia que le son propias. Estados Unidos avanza sobre esas zonas de influencia y ha mantenido la OTAN. Y no solo la ha mantenido sino que están buscando expandirla e incorporar a Georgia y Ucrania.

La OTAN sigue existiendo pese a que su contrincante histórico, el pacto de Varsovia, no existe más. Involucran a Brdy (a unos 90 kilómetros al suroeste de Praga) en la República Checa con una base antimisiles, que Rusia vive como que la están cercando. Incluso hacen que Georgia juegue un rol anti ruso en esa zona del Cáucaso que los rusos sienten como propia. También hay otra tesis mucho más terrible y es que Rusia le estça recordando a Estados Unidos y al resto del mundo que con la riqueza que les ha dado el petróleo en los últimos años y con unas fuerzas armadas que han salido del caos que habían quedado cuando dejó de existir el Ejército Rojo y la URSS, no son un jugador de segunda. Así que no se van a quedar tan pasivamente. Por eso hacen maniobras con Venezuela acá en el Atlántico Sur. Todavía estoy esperando, porque creo que va a haber una reacción norteamericana. Es todo un desafío: que frente a las costas de Venezuela, se pasee una flota cuyo puerto natural está frente a Ucrania.

—Esto también se explica como una maniobra de contrapeso de Chávez frente a Estados Unidos.

—Chávez va a utilizar a Estados Unidos, como ya lo hizo Fidel en su momento, como elemento de cohesión doméstica. La agresión norteamericana en ciernes le permite a él juntar la parte de la sociedad que le responde y mantenerla en tensión. Un ex marino argentino, amigo personal de Chávez y que tiene una empresa de informática que tiene contratos con el gobierno venezolano, me dijo una cosa que me pareció una buena reflexión. Apelando a la jerga naval, me decía: —“El problema de Chávez es que siempre navega muy pegado a la costa y algún día puede encallar”—. Y algo de eso hay.

—Juega con fuego.

—A veces, da esa sensación. Y tiene un gran mérito. Si uno lo escucha y si desgaja la cosa caribeña es el único que le dice a Washington lo que debería escuchar. Pero también es cierto que a veces lo dice de un modo inútilmente agresivo. Y esto de jugar a “que viene el lobo, viene el lobo”… Un día va a venir el lobo y nadie se va a dar cuenta.

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